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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-01-2015

Uruguay
Entre el desarrollismo y el antiextractivismo

Rodrigo Alonso
Semanario Brecha


El deshielo neoliberal y la emergencia de los gobiernos progresistas de la regin trajo consigo lo que podramos denominar de perspectiva desarrollista o neo-desarrollista. Para esta perspectiva es posible (y deseable) el desarrollo capitalista en un sentido productivo, generador de empleo digno, dinamizando actividades de alto valor agregado e incrementando los niveles de bienestar social (pas productivo con justicia social). El horizonte histrico planteado es la construccin de un capitalismo desarrollado; los modelos a seguir varan: Nueva Zelanda, Noruega, Finlandia. Un gobierno honrado, un pas de primera, Uruguay no se detiene, son slogans que expresan este metarrelato del desarrollo y lo traducen al marketing electoral. El reciente ascenso de un poltico como Ral Sendic, presentado como un eficiente gestor, puede verse como otra muestra de esta sensibilidad ideolgica desarrollista.

A medida que la realidad no acompaa el relato: no hay grandes pasos rumbo al capitalismo primermundista y se acentan en nuestras economas la explotacin intensiva de los recursos naturales, la perspectiva desarrollista ve surgir un antagonista: el anti-extractivismo. Simplificando groseramente, esta perspectiva considera que sobre la base del extractivismo como rasgo central de nuestras economas estamos ante un proceso de degradacin intensiva del ecosistema al mismo tiempo que se atropella a sujetos subalternos como el campesino y el indgena. A su vez esto estara asociado a la existencia de comunidades epistmicas de carcter eurocntrico que acaban reforzando la colonialidad del poder o una modernidad colonizada. En contraposicin a lo que sera un paradigma del desarrollo colocan al Buen Vivir (Sumak Kawsay) y llaman a la constitucin de nuevas epistemes anticoloniales basadas en un paradigma biocntrico. No est claro cules son las modalidades productivas de esta perspectiva, pero hay un fuerte acento en lo comunitario-local, lo artesanal-ancestral y la pequea propiedad campesina. Si bien en Uruguay esta mirada es menos fuerte en relacin a otros pases latinoamericanos con mayor presencia indgena y/o campesina, la relativa fuerza que cobr la oposicin a la minera Aratir y el registro discursivo desde donde se desarrollaba la crtica, y la aparicin del PERI en el juego electoral (aunque menos, la UP tambin enarbol la bandera del antiextractivismo) pueden verse como una manifestacin de antiextractivismo a la uruguaya.

Ambas perspectivas comparten la crtica a la actual matriz productiva (qu y cmo producimos). El antiextractivismo cuestiona adems la esfera de las relaciones sociales de produccin (relaciones de propiedad, control del excedente) y habla por lo general de la necesidad de transitar hacia un post-capitalismo. El desarrollismo por su parte, ms all de invocar una abstracta justicia social, no cuestiona en gran medida las relaciones sociales de tipo capitalista basadas en el control privado de los medios de produccin y la explotacin de trabajo asalariado.

La anterior controversia es asimtrica. La perspectiva desarrollista se encuentra ms extendida, consolidada y goza de fuertes consensos; mientras que el antiextractivismo emerge ms bien como reaccin y an es incipiente. Si bien ambas miradas orientan la reflexin y la accin de parte de nuestra izquierda, ninguna de las dos pareciera ponderar correctamente las condicionantes estructurales que pesan sobre nuestro precario capitalismo uruguayo en el marco de un sistema de acumulacin global del cual Uruguay es apenas una nfima parte. Y esto porque uno y otro omiten dos aspectos fundamentales que aqu se presentan como hiptesis.

Hiptesis A. El antiextractivismo no reconoce que: Nuestra matriz productiva primario-exportadora y con base en la explotacin intensiva de los recursos naturales presenta una alta rigidez para su transformacin y la correlacin de fuerzas donde esta eventual transformacin se dirime es de escala global y no nos tiene a nosotros como actores relevantes.

El capitalismo es en su esencia una unidad mundial. Nuestra matriz de produccin expresa la funcin que cumplimos en el marco de la actual divisin internacional del trabajo y por tanto en el proceso de acumulacin capitalista global. El carcter extractivista de Uruguay y de gran parte de Amrica Latina no es un infortunio casual ni deriva de la mentalidad rentista de nuestras burguesas, es el resultado de la configuracin del capitalismo como un todo. Somos parte de una regin Ni-Ni, ni tenemos mano de obra abundante y barata (China, sudeste asitico, parte de A. Latina); ni contamos con altos niveles de productividad media (EUA, Europa occidental, Japn) [3]. En el actual orden, donde la escala de acumulacin en el rubro de manufacturas ya no es Manchester sino el mundo entero y la mayor parte de los bienes se producen combinando los capitales ms avanzados con una mano de obra abundante, barata y disciplinada generando enormes potenciales productivos de escala global, para existir en el mercado mundial no nos queda mucha ms opcin que explotar nuestros recursos naturales para apropiarnos de renta internacional y con eso ir llevando un orden poltico que cada veinte o treinta aos explota en revueltas, revoluciones o dictaduras. No es sencilla la gestin de los equilibrios polticos en un capitalismo perifrico.

Modificar la matriz productiva, acabar con la primarizacin, lograr niveles de productividad neozelandeses, no es slo cuestin de polticas de Estado, manejo macroeconmico ordenado, innovacin o buenas ideas y hombres prcticos que las lleven adelante. Si as lo fuera hace rato que estaramos disfrutando del confort primermundista. Las limitaciones hay que buscarlas en la configuracin global del capital y en el hecho de que transitar ese camino no requiere nicamente buenas intenciones, sino tensar peligrosamente el equilibro de fuerzas entre las clases y los Estados.

Hiptesis B. El desarrollismo no reconoce que: Obtener algunos mrgenes para modificar nuestra matriz productiva con orientacin hacia la satisfaccin de las necesidades del pueblo uruguayo, slo es posible en el marco de un avance en la transformacin de las relaciones sociales de produccin. 

Mientras el aparato productivo y el excedente social estn en su mayor parte privatizados, el Estado no tendr soberana para orientar el proceso de acumulacin hacia una transicin en materia de matriz productiva. La orientacin de la economa continuar pautada por la maximizacin de los mrgenes de ganancia de los capitales privados.

Por otra parte, cualquier intento de transformacin productiva requiere de un fondo de acumulacin necesario, es decir, de riqueza que se produce pero no es consumida sino destinada a incrementar las capacidades productivas. La inversin extranjera suele operar como este fondo de acumulacin, pero si se pretende no depender nicamente de la voluntad del capital internacional para nuestro desarrollo, entonces se hace necesario contribuir con recursos propios. Siendo que en su gran mayora los sectores trabajadores reciben como salario un aproximado equivalente a lo que necesitan para la reproduccin de su vida cotidiana [4], pretender obtener desde el fondo de consumo obrero parte del fondo de acumulacin implicara comprimir el consumo de la clase trabajadora ms all de lo tolerable. Se hace necesario por tanto afectar los patrones de consumo de aquellos sectores que utilizan recursos por encima de una media determinada. En otras palabras, se trata de dejar de destinar recursos a la obtencin de bienes suntuarios para la reproduccin de la canasta de bienes y servicios de aquellos sectores con sobre consumo.

A modo de ejemplo, el pas debera decidir si usar sus divisas para importar motos acuticas o camionetas Hummer, o si priorizar la llegada de maquinaria de ltima tecnologa o enviar un mayor nmero de tcnicos a formarse en el exterior. En el actual esquema de relaciones sociales, que presupone una burguesa con su correspondiente canasta de consumo, hay un inevitable uso suntuario de los recursos nacionales. Las divisas que Uruguay puede generar son finitas, si stas son usadas para satisfacer la pauta de consumo de nuestras lites entonces no sern usadas para apuntalar el incremento de las capacidades productivas.

Una necesaria nueva sntesis

Si las hiptesis presentadas se validan, comienzan a visualizarse los lmites histricos tanto del desarrollismo como del antiextractivismo en cuanto perspectivas que pretenden orientar nuestro rumbo. El desarrollismo porque no se propone avanzar en la modificacin de las relaciones sociales de produccin y se detiene ante ellas como quien se somete a un orden natural, el antiextractivismo porque cree posible negar nuestra matriz productiva, nuestro papel en la economa global y la necesidad del desarrollo de nuestras fuerzas productivas en nombre de un proyecto ecolgico y comunitario que difcilmente podra sostenerse en trminos polticos.

Est verde el debate, probablemente el fin de un ciclo de bonanza econmica en Amrica Latina provocar contradicciones que lo harn madurar. No sern las palabras las que interpelen a estas dos perspectivas sino sus limitaciones expresadas en la realidad concreta. Esperemos que llegado el caso podamos arribar a una nueva sntesis, que nos permita ponderar correctamente nuestras limitaciones y condicionantes en el marco de la economa mundial, al mismo tiempo que no se detiene ante unas relaciones de clase que nos impiden avanzar en el mejoramiento de las condiciones de vida de nuestro pueblo.

Notas

[3] Comparando los PBI per-cpita de diferentes economas se puede visualizar de forma aproximada las diferencias de productividad media entre stas. Por ejemplo, mientras que la economa uruguaya genera anualmente un valor equivalente por persona de unos US$ 15.000, los pases centrales superan los US$ 40.000. Suponiendo que ellos se estancan, a qu ritmo deberamos crecer anualmente para alcanzarlos en 2030? Responder esta pregunta puede ser til para ver el grado de realidad que hay en quienes nos convocan a ser un pas desarrollado.

[4] Afirmar que en nuestra regin se remunera al obrero por lo que vale su fuerza de trabajo es controversial. Son varios los autores, entre ellos Ruy Mauro Marini en Dialctica de la Dependencia (1972), que plantean que un rasgo estructural de nuestras economas es la sobreexplotacin de la fuerza de trabajo, es decir, el pago de la fuerza de trabajo por debajo de su valor, esto como necesidad del capital perifrico para compensar los diferenciales de productividad que tiene con los capitales ms avanzados.

Rodrigo Alonso es Economista.

Fuente original: http://brecha.com.uy/entre-el-desarrollismo-y-el-antiextractivismo/



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