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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-08-2013

Egipto
Involucin y desastre

Editorial de La Jornada


De acuerdo con informacin procedente de El Cairo, el ex dictador Hosni Mubarak podra quedar en libertad esta misma semana, una vez que se haga efectiva su absolucin por los cargos de corrupcin y de asesinato que pesan en su contra. Como se recordar, el viejo ex dictador fue derrocado por manifestaciones populares a comienzos de 2011 y desde abril de ese ao fue recluido en prisin, no slo por los casos de malversacin, sino tambin porque se le acus de haber ordenado a las fuerzas represivas disparar contra manifestantes, lo que dej un saldo de ms de 800 muertos. Aunque fue condenado a cadena perpetua en 2012, los actuales gobernantes egipcios ordenaron el retiro de las imputaciones.

Un hecho importante a tener en cuenta es que el rgimen actual est compuesto por la misma casta burocrtico-militar que detent el poder durante las ms de tres dcadas del gobierno de Mubarak; en tal circunstancia, resulta inevitable concluir que lo ocurrido en los pasados 30 meses en el pas rabe es una vuelta de 360 grados: una completa involucin.

Lo anterior resulta vlido para el mbito institucional, mas no para el conjunto del panorama poltico egipcio, mucho ms radicalizado y enrarecido hoy que durante la breve primavera de 2011. Entonces, la mayora de los sectores se unieron en torno al propsito comn de derribar la vieja dictadura, y en ese objetivo los mbitos seculares, democrticos y progresistas confluyeron con el integrismo islmico que, meses despus, se hizo con el poder en las primeras elecciones libres realizadas en Egipto en muchos aos.

Muy poco tiempo despus, sin embargo, el gobierno que encabez Mohamed Mursi cedi a tentaciones autoritarias e intent concentrar dosis desmesuradas de poder y convertir en texto legal algunos cnones de la sharia musulmana. Las movilizaciones populares de rechazo a tales actitudes fueron aprovechadas por la vieja cpula burocrtico-militar, la cual no dud en perpetrar en julio pasado lo que fue, desde cualquier punto de vista, un golpe de Estado. El bando derrocado cuyo principal componente es la Hermandad Musulmana recurri a las manifestaciones multitudinarias, las cuales han sido reprimidas con saa sin precedente por el nuevo hombre fuerte del rgimen, Abdul Fatah Sisi. Si la cada de Mubarak dej un saldo de 800 muertos, en los das transcurridos desde el derrocamiento de Mursi las bajas mortales principalmente, entre manifestantes pacficos acribillados por las fuerzas armadas rondan el millar, y crecen da a da.

Egipto ha entrado, as, en una peligrosa escalada en la que la barbarie represiva, lejos de disipar la furia de los opositores, multiplica y ahonda los descontentos y florece en muestras de protesta crecientemente orientadas a la va violenta. Es el caso, por ejemplo, de los grupos armados afines al islamismo que empiezan a operar contra el gobierno en la pennsula del Sina.

De manera inexorable, la espiral en que actualmente est envuelto Egipto evoca lo ocurrido entre 1978 y 1979 en Irn en vsperas de la revolucin islmica: los atropellos represivos del sha Mohammad Reza Pahlevi quien, de forma coincidente, falleci precisamente en El Cairo, en 1980 contra los manifestantes islamitas generaban nuevas y mayores protestas que eran sofocadas a balazos, lo que daba lugar, a su vez, a oleadas de repudio al monarca, hasta que ste hubo de abandonar el cargo y salir al exilio.

Finalmente, no debe pasarse por alto el contraproducente papel que, para no variar, han tenido en la descomposicin egipcia las acciones injerencistas de las potencias occidentales, empezando por Estados Unidos, en un afn por quitar el piso a los movimientos islmicos. Tales injerencias expresadas en forma particularmente cruda por la negativa de la Casa Blanca a suspender la multimillonaria ayuda militar al rgimen de El Cairo, lejos de debilitar al integrismo orgnico y de masas de la Hermandad Musulmana, lo consolidan, y alientan de paso el fortalecimiento en Egipto de expresiones mucho ms radicales y difusas, como Al Qaeda.

Fuente original: http://www.jornada.unam.mx/2013/08/20/opinion/002a1edi



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