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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-09-2010

Argentina viva

Pedro Casas
Rebelin


Y qu le pasa a la izquierda europea?" me preguntan algunos activistas polticos y sociales argentinos. Buena pregunta, pienso yo, porque tras visitar y conocer durante varios das parte de la geografa de aquel pas, en cuyo recorrido se han ido quedando por el camino algunos tpicos que lastraban mi cerebro, me doy cuenta que a los europeos occidentales, en nuestro absurdo eurocentrismo, los tpicos no slo nos dificultan el conocimiento de nuevas y diferentes realidades, sino tambin la comprensin de la nuestra.

En esta pregunta queda recogida la ilusin de un continente que se siente de nuevo protagonista de la historia, no slo de la suya, y se extraa de que en esta ocasin, a diferencia de dcadas pasadas, no se encuentra acompaada por los movimientos transformadores occidentales del llamado primer mundo.

Argentina forma parte de este nuevo resurgir de las esperanzas de cambio, que lideran algunos pueblos del sur de Amrica. La dificultad de la izquierda europea para entender un fenmeno tan complejo como el peronismo, tan alejado de los parmetros clsicos de izquierdas (ms o menos socialistas) y derechas, suele conllevar la ignorancia, o incluso el desprecio, de mucho de lo que por all se mueve. Los avances de gobiernos, sindicatos o movimientos sociales argentinos, si traen la marca peronista no suelen ser homologados.

Yo mismo me confieso preso de todos esos prejuicios, que en muchos casos tienen una base histrica. De hecho el peronismo bebi ideolgicamente de fuentes comunes a las ideologas fascistas; Pern fue acogido con honores por la Espaa franquista; la visceralidad anticomunista (propone una tercera va entre capitalismo y comunismo) o anti-izquierdista son otros de sus rasgos ideolgicos, y el peronismo alumbr una guerrilla revolucionaria, pero tambin una organizacin paramilitar como la tripe A, pasando por el ultraliberalismo de Menem, o el populismo de los Kirchner, y sin olvidar, claro est, la figura mtica de Evita.

Es decir, que no es fcil comprender un fenmeno como el peronismo; pero no slo a los europeos, sino tampoco a los propios argentinos, que por otro lado reconocen, incluso los partidos de ideologa ms homologable con las izquierdas clsicas, los derechos reconocidos a los trabajadores y los avances sociales realizados en tan breve tiempo, en el primer perodo de 1945-1955, y que todava hoy perduran en muchos casos. Lo lamentable es que esta dificultad para comprender un fenmeno que ha marcado la historia argentina de las ltimas dcadas nos impida ver la riqueza de experiencias y avances que se estn produciendo, dentro y fuera de este marco.

Argentina tiene una historia reciente apasionada y apasionante. Los movimientos revolucionarios de los 70 fueron desaparecidos en parte por el terrorismo de estado, que hizo el trabajo sucio para facilitar el posterior ultraliberalismo que llev al colapso del corralito en 2001 y el descrdito de toda una generacin de polticos corruptos. Desde el fondo del abismo, Argentina vive ahora una poca de recuperacin, no slo econmica, sino tambin ideolgica y social, que les permite afrontar el presente y el futuro con cierto orgullo e ilusin. Paso a describir algunos de los hechos que me parecen ms relevantes y que representan un escenario realmente transformador.

Uno de los acontecimientos de mayor transcendencia histrica lo constituye lo relativo a la recuperacin de la memoria histrica. Decenas de juicios se estn celebrando a lo largo y ancho de aquel enorme pas, que ya han llevado a la crcel a ms de 200 militares, que se estn enfrentando no slo a enormes penas y condenas, sino tambin a las miradas desafiantes de sus vctimas supervivientes y la de los familiares de desaparecidos, lo que ha llevado a alguien a afirmar que es la primera vez en la historia que los vencedores son juzgados por los vencidos.

Se estn recuperando los lugares que fueron utilizados por la represin (cundo lograremos algo as en Espaa?, cuando todava est reciente la destruccin de la crcel de Carabanchel), se levantan parques y plazas a la memoria, nios y nias robados recuperan su identidad (ya lo han hecho unos cien de los 500 que se calculan), y, lo que es muy importante, el contenido poltico de los lugares y hechos ocupa un lugar destacado en la recuperacin de esta memoria, algo muy diferente a la teora de los dos bandos que nos quieren vender por aqu. Se trata de recordar no slo a la persona, sino a los ideales por los que luch, para que estos perduren en el tiempo, en la conciencia de otros que consigan realizar el ideal que fue truncado por los asesinos de la historia, ya que lo importante es que no logren desaparecer los ideales y las ansias de justicia social por la que lucharon.

Esta actividad memorialista est presente en la agenda de todos los movimientos sociales, hasta donde he conocido de manera diversa y plural, pero unitaria, sin distinguir entre las vctimas de grupos armados o no. Este proceso de recuperacin de la memoria muestra cmo no es posible construir un futuro con dignidad si no se ponen las cosas en su sitio, se condena a los culpables y se restituye la dignidad de las vctimas de crmenes de lesa humanidad.

Otro fenmeno destacable de la actual situacin argentina lo constituyen las llamadas empresas recuperadas del abandono patronal. Son ms de 250 en todo el pas, algunas de ellas de gran envergadura. Tuve oportunidad de visitar algunas y merece la pena destacar tanto la osada por tomarlas (me contaron que en algunos casos con la oposicin de sindicatos que consideraban ilegal la ocupacin) como la capacidad de gestin, ya durante unos largos aos la solidaridad fue un elemento determinante, sobre todo al principio, ayudando los vecinos a la consolidacin de la toma o contribuyendo con pedidos y trabajo. El hotel Bauen, en pleno centro de Buenos Aires, construido como icono de la dictadura militar para los mundiales de 1978, es ahora un icono revoucionario, cuyos salones acogen todo tipo de muestra cultural alternativa o acto solidario.

Muchas otras fbricas alojan en su edificio centros educativos, o emisoras de radio comunitarias, ampliando de este modo el espacio disponible para la participacin cultural, solidaria y transformadora.

En s mismo es una experiencia de autogestin, una escuela del socialismo que nos gustara construir, y han conseguido implicar a las instituciones para desarrollar una ley que permita la expropiacin de los edificios de modo que puedan despejar los problemas judiciales en que ahora se ven envueltos por la rapia de sus antiguos propietarios que, tras abandonar la actividad, ahora quieren recuperarla una vez que los trabajadores han mostrado la viabilidad del proyecto empresarial.

La pluralidad comunicacional es otro combate que se libra en estos momentos en Argentina, impulsado por movimientos sociales que han logrado una ley que pone lmites a los grandes consorcios mediticos, como Clarn o Prisa, estableciendo que slo un tercio de licencias est en manos privadas, otro tercio en manos pblicas y el restante para medios comunitarios. Y tampoco tiemblan a la hora de destapar casos de apropiaciones fraudulentas en tiempos de la dictadura militar, como la empresa de papel prensa por parte de los grandes medios de comunicacin, con Clarn a la cabeza de nuevo. No es extrao que los medios espaoles, incluso supuestamente de izquierdas como Pblico o El Pas, informen de manera muy sesgada de estos temas, como si de una mera lucha de poder se tratara. Pero all s existen otros medios escritos, de calidad y contenidos que por desgracia no conocemos en la capital de nuestro pas.

Los piqueteros son otro de los nuevos fenmenos sociales surgidos tras el colapso, y hemos tenido ocasin de toparnos con muchos de ellos, cortando carreteras nacionales o secundarias, vas de ferrocarril, plazas, etc. La abundancia de muertos provocada por la represin de las movilizaciones de aos anteriores ha llevado a una situacin de permisividad policial que estn aprovechando muy bien los movimientos barriales, laborales o de todo tipo para hacerse or a golpe de tambor.

La lucha piquetera ms emblemtica seguramente haya sido la del corte del puente internacional que comunica con Uruguay durante muchos meses, que ha obligado a los presidentes de ambos pases a buscar una solucin no contaminante para el proyecto de instalacin de una papelera a orillas del ro Uruguay.

Esta lucha me da pie a sealar que se aprecia que la conciencia y lucha por la defensa del medio ambiente forma parte de las luchas sociales ms diversas. A diferencia de lo que observo por aqu, donde lo ecolgico slo parece interesar a las organizaciones del ramo, all la lucha por la defensa de la tierra, de los bosques, de los ros, contra las agresiones de pesticidas y sustancias que estn afectando muy gravemente a poblaciones, etc., es una constante de las organizaciones y luchas locales, junto con la lucha por una educacin, el trabajo o el suministro del gas.

Los estudiantes se movilizaron en Buenos Aires, en el mes de agosto pasado, no slo por mejoras en sus condiciones, sino tambin por las de los maestros (los que se han incorporado en 2010 todava no han cobrado sueldo alguno), por la mejora de los edificios y por la dimisin del gobernador, el muy derechista Macri. Y para dar fuerza a su lucha han tomado varios centros escolares, creando la alarma entre los sectores y polticos conservadores que ven muy mal que se tomen centros para hacer poltica.

Las luchas de los desempleados han protagonizado los ltimos aos, y el movimiento obrero tiene fuerza, a pesar de unas estructuras sindicales que no gozan de gran prestigio, en muchos casos.Tambin es muy importante la organizacin barrial en sus mltiples modalidades, desde consejos vecinales que gestionan partes importantes del presupuesto municipal, hasta comedores populares autogestionados, etc., que son focos de organizacin y concienciacin poltica.

No quiero con esto dar la impresin de que Argentina es un pas modlico, ni mucho menos. La miseria se encuentra instalada en los alrededores de las grandes ciudades; el trabajo en negro (no registrado o sumergido) representa la tercera parte del empleo, con la falta de derechos que ello conlleva; la corrupcin parece estar instalada en los centros de poder, etc. Pero existe un potencial movilizador que est empujando al gobierno a adoptar medidas significativas, como la asignacin por hijo (hasta los 18 aos), la construccin de miles de viviendas con participacin de organizaciones sociales, la legalizacin del matrimonio homosexual, el 25% de impuestos a las exportaciones de soja, etc. soportando las presiones de los sectores afectados por algunas de estas medidas (medios de comunicacin, Iglesia y terratenientes). Un comentarista sealaba que lo que ms le gustaba de este gobierno eran sus enemigos.

A pesar del descrdito de los polticos, hemos percibido una sociedad que comparte su pasin por el ftbol con la que tambin tiene por la poltica, la cultura o los libros (una de las mltiples libreras que jalonan las calles argentinas se aloja en un antiguo teatro que mantiene su preciosa estructura y decoracin).

Algunos de los activistas sociales con los que he tenido ocasin de conversar no se arriesgan a aventurar si la lucha que realizan camina hacia el socialismo o hacia otra cosa, pues no se atreven a definir propiamente el socialismo del siglo XXI. Pero lo que s tienen claro es la necesidad de apoyar los procesos que supongan derechos y mejoras en las condiciones de vida de los trabajadores y sectores populares, y que estos avances se deben realizar en procesos participativos para que sean irreversibles, o por lo menos perdurables. Y eso les da soltura para relacionarse con las instituciones en una relacin dialctica, valorando y apoyando los avances y combatiendo los retrocesos.

Entre el amplsimo espectro social y poltico que existe en Argentina, del que he podido conocer una parte pequea pero variada, parece existir una cierta conciencia de sentirse protagonista del acontecer poltico y social, con sus logros y sus frustraciones, mucho ms all del circo demaggico que ofrecen la mayora de los polticos profesionales. Se podra decir que estos movimientos han llegado al convencimiento de que la poltica es lo suficientemente importante como para no dejarla en manos de los polticos, y que para ello necesitan tener una amplia base, que de manera activa agrupan entre los sectores populares y hasta en los barrios ms deprimidos.

Esta rica experiencia debera hacernos reflexionar a los que, en este decadente primer mundo, todava mantenemos la ilusin de que un mundo sin explotacin ni injusticia es necesario y posible, pero que no somos capaces de encontrar (si es que realmente lo buscamos) una estrategia revolucionaria que se plantee tambin batallas por conquistas parciales que, adems de lograr mejoras a las que tenemos derecho, constituyan elementos de movilizacin y organizacin, que nos fortalezcan al mismo tiempo que debilitan a los explotadores, y as para poder alcanzar objetivos ms ambiciosos.


Pedro Casas es activista vecinal.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rJV



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