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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-01-2015

Educacin crtica y protagonismo cooperativo

Frei Betto
Cubadebate

Conferencia especial del telogo y escritor brasileo Frei Betto en el Congreso Internacional de Pedagoga 2015 que concluye hoy en La Habana


La educacin escolar tiene un papel fundamental en el proceso de transformacin social. A semejanza de la poltica y la religin, la educacin sirve para liberar o alienar; despertar protagonismo o favorecer el conformismo; propiciar en los educandos una visin crtica o legitimar el status quo, como si fuera insuperable e inmutable; promover una praxis transformadora o sacralizar el sistema de dominacin.

En estos inicios del siglo XXI, la educacin escolar difiere mucho de la que predomin en el siglo XX. Hoy en da, nuestra vida cotidiana se ve invadida por nuevas tecnologas que nos brindan, en tiempo real, informaciones capaces de incidir en nuestra forma de vivir y de relacionarnos (ciberespacio, relaciones virtuales, crisis de las ideologas libertarias, nuevos perfiles familiares y sexuales, monopolio y manipulacin de la informacin, etc.).

Como vivimos un cambio de poca y navegamos entre la modernidad y la posmodernidad, estamos amenazados por una crisis de la identidad terica. El instrumental terico que tanto nos confortaba e incentivaba en el siglo XX, y que nos pareca tan slido, se desplom con el Muro de Berln. Al contrario de lo que pregonaban los manuales de vulgarizacin del materialismo histrico, la historia retrocedi en Europa del Este.

Setenta aos de socialismo en Rusia no fueron suficientes para formar los tan anhelados hombres y mujeres nuevos, dotados de inquebrantables valores ticos, disposicin revolucionaria y menosprecio a las seducciones del capitalismo. Hoy Rusia es uno de los pases ms corruptos del mundo, y en l impera una brutal desigualdad econmica.

Qu falt en la Unin Sovitica? Falt una educacin que, ms all de la escolaridad, de la transmisin cultural del pas y de la humanidad, inculcara en los educandos una visin crtica de la realidad y un protagonismo social transformador.

De hecho, en muchos de nuestros pases, capitalistas y socialistas, la educacin escolar se ha convertido en una prisin de la mente, donde las disciplinas curriculares se repiten sucesivamente, con vistas a la calificacin de la mano de obra destinada al mercado de trabajo. No se ha reflexionado sobre la prioridad de formar ciudadanos y ciudadanas revolucionariamente comprometidos con el proyecto social emancipador.

Vivimos hoy una era de impasse con respecto al futuro emancipado. Estamos en el limbo del proceso libertario. Los movimientos, grupos y partidos de izquierda, cuando existen, parecen perplejos en lo que toca al futuro. Muchos ceden a la fuerza cooptadora del neoliberalismo y cambian el proyecto de liberacin social por el mero usufructo del poder, aunque eso implique traicionar las esperanzas de los oprimidos y los fundamentos tericos que originaron esas fuerzas sociales y polticas.

La hegemona capitalista ejerce un poder tan avasallador que muchos abdican del propsito de construir un nuevo modelo civilizatorio. Poco a poco, como si se tratara de un virus incontrolable, el capitalismo se impone en nuestras relaciones personales y sociales. Nos vamos adhiriendo a la creencia idoltrica de que no hay salvacin fuera del mercado. En la esfera personal, abandonamos nuestra ideologa libertaria a cambio de una zona de comodidad que nos permite acceder al poder y la riqueza, lo que nos libra de la amenaza de integrar el contingente de 2,6 miles de millones de personas que sobreviven hoy con un ingreso diario inferiores a los 2 dlares.

Formacin de conciencia crtica y de protagonistas sociales

La educacin crtica es nuestro gran desafo en este mundo hegemonizado por el capitalismo neoliberal. Su principio es no formar meros profesionales calificados, sino ciudadanos y ciudadanas que sean protagonistas de transformaciones sociales. Por eso trasciende los lmites fsicos de la escuela y vincula a educadores y educandos a movimientos sociales, sindicatos, ONG, partidos polticos; en fin, a todas las instituciones que realizan actividades de transformacin social. La educacin crtica solo se desarrolla en sintona con los procesos reales de emancipacin en curso y las reflexiones tericas que los fundamentan.

La educacin que busca la formacin de conciencia crtica y de ciudadanos militantes comprometidos con la transformacin social debe tener en cuenta la intercalacin de tres tiempos: el tiempo de las estructuras (ms largo); el tiempo de las coyunturas (ms inmediato y factible de cambiar a mediano plazo); y el tiempo de lo cotidiano (en el cual vivenciamos el conflicto permanente entre la satisfaccin de nuestros intereses personales y la conciencia de las demandas altruistas, que nos exigen ser para los dems, o simplemente, ser capaces de amar).

El tiempo de las estructuras debe ser objeto de la educacin escolar. Es l el que nos remite a la historia de la historia, a los grandes procesos sociales con sus avances y retrocesos, a los triunfos y las derrotas, a las virtudes y las contradicciones.

Mientras ms conscientes son educadores y educandos del tiempo estructural, ms se contextualizan y se entienden a s mismos como herederos de una historia que avanza, en medio de dificultades, de la opresin a la liberacin.

Tener conciencia del tiempo de las estructuras es tener conciencia histrica y no dejarse ahogar en el mar de contradicciones de los tiempos coyuntural y cotidiano. Cada uno de nosotros es un pequeo eslabn en la vasta corriente del proceso social. Solo si tenemos conciencia de la amplitud de esa corriente comprendemos la importancia del eslabn que somos. Una educacin que no se abre al tiempo de las estructuras corre el grave riesgo de ser cooptada por la estructura mundialmente hegemnica.

El tiempo de las coyunturas es el de los cambios cclicos que producen inflexiones en las estructuras, aunque sin alterarlas sustancialmente. Es la acumulacin de coyunturas la que influye en el cambio del tiempo de las estructuras. El gran desafo consiste en saber cmo comportarse en determinada coyuntura para mejorar o transformar la estructura. La coyuntura es el presente, el aqu y ahora, mientras que la estructura, que condiciona las coyunturas, no es fcilmente perceptible, a menos que se tenga conciencia histrica para poder encuadrar la parte en el todo, el detalle en el conjunto, el presente en las causas del pasado y en las alternativas de futuro.

El tiempo de lo cotidiano es el del da a da, en el cual transitamos o tropezamos, movidos por ideales altruistas, solidarios, y, a la vez, atrados por las seducciones del acomodo y el individualismo. Es en el tiempo de lo cotidiano que la educacin acta, permite una comprensin crtica de la coyuntura y despierta el imperativo de comprometerse con la transformacin de la estructura.

Vivimos inmersos en ese tiempo cotidiano, muchas veces movidos por utopas libertarias y, al mismo tiempo, desanimados al percatarnos cada da de que la materia prima del futuro es humana, siempre frgil, ambigua y contradictoria.

La formacin de conciencia crtica y protagonismo social es resultado de un proceso pedaggico que intercala los tres tiempos para evitar que nos perdamos en un idealismo cuyo discurso no se adecua a la realidad, o en la mezquindad de un cotidiano que no siempre refleja los valores en nombre de los cuales lo asumimos. Ese es el caso de los militantes supuestamente revolucionarios que hacen de su funcin de poder un nicho de acomodo burgus y provecho personal. Y ello se aplica al director de la escuela, al obispo de la iglesia, al gerente de la empresa, etc.

Es importante tener siempre presente que nuestro cotidiano transita bajo la hegemona de un determinado proceso civilizatorio, el de la burguesa europea, y de un nico sistema econmico globalizado, el capitalista, aunque vivamos en un pas socialista.

Por tanto, nuestro tiempo cotidiano debe aspirar a incidir en el tiempo coyuntural para poder modificar el tiempo estructural global. Para eso no bastan los principios tericos y las prcticas colectivas. Es preciso que a los principios y las prcticas los oriente una tica que tenga en su centro los derechos de los pobres, los oprimidos y los excluidos. Sin esa alteridad amorosa, todo proyecto emancipatorio o revolucionario corre el riesgo de congelarse, aprisionado por sus propias estructuras de poder, emitiendo un discurso desvinculado de la prctica, abrindole paso a la esquizofrenia de crear en el imaginario colectivo, en nombre de la emancipacin, la expectativa de un futuro burgus para cada ciudadano y ciudadana

Comparados con el tiempo veloz de los aspectos coyunturales y el tiempo aparentemente catico de lo cotidiano, los cambios estructurales son lentos, procesuales, y solo se pueden evaluar debidamente sus avances cuando se ponen lado a lado las conquistas del presente con los atrasos del pasado.

De la educacin individualista a la educacin cooperativa

Desde Marx hasta la Teologa de la Liberacin, todos sabemos que no existir emancipacin plena sin la superacin del sistema capitalista. Una educacin crtica y liberadora no debe perder de vista esa meta. Debe despertar en los educandos una visin crtica que no se limite a consignas repetitivas, que ms que profundizar la razn exacerban la emocin.

Aunque se viva en un pas socialista como Cuba, todos estamos sometidos a la hegemona del pensamiento nico neoliberal y de la economa capitalista centrada en la apropiacin privada de la riqueza. El neoliberalismo, como un virus que se propaga casi imperceptiblemente, se introduce en los mtodos pedaggicos y las teoras cientficas, en resumen, en todas las ramas del conocimiento humano. As, instaura progresivamente ideas y actitudes que fundamentan la tica de las relaciones entre los seres humanos y entre los seres humanos y la naturaleza.

En la lgica neoliberal, la inclusin del individuo como ser social se mide por su insercin en el mercado como productor y consumidor. La posesin de mercancas revestidas de valor determina las relaciones humanas. Es el fetiche que denunciara Marx. Esa inversin de la relacin segn la cual la mercanca tiene ms valor que la persona humana, y la persona humana es valorizada en la medida en que hace ostentacin de mercancas de valor contamina todo el organismo social, inclusive la educacin y la religin, como denunciara el papa Francisco el 22 de diciembre de 2014 al sealar las 15 enfermedades que corroen a la curia romana.

De ello se deriva una tica perversa que subraya como valores la competitividad, el poder de consumo, los smbolos de riqueza y poder, la supuesta mano invisible del mercado. Esa perversin tica debilita a los organismos que fortalecen a la sociedad civil, como los movimientos sociales, los sindicatos, las asociaciones barriales, las ONG, etc. El patrn que se debe adoptar ya no es el de la alteridad y la solidaridad, sino el del consumismo narcisista y la competitividad.

Cmo superar hoy ese patrn de vida capitalista que, si no rige nuestro estatus social, muchas veces predomina en nuestra mentalidad? En eso a la educacin le corresponde el papel preponderante. Entre otras cosas, porque la actual coyuntura no es proclive a los cambios estructurales por la va del asalto al aparato del Estado. Eso no significa, como supone cierta parcela de la izquierda, que las revoluciones son hechos irrepetibles del pasado y, por tanto, ya no hay alternativa sino adaptarse al nuevo determinismo histrico: la hegemona del mercado.

La historia demuestra que han ocurrido cambios estructurales significativos sin un asalto al Estado, como fueron el paso del esclavismo al feudalismo y del feudalismo al capitalismo. Hoy, una de las armas ms poderosas para superar el capitalismo es una educacin crtica y cooperativa, capaz de crear nuevos parmetros de conocimiento y promover nuevas praxis emancipadoras.

Es mediante la educacin que se moldean las subjetividades que le imprimen significado a los fenmenos sociales. Con frecuencia sucede que se vive un antagonismo entre lo microsocial (pautado por la subjetividad) y lo macrosocial (pautado por las estructuras). En Cuba se encuentra un buen ejemplo: en la dcada de 1950, un grupo de jvenes revolucionarios (microsocial) se hizo consciente, gracias a la educacin poltica (subjetividad) de la importancia de modificar la estructura del pas (macrosocial). Hoy Cuba es un pas de estructura socialista, pero no todos los cubanos disciernen lo que eso significa, y algunos suean con disfrutar, bajo el socialismo, de un estilo de vida capitalista (microsocial).

La educacin crtica y cooperativa es capaz de superar ese antagonismo al formar protagonistas o militantes que reproduzcan las bases materiales y espirituales del socialismo, cuyo sustento es la solidaridad.

Para ello, es necesario que la educacin sepa situar a educadores y educandos en relacin con el pasado y el futuro. Ello solo es posible a partir del aqu y el ahora, del presente. Es nuestro modo de pensar y actuar en el presente lo que resignifica nuestra manera de encarar el pasado y el futuro.

La educacin tiene el poder necesario para destronar una racionalidad dominante e introducir otra, siempre que no sea meramente terica y se vincule a procesos efectivos de produccin material de la existencia. Resulta siempre oportuno recordar la observacin de Marx de que no nos diferenciamos de los animales por nuestra capacidad para pensar (tal vez las abejas, por ejemplo, posean una lgica algebraica ms depurada que la nuestra), sino por la capacidad de reproducir nuestros medios de subsistencia.

Una educacin crtica, liberadora, es la que aspira a conquistar la hegemona mediante el consenso, mediante prcticas efectivas, y no mediante la coercin ideolgica. Debe abarcar todas las disciplinas escolares, desde las ciencias exactas hasta la educacin fsica, superando las relaciones fundadas en la economa del intercambio en aras de una economa solidaria, cuya base sea la cooperacin.

Todos sabemos que las relaciones mercantilistas influyen en las concepciones de quienes las adoptan o se dejan regir por ellas. Para citar solo algunos ejemplos, esas relaciones acentan el individualismo e inciden sobre los mecanismos de relacionamiento en el trabajo, la fsica moderna, la biologa darwinista de la seccin natural, etc. Ni siquiera la concepcin mecanicista del marxismo, que profesaba la fe en un irrefrenable determinismo histrico logr escapar de su influencia. Es eso lo que nduce a los educandos a creer que el mercado obedece a una ley natural, y que fuera de l no hay alternativa Es eso lo que nos lleva, literalmente, a torturar a la naturaleza para que nos suministre sus frutos cuanto antes.

Por tanto, debemos preguntarnos, para qu sirve la educacin? Para adaptar a los educandos al status quo? Para transmitir el patrimonio cultural de la humanidad como si fuera el resultado de la accin intrpida de hroes y genios? Para formar mano de obra calificada para el mercado de trabajo? Para adiestrar individuos competitivos?

Una educacin crtica y solidaria engloba a todos los actores de la institucin escolar: los alumnos, los profesores, los funcionarios y las familias de todos ellos. Y trasciende los muros de la escuela para vincularse participativamente con el barrio, la ciudad, el pas y el mundo. Las puertas de la escuela permanecen abiertas a los movimientos sociales, los actores polticos, los artistas, los trabajadores. Y la ptica de su proceso pedaggico enfatiza esta verdad que la lgica mercantilista intenta encubrir: los fundamentos de la evolucin de la naturaleza y de la historia de la humanidad estn mucho ms centrados en la cooperacin, en la solidaridad, que en la seleccin natural, la competitividad y la exclusin.

Una educacin crtica y cooperativa es deliberadamente contrahegemnica, y procura ubicar el destino de sus educandos en el destino global de la humanidad. El valor de la escuela se evala por su capacidad para insertar a los educandos y los educadores en prcticas sociales cooperativas y liberadoras. Por eso es indispensable que la escuela tenga claridad acerca de su proyecto poltico pedaggico, en torno al cual debe prevalecer el consenso de sus educadores. Sin esa perspectiva, la escuela corre el peligro de convertirse en rehn de la camisa de fuerza de su currculo, como un mero aparato burocrtico de reproduccin bancaria del saber.

Si queremos atrevernos a reinventar el futuro, debemos comenzar por revolucionar la escuela, transformndola en un espacio cooperativo en el cual convivan la formacin intelectual, cientfica y artstica; la formacin de conciencia crtica; la formacin de protagonistas sociales ticamente comprometidos con los desafos de construir otros mundos posibles, fundados en la comparticin de los bienes de la Tierra y los frutos del trabajo humano.

Frei Betto es escritor y asesor de movimientos sociales, autor de Fidel y la Religin, La Mosca Azul y Esa escuela llamada vida (con Paulo Freire y Ricardo Kotscho), entre otros libros.

Fuente: http://www.cubadebate.cu/opinion/2015/01/29/frei-betto-educacion-critica-y-protagonismo-cooperativo/#.VMtKb2PhntQ

Traduccin de Esther Perez



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