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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-02-2015

Desde Uruguay
"Podemos" y nosotros

Rodrigo Alonso
Rebelin


La dinmica poltica del Estado Espaol de las ltimas dcadas ha sido para muchos un modelo ejemplar de gestin poltica de largo plazo y de xito en la consolidacin de la democracia liberal. La alternancia electoral entre un partido de derecha y uno de centroizquierda o socialdemcrata pareca ser un juego de tteres perfecto para combinar un cambio en las formas con la continuidad del contenido. Un bien aceitado bipartidismo monoclasista.

Pero ese pacto de caballeros se encontr con dos obstculos. Por un lado la crisis econmica (hoy el desempleo est cerca del 24%) y la paulatina periferizacin de Espaa. La S de PIGS refiere a Spain y se ha dicho de forma ocurrente que se trata de un pas en vas de subdesarrollo. La crisis es una base material necesaria, nunca se ha alterado un orden en el marco de la satisfaccin general, pero no suficiente.

El otro elemento que confluy fue la emergencia de una arriesgada apuesta poltico-electoral que supo leer el momento y en menos de un ao de existencia pate el tablero poltico espaol. Se trata de Podemos, la formacin liderada por el politlogo y periodista televisivo de 36 aos Pablo Iglesias, que en mayo de 2014, luego de 4 meses de creada, se present a las elecciones europeas donde obtuvo un poco ms de 1.250.000 votos y cinco eurodiputados y hoy es colocada en varias encuestas de opinin como la primer fuerza en intencin de voto de cara a las prximas elecciones generales a realizarse a finales de este ao.1

Cmo hizo una fuerza poltica con menos de un ao de creada para redefinir un escenario poltico que pareca slido y posicionarse seriamente como opcin de poder electoral? An sabiendo de las enormes diferencias entre el curso histrico espaol y el uruguayo, qu enseanzas se pueden extraer del fenmeno Podemos para nutrir la accin poltica de nuestra izquierda?2

Siguiendo los aportes de Iigo Errejn en su breve e interesante artculo Podemos para lectores latinoamericanos3, se sealan al menos tres puntos que nos pueden ayudar a problematizar nuestra accin poltica por delante.

Uno. Propuestas electorales y liderazgos pueden dinamizar organicidad popular y abrir nuevos escenarios polticos.

Hay un viejo axioma en parte de nuestra izquierda que dice que la acumulacin de fuerzas se da primero abajo (toma de conciencia, organizacin de base) y luego, eventualmente, puede seguir una expresin por arriba, es decir, una apuesta electoral. La experiencia de Podemos sugiere que puede darse el proceso inverso. Cuando las condiciones son propicias, la construccin de una opcin electoral, su posicionamiento pblico en trminos de masas y determinados liderazgos, pueden catalizar grandes segmentos de descontento acumulado, unir fuerzas dispersas y dinamizar procesos organizativos por abajo promoviendo la construccin de poder popular (asambleas locales, crculos polticos a nivel de bases, incorporacin de grandes contingentes a la militancia activa). Tal vez Venezuela sea otro ejemplo de esta dinmica invertida, donde un catalizador como Hugo Chvez acaba ganando la eleccin en 1998, partiendo en dos la historia venezolana y abriendo un nuevo escenario signado por un proceso de construccin de poder de base en gran medida empujado desde el propio Estado.

Dos. El asalto del sentido comn.

El discurso de Podemos, an siendo de izquierda y crtico de las polticas de austeridad que han impulsado los sucesivos gobiernos en Espaa, ha innovado en las formas. En un elemento bsico como es la delimitacin del nosotros y el ellos esquivaron la clsica polarizacin izquierda vs derecha y la sustituyeron por arriba vs abajo o la casta vs la gente. En esa nueva demarcacin de la frontera fue posible agregar una mayor cantidad de identidades.

Otro elemento clave es el uso en el discurso de significantes vacos (democracia, pas, bienestar, cambio, gente, justicia). Se trata de conceptos universales de uso corriente y legitimados en el sentido comn, que al mismo tiempo son tan amplios que a priori no dicen nada y por tanto cabemos todos. Aqu la disputa no pasa por las palabras, sino por su contenido. Es posible hablar con palabras normales y que adems son parte del herramental simblico del orden, siempre y cuando las resignifiquemos y las politicemos en un sentido emancipador. Por ejemplo, si las identidades de clase no identifican y hoy en da el ms arquetpico de los obreros con su mono de trabajo azul, probablemente se reconozca antes como habitante de algn barrio, hincha de Pearol o miembro de la clase media que como clase obrera, entonces hay que tener flexibilidad tctica para apoyarse en otros elementos simblicos que s identifiquen (gente, pueblo, mayora), aunque esto no implique necesariamente dejar de hacer una poltica con contenido de clase. A la hora de la disputa de los imaginarios y de la construccin del discurso importa menos lo que objetivamente es un sujeto y ms cmo ste se reconoce a s mismo.

Cualquier fuerza que parta de una situacin de minora y por tanto precise crecer y abrirse a s misma el espacio poltico para existir, no puede comenzar el camino entrando en colisin directa con el sentido comn de su tiempo. Es preciso conectar con l, asentarse en l y desde ah tensionarlo y resignificarlo. Si la estrategia por el contrario pasa por afirmarse en los rasgos identitarios ms especficos y por tanto ms diferenciadores, entonces el resultado ms probable ser la marginalidad poltica.

Tres. La importancia de lo meditico.

Finalmente, el fenmeno Podemos nos habla tambin de la importancia de la presencia meditica para la disputa por la hegemona. Pintadas, pegatinas y volantes son fundamentales, pero hoy da, la mayor campaa de propaganda callejera quiz no alcance el impacto de unos pocos minutos en un medio de comunicacin masivo. Los medios comunitarios por su parte pueden ser claves en etapas de defensiva y resistencia, pero probablemente sean insuficientes para la disputa de sentido en trminos de masas.

Es claro que la presencia en los medios no es una mera opcin, se trata de un espacio a priori vedado para quien se propone alterar un orden determinado y adems tiene posibilidades reales de hacerlo (que no es el caso de nuestra izquierda en el corto plazo). De no existir una definicin y una estrategia clara para ganar un lugar en el terreno meditico, los pocos segundos con posibilidades para emitir un mensaje a ser recibido por masas ser cundo algn programa matinal invite a un militante como quin invita a una persona que dice haber avistado un OVNI en Lavalleja, es decir, como una curiosidad o rareza pintoresca.

Quermoslo o no, actualmente gran parte de la poltica transcurre sobre la base de la existencia meditica, hacer de cuenta que ese terreno no existe o es inexorablemente hostil es dejrselo entero al adversario y por tanto renunciar a la disputa por el poder.

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No sabemos qu ocurrir finalmente con Podemos, en principio ha abierto una interesante grieta en un sistema poltico que pareca slido, pero nada garantiza que no acabe siendo ms que una novedosa bomba de humo electoral o una nueva pieza de recambio para la sobrevivencia del poder de clase en una Espaa con un bipartidismo en crisis. Ms all de la suerte que pueda correr, con su corta existencia y audacia nos ha aportado diversos elementos para pensarnos en nuestros procesos.

Nuestra izquierda, que desde el golpe de Estado hasta el momento probablemente nunca ha sido una opcin real de poder, tiene por delante mucho para aprender y crecer. En particular en el plano de la comunicacin de masas y la disputa por los imaginarios, terreno en el que la experiencia de Podemos puede ayudar. Somos una izquierda rpida para los adjetivos y las descalificaciones (que si son reformistas, que si se estn corriendo al centro), ms til es la comprensin del fenmeno en su complejidad. Se necesitan menos frmulas heredadas y ms anlisis sobre las actuales coordenadas histricas tanto materiales como simblicas. Quiz de esta manera podamos ir dndole forma a un discurso propio, que siendo simple, potente, emotivo, politizador y agregador de identidades, se vaya abriendo paso en el imaginario comn, condicin necesaria aunque no suficiente, para la disputa por la hegemona.

Notas:

1 Al menos tres de los principales dirigentes de Podemos, Pablo Iglesias, Iigo Errejn y Juan Carlos Monedero, han colaborado para los gobiernos de Ecuador, Bolivia o Venezuela y gran parte de sus tesis polticas fueron construidas sobre la base de lo aprendido en su pasaje por estos pases latinoamericanos.

2 Supongamos que existe en nuestro pas, transversalmente a los partidos y las organizaciones, una fuerza social que se propone aumentar la soberana sobre los espacios econmicos estratgicos y el excedente social al mismo tiempo que se incrementa la participacin en la renta nacional de los sectores trabajadores, se abren espacios en el ejercicio del poder poltico en clave de democracia protagnica (asalto plebeyo a la institucionalidad) y se continua profundizando en la agenda de derechos para continuar desmantelando el Uruguay Conservador. A algo como esto podra llamar nuestra izquierda.

3 Errejn, Iigo. (2014). Podemos para lectores latinoamericanos. www.Rebelion.org (acceso: 3-2-2015)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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