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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-05-2011

EEUU en declive en Oriente Prximo: potencias medias ponen en duda su supremaca (II)

Alberto Cruz
CEPRID


Como no es nuestro cometido elaborar un plan eterno para el futuro, lo que tenemos que hacer es una evaluacin crtica y no tendenciosa de todo lo que nos rodea; no comprometedora, en el sentido de que nuestra crtica no puede temer sus propios resultados, ni temer enfrentarse a los poderes existentes

Karl Marx

Las guerras de Irak y Afganistn, junto a la derrota estratgica de Israel en la guerra contra Hizbul en 2006 y la matanza perpetrada en Gaza en 2008-2009, han sumido a EEUU en un inobjetable declive en Oriente Prximo. Consciente de ello, la Administracin Obama no considera tan prioritaria esta zona del mundo como su predecesor George Bush, y as lo recoge en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2010 y en la que se sustenta su poltica durante los cuatros aos de mandato. Este declive es consecuencia, adems, del surgimiento de las llamadas potencias emergentes que hace tiempo dejaron de emerger para ser una realidad. Los datos oficiales de EEUU as lo ponen de manifiesto: en el ao 2000 el PIB estadounidense supona el 61% del total de lo que hoy es el G-20, pero esta cifra cay al 42% en 2010; si en el 2000 el PIB de EEUU era ocho veces el de China, en 2010 era menor de tres veces, por mencionar slo a uno de esos pases mal llamados emergentes. Desde la derecha y desde la izquierda de EEUU (Mark Helprin, Michael Kinsley, Paul Krugman) se viene recogiendo desde hace tiempo esta realidad a la que se hace poco caso en los mentideros de izquierda europeos y latinoamericanos, obsesionados con el poder absoluto del imperio.

Pero las cosas van por otro lado. Sin negar que EEUU sigue siendo la superpotencia, por ahora o todava, cada vez se enfrenta a una merma mayor de su poder. En trminos leninistas, eso nos llevara a hablar de una agudizacin de las contradicciones interimperialistas que se resuelven generalmente con guerras y los chinos estn convencidos que habr una, y a gran escala, antes de que China alcance la paridad estratgica con EEUU. Libia no es ms que el aperitivo de lo que se avecina y en un mbito crucial: los pases productores de petrleo, que adquieren una nueva importancia y dimensin tras el desastre nuclear de Fukusima y las dudas que se han instalado, con fuerza, sobre el futuro de la energa nuclear.

En el caso de Oriente Prximo, ello ha supuesto la aparicin de potencias medias que, estratgicamente, ponen en duda la supremaca estadounidense en esa parte del mundo al ganar cuota de mercado y preponderancia poltica. Es el caso de Turqua, quien al convertirse en el principal adalid del apoyo a Palestina tras prcticamente romper con Israel tras el asalto a la flotilla solidaria a Gaza en 2010, ha emergido como un poder real en la zona, mediando en las revueltas de Bahrein, de Siria y estrechando lazos con Irn lo que le ha supuesto ser reconocido como un interlocutor a tener en cuenta por los pases musulmanes. Prueba de ello es que un turco es presidente, por primera vez en la historia, de la Organizacin de la Conferencia Islmica de la que forman parte 57 pases, y que su historia reciente est siendo seguida con mucho detenimiento por no pocos actores de la ola de cambios que se estn produciendo en el mundo rabe.

Arabia Saudita

El auge de Turqua en Oriente Prximo fue visto con alarma por Arabia Saudita que, de inmediato, se dio cuenta de lo que significaba que un pas no rabe asumiese un papel relevante en defensa de la causa tradicional rabe: Palestina. Desde su actitud de prctica ruptura con Israel por el asalto a la flotilla, las crticas a Turqua comenzaron a proliferar en los peridicos sauditas hasta el extremo de convertir a los turcos en uno de los enemigos a batir: nosotros, los pases rabes, somos vulnerables, tal como lo demuestran los poderes de los rivales compitiendo sobre nosotros y el esfuerzo para atraernos bajo sus auspicios o para obligarnos a someternos a su voluntad. Turqua, Irn e Israel [el orden en que se mencionan es importante, pues dice mucho de la actitud saudita] lo que tienen en comn son las aspiraciones en la regin y lo que los diferencia es quin obtendr la mayor parte del pastel rabe (1).

Como Turqua se haba acercado a Siria y comenzado a moverse en la regin, los saudes se vieron obligados a hacer lo mismo: Arabia Saudita hizo las paces con Siria ahora el rey saudita se ha posicionado rpidamente con Bashar Al Assad frente a las revueltas en Siria, aunque no es descabellado pensar que financia de manera encubierta a los grupos salafistas sirios para debilitar al gobierno de Assad en un esfuerzo por lograr un cierto distanciamiento de Irn, pas con el que Siria tiene una relacin estratgica-; buscase un acuerdo con este pas para apoyar a Iyad Alawi como primer ministro de Irak (acuerdo que se rompi al oponerse firmemente Muqtada Al-Sadr, uno de los principales actores iraques); mediase con las fuerzas prooccidentales libanesas de Hariri para llegar a un acuerdo sobre la composicin del gobierno en ese pas y la presencia en el mismo de Hizbul as como presionando para aplazar la sentencia del Tribunal Internacional para el Lbano en la que se condenar a miembros de Hizbul por el asesinato del primer ministro Rafik Hariri-, y con ello logr los apoyo suficientes para parar en la Liga rabe un intento de normalizar las relaciones con Irn que se haba producido en este organismo a mediados de 2010.

Es desde ese ao que Arabia Saudita acta de forma abierta como potencia emergente en la zona, aunque haba venido moviendo sus piezas un tiempo antes. En noviembre de 2009 su Ejrcito haba entrado en Yemen en apoyo de las fuerzas yemenitas que combatan a los rebeldes houtis. Aqu Arabia Saudita aplic la misma estrategia que Israel contra los palestinos: oper en aguas internacionales, bombarde bastiones rebeldes dentro del territorio yemenita (utilizando bombas de fsforo, como Israel en Gaza) y desplaz a centenares de pobladores de aldeas fronterizas para crear una zona de seguridad (sic) que pusiese fin al flujo de terroristas, contrabandistas e inmigrantes ilegales. La nula reaccin internacional a esta operacin indic a la monarqua saudita que poda ir ms all cuando quisiese, lo que ha hecho ahora en Bahrein.

Si en esa ocasin cont en el visto bueno de EEUU, que considera a Yemen una base de operaciones de Al-Qaeda y as hay que interpretar que sean los saudes quienes han impuesto, utilizando al Consejo de Cooperacin del Golfo, una solucin a las revueltas populares en Yemen, promoviendo a su candidato, el general Ali Moshen Al Ahmar, un corrupto enriquecido por el contrabando de petrleo en el pas ms pobre del mundo rabe, como el sustituto del actual presidente en una etapa de transicin-, no ha ocurrido lo mismo con la invasin de Bahrein. Aqu Arabia Saudita, al estilo de Israel, ha puesto a la Administracin de Obama ante unos hechos consumados.

Un pas casi inmune a la presin estadounidense

En contra de la visin de que Arabia Saudita no es ms que otro pen de la estrategia imperial de EEUU en la zona, la realidad es que este pas se ha convertido en casi inmune a la presin estadounidense, lo que le ha permitido emerger como potencia regional: no tiene ninguna necesidad de ayuda financiera, cuenta con un papel hegemnico dentro de la OPEP (ha aumentado su produccin de petrleo en casi 700.000 barriles diarios para compensar los suministros perdidos a causa de la guerra contra Libia) y se prepara para un aumento del 28% de su produccin de petrleo (2) en un futuro prximo con la finalidad de satisfacer la demanda mundial o cubrir interrupciones en otros lugares. Es decir, est anunciando con antelacin una nueva crisis y no es precisamente en Libia, sino en Irn.

Adems, no son pocos quienes en los pases del Golfo Prsico mantienen que esos pases deben desaparecer e integrarse en Arabia Saudita (como ha propuesto pblicamente el 1 de marzo de este ao el escritor kuwait Addul Al-Nafisi) como forma de hacer frente a la nueva situacin regional e internacional. Al Nafisi est llevando al extremo un sentimiento muy extendido dentro de los sunnes del Golfo ante lo que consideran un papel hegemnico de Irn y el miedo que sienten a la revuelta de los shies, minoritarios en todos esos pases a excepcin de Irak y Bahrein. Con la intervencin en Bahrein, tanto Arabia Saudita como los Emiratos rabes Unidos y Kuwait han atizado hasta extremos muy peligrosos el enfrentamiento sectario sunn-shi.

Sin embargo, no es un conflicto religioso, sino econmico. Al igual que en Irlanda del Norte, donde los catlicos han sido y siguen siendo- durante aos ciudadanos de segunda clase en todos los mbitos, lo mismo ocurre en los pases del Golfo con los shies, privados de derechos e inmersos en una situacin econmica totalmente diferente (por lo mala) de los sunnes.

EEUU y Arabia Saudita han tenido un buen acuerdo durante casi 80 aos: los saudes suministran el petrleo que necesite EEUU a cambio de que los beneficios lleguen directamente a la familia gobernante, en todas sus ramas, que recibe todo tipo de proteccin por parte de los estadounidenses pese a la represin interna, la falta de libertades y la ideologa extremista en que se sustenta. Por dar unos datos, sin entrar en profundidades, Arabia Saudita no tiene Constitucin, ni gobierno representativo, ni libertad de prensa, ni de reunin. Las iglesias y sinagogas estn prohibidas y los shies son tratados como apstatas (es frecuente referirse a ellos con el trmino peyorativo de rafiditas, que se vendra a traducir como los que rechazan rafad-) si hacen manifestacin pblica de su fe. El 23 de abril se convocaron una especie de elecciones municipales (las primeras de su historia fueron en 2005) en las que las mujeres no han podido votar Se podra seguir, pero con estos datos basta para entender de qu pas se est hablando.

Arabia Saudita se ha convertido en uno de los mayores receptores de armas de EEUU que, no obstante, no sern nunca utilizadas contra Israel, en teora su enemigo pero con quien quiere normalizar relaciones lo antes posible. As est recogido en el plan rabe adoptado -a iniciativa suya- en 2002 en Beirut por la Liga rabe, recuperado tras la victoria de Hizbul en la guerra de 2006 y vuelto a confirmar en 2009 en una cumbre en Doha celebrada poco despus de la matanza de Gaza si Israel acepta retirarse de los Territorios Ocupados y establecer una solucin justa para los refugiados palestinos. Este plan, de nuevo, sirve de base al que en estos momentos elabora la Administracin Obama para que Israel y la ANP vuelvan a la mesa de negociaciones y se evite de esta forma que la Asamblea General de la ONU vote, en septiembre, el reconocimiento de Palestina como estado miembro, lo que pondra en un grave apuro a EEUU y sus aliados europeos que tendran muy difcil justificar su voto negativo.

Pero tantas y sofisticadas armas estadounidenses no han servido para gran cosa a Arabia Saudita. Al contrario que Israel, que slo ha salido derrotado de una guerra contra los rabes, la librada contra Hizbul en el verano de 2006, la primera aventura militar saudita no sali muy bien. En Yemen tuvieron ms de un centenar de muertos y medio millar de sus soldados fueron capturados por los rebeldes houtis, pero ello no es bice para que el Ejrcito, reforzado muy recientemente con moderno material (3), se muestre dispuesto a utilizarlo y ponerlo a disposicin de EEUU si se decide una guerra contra Irn. Los recientes movimientos sauditas van en este sentido.

La creciente autonoma de Arabia Saudita no significa una ruptura con EEUU, sino que sita a la monarqua wahabita en el mismo nivel que Israel en cuanto a que ambos pases colocan a EEUU ante los hechos consumados. Sirven a la estrategia imperial (como cuando recuerdan a China la dependencia que tiene respecto al petrleo saudita para aliviar resquemores ante la adopcin de sanciones contra Irn o la guerra contra Libia) pero han adquirido el suficiente poder como para hacer valer sus intereses aunque, en ocasiones, choquen con los estadounidenses.

Todo esto significa un declive de la supremaca de EEUU en Oriente Prximo. Arabia Saudita no hubiese dado este paso si no se hubiese sentido menospreciado por EEUU cuando al inicio de las revueltas en Tnez y Egipto exigi a Obama apoyar a los presidentes depuestos , especialmente a Mubarak. Fue la gota que colm el vaso de la paciencia, ya a punto de rebosar fue cuando desde EEUU se hizo todo lo posible para desautorizar el acuerdo entre Hams y Fatah que haba sido alcanzado en 2007 por mediacin saudita. Este acuerdo fue una mediacin especial del rey Abdul y fue roto por Bush y algunos hombres fuertes de Fatah. Una afrenta que la casa real saudita no perdon.

La obsesin iran

Como ocurri con Turqua, tambin Arabia Saudita ha esperado el momento oportuno para dar este paso de emanciparse de EEUU. Y ha sido con motivo de las protestas democrticas en Bahrein. Mientras EEUU dudaba entre un matizado apoyo a los manifestantes y la represin, la monarqua wahabita dio un paso adelante, amparndose en su hegemona en el Consejo de Cooperacin del Golfo, y ya el 10 de marzo dej clara su postura cuando se afirm que cualquier dao a la seguridad de un pas miembro [del CCG] ser considerado perjudicial a todos los pases miembros y ser tratado de inmediato y sin vacilacin. Cinco das ms tarde, ya estaban en Bahrein las tropas sauditas y de los Emiratos. Las apelaciones estadounidenses a la moderacin y al dilogo y las informaciones sobre que dio el visto bueno a la invasin no son ms que fuegos de artificio ante lo que significa un claro desafo a la supremaca estadounidense en una regin clave para la estabilidad del mundo. De hecho, basta con observar cmo han ido evolucionando las declaraciones de los responsables estadounidenses: al inicio de las protestas en Bahrein, el secretario de Defensa, Robert Gates, deca explcitamente que no haba ninguna prueba de la implicacin de Irn en las revueltas; mes y medio ms tarde afirmaba enfticamente lo contrario (4).

Si bien la relacin entre Arabia Saudita y EEUU no est en un punto de ruptura, s est en crisis y ya no es la misma que antes de las revueltas que sacuden el mundo rabe. Es evidente que en Riad hay una prdida de confianza en EEUU como socio garante de la seguridad del rgimen y ahora slo ven posible su propia supervivencia convirtiendo a Arabia Saudita poco menos que en un Estado cuasi hegemnico en el Golfo.

Para ello, Arabia Saudita slo tiene que convertir a Irn en una obsesin, al igual que EEUU convirti a la URSS en su obsesin durante aos. Entre estas dos superpotencias no hubo un enfrentamiento directo, pero s interpuestos que se alargaron durante casi 50 aos, el tiempo que dur la guerra fra. Arabia Saudita est haciendo lo mismo ayudando a debilitar en Lbano y Siria a los aliados de Irn- e impulsando tambin su OTAN particular dentro del Consejo de Cooperacin del Golfo, acelerando la formacin de una especie de Fuerza de Intervencin Rpida que pueda actuar en cualquier parte del Golfo. Bahrein ha sido su prueba de fuego con el envo de tropas. Esta evidente provocacin ha obligado a Irn a entrar en el juego. Aunque nunca ha habido el menor indicio de la implicacin iran en las protestas de Bahrein, ni del Golfo, Tehern ha sentido la necesidad de responder y ponerse del lado de sus correligionarios shies. Es lo que buscaba Arabia Saudita para decir lo veis?, Irn es el peligro.

EEUU se ha visto obligado a dar manos libres a Arabia Saudita, con lo que ha reavivado el juego sectario que, a medio y largo plazo, dificulta el resurgimiento del panarabismo que se puede intuir en las revueltas rabes. Este es, tambin, un objetivo saudita, que nunca ha visto con buenos ojos el panarabismo y que en ms de una ocasin ha supuesto a la monarqua wahabita un quebradero de cabeza. Atizando el juego sectario y esto tambin se est viendo en Siria- aleja cualquier atisbo de resurgimiento de la gran nacin rabe.

Notas:

(1) Al-Watan, 13 de junio de 2010.

(2) Reuters, 14 de abril de 2011.

(3) Alberto Cruz, Arabia Saudita emerge como potencia regional http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1119

(4) Asia Times, 15 de abril de 2011.

Alberto Cruz es periodista, politlogo y escritor. Su ltimo libro es Pueblos originarios en Amrica. Gua introductoria sobre su situacin, editado por Aldea con la colaboracin del CEPRID.

[email protected]

(Primera Parte: http://rebelion.org/noticia.php?id=126695)

http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1151



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