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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-03-2011

La atencin est en Libia, la importancia geoestratgica en Bahrein

Alberto Cruz
Viento Sur


Una vez ms jugando el juego de la burguesa: que si Gadafi es bueno, que si es malo, que si ya no controla el pas, que si hay que ocupar el pas, que si se le apoya desde Amrica Latina, que si hay que criticarle Con una habilidad pasmosa, la burguesa ha desenfocado las revueltas que se estn produciendo en el mundo rabe: en Egipto y Tnez la clase media que impuls las revueltas, con el apoyo del Ejrcito, no duda en atacar a quienes quieren ir ms all de meras reformas cosmticas para que todo siga igual y ellos tengan su parcelita de poder para evitar su progresivo empobrecimiento; en Marruecos y Jordania siguen las movilizaciones, ya con crticas a las respectivas monarquas (algo novedoso) pero se han vuelto inexistentes. Apenas algn suelto entre la maraa de crnicas desde las zonas liberadas de los enviados especiales a Libia. Pero no es aqu donde se est jugando el futuro del mundo rabe tal y como hoy le conocemos, sino en Bahrein, la mecha que puede prender las revueltas en todo el Golfo Prsico.

La importancia geoestratgica de lo que sucede en este pequeo pas es de tal calado que si triunfa la revuelta en marcha afectar a Kuwait y a Arabia Saudita. En el primer pas ya ha comenzado a haber manifestaciones. En los tres pases hay shies, mayora absoluta de la poblacin (70%) de Bahrein y minoras significativas en los otros dos (con alrededor de un 30% en Kuwait y algo menos del 20% en Arabia, pero en este pas asentados en la zona ms rica de petrleo de ah sale el 10% del petrleo que consume diariamente en mundo- que est, adems, muy cercana a Bahrein). A lo largo de los tiempos, han sido los shies marginados poltica, econmicamente y vistos como una especie de quinta columna de la revolucin islmica que se inici en Irn en 1979. Ni siquiera con la tmida reforma constitucional de 2001 y la reactivacin del Parlamento los shes bahrines salieron de la exclusin y se les impidi con argucias legales establecer una mayora poltica, por lo que el control se mantuvo en anos sunes. Fue, en realidad, una farsa que consolidaba constitucionalmente el poder en manos de las lites sunes puesto que quedaba en manos de la monarqua nombrar un consejo consultivo que puede bloquear a los candidatos electorales y se manipularon los distritos electorales hasta reducir al mnimo la representacin shi en el Parlamento. Los partidos no son legales, slo pueden presentarse a las elecciones como sociedades polticas.

Si hay preocupacin en Occidente por el petrleo, imaginemos lo que sucedera con un cambio en la correlacin de fuerzas en el granero negro del Golfo. Por no hablar de dos cosas: la primera, del penoso lugar en que quedar el despliegue militar estadounidense en la zona, donde tiene no solo la sede central de la V Flota (Bahrein), desde la que salieron los bombarderos y misiles que asolaron Bagdad antes de la invasin de 2003, sino prcticamente el mando militar (en Kuwait) de las tropas de ocupacin de Irak y en Afganistn; la segunda, del reforzamiento de la influencia de Irn en la zona y, por extensin, en todo Oriente Prximo.

Este es el taln de Aquiles de la estrategia que est adoptando la Administracin Obama con las revueltas en el mundo rabe: apoyarlas para que no se le vayan de las manos y puedan ser utilizadas, como lo han venido siendo los presidentes depuestos, en su campaa contra Irn. De ah esos llamados a la moderacin en la respuesta a los manifestantes, al evitar la violencia, lo cual, en caso de Bahrein, se tradujo en que de inmediato las fuerzas militares (Ejrcito y Polica) de la monarqua dejaron de masacrar a los que poco antes haba desalojado a sangre y fuego de la Plaza de la Perla (llamada por los manifestantes Plaza de los Mrtires en homenaje a los muertos causados por la represin). No hace falta recordar la bravucona intervencin del jefe del Ejrcito en televisin asegurando que se utilizara toda la fuerza necesaria para evitar los desrdenes tras sacar los tanques a la calle para reprimir la revuelta a los tres das de iniciada. Bahrein es el nico pas rabe en crisis que ha sido visitado dos veces por altos responsables, polticos y militares, estadounidenses en estos das (1). El ltimo, por ahora, el Secretario de Estado para Asuntos del Cercano Oriente, Jeffrey Feltman.

Tanto EE UU como Arabia Saudita sienten un fro que recorre su espina dorsal y ambos estn en una posicin difcil. No pueden alentar la represin ni tampoco invadir el pas, como se est planteando con insistencia respecto a Libia. Esa simple idea desatara la furia entre los shies hasta extremos incontrolables. Desde luego, los bahrines han tenido mucho cuidado en no hacer ostentacin de su creencia religiosa en las protestas. Al igual que en Egipto, el uso de la bandera nacional evidencia un sentimiento de pas y no de fe religiosa que reduce el margen de maniobra a los partidarios de las fronteras de sangre y del enfrentamiento interreligioso sun-shi. Nada ms lejos de la realidad que un intento por parte de los manifestantes de crear algn tipo de wilayat al-faqih, Estado shi, puesto en Bahrein hay una importante organizacin de izquierda, Waad, integrada casi en su totalidad por shies. Por lo tanto, no tiene ningn sentido hacer caso de aseveraciones como la de Mike Mullen, Jefe del Estado Mayor Conjunto de las FFAA de EEUU cuando acusa, sin nombrarlo, a Irn de incitar los disturbios en Bahrein (2).

Arabia Saudita en jaque


Esa ha sido la gran justificacin de la monarqua de Bahrein en los ltimos aos, hasta el extremo de pedir a EE UU el bombardeo de Irn como pusieron de manifiesto los documentos revelados por Wikileaks. La monarqua ha pretendido contraatacar la revuelta popular convocando a sus partidarios (21 de febrero) en la mezquita sun Al-Khalifa, con lo que vuelve a ponerse encima de la mesa el sectarismo que sustenta este rgimen. Adems, si en Libia se habla de mercenarios que apoyan a Gadafi, lo mismo hay que decir de Bahrein, con mercenarios salafistas muchos de ellos saudes- utilizados por el Ministerio del Interior para reprimir las protestas en los primeros das. Hay tribus que tienen la doble nacionalidad, bahrin-saudita y es en ellos en quienes se ha asentado la seguridad del rgimen monrquico hasta la fecha.

Los intereses de los saudes en Bahrein son histricos, hasta el extremo de haber construido un puente que une los dos pases (Bahrein es una isla) y por el que cada fin se semana se trasladan miles de hombres de negocios saudes para desfogarse en el liberal (respecto a Arabia Saudita) Bahrein. Pero ese puente que se comenz a construir en 1981, dos aos despus del triunfo de la revolucin islmica de Irn- no tiene una funcin ldica, sino de control militar. Tiene la suficiente anchura como para que pase en poco tiempo toda una divisin mecanizada con la que reforzar al Ejrcito de Bahrein cuando sea necesario. Ya se hizo en 1990, cuando una oleada de bombas afect al centro comercial y financiero de Manama, la capital.

Por lo tanto, no es una hiptesis descabellada la intervencin saudita si las manifestaciones adquieren un carcter ms drstico. Si con las movilizaciones de Egipto la bolsa de valores saudita cay una media del 6% diario (3), una crisis similar en Bahrein sera devastadora para la economa de un pas que, rico, se encuentra en una parlisis poltica por la enfermedad de la gerontocracia, en pleno proceso de sucesin, y la falta de respuesta a lo que est sucediendo en la zona y que se traduce, sin concesiones, en una progresiva prdida de su influencia. Y Arabia Saudita es la gran pieza en esta partida de ajedrez que se est jugando: el equivalente al jaque al rey. Con el alfil jordano anulado y la dama egipcia amenazada y con sus movimientos restringidos a las casillas cercanas, la prdida de la torre bahrin implica el mate al rey saudita.

De momento, y a la espera de cmo evolucionan las protestas, tanto EE UU como Arabia Saudita han incentivado a la monarqua de Bahrein a hacer concesiones, modestas, pero concesiones a la mayora de su poblacin como la liberacin de algunos presos polticos y el nombramiento de un prncipe heredero para negociar con los manifestantes, al tiempo que ha habido un cambio de cinco ministros (Vivienda, Trabajo, Salud, Electricidad y Agua y Presidencia, es decir, todos ministerios sociales, lo que pone de manifiesto la depauperizacin en que vive la mayora de la poblacin) y se reduce un 25% la tasa de inters en prstamos para la vivienda. Insuficiente para las demandas shies, que ya estn pidiendo ni ms ni menos que la desaparicin de la monarqua.

No lo van a lograr si no incrementan y radicalizan sus acciones -y el domingo 27 de febrero se inici un camino en esa direccin con el bloqueo de la sede de Gobierno (4), en protesta por una reunin del Parlamento que consideran ilegal puesto que al haberse retirado el bloque parlamentario shi no hay qurum suficiente para ningn debate ni reunin al tiempo que el gobierno reforzaba la seguridad policial de las embajadas de los pases del Golfo-, pero s conseguirn ms concesiones polticas de lo que les gustara tanto a la monarqua como a sus patrocinadores saudes y estadounidenses. En cualquier caso, eso ya ser visto como un triunfo que va a envalentonar a los shies tanto en Kuwait como en Arabia, con la consiguiente merma de la influencia poltica de EEUU y del Consejo de Cooperacin del Golfo (Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos rabes Unidos, Kuwait, Omn y Qatar).

El que el 17 de febrero, un da despus de la matanza de manifestantes, los ministros de Asuntos Exteriores del CCG se reuniesen en Manama deja bien claro que no se va a dejar caer al rgimen de Bahrein, con tal alto porcentaje de poblacin shi. Para ellos, eso sera como dar por perdido el golfo y dejarlo en manos de Irn en unos momentos en los que este pas festeja lo que considera un nuevo despertar islmico y un Nuevo Oriente Medio con la aparicin de nuevos actores menos serviles a los intereses occidentales. Desde ese momento, la cadena Al Jazeera ha comenzado a ofrecer una cobertura ms sectaria de lo que ocurre en Bahrein, en contraposicin a su abierta postura de simpata con las revueltas en los otros pases rabes. Eso parece haber abierto unan fisura entre los manifestantes bahrines, con los ms moderados del Al-Wefaq (Movimiento para el Acuerdo Nacional) apostando ahora por una monarqua constitucional al estilo britnico.

Sin embargo, dentro del CCG hay un pas, Qatar, que desde el triunfo de Hizbul contra Israel en la guerra del verano de 2006 est jugando fuerte para convertirse en un puente entre ellos e Irn. Qatar puede jugar un papel geoestratgico importante: buscar un acercamiento a Irn y ejercer una influencia moderadora entre los shies del Golfo.

Las fuerzas del cambio en Libia


En esta convulsa situacin el imperialismo slo respira en Libia. Aqu s se puede afirmar de manera abierta que estn triunfando las huestes pro-imperialistas. El denominado Frente Nacional para la Salvacin de Libia, a quien se considera el protagonista de la rebelin (siendo muy significativo que se exhiba la bandera monrquica) es una creacin de la CIA y de Arabia Saudita en los aos 70 del siglo pasado (5) y la Unin Constitucional Libia es una organizacin monrquica. Ambas forman parte de la denominada Conferencia Nacional de Oposicin Libia.

Quiere decir eso que Gadafi es bueno y un referente anti-imperialista? En absoluto. Sus histrionismos y devaneos prooccidentales son suficientemente conocidos aunque ahora haya sido abandonado por Occidente y tratado como un paria. Ya haba sido denunciado hace tiempo dentro del mundo rabe por el Frente de la Resistencia (especialmente Hizbul) por estos hechos y por su papel en la desaparicin de uno de los principales dirigentes shies, Musa Sadr, hace treinta aos y del que ahora se cuenta que podra estar vivo y en una crcel libia.

Es entendible el apoyo que recibe desde Amrica Latina, ms con el corazn que con la cabeza. Pero si se defiende el derecho a la autodeterminacin de los pueblos habr que ser consecuentes, entendiendo que la postura es apoyar el derecho del pueblo libio a gestionar sus propios asuntos, sin injerencias de la OTAN o cualquier otra potencia imperialista-.

El hecho que el Consejo de Seguridad de la ONU haya votado por unanimidad una serie de sanciones a personalidades y haya abierto la puerta de la Corte Penal Internacional (sobre la que habra mucho que hablar) no quiere decir gran cosa: la resistencia de Turqua, Rusia y China ha impedido que se aprobase la declaracin de unas zonas de exclusin area como las que sirvieron de premisa para la invasin de Irak y que haban sido reclamadas por la Conferencia Nacional de Oposicin Libia. Habr un derrumbe del rgimen pero no tan pronto como los imperialistas desearan y, por ahora, no ser posible una intervencin extranjera al menos de forma abierta.

S habr un reconocimiento a un gobierno provisional al estilo de Tnez y Egipto, es decir, formado por personalidades hasta ahora del rgimen y en el que tendr cabida la CNOL. Y si en estos dos pases se mantienen intactas las lneas econmicas neoliberales desarrolladas tanto por Ben Ali como por Mubarak, en Libia, que tambin existen con Gadafi, se acelerarn. La CNOL ya hablaba en 1994 de una privatizacin completa de la economa libia (6).

Alberto Cruz es periodista, politlogo y escritor.


Notas:


(1) Al-Quds Al-Arabi, 25 de febrero de 2011.

(2) Asia Times, 24 de febrero de 2011.

(3) Alberto Cruz, Egipto: la revuelta de la clase media (y el comienzo de una nueva lucha), http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1079

(4) Al Jazeera, 27 de febrero de 2011.

(5) Jeffrey Richelson, The US intelligence community, Westview Press, 2008.

(6) Libyans Debate Post-Qaddafi Era, http://www.wrmea.com/backissues/0194/9401050.htm

Fuente: http://www.vientosur.info/articulosweb/noticia/index.php?x=3674



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