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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-02-2011

El marco del Acuerdo social y econmico y sus lmites

Antoni Domnech, G. Buster y Daniel Ravents
Sin Permiso


Siete meses despus del espectacular giro dado por el gobierno Zapatero en poltica econmica tras la reunin del Ecofin del 9 de mayo de 2010 y menos de cuatro meses despus de la Huelga General convocada por los sindicatos obreros mayoritarios espaoles contra ese giro, esos mismo sindicatos han llegado, tras un mes de negociaciones aparentemente intensas, a un "Acuerdo social y econmico para el crecimiento, el empleo y la garanta de las pensiones" (vase AQU) firmado el pasado 2 de febrero entre el Gobierno, CC OO y UGT, y las patronales CEOE y CEPYME.

Pacto con (contra)reformas

El acuerdo supone un importante recorte de derechos sociales en el sistema de pensiones pblicas, pendiente an de su tramitacin legislativa. La ampliacin del rgimen general de la seguridad social a los trabajadores autnomos, agrarios y empleados del hogar, las compensaciones limitadas en el perodo de cmputo para los jvenes en formacin y las mujeres por nacimiento o adopcin y las previsiones adelantadas para los trabajos mas penosos, insalubres o peligrosos no rompen ni con la lgica de la reforma neoliberal de la seguridad social y su objetivo de contencin del gasto pblico, ni suponen cambios sustanciales en la sostenibilidad del sistema.

De acuerdo con varios y sealados especialistas como Vicen Navarro, Antonio Antn o Juan Torres (vase AQU), cuya lnea general de anlisis compartimos, el problema central de la sostenibilidad del gasto pblico, de la que la seguridad social es parte fundamental, queda fuera de este acuerdo, porque no puede resolverse sin una importante reforma fiscal progresista que incremente de manera redistributiva los ingresos fiscales.

La afirmacin anterior no ignora la existencia de la variable demogrfica, que doblar el nmero de pensionistas en 2040, ni el aumento de la cuanta de las pensiones previstas con relacin a la media actual. Lo que declara es que la forma de abordar el problema en la revisin y reforma del sistema de pensiones no debe hacerse a travs del recorte de derechos sociales, redistribuyendo las cargas de manera "flexible" entre distintos sectores de trabajadores, a los que se privilegia o penaliza, frente a la pretensin inicial del Gobierno Zapatero de establecer un criterio nico de efectos asimtricos con la extensin de la edad de jubilacin a los 67 aos. Lo que sostiene es la necesidad de romper con esta lgica de gestin del recorte para plantear abiertamente la necesidad de un cambio progresista que incremente el gasto pblico, y muy especialmente el gasto social, con el todava ambicioso objetivo de llegar a la media de la eurozona.

Cuando se habla de "cambio progresista" en este contexto, vale la pena subrayarlo, no se hace referencia a dinmicas de transformacin substanciales que pongan siquiera en cuestin el horizonte del orden capitalista, sino a un harto ms modesto proceso de modernizacin que nos site en la media del gasto social de la eurozona. Sin eso, no resultan imaginables en el Reino de Espaa ni un aumento sostenido de la productividad ni un cambio de verdad del modelo productivo actualmente en crisis.

La poltica de austeridad impuesta a nuestro pas y al conjunto de las economas perifricas europeas por los actuales rectores de la UE se atraviesa en el camino de esas dos cosas. Subordina la recuperacin econmica y la vitalidad productiva y creativa del pas a la devolucin de una gigantesca deuda pblica y, sobre todo, privada irresponsablemente contrada en los aos del "Espaa va bien" con una banca extranjera que se enriqueci con ella y la concedi de modo todava ms irresponsable. "Espaa iba bien" hacindose dependiente de las importaciones de los pases ricos exportadores de Europa; "Espaa iba bien" financiando la demanda de esas importaciones (el dficit comercial resultante), no con aumentos de la produccin y con incrementos del salario real, sino con crdito barato de procedencia extranjera e hinchando una gigantesca burbuja inmobiliaria que retroalimentaba el proceso de endeudamiento privado. Cuando ese verdadero esquema econmico-financiero piramidal su hundi como un castillo de naipes en 2008 y trajo consigo, entre otras cosas, un increble volumen de desempleo, los estabilizadores automticos obligaron a un incremento acelerado de la deuda pblica. Una deuda pblica cada vez ms difcil de financiar y refinanciar en las condiciones actuales del euro (prdida de la soberana monetaria) y de la poltica de la Comisin Europea y del Banco Central Europeo (prdida de la soberana fiscal) que convirti a nuestro pas (como a Grecia, Irlanda y Portugal) en presa predilecta de ataques especulativos perpetrados por tiburones rentistas que operan a sus anchas en determinados mercados financieros internacionales tan opacos como desregulados (como, por sealado ejemplo, los mercados swaps de derivados financieros de impagos financieros).

As pues, en estas circunstancias, se levantan para la poltica econmica y social espaola claras "lneas rojas". El objetivo de las cuales es volver a aminorar el gasto pblico por debajo del 35% del PIB, reducir la ya baja presin fiscal sobre las rentas del capital y hacer pesar sobre los salarios la recuperacin de beneficios y rentas especulativas. En este marco, la revisin quinquenal prevista del Pacto de Toledo ha dado paso a unas "reformas" que no producen instrumentos inmediatos para crear empleo o luchar contra la actual crisis econmica, pero que pretenden enviar un sonoro mensaje a los "mercados". Contra lo que ignorantemente se dice en la prensa, esos "mercados" son por naturaleza, adems de caprichosos, sordos. Pero no lo son personajes de carne y hueso y de gran peso poltico, como el seor Botn o Angela Merckel, que han sabido alabar inmediatamente el paso dado, en el que ven la posibilidad de comenzar a alterar profunda, estructuralmente, la correlacin de fuerzas entre las clases en un horizonte tan a largo plazo como el dibujado para 2040.

El texto de las 36 pginas del Acuerdo merece una atenta lectura. Los argumentarios distribuidos por los sindicatos (La resolucion de CC OO, en http://www.ccoo.es/comunes/temp/recursos/1/771719.doc. La Gaceta Sindical en http://www.ccoo.es/csccoo/menu.do?Inicio:115476) subrayan su carcter declarativo y limitan el ncleo funcional del pacto a aquellas materias que posteriormente sean legisladas. Pero, desgraciadamente y ms all de los elementos funcionales del pacto, la firma de CC OO y UGT se ha estampado en un documento, cuya narrativa y cuya lgica explicativa de la crisis y de las medidas necesarias para superarla es de matriz socioliberal. Y aunque esa lgica es ilusoria en lo tocante a la dinmica de las fuerzas econmicas y sociales en juego, el matiz expresivo no es del todo irrelevante, polticamente hablando: la importancia que confiere el prlogo al dilogo social como mecanismo de gestin del existente conflicto de clases lo diferencia netamente de los llamamientos de los sectores ms neoliberales como el Grupo de los 100 economistas, la direccin del Banco de Espaa y un sector del propio Gobierno Zapatero-, resumibles en la consigna: "ms vale reformas sin pacto, que pacto sin reformas" [1].

Ha habido "pacto con (contra)reformas". Eso invita a comprender el perfil del campo de fuerzas sociales y polticas en que ha tenido lugar la negociacin, a conjeturar los escenarios alternativos y a tantear distintas hiptesis sobre la continuacin de la resistencia en un conflicto social que, huelga decirlo, no slo no termina aqu, sino que se agravar y ahondar.

Las limitaciones de la accin sindical y la tctica del mal menor

En su conocida polmica con Bernstein, Rosa Luxemburgo [2] reflexion bajo la monarqua guillermina sobre las limitaciones estructurales de la accin sindical en su "esfuerzo por regular la explotacin capitalista como se haga necesario segn la situacin momentnea del mercado mundial", especialmente en las fases de crisis cclica, en las que "se cie imperativamente a la simple defensa de las ventajas ya obtenidas, y aun esto ha llegado a ser cada vez ms difcil".

De eso hace ahora 112 aos. Y se puede recordar que, dos dcadas ms tarde, a comienzos de los aos 30, cuando los sindicatos obreros alemanes eran mucho ms fuertes que a comienzos de siglo y pesaban mucho ms en una vida poltica, social y econmica ya republicana, no consiguieron imponer el formidable programa de reactivacin de la coyuntura econmica y de lucha contra el paro redactado por su economista en jefe, el "keynesiano" avant la lettre Wladimir Woytinsky. Un programa que, de haberse impuesto a los miopes economistas ortodoxos de la socialdemocracia alemana (y del Partido Comunista) de la poca, habra posiblemente evitado el golpe de Estado financiado por la gran banca y la gran industria que llev poco despus a Hitler al poder poniendo fin a la democracia de Weimar.

En junio de 1931, en el prembulo al documento que los historiadores del pensamiento econmico y social consideran ahora una obra maestra como programa poltico-econmico de animacin de la coyuntura y decidida lucha contra el desempleo obrero, Woytinsky dej escrito este testimonio, que ahora reconocemos tan trgico desde una perspectiva histrica como amedrentantemente pertinente para la actual situacin:

"Las organizaciones obreras que confan en las fuerzas autocorrectoras del orden econmico capitalista se exponen al peligro de desangrarse lentamente. Desde hace tiempo se halla el mundo trabajador en Alemania en una difcil lucha defensiva: cuanto ms honda va hacindose la crisis, tanto ms desfavorables son las condiciones de esa lucha. Las organizaciones obreras han perdido la libertad de maniobra, no pueden elegir ni el momento ni la circunstancia de la pugna con el enemigo. Se ven obligadas a emprender la lucha cuando y donde acomoda al otro contendiente. Finalmente, a los sindicatos y a la socialdemocracia no les queda otra tctica que la del mal menor... Y la tctica del mal menor se transforma paulatinamente en la tctica del plazo cada vez ms perentorio.

"Hasta ahora les ha sido posible al partido socialdemcrata y a los sindicatos mantener su aparato . Pero qu les espera a ellos y al conjunto de la clase obrera alemana, a todo el pueblo alemn, si siguen movindose en idntica direccin a la que se han movido en los ltimos 12 meses, si no pueden presentar una perspectiva cercana de mejoramiento de la situacin econmica? Nunca como ahora han sido tan necesarias medidas programticamente conscientes, profundas, de reanimacin de la economa . El movimiento obrero necesita un programa poltico-econmico de accin que muestre a los trabajadores y al resto de capas populares que la socialdemocracia y los sindicatos vislumbran una va de salida del presente marasmo econmico. Hasta ahora no tenemos sino una lista de reivindicaciones sociales que tratamos de exigir lo mejor que podemos y sabemos. Tenemos una posicin determinada aqu y all en cuestiones sueltas de poltica econmica. Pero no tenemos un programa!" [3]

Sin programa en este sentido fuerte y concreto reclamado por Woytinsky se halla tambin la izquierda social y poltica espaola (y europea), y por lo pronto, las direcciones sindicales.

Y eso en un contexto social caracterizado por una rpida erosin en los ltimos meses de los logros de la Huelga General del 29 de septiembre: escasa participacin en y escaso eco de la movilizacin del 15 y el 18 de diciembre, un miedo social profundo y creciente a las consecuencias de la crisis (con un desempleo superior al 20%, un atroz desempleo juvenil superior al 40% y una precariedad laboral del 33%), as como un insuficiente impacto del sindicalismo nacionalista o alternativo fuera de Euskadi, como puso de relieve la convocatoria de su huelga general el pasado 27 de enero. La credibilidad de la amenaza de una nueva huelga general convocada por CC OO y UGT que tuviera unas proporciones semejantes a las del 29-S, era, por decir lo menos, limitada. Las direcciones de ambos sindicatos mayoritarios han intentado abrir la negociacin con el Gobierno y con la patronal, presentando su resultado como un logro ms o menos modesto dimanante de la Huelga General del 29-S, y manteniendo y extendiendo al mismo tiempo una movilizacin de sus cuadros dirigida a las empresas y a los sectores pblicos mediante la iniciativa legislativa popular contra la reforma laboral.

En el terreno poltico, el desplome electoral del PSOE, consecuencia directa de su giro neoliberal de mayo, y su crisis de liderazgo convertida ya en gresca sucesoria interna, sumados a la falta de una alternativa poltica real a su izquierda capaz de construir un nuevo proyecto mnimamente creble y articulado programticamente, han terminado por hacer del pnico a una victoria electoral del PP en 2012 el sentido comn resignado de las clases trabajadoras. CC OO y UGT han ido a esta negociacin a contrarrestar la presin de la derecha social y econmica, que exiga del Gobierno Zapatero una reforma radical del Pacto de Toledo en el sentido de abrir puertas a un sistema de capitalizacin y a la privatizacin de la seguridad social, al orillamiento de los sindicatos como agentes sociales pblicamente reconocidos y a la liquidacin de cualquier negociacin colectiva mnimamente digna de ese nombre.

Lo que CC OO y UGT han conseguido a travs del Acuerdo es reafirmar ante todo su propio papel como representantes de los trabajadores y mitigar moderadamente el impacto del recorte de las pensiones y de la extensin de la edad de jubilacin hasta los 67 aos, compensando parcialmente su devastador efecto (tambin simblico) en algunos sectores de trabajadores especialmente perjudicados, manteniendo las ayudas a los parados sin subsidios y estableciendo ciertas lneas rojas (momentneas: que nadie se engae) en el proceso de socavamiento de la negociacin colectiva por la va de evitar la desarticulacin completa del actual modelo de convenios sectoriales generales a favor de la negociacin de empresa o individual, como ocurre ya en buena parte de la UE. Eso y slo eso explica el apoyo del grueso de los cuadros sindicales medios a sus direcciones, prcticamente unnime en el caso de UGT y holgadamente mayoritario en el de CC OO.

Dos cosas son, sin embargo, cristalinamente claras.

Primero : nada de lo acordado pone mnimamente en cuestin el tramposo esquema conceptual desde el que las elites neoliberales afrontan la "reforma" del sistema de pensiones pblicas.

Segundo : aunque es humanamente comprensible, lo cierto es que las direcciones sindicales mayoritarias no han logrado presentar el Acuerdo Social conseguido como aquello que, en el mejor y ms halageo de los casos, podra tal vez considerarse: un pequeo alto en el camino, una pausa reponedora de fuerzas; es decir, un acuerdo de circunstancias forzado por una dinmica poltica, econmica y social poco o nada favorable, pero un acuerdo, al fin y al cabo, que pudiera servir para acumular ms fuerza, para cargarse de ms razones, para ganar y hacer ganar consciencia de la situacin, para ilustrar a la poblacin trabajadora, para estimular el crecimiento y la capilaridad de la movilizacin social, y en definitiva, para aprestarse mejor a una lucha que nadie puede ya llamarse a engao a estas alturas ser larga y en la que, a todas luces, y hoy por hoy, vamos ms perdiendo que ganando.

Y esas dos cosas cristalinamente claras explican las reticencias y las crticas ms o menos educadas del entero arco de la izquierda poltica real, incluida la parlamentaria IU, ICV, ERC y BNG, as como las de los sindicatos nacionalistas, los cuales consideran, entre otras cosas, que slo en un marco de relaciones laborales propio pueden asumir plenamente su papel de representacin de los trabajadores de sus respectivas realidades nacionales.

Si el lcido socialdemcrata Woytinsky advirti, como hubo ocasin de ver, contra la autodestructiva "tctica del mal menor", el lcido comunista Gramsci dej dicho lo mismo por la misma poca y en circunstancias regresivas anlogas a las presentes:

"El concepto de mal menor es uno de los ms relativos. Enfrentados a un peligro mayor que el que antes era mayor, hay siempre un mal que es todava menor aunque sea mayor que el que antes era menor. Todo mal mayor se hace menor en relacin con otro que es an mayor, y as hasta el infinito. No se trata, pues, de otra cosa que de la forma que asume el proceso de adaptacin a un movimiento regresivo, cuya evolucin est dirigida por una fuerza eficiente, mientras que la fuerza antittica est resuelta a capitular progresivamente, a trechos cortos, y no de golpe, lo que contribuira, por efecto psicolgico condensado, a dar a luz a una fuerza contracorriente activa o, si sta ya existiese, a reforzarla."

Baln de oxgeno para el gobierno Zapatero?

A nadie se le oculta que para el gobierno Zapatero, y a despecho de la enconada resistencia del sector neoliberal ms extremista del mismo, la firma de los Acuerdos tiene un valor tctico nada despreciable: el de ganar tiempo para tratar de recuperar su maltrecha base social blandiendo el miedo al PP con la nueva credibilidad que pretendidamente le ofrecera la fotognica escenificacin de un "dilogo social" a pesar de todo compatible con la sumisin a los "mercados", a las instancias rectoras neoliberales de la UE y a los pesos pesados de la derecha econmica espaola. En suma: el de evitar in extremis la consumacin de su suicidio poltico sin dejar de poner empeo en las contrarreformas neoliberales exigidas. El "baln de oxgeno" que le suponen los Acuerdos es un efecto colateral independiente, segn el secretario confederal de CC OO; pero responde tambin, segn las encuestas, a la propia percepcin de la situacin poltica por la mayora de los trabajadores y a las circunstancias de su limitada movilizacin.

Las direcciones de CC OO y UGT han oscilado en la apreciacin del carcter tctico de los Acuerdos. En cualquier caso, no han dejado de declarar abiertamente que el conflicto sobre la reforma laboral sigue abierto y que pretenden continuar robusteciendo la propia posicin a travs de la movilizacin y de la campaa por la iniciativa legislativa popular.

Ms les vale. Ms nos vale a todos. Porque las lneas rojas que han conseguido trazar en materia de negociacin colectiva, o incluso en la mitigacin de los efectos de la extensin de la edad de jubilacin a los 67, andan muy lejos de ser indelebles. Ni cabe engaarse ya qued dicho con la ilusoria retrica de los "mercados calmables": no es imposible, sino todo lo contrario, que en unos meses, o en unas semanas, regresen los ataques especulativos contra la deuda soberana espaola, lo que redundar en nuevas presiones de la UE y de la derecha econmica y de sus "expertos" acadmicos y mediticos para seguir "avanzando" por la senda del recorte de derechos sociales. Ni est lejos de ser imposible, sino todo lo contrario, que el PP reabra todos los frentes conflictivos en caso de obtener una amplia mayora o aun una mayora absoluta en las elecciones del 2012.

Una condicin necesaria, que no suficiente, de que los cambios estructurales propiciados por el desarrollo de la crisis econmica no degeneren en alteraciones substanciales de la relacin de fuerzas sociales y se traduzcan en ataques polticos profundos y exitosos contra los derechos sociales y laborales conquistados es la explicacin realista y veraz, no propagandstica ni ilusoria, del alcance de los Acuerdos y de su circunstancia. Sin engao ni autoengao. Y una resuelta voluntad de duradera movilizacin de los trabajadores, de fortalecimiento de sus estructuras sindicales, de articulacin programtica y de entendimiento fecundo con toda izquierda social y poltica, y sealadamente con la que goza de presencia en las instituciones legislativas democrticas.

Por volver a las viejas pero no envejecidas enseanzas de Rosa Luxemburgo: la cabal comprensin de los lmites de la accin sindical, en especial en fases de crisis cclicas, no puede implicar resignacin autojustificativa en la lucha por la regulacin poltica de la explotacin capitalista. Al contrario: la nica forma de superar esos lmites es extender la lucha de clases del mbito sindical al poltico, construyendo a travs de la resistencia y de la movilizacin una alternativa a la catastrfica salida de la crisis gestionada por las elites rectoras y de sus peritos en legitimacin. La ausencia de esa alternativa poltica de izquierda programticamente articulada es el problema central en toda la UE, como pone de relieve cualquier balance de las mltiples movilizaciones de resistencia popular que han tenido lugar en la inmensa mayora de los pases europeos desde 2007.

El resultado de los Acuerdos hace ms urgente an si cabe recordar esa vieja leccin. Porque los sindicatos no sern capaces de ofrecer verdadera resistencia, con la mera accin sindical, a la avalancha de contrarreformas neoliberales que se nos viene encima.

Notas:

(1) En este sentido ver Javier Andrs, Samuel Bentolila, Juan Jos Dolado y Luis Garicano "Ante el pacto social: mejor reformas sin pacto que pacto sin reformas" (EP 21/01/2011), http://www.elpais.com/articulo/espana/pacto/social/mejor/reformas/pacto/pacto/reformas/elpepiesp/20110121elpepinac_4/Tes.

(2) Rosa Luxemburgo, Reforma o Revolucin, en especial el captulo III "la progresin al socialismo a travs de las reformas sociales". http://www.marxists.org/espanol/luxem/01Reformaorevolucion_0.pdf

(3) El programa redactado por Wladimir Woytinsky en junio de 1931 cinco aos antes de la publicacin de la Teora General de Keynes! puede verse en internet: Aktive Konjunkturpolitik" in der Weltwirtschaftskrise. Ya en el exilio tras una escala en Ginebra como economista funcionario de la Organizacin Internacional del Trabajo, termin en EEUU, como estadstico en jefe del New Deal de Roosevelt dej escrita en 1935 este lapidaria juicio social el final de la Repblica de Weimar: "Una sociedad que no logra generar posibilidades de trabajo para una gran mayora de sus miembros destruye su derecho a existir, y aun si consiguiera mantener ese derecho, perdera la capacidad para defenderse de las fuerzas disgregadoras internas y externas." (Citado por Gabriele Liebig, " Wladimir Woytinsky: Der konom, der aus der Klte kam", en Freitag, 13 marzo, 2009.)

Antoni Domnech es el Editor general de SinPermiso. Gustavo Bster y Daniel Raventos son miembros del Consejo de Redaccin de SinPermiso.

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3918 



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