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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-07-2012

Y si nos proponemos tumbar a este gobierno y cambiar el sistema?
Seremos capaces de dar un paso adelante?

Pedro Casas
Rebelin


La crisis del sistema est llegando a unos niveles insostenibles, de casi colapso, tanto en el terreno econmico como en el terreno poltico y social.

Los elementos acumulados son muchos y muy diversos.

Algunos creyeron que con el dominio absoluto de la derecha reaccionaria del PP a casi todas las esferas del poder poltico, la situacin general, “los mercados” y los poderes financieros europeos y mundiales se tranquilizaran, al conseguir el control de todos los resortes de dominacin, con los que estn dando un autntico golpe de estado contra los limitados derechos polticos, sociales y democrticos que hasta ahora disfrutbamos.

El colapso econmico, lejos de relajarse, est llegando a unas cotas realmente insostenibles, descubriendo las verdaderas fragilidades de la llamada octava potencia econmica mundial, que presuma, hace pocos aos, de tener el sistema bancario ms slido del mundo, trgica irona que abra paso al rescate bancario poco tiempo despus.

En lo poltico la mayora absoluta del PP en las instituciones, lejos de tranquilizar las relaciones institucionales, ha supuesto una de las mayores deslegitimaciones habidas en los 35 aos de elecciones parlamentarias, al haber adoptado el actual gobierno, en los 7 meses que lleva en el poder, las medidas totalmente opuestas a las que defenda estando en la oposicin, y que no figuraban en su programa electoral. Esta deslegitimacin gubernamental se suma al desprestigio, en grado hasta ahora desconocido, de instituciones que parecan intocables, como la monarqua, mxima garante del orden social y poltico constituido.

El gobierno ha decidido realizar una batera de ajustes agresivos en casi todos los mbitos de la vida econmica, social y poltica de este pas, no dejando prcticamente ningn sector social sin afectar, lo que est generando desconcierto, y tambin indignacin, entre sus propios votantes. Ha traspasado lneas “rojas” que parecan sagradas, al menos en un llamado estado del bienestar (que por cierto aqu nunca lleg a ser tal), como el repago de recetas a los jubilados, la eliminacin de la negociacin colectiva y convenios, o la supresin de la paga de navidad a los empleados pblicos.

Estos recortes nuevos del gobierno de Rajoy, se suman, no slo a los recortes ya iniciados por el gobierno del PSOE y de muchas administraciones locales y autonmicas, sino tambin al malestar acumulado durante ms de tres dcadas por una monarqua parlamentaria que no ha sido capaz de avanzar en el estado social y de derecho que consagra su constitucin, y que se revela presa de las ataduras de la herencia franquista y de los poderes econmicos que la sustentaron, y que con el actual sistema ampliaron enormemente sus cotas de beneficio econmico y de poder.

La crisis desatada a partir de 2007 por diversos factores mundiales, y que en nuestro pas tuvo como mecha el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, no ha hecho ms que agravar todo este malestar, latente desde haca aos.

El movimiento surgido tras las manifestaciones y acampadas del 15 de mayo de 2011 (el llamado 15-M), heredero sin duda de movimientos juveniles precedentes como V de vivienda, ha sido uno de los ms expresivos sntomas de este descontento larvado, expresin de una juventud sin futuro, que ve cmo su acceso a la sociedad (por el trabajo, o la emancipacin familiar), se encuentra prcticamente bloqueado, y sus perspectivas ms optimistas significan hipotecas que se extienden hasta la edad de una jubilacin, cada vez ms lejana e incierta.

La explosin de este malestar que se vivi el 15 de mayo del pasado ao y los meses siguientes, no ha hecho ms que aumentar con los injustos recortes decretados al dictado de unas autoridades europeas que no hacen otra cosa que servir los intereses de grandes corporaciones bancarias y empresariales. Ni siquiera el aumento de la represin y el endurecimiento de leyes est siendo capaz de frenar este descontento popular que alcanza a sectores que hasta ahora no haban participado de las movilizaciones. Cada vez da ms la sensacin de que este gobierno no slo ha perdido la supuesta legitimidad que le habran dado las urnas un fatdico 20-N (conviene no olvidar que slo un tercio de los votantes dio su respaldo al PP), sino que parece haber perdido el control de la situacin. Hasta los empleados de las administraciones pblicas estn sembrando el caos en numerosas ciudades con cortes de calles y carreteras, en muchos casos con la complicidad de las fuerzas del orden, cuyos componentes son tambin objeto de los mismos recortes.

Va llegando la hora de la verdad, de que seamos capaces de dar un paso adelante, de que no slo nos limitemos a una lucha de resistencia y defensa de derechos pisoteados. Va llegando el momento de lanzar una ofensiva, que est a la altura de la envergadura de los recortes, que colapse el sistema y obligue, no slo a la dimisin del gobierno, sino al cambio del sistema poltico y econmico.

Es el momento en que deben encontrarse, estratgicamente, las dos corrientes de lucha que todava hoy no terminan de confluir. Me refiero de un lado a las organizaciones veteranas, que no terminan de ser capaces de traducir sus acertados anlisis de la evolucin de la crisis y sus sesudos comunicados, en consignas concretas que sirvan para dar un paso ms en la lucha y resistencia popular hacia la transformacin, ahora, del sistema.

Y de otro me refiero a los movimientos surgidos en los ltimos tiempos, que deben ser capaces de que sus descaradas, transgresoras y ms o menos espontneas movilizaciones, tengan un objetivo que vaya ms all de la mera protesta inmediata, y sea ms concreto que la lejana utopa del hombre y mundo nuevos.

De la materializacin de esta confluencia estratgica y plural de movimientos de procedencia y tradicin diversa, depender que seamos capaces de que este caudal de movilizaciones que el gobierno no es capaz de paralizar ni controlar, desencadene una transformacin profunda, que no slo restituya los derechos pisoteados, sino que siente las bases para un nuevo ordenamiento poltico y social, que d respuesta a las demandas acumuladas y no resueltas por el actual rgimen que, surgido de una transicin tramposa, muestra ya graves sntomas de agotamiento, y por ello es preciso superar cuanto antes.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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