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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-08-2013

Crisis, corrupcin y capitalismo

Arturo Borra
Rebelin


1. La metfora mdica

Si el planeta se ha convertido en un vasto campo de experimentacin de las corporaciones y de los poderes financieros trasnacionales, Espaa por su parte se ha constituido en un laboratorio de las polticas neoconservadoras ms agresivas, bautizadas de forma eufemstica como polticas de saneamiento. El gobierno espaol, sin embargo, no tiene exclusividad ni siquiera en la aplicacin de este recetario que pretende salvar a los pacientes matndolos. Grecia, Italia, Portugal, Irlanda y Chipre forman parte de este listado de damnificados que probablemente seguir aumentando en nombre de la restitucin de una presunta salud perdida.

La metfora mdica, sin embargo, nada dice sobre los criterios de salud que presupone esta poltica de ajuste infinito: dar por bueno el diagnstico oficial y plantear una terapia de choque a las poblaciones como forma de resolver una crisis sistmica que no han creado en absoluto. En otras palabras: semejante metfora acepta sin ms que el neoconservadurismo podra restablecer la salud del capitalismo, como si ambos trminos no fueran parte de la enfermedad. Los mdicos, en este caso, se parecen a comerciales de una farmacutica multinacional que, en vez de limitarse a vender sus productos, no dudan en experimentar con los pacientes (evaluando el grado de resistencia colectiva al tratamiento y sus posibles efectos secundarios), as como en apelar a medios persuasivos (desde los reclamos mediticos hasta la polica misma) cuando stos no aceptan de buena gana que les extirpen sus rganos junto al cncer que les han diagnosticado.

El discurso mdico, extrapolado al campo poltico, oculta lo decisivo: una economa globalizada que para perpetuar un rgimen de privilegios no duda en sacrificar a millones de seres humanos, sea mediante diversos procesos de marginacin sistmica, sea mediante mecanismos de eliminacin ms o menos directa. La troika misma (BCE, CE y FMI) puede ser interpretada como la consolidacin de los mtodos de estrangulamiento ya conocidos y padecidos en Amrica Latina a partir de la dcada de los 70, instrumentados entonces por las dictaduras militares. De hecho, sus prescripciones no cesan de propagarse bajo amenaza de muerte: la reforma laboral y previsional, el recorte de las prestaciones pblicas, el proceso de privatizaciones, la reduccin salarial, el salvataje estatal del sistema financiero, la reduccin del dficit, el incremento de los impuestos indirectos o el pago de los intereses de la deuda, entre otros, seran instrumentos de obligatoria obediencia si Espaa pretende sanear su economa. No hacerlo sera, segn esa misma lgica, el colapso o la bancarrota.

Por supuesto que podramos preguntarnos si no es precisamente esa serie de prescripciones lo que est produciendo la actual crisis sistmica, esto es, la reestructuracin radical del capitalismo y su escandalosa transferencia de riqueza a los grandes grupos econmicos y financieros trasnacionales. Hay buenas razones para suponer que ese es el caso, a condicin de admitir simultneamente que se trata de prescripciones en tanto y en cuanto los estados nacionales las reconocen como tales.

Interpretar este proceso como prdida de soberana, aunque retiene lo que hay de coactivo en estos organismos internacionales, no deja de tener un momento engaoso: pierde de vista la complicidad objetiva de los estados con respecto a esas prescripciones orientadas a la desregulacin de los mercados, esto es, a la supresin de las restricciones al capital privado y la promocin de medidas que favorezcan las condiciones de su rentabilidad. En el nuevo (des)orden mundial, sin embargo, no todo es impuesto. El neoconservadurismo como agencia poltica no se limita a acatar unos mandatos econmicos centralizados; a nivel nacional, despliega algunas iniciativas relativamente autnomas con respecto a esos mandatos: la financiacin millonaria al clero catlico y el apoyo activo a sus grupos ms ortodoxos y reaccionarios, la defensa entusiasta de una monarqua desacreditada, el elitismo educativo y la creciente exclusin de las clases populares y medias del sistema universitario, el arrase medioambiental y el modelo de urbanizacin salvaje, el asalto ideolgico a los medios pblicos de comunicacin, la desfinanciacin de la investigacin cientfica y la produccin artstica, las polticas de criminalizacin de movimientos sociales, la consolidacin del control ejecutivo sobre el sistema judicial, la amnista fiscal de los grandes evasores, la arremetida contra los derechos de las mujeres y de los inmigrantes, la poltica de desahucios (cuestionada incluso por la Comisin Europea) y, en general, la regresin en trminos de derechos sociales, econmicos, polticos y culturales.

Lo anterior invita a preguntarse si la infra-regulacin econmica (esto es, el dficit normativo que agrava las desigualdades socioeconmicas presentadas como economa de libre mercado) no tiene como contraparte necesaria una sobre-regulacin poltico-cultural indita, esto es, una multiplicacin de codificaciones restrictivas en lo que atae a la configuracin de nuestras formas de vida, de las instituciones pblicas y privadas y de los modos en que construimos la convivencia humana. Porque, una vez ms, no se trata slo del despliegue del aparato represivo del estado o de una escalada autoritaria sin precedentes inmediatos; es la sedimentacin de una cultura hegemnica que, simultneamente, legitima la obtencin fraudulenta de riqueza y la exhibicin distintiva de poder, reafirma un cierto tradicionalismo jerrquico (como fuente de autoridad que pretende restablecer de forma reverencial) y consagra las desigualdades en nombre de una concepcin individualista y meritocrtica de la sociedad (1).

2. Crisis y corrupcin

Afirmar que la causa de la crisis es la corrupcin poltica (2) es una coartada ideolgica que deja intacto el dogma de que, si no fuera por esas irregularidades tico-jurdicas, el capitalismo podra constituir una alternativa saludable, honesta y justa. Sin embargo, abogar por un giro tico de la poltica es radicalmente insuficiente: no slo no basta la honestidad, sino que es preciso un giro poltico radical tan improbable como necesario.

Por lo dems, la coartada que estigmatiza lo pblico en general y capitaliza el descrdito de la poltica profesional es invocada de forma regular para justificar un proceso de privatizaciones que, presuntamente, subsanara la corrupcin estatal. Incluso si dicha corrupcin fuera planteada como justificativo de una poltica reformista (destinada a hacer transparentes las reglas de juego y reestablecer la buena marcha de la economa) el dogma se mantiene: la tesis de un capitalismo de libre competencia en el que todos los jugadores aceptaran las mismas reglas de juego, como si las tendencias monoplicas del capital privado no comprometieran ya la eliminacin estratgica de los sujetos competidores por cualquier medio.

Las actuaciones de las grandes corporaciones trasnacionales al margen de las legislaciones nacionales vigentes, con la complicidad de las autoridades pblicas, es cada vez ms manifiesto. La corrupcin forma parte de sus tcticas de posicionamiento de mercado y ampliacin de sus cuotas de participacin. A menos que demos a esa categora un contenido especialmente restringido, la cleptocracia est institucionalizada y rebasa de forma evidente la esfera estatal: no constituye una perversin con respecto a una pauta de rectitud diferente, sino que es el modo regular de funcionamiento de la economa-mundo y las democracias parlamentarias actuales.

Para contrastar una afirmacin semejante resulta plausible apelar a los informes de Transparencia Internacional, obtenidos mediante la mayor encuesta de opinin pblica sobre corrupcin a nivel mundial. Los resultados son lapidarios: el pago de sobornos es una prctica generalizada de las empresas hacia las autoridades pblicas o hacia otras empresas para la obtencin de favores (3), especialmente en el sector de obras pblicas y construccin, del sector petrolero o del gas. Los avances efectuados con respecto a 2008 son en su abrumadora mayora inferiores al 2 % (4). Si bien los niveles de corrupcin sistmica varan significativamente segn los pases, su omnipresencia variable y modulada en diferentes sectores e instituciones a nivel mundial est fuera de discusin. En Espaa, si la percepcin de corrupcin en los partidos polticos es 4,4 (siendo 1 Nada corrupto y 5 Muy corrupto), en el sector privado es de 3,3 (5).

En trminos cualitativos: la corrupcin percibida afecta de forma abrumadora tanto al sector pblico como privado, aunque en menor proporcin. Las prcticas de corrupcin (y la opacidad que le es inherente) no slo no son excepcionales, sino que constituyen una regularidad estructural para la obtencin de favores y prerrogativas que vulneran un principio de igualdad. La corrupcin percibida, sin embargo, no agota una prctica multifactica, a menudo indemostrable, que incluye puertas giratorias, evasin fiscal, donaciones ilegales, trato de favor, leyes especiales, comisiones especiales, nepotismo, lobbies, quiebras fraudulentas, extorsin, prstamos blandos, adjudicaciones de obras y licitaciones pblicas, etc. En esa prctica transversal participan directivos y gerentes, operadores burstiles, sindicalistas, juristas y abogados, economistas, periodistas, clrigos, policas y un sinnmero de profesionales. La ingeniera de la corrupcin organizada es, a menudo, estadsticamente invisible: representa la argamasa de un sistema econmico, poltico y cultural que acepta como regla de juego infringir las reglas cuando se trata de obtencin de beneficios privados.

3. Corrupcin y capitalismo

Suponer que las autoridades europeas tienen como objetivo impedir la corrupcin gubernamental es como mnimo una ingenuidad; a lo sumo, su propsito consiste ms bien en regular las prcticas corruptas para que no sobrepasen ciertos lmites que podran dificultar la obtencin de los resultados previstos.

La corrupcin del partido gobernante en Espaa, en este sentido, no perturba el proyecto poltico hegemnico -del que la troika no es sino uno de sus portavoces privilegiados-: es una de sus condiciones de realizacin. Sin esa corrupcin, difcilmente podra explicarse cmo distintos gobiernos nacionales implementan unas polticas pblicas manifiestamente antipopulares, que tienen como claros beneficiarios a las mismas oligarquas econmico-financieras que las impulsan. Resulta inverosmil alegar que dichos gobiernos no saben lo que estn haciendo: el enriquecimiento ilegal de sus miembros lo desmiente rotundamente.

Admitamos la hiptesis de que cierta derecha honesta no constituye un oxmoron o una contradiccin entre los trminos. En tal caso, tendramos dos alternativas tericas que en principio podran dar cuenta de estas polticas antipopulares: (i) o bien la distincin misma entre oligarquas econmico-financieras y poderes gubernamentales es invlida, siendo los segundos meros portavoces de los primeros, movidos por intereses econmicos similares, (ii) o bien la distincin se mantiene y la identificacin entre estos grupos es de carcter estrictamente ideolgico, ms all de su pertenencia de clase, ponindose en disputa el sentido mismo de lo popular: lo que para nosotros significa una clara afrenta al bienestar colectivo sera para ellos un modo de defenderlo.

Aunque a priori las dos alternativas tericas son posibles, en trminos histricos este tipo de polticas ha estado asociado a prcticas de corrupcin persistentes, esto es, a la obtencin ilegtima de beneficios y favores privados por parte de los miembros del gobierno en cuestin. En sntesis, si bien estas prcticas no son patrimonio exclusivo de una ideologa poltica determinada (y ni siquiera de un sistema en particular), la subordinacin de las elites gobernantes a los poderes econmico-financieros ha estado ligada -y sigue ligada- a un amplio sistema de prebendas y ddivas. De forma ms general, un capitalismo sin corrupcin es un contrasentido. Al respecto, cabe preguntarse si este tipo de prcticas no es constitutivo de toda estructura econmica, poltica y cultural que se sostenga de hecho sobre la desigualdad. Aunque no pretendo resolver semejante cuestin, algunos argumentos aqu esbozados sugieren esa direccin.

Lo antedicho, en cambio, s permite dar cuenta de la falta de pronunciamientos pblicos por parte de la troika con respecto a la corrupcin, especialmente en los pases del sur europeo. Como he procurado argumentar, al actual bloque histrico (6) le basta que los PIIGS no se desven de los recetarios prescritos ms all de ciertos mrgenes previstos. A esos pases no se les pide ms transparencia democrtica sino obediencia a la metafsica del mercado. Para el poder hegemnico, la opacidad es su modo de existencia: la corrupcin slo podra convertirse en un boomerang si pusiera en jaque la resignacin de una parte significativa de los que padecen el ajuste.

No cabe descartar, pues, algn movimiento forzoso ante la hiptesis de una presin colectiva creciente: la crisis de legitimidad podra llevar ms all de esos mrgenes previstos y, con ello, obligar a los mandatarios a tener que alterar de forma drstica sus proyecciones de recortes pblicos y capitalizacin privada. En la rueda del sacrificio, siempre puede sustituirse a algn presidente ms o menos inepto e inmoral a cambio de que las polticas del saqueo se mantengan. Que algo similar ocurra depende de la presin colectiva que pueda ejercerse mediante la movilizacin social. Aunque no tenemos demasiadas razones para ser optimistas, la evidencia de una corrupcin omnipresente en las estructuras de poder constituye una nueva oportunidad para revitalizar la promesa de otro mundo.

Notas:

1) Identificar esa cultura hegemnica con sus indiscutibles elementos nacional-catolicistas siempre corre el riesgo de impedir analizar el entrecruzamiento entre esos elementos y otros componentes heterogneos, mucho ms extendidos a nivel mundial, como por ejemplo, la xenofobia y el racismo, la primaca de una tica cnica, la apologa del pragmatismo, o el descrdito con respecto a otras alternativas histricas. En cualquier caso, se trata de elementos diferenciados que aparecen articulados al nacional-catolicismo manifiesto en diferentes decisiones del actual gobierno espaol, desde la nueva ley de fertilizacin asistida (que excluye a madres solteras y lesbianas) hasta las nuevas regulaciones previstas para la interrupcin del embarazo.

2) Aunque no cabe subestimar el perjuicio econmico que la corrupcin poltica produce, atribuirle fuerza causal en el actual descalabro econmico es inverosmil: este tipo de prcticas es una constante sistmica, aunque desde luego, no sea exclusiva al capitalismo contemporneo. Estratagemas as desconocen sin ms la responsabilidad central del sistema financiero mundial (y, a nivel nacional, del mercado de la construccin y el sector inmobiliario) en la produccin de la coyuntura actual.

3) En el I.F.S. (ndice de fuentes de sobornos) de 2011, las conclusiones del informe son inequvocas: En la encuesta, diversos lderes de empresas internacionales indicaron que existe una prctica generalizada de pago de sobornos a funcionarios pblicos por parte de empresas con el fin de, por ejemplo, conseguir la adjudicacin de licitaciones pblicas, evitar el cumplimiento de reglamentaciones, agilizar procesos gubernamentales o influir en la determinacin de polticas, en http://www.transparencia.org.es/INDICES_FUENTES_DE_SOBORNO/INDICE%20DE%20FUENTES%20DE%20SOBORNO%202011/ASPECTOS_MS_DESTACADOS_%20IFS_2011.pdf

4) http://www.transparencia.org.es/INDICES_FUENTES_DE_SOBORNO/INDICE%20DE%20FUENTES%20DE%20SOBORNO%202011/Tabla%20comparacin%20IFS%202011%20y%202008.pdf

5) http://www.transparencia.org.es/BAROMETRO_GLOBAL/Barmetro_Global_2013/Tabla%20sinttica%20Barmetro%202013.pdf

6) Si bien Gramsci utiliz la nocin de bloque histrico para referirse primordialmente a las alianzas de clase, en un sentido amplio bloque alude aqu a un tejido de alianzas inestables entre sujetos sociales relativamente heterogneos que participan en la construccin de hegemona. Dichas alianzas son condicin de existencia de cualquier articulacin hegemnica. Hay articulacin precisamente porque el bloque histrico mismo es inestable y est atravesado por conflictos.

Blog del autor: http://arturoborra.blogspot.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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