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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-08-2011

Corrupcin, plaga poltica

Frei Betto
Alainet


La poltica brasilea siempre se aliment del dinero de la corrupcin. No todos los polticos. Muchos son ntegros, tienen vergenza en la cara y sinceridad en el bolsillo. Pero las campaas son caras, el candidato no dispone de recursos o evita reducir su economa, y los intereses privados en la inversin pblica son voraces

De ese modo se teje la trampa. El candidato promete, por debajo de la mesa, facilitar negocios privados a la par de la administracin pblica y como por arte de magia aparecen los recursos para la campaa.

Una vez elegido aprueba adquisiciones sin licitacin, nombra a los indicados por el grupo de la iniciativa privada, da luz verde a proyectos sobrefacturados y embolsa su parte del botn.

Para una empresa que se propone hacer una obra por valor de US$ 30 millones -y en la que, de hecho, no se gastarn ms de 20, sobre todo en tiempos de subcontrataciones- es un negocio excelente embolsar 10 y an pasarle 3 4 al poltico que facilit la negociacin.

Todos conocemos la calidad de los servicios pblicos. Basta con visitar el SUS (el Seguro) o confiar los hijos a una escuela pblica. (Todo poltico debiera estar obligado por ley a recurrir a los servicios del Seguro y a matricular a sus hijos en escuelas pblicas, tal como propone el senador Cristovam Buarque). Fjense en las calles y carreteras: el asfalto se resiente por una lluvia un poco intensa, los baches muestran unas bocas enormes, los rebacheos son frecuentes. Obras interminables

Todo eso me hace recordar el consejo de un preso comn, durante el rgimen militar, a mi colega Fernando de Brito, preso poltico: Padre, cuando salga de la crcel procure hacerse rico. Empiece a construir una iglesia. Promueva ferias, bingos, rifas Recoja mucho dinero de los fieles. Pero no sea tan tonto que termine la obra. No la termine nunca. As usted podr comprar fincas y vivir en una bonita.

Con el perdn de la rima, la idea que se tiene comnmente es que el dinero pblico no es de nadie. Es de quien primero mete la mano. Y como son raros los gobernantes que, como la presidenta Dilma, van detrs de los ladrones, los compinches de Al Bab se hartan.

Contaba mi padre la historia de un poltico de Minas Gerais que se enriqueci a base de propinas. Como slo tena dos hijos, entreg una buena parte de sus recursos (o mejor, nuestros) a un yerno suyo bastante pobretn.

Pero un da el beneficiario decidi separarse de su mujer. El exsuegro corri detrs de l diciendo: Dnde est mi dinero? El exyerno entonces puso cara de indignado y le dijo: Qu dinero? Prubeme que yo tengo dinero suyo. Ladrn que roba a ladrn Hoy el exyerno vive con su nueva mujer en un condominio de gran lujo.

Soy escptico en cuanto a la tica de los polticos o de cualquier otro grupo social, incluidos los religiosos y sacerdotes. En lo que s creo es en la tica de la poltica, y no en la poltica. O sea, crear instituciones y mecanismos que cohban a quien se sienta tentado a corromper o a ser corrompido. La carne es dbil, dice el Evangelio. Pero las instituciones deben ser suficientemente fuertes, las investigaciones rigurosas y los castigos severos. La impunidad hace al delincuente. Y en el caso de los polticos a sta se le aade la inmunidad. Viva la robadera!

De ah la urgencia de la reforma poltica -un tema que parece olvidado- y de una profunda reforma de nuestro sistema judicial. Qu adelanta la Polica con agarrar a algunos si al da siguiente todos ellos vuelven a la calle ansiosos por destruir las pruebas? Y an se gasta saliva en balde en cuanto al uso de los grilletes, olvidando los millones sustrados y nunca devueltos a las arcas pblicas.

A pesar de que el sospechoso quede en libertad, por qu la Justicia no le congela sus bienes y le impide mover sus cuentas bancarias? La parte ms sensible del cuerpo humano es la bolsa. Los corruptos saben muy bien hasta dnde puede ser beneficiado o perjudicado.

Las escuelas debieran debatir los casos de corrupcin en las aulas. Imbuir en los alumnos la suprema vergenza de hacer uso privado de los bienes colectivos. Ya que el concepto de pecado ha dejado de ser la norma de la moral social, urge cultivar la tica como orientadora del comportamiento. Desarrollar en los nios y jvenes la autoestima de ser honesto y de preservar el patrimonio pblico.

Traduccin de J.L.Burguet.

- Frei Betto es escritor, autor de la novela Minas del oro, que la editorial Rocco presentar al pblico esta semana. http://www.freibetto.org/> twitter:@freibetto.

Fuente original: http://alainet.org/active/48997



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