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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-09-2013

Contrapoder popular

Frei Betto
Alainet


Reducidas las manifestaciones, cuyo punto lgido se alcanz en junio, ahora tenemos en varios lugares del pas ocupaciones de espacio pblico: ayuntamientos, asambleas legislativas, calles frente a las casas de los polticos, etc.

Nuestras autoridades estn sorprendidas y asustadas. Antes contaban con la colaboracin de los grandes medios, que no daban importancia a las manifestaciones puntuales o las criminalizaba incluso, y la polica actuaba contra ellas con accin preventiva y represiva.

Ahora nuevos actores, difciles de controlar, entraron en escena. Es el caso de las movilizaciones convocadas a travs de las redes sociales. Se evita el bloqueo de los grandes medios por medio de iniciativas como la red Ninja (Narrativa Independiente, Periodismo y Accin).

Lo nuevo de ahora es la inversin del poder poltico. El contrapoder popular. Hasta junio las autoridades y los partidos dictaban la pauta poltica en la que la poblacin deba ser encuadrada. La clase poltica, desde la altura de su elitismo, pensaba que slo deba prestar atencin al pueblo de dos en dos aos, en los perodos electorales. Consideraba la poltica como una rueda gigante movida por un mecanismo de alianzas y pactos partidistas y cuyos ocupantes miraban desde la cumbre a la plebe ignorante.

De repente, los movimientos sociales decidieron recurrir a la democracia directa y ocupar espacios que por derecho son casas del pueblo, frecuentemente usurpadas por quienes deberan representarnos, como en el caso de la CPI de las empresas de autobuses en Rio de Janeiro, en la cual la mayora de quienes la integran se manifest contraria a su instalacin. Es el zorro investigando quin ataca al gallinero

He ah lo incmodo: el movimiento social escapa al control gubernamental. El poder pblico lo ignoraba o, cuando mucho, la asuma. Los pocos representantes de esos movimientos en las esferas legislativas y ejecutivas no tenan ni voz ni voto. Basta con recordar la paralizacin de los proyectos de reforma agraria en el Congreso Nacional y en el gobierno federal.

Los movimientos sociales buscaban una alternativa: la pacfica insurreccin popular. Violada a veces por vndalos que eran policas infiltrados o le hacan el juego a la derecha, y cuyas mscaras debieran ser arrancadas por quien prefiere la no violencia activa. Mi generacin sali a las calles a pecho descubierto a manifestarse contra la dictadura.

El riesgo poltico de este proceso (y protesta) popular es confundir el suprapartidismo con el nefasto antipartidismo. Los partidos polticos son, como el Estado, un mal necesario. Si es cierto que muchos traicionan sus orgenes y discursos, chapotean en la corrupcin, establecen alianzas promiscuas, hacen en la vida pblica lo que hacen en la privada la solucin no es medirles las costillas y fruncir el ceo, ondeando la bandera del voto nulo.

Aquel a quien le disgusta la poltica acaba siendo gobernado por el que no le disgusta. Y precisamente lo que desean los malos polticos es que haya bastante disgusto, para que ellos puedan hacer y deshacer a su antojo. Lo que ms temen es la interferencia de nuevos actores en la esfera poltica y el baile de los escaos en las elecciones.

La alternativa es la reforma poltica. Es una demanda urgente. No slo para decidir si el voto ser distrital o si las campaas debern ser financiadas por recursos privados. La reforma necesita incluir tambin exigencias, como el fin del voto secreto en el parlamento, el fin del secreto de las tarjetas de crdito de los poderes de la Repblica, de los arreglos pblico-privados, de los prstamos de recursos pblicos a boca de caja y en el silencio de la noche, de la privatizacin de bienes estatales y pblicos, etc.

La reforma poltica, si no se hace a fondo, permitir que continuemos teniendo elecciones viciadas por el poder econmico, por el te doy aqu, me das all, por los arreglos en la cpula, por el porcentaje de votos dados al candidato honesto pero que acaban contabilizados a favor del candidato corrupto.

La reforma poltica deber tambin incluir mecanismos de transparencia en el ejercicio de la actividad poltica, de modo que la soberana popular pueda ejercer control sobre el desempeo de los polticos y de las instituciones pblicas.

Peor que aquel presidente-dictador a quien le disgustaba el olor del pueblo es el poltico que se llama demcrata y detesta la proximidad del pueblo, prefiriendo que ste sea mantenido a distancia por las fuerzas policiales.

Frei Betto es escritor, autor de Calendario del poder, entre otros libros.

www.freibetto.org twitter:@freibetto.

Traduccin de J.L.Burguet

Fuente: http://alainet.org/active/67142



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