Portada :: Venezuela
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-11-2014

Debate poltico, crtica y catarsis

Rodrigo Alonso
Rebelin


"Dime espejito mgico, hay alguien ms de izquierdas que yo en el reino"

El padre de blancanieves de Gopegui


La coyuntura econmica y poltica venezolana no es la mejor (que conste el eufemismo).

La guerra econmica, es decir, las acciones de los capitalistas venezolanos por apropiarse crecientemente del producto social al mismo tiempo que apuestan por el descalabro econmico como movimiento estratgico para modificar la correlacin de fuerzas a su favor en el terreno poltico, ha tenido relativo xito. Restriccin externa, inflacin, escasez, colas, prdida de poder adquisitivo, etc. son una realidad que golpea duro la aprobacin general del gobierno y el compromiso de la base chavista con el proceso revolucionario.

Sin ser alarmistas, los desafos por delante son de envergadura y requieren de la mayor de las potencias polticas para llevarlos adelante. Las cosas nunca fueron fciles para los procesos revolucionarios, menos an para aquellos cuya base material y punto de partida es un capitalismo perifrico y atrofiadamente rentista, con capacidades productivas rezagadas, un enorme contingente de poblacin obrera sobrante y cuyo lugar en el mercado mundial no pasa de aportar un poco ms de dos millones de barriles diarios de petrleo que en lo esencial son cambiados por bienes de consumo popular, algn que otro bien de capital o insumo intermedio, bienes de lujo para la burguesa y dlares, que esta misma burguesa devolver al extranjero para lucrar o comprar activos de alto consumo como una cmoda casa en Miami desde la cual conspirar.

El proceso bolivariano desat contradicciones, tension al mximo al capitalismo venezolano. La capacidad de esta endeble base productiva para sostener la convivencia entre el pueblo venezolano y los parsitos que hasta 1999 fueron amos y seores est mostrando sus lmites. En medio de la hostilidad permanente, la revolucin bolivariana fue haciendo malabares para dar continuidad a una gestin popular del capitalismo venezolano y sus contradicciones de clase, mientras se ensayaba una accidentada transicin socialista. Los cuellos de botella no tardaron en llegar; dficit fiscal, endeudamiento interno y externo, altos precios del petrleo, entre otros mecanismos, permitan postergar las contradicciones a base de incrementarlas. A lo largo del proceso se fue gestando una bomba de tiempo que al parecer comienza a explotar en plena gestin de Maduro. El capitalismo venezolano ya no tolera ms intrusos en el Estado y reclama, guerra econmica mediante, el desarrollo de un ajuste que recomponga sus mrgenes de rentabilidad e incremente su parte de la renta petrolera a costa de la confiscacin del consumo de los sectores populares.

En este cuadro general, que no es de ofensiva chavista sino ms bien de repliegue y confusin, hay varias dimensiones que presentan signos preocupantes, una de ellas es la del estado del debate a la interna de la izquierda (izquierda).

Para algunos analistas, opinadores, etc., con profusa produccin de artculos de opinin (dos o tres por semana), estamos ante un abandono del legado de Chvez a manos de una burocracia que se ha revelado como nueva clase dominante. La revolucin traicionada. Esta tesis, si bien marginal, rebota en algunos medios digitales y aparece expresada bajo diversas formas y niveles de virulencia e intensidad, muchas veces tambin como caricatura, marcando cierta direccionalidad en la opinin general sobre lo qu sucede con el chavismo y la coyuntura venezolana.

Al parecer el materialismo ha cedido su lugar al subjetivismo idealista y si hasta el momento la realidad deba ser interpretada a partir del devenir del patrn de acumulacin y la lucha de clases que sobre l se desarrolla; ya no ms, ahora basta con sealar a Maduro o a algn otro alto funcionario y decir que est pactando con el enemigo como base explicativa para comprender el escenario. Ya deca Marx que es fcil inventar causas msticas cuando los problemas son demasiado complejos.

Tal vez en algunos anlisis no est en juego la comprensin de lo real para su transformacin mediante la accin poltica, sino apenas una operacin emocional: canalizar la angustia hacia la catarsis sealando culpables. As es fcil hacer poltica y buscar minsculos saldos organizativos.

La soledad poltica tiene la ventaja de poder decir cualquier cosa. Quien no ocupa espacios polticos de relevancia ni tiene masas detrs, delante ni al costado, se puede permitir ciertas libertades discursivas; lo que diga no tendr mayores consecuencias. La irrealidad es un lujo que pueden darse aquellos de los que nada depende y que se encuentran al margen de cualquier disputa hegemnica relevante. Siempre habr los que en cada artculo tallen en piedra sus principios intocables. Es un viejo oficio dentro de la izquierda.

En qu escenario nos pone la continua erosin de la legitimidad del gobierno? Tal vez alguien crea que la alternativa a Maduro y la gestin que l conduce es un relanzamiento de un casto y puro chavismo revolucionario que esta vez s ser dirigido por una vanguardia clara y consecuente. Difcil. El tiempo histrico parece mostrarnos que la nica alternativa de poder al chavismo realmente existente es la barbarie. Acaso taladrar el apoyo al gobierno no es darse un tiro en el pie?


El chavismo es una fuerza histrica con contradicciones y constituye un bloque social heterogneo. He ah parte de su fortaleza y tambin parte de su debilidad. Quien crea que los sujetos polticos son muecos cortados a tijera no ver en el disenso ms que traiciones y deslealtad.

El desafo estratgico pasa por afirmar la base popular y el rumbo socialista del chavismo como fuerza histrica al mismo tiempo que se preservan los espacios conquistados (ejecutivo, asamblea nacional, organizaciones de masas) y se avanza en la disputa por la hegemona. En lo inmediato, la tarea pendiente parece ser la diagramacin de un plan de estabilizacin econmica popular que descargue las dificultades econmicas sobre sus responsables y no sobre el pueblo trabajador. Para esto sobran los agitadores fciles de palabra de los que aportan a la confusin general; los anlisis serios que den en el clavo y clarifiquen el escenario dando insumos para la accin no son tan comunes.

La situacin no es la mejor (otra vez el eufemismo), pero an no es tiempo de catarsis ni de dispararse en el propio pie.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter