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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-02-2010

Hait como el exponente de la simbiosis militares-cooperantes

Alberto Cruz
CEPRID


Hait ha puesto de manifiesto nuestra ignorancia. No debera haber sorprendido el hecho de que EEUU haya utilizado una tragedia, provocada o no, a raz del terremoto para militarizar el pas y visibilizar, de esta forma, la simbiosis existente entre militares y cooperantes al calor de la "ayuda humanitaria". Sobre los aspectos geopolticos y geoestratgicos de la intervencin militar estadounidense se ha escrito mucho y con solvencia, pero no se ha tenido en cuenta un hecho que se est revelando como crucial en la nueva estrategia imperialista: el papel de las llamadas Organizaciones No Gubernamentales y su alianza con los militares.

Segn la acepcin que recoge el diccionario de la lengua espaola, simbiosis es una "asociacin de dos animales o vegetales de diferentes especies, en la que ambos sacan algn beneficio". En este caso ya no se puede hablar con propiedad de dos especies diferentes, sino de una misma con dos cuerpos. Jekyll y Hyde. Para el sistema capitalista, hoy son tan importantes los marines como los cooperantes, y viceversa. No es algo nuevo y no debera sorprender como lo ha hecho la constatacin de ello en la tragedia haitiana. Y si lo ha hecho es porque estamos cmodos en nuestra cotidiana ignorancia o, para evitar herir susceptibilidades, en nuestra cmoda subinformacin. Nos sentimos cmodos en nuestro papel de comparsas sensibleros de un primermundismo bienpensante que no sirve para otra cosa que para imponer como universales los valores occidentales y llevar adelante, de otra forma, la poltica exterior de los gobiernos capitalistas.

No se trata aqu de diseccionar el papel de las llamadas Organizaciones No Gubernamentales -algo que han hecho otras fuentes ms autorizadas como Orlando Nez Soto al referirse al caso de Nicaragua o Andrs Sols Rada al hacer lo propio respecto al papel de estas llamadas ONG en Bolivia, por citar slo unos casos recientes- sino de completar lo que ha dicho el haitiano Jean Lavalasse (1) al referirse a lo que est sucediendo en su pas tras el terremoto, provocado o no. Y una forma de completarlo es repetir -y la redundancia es un principio periodstico, ayuda a comprender el mensaje- que las llamadas ONG no tienen unos intereses angelicales de ayuda a los dems, sino de imposicin de unos valores: los occidentales como imagen superior e inmodificable.

Hace un tiempo, en un curso universitario, unas participantes respondieron dolidas a una crtica que hice sobre la poltica comunicacional de las ONG y su enfermiza obsesin, y dependencia, respecto a los medios de comunicacin burgueses y a que la mayora de los "cooperantes" tienen tan interiorizado el hecho de provenir del primer mundo que no son capaces de ver la realidad de las comunidades a las que, supuestamente, ayudan. Y cuando elevas el tiro y catalogas este tipo de comportamientos como propios de los seguidores del nefasto Samuel Huntington y su "Choque de civilizaciones", en el que considera a Occidente como el paradigma de la civilizacin, el dolor se transforma en indignacin. Aquello fue como mentar a la madre.

Explicar que hay que matizar, y mucho, a la hora de hablar de los valores de Occidente como paradigmas universales no es fcil. Explicar que en la misma poca en que Aristteles, en Grecia, por ejemplo, defenda la libertad y la tolerancia (slo para hombres libres y no para las mujeres ni los esclavos) en otra parte del mundo, como India, Ashoka iba mucho ms all defendiendo eso mismo para todos, incluyendo a mujeres y esclavos, y pretenda que esos valores saliesen de las ciudades y llegasen "a la gente de la selva" -algo que ni se planteaba Aristteles- es como hablar con un muro. Y ese muro es la frontera cultural que los occidentales ponen -imponen- para rechazar todo lo que llega de fuera salvo, siguiendo el ejemplo de India, el Kamasutra. Eso lleva a aberraciones como las que se estn produciendo en las universidades de EEUU, donde se limitan las lecturas de los estudiantes a las "grandes obras occidentales". Es decir, fuera de Occidente lo que hay no son ms que "salvajes" incapaces de producir nada, y menos a nivel terico. Si ello sucediese en universidades de otras latitudes habra que or lo que diran estos defensores de la libertad y la tolerancia occidental.

Pues bien, este tipo de comportamientos son los que se estn viviendo en Hait y el tema del rapto de nios no es ms que la guinda de todo el pastel. Hait es la plasmacin prctica del nuevo diseo que los pases capitalistas quieren imponer como norma de poltica exterior, siendo asumido por la ONU (2), y que no es otra cosa que una modernizacin del viejo "derecho de injerencia", un engendro diseado por Mario Bettati, profesor de Derecho Internacional Pblico en la Universidad de Pars II, y por Bernard Kouchner, uno de los fundadores de Mdicos sin Fronteras (3), luego de Mdicos del Mundo, y hoy flamante ministro de Asuntos Exteriores francs en el gobierno del derechista Nicols Sarkozy.

Estos siniestros personajes, y hay que seguir muy especialmente a Kouchner sin olvidar que durante todo este diseo terico de "imperialismo humanitario" (expresin de uno de sus crticos, el belga Jean Bricmont) formaba parte de las llamadas Organizaciones No Gubernamentales, pusieron mucho empeo en eliminar del derecho internacional el concepto de soberana de los estados argumentando que es muy difcil obtener que una jurisdiccin internacional condene a un Estado que viola los derechos humanos y que, de lograrlo, nada garantizara la ejecucin de la condena. Luego, para ellos, la soberana resulta incompatible con la existencia de una suerte de "polica internacional" a escala mundial. El hecho de que esta doctrina injerencista estuviese enfrentada al sistema jurdico internacional les importaba un comino. Kouchner fue algo ms all y no dud en calificar de "formulismo jurdico" el andamiaje internacional vigente, por lo que haba que intervenir, con o sin ese respaldo y, claro, slo Occidente estaba capacitado para exigir una proteccin mnima de los derechos de la persona.

Las potencias occidentales, una vez desaparecida la URSS y en situacin de total debilidad de Rusia, lograron que el Consejo de Seguridad de la ONU adoptase esta teora -pese a sus innumerables crticos, dentro y fuera del sistema de la ONU- aunque el organismo multinacional se cur en salud y present todos los casos de aplicacin del "derecho de injerencia" como "aplicaciones de los mecanismos jurdicos existentes dentro de la misma Carta de la ONU".

As, en nombre del "derecho de injerencia" se dise una estrategia para debilitar al gobierno de Saddam Hussein en Irak tras la primera guerra contra este pas, en 1991, con la excusa de "proteger a los kurdos". La famosa "comunidad internacional" se las prometa muy felices con este modelo de "intervencin humanitaria" hasta que la realidad se hizo presente donde menos lo esperaban: en Somalia. El Consejo de Seguridad de la ONU autoriz la operacin denominada "Restablecer la Esperanza" en 1992 con el objetivo de "poner trmino a la anarqua" y "restablecer condiciones mnimas de existencia". Ya sabemos cmo termin la historia, con la salida de las tropas estadounidenses con el rabo entre las piernas ante la decidida resistencia del pueblo somal frente a lo que consideraron no una accin humanitaria sino una ocupacin militar.

Esta derrota provoc una reflexin en los idelogos del "derecho de injerencia" y desde Francia -de nuevo este pas- se incluy el trmino "genocidio" para hacer ms justificable ante la opinin pblica esa injerencia. Es as como se disea la intervencin en Ruanda en 1994, las operaciones militares en Hait (1994), en Bosnia y Herzegovina (1994-95), en Sierra Leona (1997), en Albania (1997) y en Kosovo (1999). En menor medida, y arropado de "guerra preventiva", se ejerci en Afganistn (2001) con la excusa del terrorismo y, de nuevo, en Irak (2003) con la de las inexistentes armas de destruccin masiva.

En todos estos casos exista la excusa de las "causas morales" para las "intervenciones humanitarias", pese al poco sustento que tenan en el Derecho Internacional Pblico. Sin embargo, toda esta fachada seudo-legal salt por los aires en Hait cuando el 29 de febrero de 2004 el Consejo de Seguridad de la ONU aprob la Resolucin 1559 por la que autorizaba la presencia en Hait de una fuerza multinacional, la MINUSTAH, con lo que se permita la intervencin directa de tropas en una situacin que no se corresponda a las anteriores y que se realizaba en un marco de crisis poltica interna, curiosamente cuando Hait celebraba sus 200 aos como nacin independiente.

Hait cerraba as el primer crculo de la estrategia elaborada por Bettati y Kouchner: la desaparicin de la soberana de los Estados y del principio de no intervencin. Ambos, soberana y no intervencin, son el fruto del combate histrico de los pueblos contra el colonialismo y el imperialismo en el siglo XIX y primera mitad del siglo XX, cuando estos pueblos tuvieron que luchar duro por su independencia frente a unas metrpolis que les sometan y saqueaban sus riquezas argumentando que defendan "los valores de la civilizacin".

Cerrado el primer crculo, haba que dar el siguiente paso y este no es otro que la reforma del "derecho de injerencia". Es lo que ahora se denomina "responsabilidad de proteger" y que deja las manos libres a las potencias capitalistas para intervenir en cualquier parte del mundo, con la aquiescencia y empuje de las ONG que, de esta forma, tienen ms campos de intervencin.

El laboratorio iraqu

La visualizacin a gran escala de la reforma en los modos de poltica exterior de los pases capitalistas que se ha puesto de manifiesto en Hait, tanto con el envo de la MINUSTAH en 2004 como ahora tras el terremoto, provocado o no, es consecuencia de la experiencia acumulada por dichos pases en todas estas experiencias de "intervencin humanitaria" imperialista y, de forma especial, en Irak y Afganistn. Es decir, simbiosis, letal para los pueblos, entre militares y cooperantes, y viceversa.

Es una estrategia que se ha venido perfeccionando desde finales de 2003, cuando se puso de manifiesto el fracaso neocolonial en Irak pese al relativo paseo militar que supuso la invasin del 23 de marzo de ese ao. Pero la resistencia del pueblo iraqu tambin puso de manifiesto que la decidida voluntad de los pueblos por defender su tierra (ese "Avatar" simple que ahora est de moda) es capaz de hacer frente a los intereses expoliadores de las grandes corporaciones capitalistas que hoy controlan los Estados.

La militarizacin de la ayuda exterior, de la cooperacin, de la "ayuda al desarrollo" es una realidad desde entonces y el laboratorio fue Irak. Aqu comenz a diluirse la dbil frontera entre los aspectos civiles y militares de la estrategia capitalista. Es ms, en Irak la cooperacin perdi su pretendido papel neutral porque se puso, de forma abierta e incondicional, bajo la tutela militar. Esta fue la gran leccin aprendida en las experiencias anteriores. El diseador de esta estrategia, Stuart Bowen, entonces Inspector General para la Reconstruccin de Irak, tena claro que "la ayuda de emergencia y la reconstruccin son una extensin de las estrategias polticas, econmicas y militares" de EEUU. As lo traslad al gobierno de Bush y qued asumido de forma oficial en la doctrina militar con el nuevo presidente, Barak Obama (4).

De esta forma, en el verano de 2009, la nueva teora que se haba comenzado a poner en marcha sobre el terreno en Irak, de forma experimental, adquiri carta oficial de naturaleza en Afganistn. En este pas, objetivo preferente de la Administracin Obama, el Ejrcito estadounidense cuenta ya con civiles adscritos a todas y cada una de sus unidades, incluidas las brigadas de combate, para cambiar la percepcin de la poblacin civil sobre que estn sometidos a una ocupacin militar. Se matan as dos pjaros de un tiro: se deslegitima a la resistencia contra la ocupacin si sta realiza ataques a los supuestos "civiles" y se facilita la tarea contrainsurgente puesto que dichos "civiles" al estar encuadrados en las unidades militares dependen directamente de los mandos y es a stos a quienes tienen que presentar sus informes de anlisis e informacin de las zonas en las que trabajan. Los escpticos ante esta informacin pueden remitirse al diario Financial Times que el verano de 2009 publicaba una jugosa crnica del desarrollo de la "Operacin Panchai Palang" en Afganistn, en la que se evidenciaba este extremo con todo lujo de detalles (5).

Hasta llegar aqu se recorri un pequeo camino que comenz con el incremento, del 3'5% en 2003 al 26% en 2008, del presupuesto que el Departamento de Defensa de EEUU destina a Ayuda al Desarrollo (6). S, como suena, ayuda al desarrollo dentro del presupuesto de los militares. Y as est recogido en un manual militar, "US Army Field Manual", que recoge los tres aspectos que el Ejrcito de EEUU tiene que tener en cuenta en todas y cada una de sus operaciones: defensa, diplomacia y desarrollo (7). Y por este orden. Ah est Hait para escenificarlo.

Todo ello no es ms que una nueva estrategia contrainsurgente y vamos a ver cmo, adems de Hait, se pone de manifiesto en Colombia al calor de las bases y de los cuerpos civiles de paz estadounidenses que ahora parece van a volver a ese pas con la aquiescencia y beneplcito del gobierno colombiano. Cul ser la reaccin de todo este sector oenegstico si, pongamos por caso, cualquiera de estos integrantes de los "cuerpos civiles de paz" estadounidenses es capturado por las FARCal constatarse una relacin directa entre la presencia militar en las bases, la implicacin militar de EEUU en el conflicto colombiano -que no es nueva- y ellos? Por lo tanto, los cooperantes no son seres angelicales dedicados a mejorar el nivel de vida de las poblaciones a quienes pretendidamente asisten. Siempre se podr decir que generalizar es malo, pero las excepciones confirman la regla. Dicen que en Hait hay en este momento "miles" de ONG trabajando. Si estn all, y en una situacin de ocupacin militar, en ltimo extremo dependen de los militares. Al igual que en Irak o Afganistn, por continuar con los casos anteriores. De ello son conscientes todas y cada una de las ONG -lenguaje que debera desaparecer para hablar de Organizaciones Para Gubernamentales- y as se han expresado, criticando la "excesiva" dependencia de los Ejrcitos ocupantes, la mayora de las presentasen Irak y Afganistn. La simbiosis entre cooperantes y militares es ya total, se utiliza unos u otros en funcin de los intereses, especialmente mediticos, aunque son los militares quienes disean e implementan los aspectos "humanitarios".

El caballo de Troya


No se puede negar que algunas de las instituciones que surgen en los aos llamados del "tercermundismo y el desarrollismo" (mediados de la dcada de los 70 y principios de los 80 del siglo pasado) se plantean inicialmente "trabajar por un mundo ms justo" pero la mayora se amoldan a las estructuras polticas y econmicas vigentes puesto que, a fin de cuentas, su supervivencia financiera depende de ellas. A medida que fueron creciendo, en gran parte con el dinero de los gobiernos, se fue poniendo en marcha de forma callada un contrapoder internacional que fue trabajando hasta llegar a las mximas instancias internacionales, como la ONU, donde se comenz a cuestionar el papel de las agencias del organismo multinacional ante situaciones como las de Bosnia. Eso empez a menoscabar el papel de la ONU y se pona en bandeja a las potencias occidentales el "derecho de injerencia" como argumento ante situaciones trgicas como las matanzas de Srebenica o Ruanda. El papel jugado por Kouchner y Mdicos sin Fronteras, como se ha dicho anteriormente, es muy a tener en cuenta. Fueron los primeros, pero no los nicos.

Las ONG fueron, aqu, el caballo de Troya del imperialismo, una forma "civil" de justificar la "intervencin humanitaria" militar. Ya no poda haber ms Ruandas, ms Bosnias, pero s ms Palestinas, ms Lbanos, ms Iraks, ms Congos. Hasta aqu no llega la autonoma de estas grandes corporaciones de la "solidaridad". Su pattico papel como lobby ante la ONU para frenar las polticas occidentales en estos pases, por mencionar slo algunos, o para cuestionar el papel de la MINUSTAH (la fuerza militar de la ONU en Hait, criticada por el pueblo haitiano en numerosas ocasiones por su labor represiva) es tremendamente esclarecedor.

Pero para ejemplificar todo lo que est sucediendo en el campo de la solidaridad y la cooperacin, pongamos el caso de la USAID, la agencia para el desarrollo de EEUU. Hablar de ella sera balad puesto que su papel en la poltica exterior estadounidense es conocido, pero lo que no es tanto es que la USAID marca el camino de la moda en "cooperacin" y lo que all se adopta es copiado, con mayor o menor entusiasmo, por el resto de agencias estatales para el desarrollo en los pases capitalistas aliados de EEUU. Y de las agencias estatales se pasa a las supuestamente no gubernamentales, hasta que la moda uniforma mentes y comportamientos.

En consonancia con el cambio tctico del Pentgono, la USAID decidi, en 2008, crear una Oficina de Asuntos Militares para facilitar su "coordinacin" con el Ejrcito y que est compuesta por 120 "cooperantes" expertos en cuestiones militares. Segn el Instituto Rand para la Investigacin de la Defensa Nacional (8), en este campo de relacin entre "cooperantes" y militares "la USAID est mucho ms avanzada en comparacin con otras agencias de desarrollo de los dems gobiernos de la OTAN, puesto que ha reconocido que tiene un papel significativo que jugar en contribuir a la seguridad nacional de EEUU". No en vano la USAID ha aumentado de 5.000 millones de dlares en 2003 a 13.200 millones de dlares en 2009 su presupuesto (9), algo que ha ido en paralelo al aumento del presupuesto del Pentgono para "ayuda al desarrollo". El instituto Rand habla de algo que suele pasar desapercibido y es a lo que me refera anteriormente con lo de "marcar moda": el papel de la OTAN en la poltica exterior capitalista mundial, de forma especial a raz del acuerdo alcanzado con el secretario general de la ONU (10) en septiembre de 2008 -sin consulta previa a los miembros del organismo- y en virtud del cual "la cooperacin [entre la OTAN y la ONU] seguir contribuyendo de manera significativa a abordar las amenazas y desafos que enfrenta la comunidad internacional a los que est llamada a responder".

La guerra de Espaa (y de la OTAN)


Pues bien, al menos otros cinco pases de la OTAN (Gran Bretaa, Holanda, Canad, Italia y Espaa) han comenzado a asumir estos criterios simbiticos militares-cooperantes, aunque con matices diferentes en cada uno de ellos. Mientras Canad copia mimticamente lo que hace su vecino del sur -y ah est el destacado papel canadiense en Afganistn para ponerlo de manifiesto- los otros lo hacen con alguna diferencia. Es el caso de la Agencia Espaola de Cooperacin Internacional y Desarrollo (AECID), que tiene tambin 20 expertos, as como un diplomtico del Ministerio de Asuntos Exteriores, trabajando codo con codo con los militares espaoles en Afganistn. Por el momento, ambos actan con los mismos objetivos pero con estructuras diferenciadas. Esto es algo que no gusta mucho a los militares espaoles y reconocen que son ellos quienes mantienen "relaciones de trabajo sobre cuestiones polticas" (sic) con el consejo provincial afgano en la provincia de Qala-e-Naw (11). En ese momento era la Brigada Paracaidista (BRIPAC) quien controlaba la zona y tena el mando del Equipo de Reconstruccin Provincial en Qala-e-Naw. La BRIPAC puede considerarse como tropas de lite. La reciente accin de la resistencia afgana contra un convoy militar espaol que supuestamente transportaba alimentos pone de manifiesto este hecho.

Espaa tiene la provincia de Badghis como rea de operaciones y el pasado mes de octubre, tras una reunin entre el presidente Jos Luis Rodrguez Zapatero y Barak Obama, se decidi dar a las tropas espaolas "responsabilidades adicionales de combate" al tiempo que entrenan a un kandak (batalln) del Ejrcito afgano. Eso contrasta con la postura, difundida hasta la saciedad por los medios de comunicacin de la burguesa, sobre el papel espaol en la "reconstruccin" del pas aunque la primera orden es "no tomar la iniciativa" en la lucha contra la resistencia. Pero el reciente ataque va a servir para romper el espejismo y dejar patente el papel de la "cooperacin" espaola, bien sea a travs de la AECID o de cualquier otra ONG, gubernamental o no. El gobierno espaol difunde que el trabajo es construir carreteras, mejora del suministro de agua y construccin de hospitales y escuelas, entre otras cosas, para las que ha alcanzado acuerdos con ONG internacionales -de forma especial de Bangladesh, que se encargan de las estructuras de salud en la zona "espaola"- pero, al mismo tiempo, habla ya de una "zona roja" en Qala-e-Naw que cada vez se extiende ms y donde los proyectos pasan a control exclusivo de los militares. La reciente accin de la resistencia afgana hay que enmarcarla en este hecho. Luego la simbiosis militares-cooperantes queda expuesta de forma palmaria, as como el objetivo de la "cooperacin" y su papel dentro de la estrategia contrainsurgente.

El ataque de la resistencia afgana contra las fuerzas de ocupacin espaolas se ha vendido como no poda ser menos: enfatizando que los militares espaoles escoltaban una caravana de alimentos. Puede que fuese as, pero lo que no dicen es que la simbiosis militares-cooperantes en total entre EEUU, Italia y Espaa, los tres pases que desde la base de operaciones avanzadas "Todd" -y el nombre de la base es significativo, puesto que es el de un soldado estadounidense muerto en combate- organizan convoyes supuestamente "humanitarios".

La simbiosis militares-cooperantes que introducen en su estrategia los pases de la OTAN forma parte del diseo imperialista ante el que hay que estar muy atentos y combatir: los militares se encargan de la "ayuda al desarrollo" para eliminar la imagen, que se interioriza en los pueblos, de que estn sometidos a ocupacin militar. Pero, se mire como se mire, los militares, aunque repartan sacos de arroz, son ocupantes. Y a los ocupantes no se les recibe con flores. Es algo que reconoce el propio derecho internacional cuando sanciona, como hace la IV Convencin de Ginebra, el derecho de los pueblos sometidos a ocupacin militar de resistir esa ocupacin con todos los medios a su alcance, incluyendo el uso de la fuerza armada, siempre que dicha fuerza no se emplee contra objetivos civiles. Y un vehculo militar, es eso, un vehculo militar. Espaa ostenta este primer semestre de 2010 la presidencia de turno de la UE. Y dentro de la UE hay una fascinacin enfermiza con el presidente estadounidense, Barak Obama, mucho ms popular en Europa que en su propia casa. Este hecho, unido a la reciente reincorporacin de Francia a la estructura de Mando Militar Integrado de la OTAN, augura un reforzamiento de la simbiosis militares-cooperantes en Afganistn y, como consecuencia, en todo el mundo. De hecho, desde la UE ya se ha anunciado (el mes de marzo de 2009) un "impulso" a la Gua Poltica General que se aprob en la reunin OTAN-UE de Riga (Letonia) en 2006 y en la que se reafirma la presencia europea en las operaciones de la OTAN as como "la de otras organizaciones internacionales gubernamentales y no gubernamentales para estimular una mayor cooperacin y coordinacin prctica con la OTAN". Obsrvese que hablan expresamente de las llamadas ONG.

La subinformacin


Nos movemos en un mundo intelectualmente subinformado, pese a creer lo contrario. Aqu hay una crtica que hacer a la dejacin de los institutos de estudios y anlisis, por no hablar de los vinculados a las cancilleras de Asuntos Exteriores, en pases donde hay un cambio social en marcha. No se adelantan acontecimientos, no se elaboran teoras alternativas y se sigue la estela marcada por los buques de los pases capitalistas. Y para salir de la subinformacin hay que romper la dependencia -similar a la de los drogadictos- respecto a los llamados medios de informacin. No es algo nuevo, ya lo dijo en los aos 60 del siglo pasado un filsofo alemn, Herbert Marcuse, cuando hablaba de los conflictos visibles y los invisibles, de aquellos que habitualmente tienen reflejo en los llamados medios de informacin , es decir, que interesan a los detentadores del poder, y de los que no y de que no hay mensajes inocentes puesto que si se quiere hacer un anlisis real del problema de la comunicacin a fondo hay que partir del sistema social concreto en donde se desarrolla esa comunicacin, es decir, estudiar los cdigos que circulan dentro de esa misma sociedad, los mensajes que se transmiten en ella y sobre todo cules son los "ruidos" o "interferencias" que dificultan la comunicacin tal y como la pretende la burguesa..

Marcuse hablara hoy de los medios alternativos como "los ruidos y las interferencias" del sistema que sera necesario fortalecer para hacer frente a la subinformacin que llega desde arriba. Pero, curiosamente, no es en los medios alternativos donde las ONG quieren verse reflejadas, sino en los "oficiales". Por lo tanto, consciente o inconscientemente se sitan al otro lado de la barricada y defendiendo unos valores y una poltica exterior concreta. Como su pretensin es "trabajar" en zonas de conflicto -al calor de la presencia de las tropas- saben y asumen que tienen que ir de la mano de los gobiernos y de los Ejrcitos. Irak, Afganistn y Hait, en menor medida, son un buen ejemplo de ello. En el pas caribeo ha sido tan evidente lo ocurrido con las tropas de EEUU que ha habido una tmida crtica sobre ello que ha cesado cuando cada una ha conseguido su parcelita concreta de actuacin.

Hay muchos ciudadanos y ciudadanas que, de buena fe o por esa subinformacin, ofrecen aportaciones a este tipo de ONG y dan credibilidad a lo que llega de ellas. No. Llega el momento de hacer frente a esta pretensin uniformadora, a esa simbiosis entre militares y civiles en aspectos supuestamente "humanitarios" y darse de baja en ellas. Hay que desbrozar el grano de la paja, hay que alejarse y criticar especialmente aquellas que trabajan de la mano de los Ejrcitos en "zonas de conflicto" (neolengua orwelliana para eludir hablar de guerra, ocupacin militar, etc.) puesto que de no hacerlo slo se refuerza un mismo papel interpretado a dos voces: tanto Ejrcitos como ONG se convierten, por una parte, en instrumentos para manipular informacin que justifique o deplore el uso de la fuerza en defensa de aparentes causas nobles, con costos humanos presumiblemente bajos y, por otra parte, en conductores de la opinin pblica para apoyar o rechazar decisiones gubernamentales que pueden traer consecuencias impredecibles o irreparables para un pas.

Resulta sonrojante el papel de las ONG en el "conflicto visible" de Hait y en el silencio sobre el "conflicto invisible" de Gaza, por ejemplo, sometida la poblacin a un bloqueo inmisericorde con el beneplcito y aquiescencia de los muy "democrticos" pases que con tanta diligencia se han movilizado con Hait. Hasta Israel, el principal responsable de ese bloqueo a Gaza, ha enviado equipos de socorro y cooperantes, el colmo del sarcasmo.

Los mexicanos tienen un trmino que define a la perfeccin lo que hace el sistema capitalista con los crticos: ningunear. Hagamos lo mismo con este tipo de Organizaciones Para-Gubernamentales y sus altavoces mediticos si queremos salir de la ignorancia o de la subinformacin para no volver a caer en el ridculo que se ha hecho con Hait. No demos crdito a lo que llega de ellas y boicoteemos este tipo de organizaciones cmodas con la simbiosis militares-cooperantes, y viceversa.

Alberto Cruz es periodista y escritor. Este artculo ha contado con las aportaciones de Agustn Velloso, Ignacio Gutirrez de Tern y Toni Solo.

Notas:


(1) Entrevista a Jean Lavalasse, "El papel de las ONG en Hait plantea muchas cuestiones", www.michelcolon.info

(2) Alberto Cruz, "La ONU se reforma en crculo: la responsabilidad de proteger" http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article625

(3) Mario Bettati y Bernard Kouchner, "Le Devoir d'ingrence" (Pars, 1987).

(4) Comisin de Contratacin en tiempos de guerra en Irak y Afganistn, Congreso de los Estados Unidos, 2 de febrero de 2009. Los documentos referentes al Ejrcito de EEUU en lo referente a la "ayuda de emergencia" pueden verse en http://www.dtic.mil

(5) The Financial Times, 3 de julio de 2009.

(6) Comit de Relaciones Exteriores del Senado de EEUU, 31 de julio de 2008.

(7) US Army Field Manual, 2009. www.globalsecurity.org

(8) Rand, "Operaciones de estabilidad y reconstruccin", 2009.

(9) Comit para las Relaciones Exteriores del Senado, 20 de mayo de 2009.

(10) Alberto Cruz, "La ONU se reforma en crculo: la responsabilidad de proteger".

(11) Rafael Roel, "La contribucin del Provincial Reconstruction Team (PRT) espaol de Qala e Naw a la reconstruccin y desarrollo de Afganistn" http://www.realinstitutoelcano.org

Fuente: http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article735



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