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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-08-2011

Hasta cundo vais a estar mendigando ayuda?

Khalid Amayreh
Al Ahram Weekly

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


Mohamed y Sarah Sawabha viven en una barriada de clase media en Ramallah con sus seis hijos, entre los que hay dos estudiantes universitarios. Mohamed es licenciado y gana un salario mensual de alrededor de 800 dlares como profesor de un colegio local.

Su mujer, que es licenciada en Lengua y Literatura rabe, gana casi la misma cantidad enseando rabe en uno de los institutos ms grandes y ms prestigiosos de los alrededores de Ramallah.

Como muchas otras familias palestinas, los Sawabha tienen este ao problemas presupuestarios para poder afrontar el mes santo musulmn del Ramadn, durante el cual las familias ven aumentar sustancialmente sus gastos.

Siempre hemos podido arreglrnoslas. Pero esta es la primera vez que sentimos que estamos combatiendo en muchos frentes y que estamos perdindolos todos, dijo Mohamed.

La familia, que no tiene la propiedad de la casa donde vive, paga un alquiler anual que alcanza la cifra de 3.000 dlares. Con cada vez ms gastos en la universidad y en el colegio y con la desaparicin de los subsidios del gobierno, slo queda una escasa cantidad de dinero para poder asumir los gastos de una vida diaria decente.

Sarah est de acuerdo con las palabras de su marido. Nos sentimos realmente frustrados, porque este mes solo hemos recibido la mitad de nuestros salarios. Ahora estamos a finales de mes y deberamos recibir la otra mitad. El Ramadn se acerca y el gobierno sigue dicindonos que tengamos paciencia. Pero, hasta cundo?

Mohamed explica que con el Ramadn llamando a la puerta, el nuevo curso en la universidad a tan solo unas semanas de comenzar y tres nios preparados ya para ir al colegio a mediados de septiembre, sencillamente no sabe como podr hacer frente a sus obligaciones monetarias.

No s qu hacer. Que Dios nos ayude a superar el problema!, dice el profesor de 48 aos de edad.

Segn los funcionarios de la Autoridad Palestina (AP), la actual crisis financiera que golpea los territorios ocupados es probablemente la ms grave que se recuerda, desde luego la ms grave desde el establecimiento de dicha Autoridad tras la conclusin de los Acuerdos de Oslo entre Israel y la Organizacin para la Liberacin de Palestina en 1993.

La crisis proviene tanto de causas directas e indirectas. Algunas de las causas directas tienen que ver con el incumplimiento de la mayora de las promesas hechas por los donantes rabes a la AP, que depende casi completamente de la financiacin exterior.

La AP ha estado viviendo con un presupuesto muy ajustado, teniendo que destinar la parte del len a pagar los salarios de sus hasta 160.000 funcionarios y empleados pblicos.

La pasada semana, el presidente de la AP Mahmoud Abbas implor a los estados rabes Salvadnos, porque nos hundimos. La crisis actual es totalmente real, dijo, aadiendo que su gobierno en Ramallah no haba podido pagar los salarios ni satisfacer sus obligaciones financieras ms urgentes.

Algunos estados rabes han estado dejando pasar el tiempo sin pagar su prometida ayuda financiera a la AP, quejndose de la corrupcin y mala administracin del propio gobierno de la Autoridad. Otros, como Kuwait, estn hartos de la aparente incapacidad de la AP para dejar de depender de la ayuda exterior.

Otro factor clave que contribuye a los recurrentes problemas financieros que aquejan a la AP se deriva del abultado establishment de la seguridad, que devora una parte inmensa del presupuesto palestino.

La AP tiene hasta 80.000 efectivos de seguridad en nmina. La inflada fuerza, construida a partir de las instrucciones de los pases donantes occidentales, especialmente de EEUU, consume hasta 50 millones de dlares al mes. Sin embargo, las diversas agencias de seguridad palestina apenas hacen poco ms que controlar a la poblacin palestina, impidiendo incluso cualquier forma de resistencia activa contra la ocupacin israel an cuando Israel asesina a inocentes civiles palestinos.

Eso fue lo que sucedi el primer da del Ramadn, cuando soldados israeles asesinaron a sangre fra a dos muchachos palestinos en el campo de refugiados de Qalandya, como declararon varios testigos oculares.

Algunos expertos de seguridad han dicho que para cumplir con los objetivos de mantener la ley y el orden, la comunidad palestina de Cisjordania no necesita ms que una moderada fuerza de seguridad civil que quiz debera llegar a una cifra de entre 10.000 y 20.000 agentes de polica.

Sin embargo, la AP piensa que es necesaria una inmensa fuerza de seguridad para asegurar su propia supervivencia, especialmente frente a una posible revuelta y para impedir cualquier repeticin de lo sucedido en la Franja de Gaza en 2007, cuando Hamas le arrebat el control del enclave costero a las milicias de Fatah que haban intentado, con fuerte ayuda estadounidense, derrocar al gobierno islamista democrticamente elegido.

Hace unos cuantos aos, la AP oblig a que se jubilaran anticipadamente miles de partidarios de Arafat dentro de las agencias de seguridad, temiendo una posible rebelin contra las polticas de Abbas y su gobierno proclive a Occidente y encabezado por el primer ministro Salam Fayad.

Para apaciguar a todas esas personas, muchas de ellas todava de treinta y tantos aos o cuarenta y pocos, el gobierno de Fayad les concedi unas considerables pensiones de jubilacin que en algunos casos llegaban a los 3.500-4.000 dlares al mes.

Incluso los profesores universitarios de ms alto nivel en Palestina reciben pensiones muy modestas comparadas con esas cifras.

Despus tenemos el espectro de la corrupcin que corroe la estructura financiera de la AP, cuya marea no han conseguido controlar ninguno de los sucesivos gobiernos palestinos. Es de comn conocimiento que cada ao se pierden en Palestina cientos de millones de dlares a causa de al corrupcin.

As es, algunos observadores creen que la AP est tan infectada de corrupcin que no podr contenerse si no se asumen medidas enrgicas que afecten o alienen a grandes segmentos de la jerarqua de la AP. Un economista palestino dijo recientemente que la corrupcin existente dentro del sistema financiero de la AP es estructural. Me temo que no ser posible eliminarla sin renovar toda la estructura general de la AP.

Aunque es verdad que las cifras de corrupcin no son tan altas como lo eran hace cinco o seis aos, cuando los desfalcos, el nepotismo, el favoritismo y los sobornos eran la norma en vez de la excepcin.

La AP ha mostrado tambin alguna determinacin a luchar contra la corrupcin, especialmente en sus formas ms crudas y descaradas. Por ejemplo, se ha establecido un tribunal especial ad hoc para procesar a los funcionarios corruptos palestinos.

El presidente del tribunal, Rafik Nashe, un veterano dirigente de Fatah y ex portavoz del Consejo Legislativo Palestino, orden recientemente que dos ministros del gabinete palestino se presentaran ante un panel de jueces para que les interrogaran en relacin con acusaciones de mala gestin financiera.

Sin embargo, an estn quienes, y son muchos, piensan que los esfuerzos de la AP para combatir la corrupcin son demasiado pequeos y llegan demasiado tarde y que la AP necesita declarar que la lucha contra la corrupcin es una prioridad nacional.

No obstante, algunos de los problemas subyacentes que exacerban las recurrentes crisis financieras que han estado golpeando a la AP se deben al hecho de que la AP no es un estado soberano, ni siquiera un semi-estado, ya que Israel contina controlando los cruces de frontera palestinos, los recursos financieros, los impuestos y todos los dems componentes de la vida econmica.

Segn Raja Jalidi, un economista que trabaja con las Naciones Unidas, la crisis financiera que afronta ahora la AP se deriva fundamentalmente del hecho de que la economa palestina se ha visto privada de su capacidad para producir, crecer y desarrollarse a causa de la ocupacin israel.

Israel contina dominndolo todo en los territorios ocupados y la sociedad palestina y los pases donantes estn pagando ese precio, dijo.

Fuente: http://weekly.ahram.org.eg/2011/1059/re5.htm



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