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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-01-2011

Egipto, contagio explosivo

Editorial de La Jornada
La Jornada


En el contexto del denominado Da de la Ira, miles de egipcios se manifestaron ayer en las principales ciudades de ese pas para exigir la dimisin del presidente Hosni Mubarak quien encabeza, desde hace tres dcadas, un rgimen dictatorial, corrupto y violador de los derechos humanos; en demanda de la derogacin de la Ley de Emergencia, vigente en el pas desde 1981 que permite detenciones arbitrarias y que ha sido usada para reprimir cualquier voz discordante con el rgimen, y en reclamo por la violencia policial, el desempleo, el aumento de los precios y los bajos salarios. El saldo preliminar por el intento de disolver las movilizaciones es de tres muertos: dos manifestantes en Suez (noreste) y un polica en El Cairo.

Con esto, ha quedado de manifiesto la velocidad con que se han extendido hacia otra nacin del mundo rabe las revueltas originadas en Tnez desde hace ms un mes (las cuales provocaron la cada de Zine Abdine Ben Ali el pasado 14 de enero). En efecto, aunque los disturbios y el descontento en el pas magreb distan de haberse disipado, el entorno de explosividad poltica y social ha contagiado a Egipto, pas que, al igual que Tnez, presuma de gozar de cierta estabilidad interna, pero en el que tambin se conjugan el hartazgo hacia un gobierno autocrtico y represor, as como la desesperacin popular por los efectos nefastos de la globalizacin econmica.

Fuera de esos rasgos comunes, el caso egipcio reviste particularidades que potencian su impacto internacional: a diferencia de Tnez, que es la nacin ms pequea del norte de frica, Egipto es el pas ms poblado del mundo rabe con unos 80 millones de habitantes y el que cuenta con el ejrcito ms grande; tiene una posicin geogrfica estratgica entre los continentes africano y asitico y entre los mares Rojo y Mediterrneo, y tiene una ruta clave para las comunicaciones y el aprovisionamiento energtico de Europa: el canal de Suez. Otra diferencia sustancial es que, mientras en Tnez no existe prcticamente oposicin islmica la cual fue reprimida a conciencia por el gobierno de Bel Ali, en el contexto de las movilizaciones en Egipto ha sido clara la participacin de los Hermanos Musulmanes, partido ortodoxo sunita que constituye la principal oposicin al rgimen, considerada la formacin inspiradora del grupo palestino Hamas, y que representa, en consecuencia, uno de los principales factores de preocupacin para las naciones occidentales.

Pero acaso el matiz ms importante es que, si bien Ben Ali era considerado un aliado de Occidente en la regin, su gobierno no tuvo el peso geoestratgico que reviste, para los intereses de Washington y sus aliados, el rgimen de Egipto. En efecto, a partir de la firma de los acuerdos de Campo David, en 1979 con los que se puso fin al conflicto con Israel, y bajo los regmenes de Anwar al Sadat y el propio Hosni Mubarak, El Cairo se ha erigido en el segundo mayor receptor de ayuda exterior estadunidense, slo por detrs de Tel Aviv, con un promedio de alrededor de 2 mil millones de dlares anuales en asistencia econmica y, sobre todo, militar. La posicin de Egipto como aliado privilegiado de Estados Unidos en la regin ha continuado bajo la administracin de Barack Obama, quien incluso eligi ese pas para pronunciar, al inicio de su administracin, su clebre discurso de acercamiento al mundo musulmn, acaso sin tomar en cuenta que el rgimen de El Cairo ha gravitado como contrapeso para la desarticulacin de los afanes de unidad que florecieron hace medio siglo entre los gobiernos rabes, y que ha colaborado con Tel Aviv en el frreo bloqueo que ese gobierno mantiene en la martirizada franja de Gaza.

Ayer mismo, la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, dio una nueva muestra de la doble moral caracterstica de Washington, al afirmar que nuestra impresin es que el gobierno egipcio es estable. Sin embargo, ante revueltas como las ocurridas en Tnez y Egipto, la leccin inexorable para las diplomacias occidentales, la estadunidense en primer lugar, es que deben revisar a fondo y corregir la prctica diplomtica de brindar apoyo a regmenes tirnicos a cambio de alineamiento a sus intereses geopolticos: si esa frmula inmoral result conveniente para Washington y sus aliados en algn momento, hoy es claro que es insostenible y contraproducente, y que obstaculiza las perspectivas de democratizacin pacfica no slo en el Magreb y en el norte de frica, sino en todo el mundo.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/01/26/index.php?section=opinion&article=002a1edi



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