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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-10-2014

Anotaciones sobre la construccin simblica de las migraciones

Arturo Borra
Rebelin


Interrogarse sobre los procesos migratorios es interrogarse tambin sobre las construcciones simblicas hegemnicas que se articulan socialmente en torno a dichos procesos. Forma parte de nuestra labor crtica problematizar esas construcciones de sentido y reinterpretar dicha realidad a partir de claves de lectura diferenciadas. Aunque la labor es inagotable, en el contexto espaol, resulta pertinente apuntalar algunas observaciones al respecto, partiendo de una hiptesis general: las construcciones discursivas hegemnicas, en las que participan de forma decisiva los dispositivos mediticos, significan los fenmenos migratorios como una realidad homognea, simple y unidimensional, basndose en tpicos, prejuicios y prcticas institucionalizadas que afectan de forma drstica la vida de millones de personas.  

Reflexionar sobre las modalidades especficas de construccin del objeto inmigracin por parte de esos discursos sociales no agota otras posibilidades interpretativas. Sin embargo, pueden identificarse con claridad dos matrices discursivas socialmente mayoritarias: 1) la que significa la inmigracin como amenaza, no slo en un nivel laboral sino tambin en un plano identitario y securitario y 2) la que la asocia a situaciones de extrema vulnerabilidad, especialmente de aquellos que categoriza como sin papeles. En lo subsiguiente, me referir a la primera matriz como discurso de la hostilidad y a la segunda como discurso de la caridad. Desde luego, podran identificarse otras variantes, como las que se articulan en la literatura moderna, relacionadas a lo que Edward Said ha estudiado de forma magistral en su Orientalismo (1); en particular, la que conduce a la exotizacin de las diferencias. En la actualidad, sin embargo, semejante discurso exotista de forma creciente resulta minado por la fijacin del Otro en tanto encarnacin de una amenaza global.

En ltima instancia, tanto el discurso de la hostilidad como el discurso de la caridad constituyen variantes de un patrn hegemnico, no obstante los nfasis contrarios que sugieren. A pesar que en el primer caso la asimetra produce un rechazo ms o menos encubierto y en el segundo cierta indulgencia, hostilidad y caridad son posiciones que fijan a los otros en una relacin esencialmente asimtrica. La desigualdad persiste como punto en comn incuestionable. Se trata, pues, de una oposicin que comparte lo decisivo: el Otro est en una posicin de inferioridad insalvable con respecto al propio grupo. El etnocentrismo se mantiene en ambas matrices, aunque la primera es ms proclive a un giro abiertamente xenfobo y racista y la segunda a un giro solidario.

Puesto que estas construcciones de sentido no estn exentas de ambigedades, a menudo se enlazan como momentos diferenciales de una misma prctica discursiva, como ocurre de forma regular en las intervenciones mediticas. Por poner un caso: un mismo sujeto puede ser representado, simultneamente, como inmigrante ilegal y vctima del trfico (2). Que un mismo destinatario pueda mantener identificaciones inestables con respecto a esos discursos reafirma su coexistencia efectiva -antes que una simple incompatibilidad lgica- que, en principio, da cuenta de la ambivalencia social que se produce en torno a los fenmenos migratorios.

El punto de partida, en ambos casos, sera coincidente: la sobreproduccin de imgenes estereotipadas por parte de los discursos hegemnicos, consolidando prejuicios que, incluso si fueran producto del mero desconocimiento, contribuyen a la consolidacin social del racismo, la xenofobia y otras formas de discriminacin (islamofobia, gitanofobia, antisemitismo, sexismo, homofobia, entre otras). Dicho de forma taxativa: la produccin de estereotipos favorece la mitologa que la derecha partidaria (3) utiliza como estrategia poltica, especialmente entre los sectores sociales ms afectados por la crisis de oportunidades. La resultante es la creacin de una estructura de desconocimiento con respecto a la alteridad, sostenida sobre percepciones sesgadas.

Para ilustrar lo dicho apelando a un ejemplo en el mbito laboral: es un tpico sostener que el grado de cualificacin de una persona inmigrante es inferior al de un trabajador espaol. La informacin oficial disponible -aportada tanto por el INE como por Euroestat- permite refutar semejante percepcin (4). El nivel de cualificacin de la poblacin extranjera, aunque variable segn la procedencia, en trminos estadsticos es similar al de la poblacin autctona. Sin embargo, la sobrecualificacin se duplica con respecto a la poblacin nacional. Si bien cabe suponer la existencia de otros factores intervinientes, la eficacia simblica de este tipo de prejuicios en los procesos de seleccin y contratacin laboral resulta manifiesta: consolida el confinamiento sectorial que afecta a una amplia mayora de personas inmigrantes y refugiadas (aproximadamente el 80 % segn el SEPE), esto es, su reclusin dentro de unos pocos sectores subcualificados (agricultura y pesca, servicio domstico y cuidado de personas, servicios de hostelera, construccin, industria y comercio), en posiciones subalternas. La marginacin laboral de estos colectivos queda reasegurada mediante la representacin ilusoria de la propia superioridad.

La produccin de prejuicios, sin embargo, dista de limitarse a esta forma simple de desconocimiento. De forma regular, son producto deliberado de los partidos y movimientos de (ultra)derecha: plantear la inmigracin como una invasin o una amenaza laboral (cuando no como amenaza cultural y securitaria), creando condiciones sociales ms adversas todava (5). Por circunscribirme a las primeras dos variantes de este planteamiento, tambin en esos planos la informacin estadstica disponible permite desmontar semejantes construcciones: desde 2012 asistimos a un cambio de ciclo migratorio -en este caso de carcter negativo (6)- que niega rotundamente cualquier presunta invasin. Asimismo, los puestos de trabajo que ocupan los trabajadores espaoles no son equivalentes (en calidad, temporalidad, jerarqua, nivel salarial y condiciones contractuales) a los que ocupan los trabajadores inmigrados, sin contar con la tasa de desempleo mayor que afecta a la poblacin fornea (concretamente, 12% ms): segn la EPA, la tasa de paro de la poblacin extranjera es del 34,14%, es decir, 11 puntos ms que la de las personas de nacionalidad espaola (23,11%) [7]. Por lo dems, siguiendo los Informes anuales de Inmigracin y mercado de trabajo (dependiente del Ministerio de Empleo y Seguridad Social), la tendencia es inequvoca: los puestos que se destruyen para trabajadores nacionales no son accesibles para los inmigrantes. La idea de amenaza laboral, por tanto, tiene una base endeble.

La cuestin, sin embargo, no se resuelve en un plano informacional o cognoscitivo. En trminos amplios, si el discurso de la hostilidad constituye una respuesta defensiva ante la precarizacin de la vida, la mitologa segregadora de la que se nutre constituye una apelacin directa al miedo y, correlativamente, encarna una falsa promesa de proteccin. Su eficacia simblica no est ligada a la validez racional de sus argumentos, sino a la adhesin que suscita entre grupos sociales afectados por condiciones econmicas y sociales pauprrimas, comenzando por el paro, la pobreza y la marginacin sistmica, as como por el deterioro acelerado del estado de bienestar y la reduccin drstica de las prestaciones sociales.

En sntesis, si por una parte el discurso de la hostilidad estigmatiza al Otro, por otra parte, el discurso de la caridad lo reduce a la mera indefensin (como ocurre con las imgenes dramticas de inmigrantes saltando las vallas de Ceuta y Melilla). La amplificacin de semejantes imgenes, sin embargo, omite algo fundamental: que en Espaa residen ms de cuatro millones y medio de personas inmigrantes y refugiadas en situacin regular para los que no vale esta representacin tpica (8). Por lo dems, si bien la tasa de pobreza se incrementa en la poblacin inmigrada al punto de afectar a ms del 40 % de la poblacin extracomunitaria (duplicando la tasa de pobreza de la poblacin espaola [9]), la homogeneizacin de la realidad migratoria por parte de este discurso desconoce una situacin socioeconmica mucho ms heterognea. Complementariamente, ambas construcciones simblicas de la inmigracin ponen en juego efectos materiales graves, aunque diferenciables, manteniendo al Otro a distancia, esto es, taponando su reconocimiento efectivo como sujeto semejante.

Insistir en que la historia de las migraciones se escribe en plural sigue siendo insuficiente. Una perspectiva crtica no tiene por qu limitarse a la crtica de un imaginario etnocntrico. Su objetivo es, en ltima instancia, contribuir a la construccin de una poltica emancipatoria, lo que implica transformar el sistema hegemnico de valores, significaciones y prcticas sociales, marcadas por un individualismo hedonista que se desentiende del bienestar de los otros y termina defendiendo unos privilegios (institucionales y econmicos) que minan la igualdad formalmente proclamada.

Toda poltica de mutuo reconocimiento seguir siendo una simple declaracin bienintencionada mientras no se materialice como sociedad intercultural efectiva. Al multiculturalismo de los guetos cabe contraponer la inclusin intercultural de los otros, esto es, la construccin de espacios comunes de participacin y decisin de sujetos culturales diversos. Dicho de otra manera: no hay interculturalidad posible sin la reconfiguracin de la trama de relaciones de poder que constituyen una formacin social.

Del mismo modo en que la estigmatizacin/ borrado de los procesos migratorios es efecto de unos discursos sociales persistentes, el reconocimiento de los migrantes y refugiados (no slo como trabajadores sino tambin en tanto ciudadanos y agentes culturales) es producto de un trabajo simblico colectivo, relacionado a la reivindicacin efectiva de una sociedad democrtica y plural. Lo dicho implica, por tanto, que la construccin de un discurso de la solidaridad siempre es algo ms y distinto a la formulacin de unos principios filosficos generales. Para tener alguna eficacia material, depende de mltiples instituciones y prcticas en las que participamos.

En este sentido, el movimiento es doble. En primer trmino, necesitamos partir de una crtica al tejido de categoras mediante las que damos inteligibilidad a estos fenmenos migratorios (determinados por condiciones no slo econmicas sino tambin polticas, culturales, familiares y personales). Para decirlo de otra manera: si los estigmas de la identidad se transforman en muros reales -negacin de ayudas, discriminacin laboral, violencia e insultos racistas, privacin de derechos fundamentales, dificultad para acceder a espacios institucionales, etc.- es parte de nuestra responsabilidad poltica elaborar un discurso que interprete esas identidades diaspricas desde un imaginario intercultural, capaz de favorecer la inclusin de los otros en igualdad de condiciones. Forma parte de la democratizacin de una sociedad cuestionar las categoras que ordenan el campo social de forma uniforme, como ocurre con las claves de pertenencia nacional. Apenas si es preciso insistir en que ninguna nacionalidad supone de por s la desaparicin de las desigualdades de gnero, de clase u otras equivalentes. Demasiado a menudo se omite en el anlisis que la discriminacin comienza por el lenguaje, construyendo categoras jerrquicas entre los seres humanos.

Sin embargo, y en segundo lugar, un discurso antidiscriminatorio, no debera pasar de puntillas por una crtica institucional sistemtica, imprescindible si lo que se pretende es cambiar el mundo social y no slo interpretarlo. En suma, la creacin de solidaridad debe ser, asimismo, un llamado a subvertir cierta clausura institucional propia de nuestras sociedades y las regulaciones jurdicas que la sostienen. Sin esa crtica, todo proyecto intercultural no pasa de una declaracin polticamente correcta. Hay un largo camino para que la cuestin migratoria sea cada vez ms pensada como la posibilidad misma de crear una apertura hacia los otros. Que esa poltica de apertura nos resulte lejana da cuenta de la magnitud del trabajo que tenemos por delante.

Notas:

(1) SAID, Edward (2003): Orientalismo, Debolsillo, Madrid.

(2) Aunque no puedo en este contexto hacer un anlisis sistemtico de la cuestin, a modo de ejemplo, es pertinente recuperar algunos titulares de prensa, especialmente elocuentes: Rutas de inmigracin ilegal hacia Espaa (El Pas, 17/03/2014, en http://elpais.com/elpais/2014/03/17/media/1395083592_131640.html), o Rescatados en el Estrecho 835 inmigrantes, entre ellos 30 menores (El Pas, 12/08/2014, en http://politica.elpais.com/politica/2014/08/12/actualidad/1407829246_971909.html), donde el peridico hace alusin a una avalancha de inmigrantes (sic). El peridico El Mundo apela a titulares similares: Melilla, puerta de la inmigracin ilegal ms all de la valla (8/12/2013, en http://www.elmundo.es/espana/2013/12/08/52a453320ab740b7768b4580.html) o 270 detenidos en la operacin contra la inmigracin ilegal (El Mundo, 8/09/2014, en http://www.elmundo.es/andalucia/2014/09/08/540ded14ca4741f2688b4591.html).

(3) La frontera entre partidos de ultraderecha (como Espaa 2000, Democracia Nacional, Coalicin Valenciana, Falange Espaola o Alternativa Espaola, entre otros) y partidos de derecha es borrosa: el giro represivo del PP en materia de migraciones (especialmente, de carcter irregular) comparte puntos significativos con la ultraderecha, incluso cuando sus declaraciones institucionales no son, en general, abiertamente racistas y xenfobas.

(4) He desarrollado esta cuestin en extenso en La discriminacin en el mercado laboral espaol. Crisis capitalista y dualizacin social, en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=133998 y La ley de la discriminacin. Migracin y mercados de trabajo en Espaa en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=167293.

(5) Segn el informe de OBERATXE, Evolucin del racismo y la xenofobia y otras formas conexas de intolerancia en Espaa (Subdireccin General de Informacin Administrativa y Publicaciones, Madrid, 2013, pg. 31), el 72% de la poblacin espaola considera elevado (33 %) o excesivo (39 %) el nmero de inmigrantes en Espaa, mientras que slo el 23% considera que el nmero es aceptable y el 1% insuficiente. Adems, el 40 est o muy de acuerdo o ms bien de acuerdo con que un extranjero que sea parado de larga duracin sea expulsado del pas y un 47% (contra un 48% que piensa lo contrario) que los espaoles deben tener preferencia en el acceso a la atencin sanitaria. Asimismo, un 66 % de la poblacin considera muy aceptable o bastante aceptable que a la hora de contratar un trabajador, tenga preferencia un espaol antes que un inmigrante.

(6) La poblacin de Espaa disminuy en 220.130 personas durante 2013 y se situ en 46.507.760 habitantes a 1 de enero de 2014 (Estadstica de migraciones, INE, 2014), en http://www.ine.es/prensa/np854.pdf. Por su parte, la inmigracin se redujo en un 4,3%, con un saldo migratorio negativo de 256.849 personas. En lo que atae a la inmigracin en situacin irregular, es el propio Ministerio del Interior quien afirma, en referencia a 2013: Durante el ao pasado llegaron a las costas espaolas 3.237 inmigrantes irregulares frente a los 3.804 que lo hicieron en 2012, lo que supone un descenso del 15% (en http://www.interior.gob.es/web/interior/prensa/noticias/-/asset_publisher/GHU8Ap6ztgsg/content/id/1915582). El alarmismo meditico, sin embargo, hace suponer ms bien lo contrario, sin contar adems que la proporcin de inmigracin africana que cruza el estrecho o las vallas de Ceuta y Melilla es nfima (en 2013, unas 7000 personas), mientras que las repatriaciones ese mismo ao contabilizan un total de 23.889 personas. Si bien es cierto que esos flujos se han incrementado notablemente en 2014 (aprox. 130 %), siguen representando una proporcin minoritaria del total.

(7) Ver http://www.ine.es/daco/daco42/daco4211/epa0214.pdf

(8) Ver Estadstica de migraciones, INE, 2014, en http://www.ine.es/prensa/np854.pdf. Por lo dems, se estima que ms de medio milln de personas estn en situacin irregular (http://www.parainmigrantes.info/la-situacion-sanitaria-de-los-inmigrantes-en-situacion-irregular-368/)

(9) Los datos pertenecen al INE (2013), en http://www.ine.es/prensa/np740.pdf.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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