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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-03-2012

Ante el agresivo ataque lanzado contra los derechos sociales y laborales
Qu podemos hacer?

Pedro Casas
Rebelin

(Reflexiones extradas principalmente de la situacin de la lucha en Madrid)


Ya nos han metido el primer aguijonazo, que duele. Esta gente (quienes mandan en la sombra y quienes ejecutan desde el gobierno) lo quiere hacer rpido por tres razones:

Aunque esto sea as, tambin es verdad que cuando alguien se pasa apretando corre el riesgo de perderlo todo, y eso es lo que debemos intentar, y no conformarnos con volver al punto de origen de esta situacin, que ya de por s era bastante lamentable.

Esto no ha hecho ms que comenzar; pero tras la ostentacin de podero que simblicamente represente al material antidisturbios renovado, la situacin presenta una serie de grietas que no debemos ignorar.

Pero todo este panorama nos pilla bastante desorganizados (en unos lugares ms que en otros), lo que contrasta con la rabia y ganas de protestar que muestran amplios sectores sociales.

Frente al reformismo practicado por algunas organizaciones institucionalizadas que buscan pactar a cualquier precio, sin lucha previa y por eso siempre a la baja, para justificarse por un lado y no incomodar a quienes les sostienen desde el poder, existen otras diversas organizaciones polticas, sindicales y sociales que tratan de encontrar alternativas viables de movilizacin para la defensa y mejora de las condiciones sociales y laborales. A estas organizaciones se les presenta, de manera recurrente, algunos dilemas, en los que se encuentran atrapadas ya demasiado tiempo, sin que parezca que vayan a encontrar la salida a corto plazo. Principalmente me refiero a dos de ellos:

Huelga general, s o no? (Ser o no ser?)

Los sindicatos alternativos suenen mostrarse muy reticentes a sumarse a una huelga que pudiera ser convocada por CCOO y UGT (ya se sabe que sus objetivos se limitaran a entrar en una va de negociacin de muy corto recorrido), pero por otro lado no terminan de lanzarse a convocar una por su cuenta, temerosos de que fuese un estrepitoso fracaso. Los riesgos de despido en plena crisis, los ingresos familiares menguantes, las hipotecas, y el caso de las huelgas muy combativas en Grecia pero que todava no han conseguido objetivos tangibles, son elementos que tampoco favorecen el clima de huelga.

Entre el todo y la nada cabe alguna alternativa? Pienso que mientras se va elevando la conciencia y organizacin de clase que haga posible una y ms huelgas, o una indefinida, se podran hacer tambin otro tipo de movilizaciones que tengan efectos y hagan dao a los poderes econmicos. Junto a las manifestaciones tradicionales, pueden hacerse saltos, cortes de calles, ocupaciones y encierros, concentraciones en los centros de trabajo a la hora del desayuno, en las que pueden participar trabajadores que por ahora no estn dispuestos a jugarse el puesto de trabajo o la parte del sueldo que le descontaran por la huelga. En este tipo de movilizaciones tambin pueden participar otros trabajadores que, por sus condiciones de trabajo, tienen grandes dificultades para organizar una huelga en su centro, pero en cambio pueden organizarse a nivel local con ms facilidad.

Estas acciones, dispersas aunque coordinadas, pueden conducir a jornadas de lucha que de verdad lo sean, y de esta manera, adems de organizar la resistencia, contribuyen a crear las condiciones para una o ms huelgas generales.

Unidad s, pero cmo?

No parece haberse descubierto el antdoto frente a tanta escisin que se produce en el campo de la izquierda en aras de la unidad, aunque es verdad que a veces, para que el futuro nazca, tiene que haber una ruptura con el pasado. Pero la mayora de estas rupturas nos conducen a la nada, por desgracia. El problema es que son tan pequeas la mayora de las organizaciones alternativas, que se necesitan entre s todas ellas, si se quiere tener un mnimo de xito en las convocatorias. Y de este modo, cualquiera, por minscula que sea, llega a tener casi el poder de veto que paraliza al resto. Algo as est ocurriendo en los ltimos meses, que tras haber conseguido un mayor poder de convocatoria que los oficialistas, las organizaciones alternativas se han visto sumidas en una paralizacin preocupante. La crisis, que ya dura cuatro aos, est colocando a muchas organizaciones y plataformas en el lugar que ellas mismas se han querido colocar, por propia voluntad o por incapacidad manifiesta. Pues si en la presente crisis de proporciones europeas, en las que hasta el propio capitalismo est en cuestin, algunas organizaciones polticas y sindicales no han sido capaces siquiera de crecer, debieran plantearse su futuro, su existencia o al menos su estrategia, y si sus mtodos les sirven para avanzar en los objetivos para los que surgieron. La autocrtica sigue siendo una asignatura pendiente para muchas y muchos.

Partiendo de esta fragmentacin, otro de los dilemas clsicos es el de si juntarse o no con las organizaciones institucionalizadas y hoy mayoritarias (no en todos lados).

Hasta hace poco no haba manera de superar el tpico ni con ellos ni sin ellos. Lo primero porque no es fcil consensuar unos objetivos unitarios ya que los mayoritarios siempre han ninguneado a quien se sita a su izquierda disputando el espacio y la afiliacin. En estas condiciones, nunca ha gustado engordar sus convocatorias, para no reforzar su estrategia de negociaciones y pactos a la baja, preocupados ms en la defensa de intereses corporativos que en los de los trabajadores.

Y la segunda parte del tpico se refera al hecho de que sin ellos no se pasaba de unos cientos de manifestantes. Lo curioso es que esto estaba siendo superado en los ltimos tiempos, hasta que se rompe la unidad de accin.

Para lograr trascender este dilema planteo unos criterios, que en ningn caso pueden tomarse como absolutos, ya que cada circunstancia es diferente. Estos seran:

- Iniciativa. Cuando existen condiciones objetivas para la protesta, casi cualquiera puede ser capaz de conseguir el apoyo mayoritario. Igual que ocurre con el surgimiento de lderes populistas en determinadas circunstancias histricas, tambin se ha visto as en ciertas movilizaciones sectoriales, en las que surgen nuevas plataformas que han demostrado gran capacidad movilizadora frente a la dejacin de las organizaciones con ms implantacin. Y el caso ms paradigmtico ha sido sin lugar a dudas el movimiento 15-M.

La prisa que se han dado esta vez los sindicatos mayoritarios para reaccionar (aunque moderadamente) contra la reciente reforma laboral ha tenido que ver sin duda con el miedo a perder la iniciativa frente a los alternativos que convocaron una movilizacin el mismo da de su aprobacin. Los ms preparados y organizados cubren los espacios que otros no quieren o no son capaces de ocupar al no dar continuidad a su iniciativa, entre especulaciones estratgicas, divisiones injustificadas y metodologas inoperantes (quin, cmo y cundo se puede adoptar una decisin) en momentos de urgencias.

- Unidad de accin. No podemos olvidar que la unidad es una de las herramientas ms necesarias para el xito de la lucha, y uno de los valores ms preciados por los trabajadores (y ms temidos de los empresarios) En muchas ocasiones habr que ir a las movilizaciones incluso con las organizaciones reformistas, siempre que los lemas sean mnimamente asumibles, y a pesar de que se pueda intuir la intencionalidad oculta de los dirigentes. Pero hay que ser capaces de desbordar, de lograr que la mayora simpatice con nuestras posiciones. La hegemona se conquista en la calle, no en las reuniones cerradas ni en los sesudos comunicados que nadie lee o escucha.

Hay que conseguir movilizaciones que sean unitarias. Y no hace falta ser mayoritario para conseguir movilizaciones exitosas, siempre que las condiciones estn maduras y las consignas sean comprensibles para los afectados.

Qu ms podemos, o mejor, debemos hacer mientras tanto?

Para avanzar en la defensa de nuestros derechos, no slo debemos tener iniciativa y propuestas acertadas; necesitamos tambin, y sobre todo, que la mayora de la poblacin comparta esas aspiraciones y est dispuesta a secundar las movilizaciones. A menudo me parece que algunas personas dedicadas al activismo social hacen todo lo posible para que la mayora no les siga, no les comprendiese, y que sus convocatorias sean vanguardistas, hasta el extremo de que, cuando algo llega a tener un poco de xito, sospechan de posibles errores reformistas.

Desarrollar la conciencia y organizacin de clase

El proceso de deslegitimacin del actual gobierno junto al deterioro de las instituciones que protegen la explotacin y recorte de derechos, est siendo muy rpido, y este proceso hay que acelerarlo. Esto significa que las organizaciones polticas, sindicales y sociales deben estrechar sus lazos con la base social y trabajadora, que es su razn de ser. Hay que dar sin tregua la batalla de las ideas, en los barrios y centros de trabajo, con instrumentos adecuados de difusin, con actos de inters, con acciones comprensibles y eficaces.

Basta ya de quejarse de que la gente no responde, pues para ese discurso ya tenemos a los sindicatos instalados en el sistema, que con esta excusa justifican su pactismo vergonzante.

Tenemos que recuperar los centros de trabajo, y tambin los barrios y los pueblos, los polgonos, las universidades e institutos, porque son nichos de desarrollo de la conciencia de clase y la organizacin.

Debemos desarrollar iniciativas diversas de movilizacin, a las que pueda sumarse el conjunto diverso de la clase obrera explotada y dems sectores populares. Combinar la movilizacin centralizada con la local; la tradicional manifestacin y huelga con las concentraciones u ocupaciones; el panfleto con el mural; el peridico con el cmic.

Si sabemos del poder que tiene el sistema, por qu no nos empleamos ms a fondo para contrarrestar sus perversas influencias, desarrollando canales propios de comunicacin y organizacin, reinventando los modos de lucha sin renunciar a los ya conocidos?

Pero todo lleva mucho trabajo, claro. Los activistas polticos, sindicales o sociales no pueden limitarse a hacer el trabajo social un rato a la semana. Cada cual sabe hasta dnde quiere llevar su compromiso; pero est claro que, igual que un activista de barrio no puede vivir de espaldas a lo que ocurre en su centro de trabajo o estudio, de la misma manera un sindicalista no puede limitar su activismo social a sus horas sindicales.

Demasiados dirigentes de los sindicatos institucionalizados (y tambin de algunas organizaciones alternativas?) han adquirido un cierto status social, con segundas viviendas inclusive, que les condicionan y frenan a la hora de la movilizacin. Cada vez con ms frecuencia se convocan asambleas o concentraciones de trabajadores en horario laboral, a los que slo pueden ir los delegados, lo que supone una autntica perversin de la accin sindical. Necesitamos activistas que sean capaces de ofrecer su tiempo libre, incluido los fines de semana, para poder abordar las tareas pendientes y necesarias, y que las propuestas no estn subordinadas a las limitaciones que algunos pretenden imponer.

El ataque est siendo despiadado y sin cuartel. Si queremos hacer frente con un mnimo de posibilidades de frenar los recortes y poder avanzar en nuevos derechos, tenemos que poner los medios adecuados. Esto es lo que Debemos hacer.

Pedro Casas es miembro de la Asamblea de Trabajadores de Carabanchel

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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