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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-03-2005

El 11-M y la derecha espaola

G. Buster
Rebelin


Un ao despus del 11-M, con su secuela de 192 muertos y 1.500 heridos en el mayor atentado terrorista sufrido en el Estado espaol, la derecha sigue alimentando su rencor con el mito de que perdieron las elecciones del 14-M por un inmenso sndrome de Estocolmo. Lejos de hacer frente al terrorismo, los ciudadanos se rindieron a l a en las urnas.

Esta versin interesada no es solamente un insulto para todos nosotros. Es tambin un intento consciente de moldear una interpretacin de la gestin del gobierno del PP como la nica posible. Es Urdaci y sus telediarios convertidos en clich histrico.

En realidad el 11-M hay que enmarcarlo en un perodo anterior de casi dos aos, cuando las polticas neoliberales del PP empiezan a encontrar primero una difusa resistencia social y, poco a poco, una protesta de masas organizada. Son las manifestaciones contra la presidencia espaola de la Unin Europea, las marchas contra el Plan Hidrolgico Nacional, la huelga general del 20-J contra la reforma del mercado de trabajo y el subsidio de paro, las jornadas de lucha en la enseanzaTodo este proceso de movilizacin social, combinado con el planteamiento de la cuestin nacional en Euskadi y Catalunya por la contrarreforma autonmica del PP, acab desembocando en cambios de la correlacin de fuerzas a nivel institucional, con la formacin primero del Gobierno tripartito vasco y, tras las elecciones municipales y autonmicas del 25-M, del gobierno catalanista y de izquierdas en la Generalitat.

Frente a esta resistencia social creciente -que no se reflej en un cambio de la correlacin de fuerzas ms fuerte por la dbil oposicin del PSOE al Gobierno del PP, prisionero de los Pactos antiterroristas- Aznar comenz a ejecutar una estrategia ya clsica de la derecha espaola: movilizar y encuadrar militarmente al pas contra los enemigos interiores y exteriores. El discurso del antiterrorismo lo envolvi todo, como una densa neblina, con la intencin de ocultar la situacin y las causas de su creciente crisis de legitimidad.

La decisin de transferir al nacionalismo democrtico vasco la sospecha de su connivencia de fines con ETA, criminalizndolo en su conjunto, fue paralela a la entusiasta alianza de las Azores con la Administracin Bush y Blair para justificar la intervencin militar en Iraq. El espaolismo frente a los nacionalismos vasco y cataln y el miedo al moro buscaban rentabilizar unos resortes histricos que, no por primitivos, siguen siendo la base del nacionalismo de derechas espaol y su mejor instrumento de movilizacin social.

El terrible atentado terrorista del 11-M ocurri en este contexto de intoxicacin ideolgica. Y fue este contexto el que permiti que, a pesar de las pruebas que se acumulaban en contra, el Gobierno del PP pudiera difundir su versin de la autora de ETA. Que no fuese intercambiable para su fines que los autores hubieran sido unos extremistas islmicos no se debi a que en el esquema ideolgico de movilizacin contra los enemigos interior y exterior no pudieran cumplir un papel muy similar al de ETA como ocurre en Gran Bretaa o en EE UU-, sino porque el xito de las movilizaciones sociales contra la guerra de Iraq haban reducido mucho esta posibilidad y la credulidad general, a pesar de no haber conseguido frenar el envo de las tropas espaolas a Oriente Prximo.

La derrota de la derecha el 14-M fue el resultado combinado de todos estos factores, incluida la dbil oposicin del PSOE. Ello explica que, una vez recuperada de la perplejidad de su derrota, la derecha espaola haya vuelto a recomponer un amplio tejido de organizaciones sociales y clientelares, construidas en ocho largos aos de gobierno. Ha vuelto a plantear en el eje de su estrategia el Pacto Antiterrorista y la movilizacin contra la reforma de los estatutos de autonoma para condicionar las alianzas del PSOE con IU y ERC, esenciales para mantener la mayora parlamentaria; ha vuelto a movilizar a ONGs y a la feligresa ms tradicional a travs de la Iglesia catlica contra la igualdad de derechos de los homosexuales y la enseanza privada; ha vuelto a exigir trasvases de agua para la agricultura de exportacin de Valencia y Murcia con un Plan Hidrolgico insostenible que solo beneficiaba a las empresas constructoras. Pero todo ello moviliza a millones de personas y acosa al gobierno del PSOE.

La izquierda social, por el contrario, no se moviliza, sino que apoya hasta ahora pasivamente las concesiones que hace el gobierno del PSOE a sus luchas pasadas: retirada de tropas de Iraq, parn del PHN; derechos de los homosexuales; regularizacin de emigrantesPero conviene recordar, como hizo Pilar Majn en la Comisin del 11-M, el precio que se paga hoy por esas conquistas y por una cierta pasividad expectante. Se puede medir en el desprecio de la derecha a las victimas del 11-M, que considera con razn nuestras y no suyas.

Este 11-M la derecha volver a intentar reinterpretar la historia, a golpe de campanario. Para hacerlo necesita olvidar rpidamente a las victimas reales del 11-M y sustituirlas por el arquetipo preestablecido de las victimas del terrorismo. Y en ningn sitio es ms patente este olvido que en la Comunidad de Madrid, gobernada por el PP, de la que dependen la mayor parte de los servicios de ayuda que deberan socorrer a las victimas. Sus reivindicaciones deberan ser inmediatamente satisfechas, como exige la Asociacin de Victimas del 11-M.

Y la izquierda, cumplido un ao de la derrota del PP, debera hacer suya, con el recuerdo de nuestras victimas de sus guerras, la conciencia de lo sucedido. Porque ello exige romper los pactos antiterroristas del PSOE y del PP; iniciar un nuevo ciclo de movilizaciones sociales contra las polticas econmicas de derechas, aunque las propongan Solbes y la Unin Europea; dialogar y negociar una reforma estatutaria que de una respuesta democrtica a la cuestin nacional en Euskadi y en Catalunya; y abrir la puerta a un debate constitucional libre de verdad y no rehn, como en 1977-78, de los poderes fcticos.

Porque si no lo hace, si deja tomar la iniciativa a la derecha tanto en lo social como en lo poltico, sabemos perfectamente el precio que nos har pagar un nuevo gobierno del PP.



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