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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-11-2014

Capitalismo del saqueo: el giro jurdico-meditico ante la cleptocracia

Arturo Borra
Rebelin


El escndalo moral ante el estallido de denuncias de corrupcin en Espaa no deja de tener una dimensin hipcrita: nadie puede alegar de forma legtima desconocimiento al respecto. Lo que la derecha llama milagro econmico espaol no ha sido otra cosa que la materializacin de un crecimiento macroeconmico desigual estructurado sobre la base de prcticas corruptas en las que han participado gobiernos, grandes empresas, la banca privada y algn que otro invitado de honor, como es el caso de algunos lderes de los sindicatos mayoritarios. Nada de ello habra sido posible sin la complicidad objetiva (o, si se prefiere, la pasividad cmplice) de las mayoras sociales.

A nivel nacional, el saqueo sistemtico a las cajas de ahorros, la organizacin fraudulenta de macroeventos deportivos, artsticos o religiosos, las contrataciones y adjudicaciones pblicas a comisin a empresas privadas, el rescate estatal a la banca privada, los procesos de privatizacin acelerada de diversos organismos pblicos o la estatizacin de deuda privada, entre otros asuntos, marcan las ltimas dcadas. Los escndalos actuales de corrupcin (desde las tarjetas opacas en manos de polticos, banqueros y sindicales hasta las salpicaduras que afectan a la abrumadora mayora de la cpula del partido de gobierno, por no referirnos a la ingeniera de usurpacin de algunos clanes familiares) no constituyen ninguna novedad: la condicin de acceso al sistema poltico vigente implica, como regla, la aceptacin de un rgimen de prebendas. Nunca insistimos demasiado al remarcar que la globalizacin econmica es tambin la globalizacin de la impunidad de las grandes corporaciones (favorecidas por la infrarregulacin de los mercados) y la reconfiguracin del sistema como capitalismo del saqueo.

En este sentido, la cleptocracia est institucionalizada y desborda la esfera estatal: no constituye una perversin con respecto a una pauta de rectitud diferente, sino que es el modo regular de funcionamiento de la economa-mundo y, en grados variables, segn los controles pblicos desplegados, de las democracias parlamentarias actuales (1). La ecuacin de la gobernabilidad est ligada a la regulacin de estas prcticas corruptas, no a su extirpacin. El enriquecimiento ilcito de las autoridades dirigenciales es condicin de gestin de polticas pblicas antipopulares que tienen como beneficiarios inequvocos a las elites econmico-financieras que las impulsan a base de mecanismos como el soborno, las puertas giratorias, los prstamos blandos, las ddivas y, en general, la instauracin de un sistema ilegtimo de privilegios. Aunque no hay un lmite fijo a estas prcticas sistmicas, su expansin ilimitada siempre corre el riesgo de provocar una crisis de legitimidad.

Es desde ese transfondo poltico como podemos interpretar de forma plausible el actual giro jurdico-meditico ante la corrupcin estructural que afecta a Espaa. En efecto, lo que resulta novedoso en el presente no es la existencia de estas prcticas delictivas, sino la proliferacin de actuaciones judiciales y denuncias mediticas en torno a ellas. Aunque no hay motivos para la euforia, desde las revueltas pacficas del 15-M, el estado de nimo colectivo ha cambiando de forma acelerada: ante el ensanchamiento de la desigualdad socioeconmica y el deterioro de las condiciones de vida de amplias franjas sociales, la corrupcin organizada de las lites econmicas, financieras y gubernamentales es objeto de un repudio social generalizado. Lo que antao se consenta de forma tcita, aparece hoy como algo inadmisible, aun cuando el grado de movilizacin social siga siendo menor al que cabra prever en circunstancias semejantes. El ascenso electoral de Podemos no es sino la encarnacin de ese estado de nimo que enlaza la indignacin colectiva con la voluntad de un cambio poltico relevante.

As, la hiptesis de lectura ms plausible para dar cuenta de este giro jurdico-meditico podra plantearse a partir de lo que en ajedrez se denomina tour de force, esto es, un movimiento forzado producto de la deslegitimacin creciente de esas instituciones y la intensificacin de las luchas en su interior. Incluso si sigue siendo pertinente preguntarse por otros factores que pudieran estar incidiendo en este giro, la creciente crisis de legitimidad podra estar provocando fisuras significativas en las alianzas de las clases dominantes. Las actuaciones judiciales contra la corrupcin pueden interpretarse como un intento de revertir el descrdito del que es objeto el sistema judicial en su conjunto. En particular, constituyen indicios del debilitamiento de una mayora judicial conservadora, desacreditada tras el castigo ejemplarizante a jueces emblemticos en la lucha contra la corrupcin (destituidos por prevaricacin) y del bloqueo sistemtico de las investigaciones judiciales de este tipo de delitos cuando afectan a miembros destacados del establishment.

A nivel meditico, la hiptesis implica una variante: el giro de los medios privados de comunicacin est interrelacionado tanto a esta nueva dinmica judicial como a la presin social creciente. Si por momentos los medios de prensa ms conservadores van por delante de las actuaciones judiciales, ello se debe, ante todo, a una poltica editorial que anticipa un escenario temido, esto es, la profundizacin de una crisis de legitimidad que supondra, en primer lugar, el viraje electoral hacia fuerzas poltico-partidarias emergentes, como es el caso de Podemos. Las denuncias sobre corrupcin responden a la lectura que los discursos mediticos dominantes hacen del actual contexto poltico: sin una intervencin contundente por parte del gobierno nacional que interrumpa la impunidad y penalice a los sujetos implicados (algo que difcilmente puede hacer, dado que comprometera a buena parte de sus miembros), el viraje poltico hacia la izquierda se hace cada vez ms inevitable. Se trata, pues, de una versin novedosa del imperial miedo a los brbaros, por dems de manifiesta en la autntica cruzada que estos discursos han emprendido contra aquellos que encarnan de forma verosmil alguna tentativa de cambio. Semejante jugada estratgica, desde luego, sigue siendo arriesgada: salvar el neoconservadurismo arremetiendo contra el partido de gobierno que lo encarna puede crear efectos contrarios a los previstos. Seguir prescribiendo un capitalismo sano, orientado a la iniciativa privada y la reduccin de lo pblico -como si no se tratara de un oxmoron o una contradiccin de los trminos- se parece cada vez ms a un ejercicio de periodismo-ficcin.

No cabe descartar que el discurso contra la corrupcin desate una debacle gubernamental, pero sigue siendo algo completamente incierto si esa debacle dar cabida a un cambio poltico profundo o a una mera reestructuracin del bloque dominante. La crisis de hegemona puede dar paso a lo emergente slo en la medida en que se conecte esa corrupcin generalizada al sistema que la produce. Es esa crisis lo que anuncia una oportunidad histrica de cambio que sobrevuela el presente.

Nota:

(1) Para un anlisis ms detallado, remito a Crisis, corrupcin y capitalismo, en Rebelin (3-08-2013), versin electrnica en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=172042.

Blog del autor: http://arturoborra.blogspot.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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