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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-09-2005

Ante la Cumbre del Milenio de Naciones Unidas

G. Buster
Rebelin


La Cumbre del Milenio, que se celebrar este mes de septiembre en Nueva York, tendr fundamentalmente dos puntos en su agenda: la reforma de Naciones Unidas y la evaluacin de los Objetivos del Milenio.

Ambos objetivos tienen ya una larga historia. La reforma de Naciones Unidas, y en especial del Consejo de Seguridad, intenta adaptar las estructuras de la principal organizacin multilateral internacional a la nueva situacin poltica mundial que se ha ido configurando desde el colapso de la URSS en 1991, las dos guerras de Iraq y el intento de desarrollar un orden mundial unilateral bajo la hegemona de EE UU y su crisis. El segundo objetivo intenta una reformulacin completa de la poltica de ayuda al desarrollo en el marco de la globalizacin capitalista, es decir de las polticas econmicas que han impulsado a nivel internacional EE UU y las principales instituciones financieras, como el FMI, el Banco Mundial o la OMC, que han entrado en crisis desde finales de los aos 90, y en concreto tras la crisis asitica de 1998, el pinchazo de la burbuja tecnolgica y la consiguiente recesin en el 2000-2002 en los pases de la OCDE, y el estancamiento de la Ronda de Doha.

Es decir ambos objetivos responden a sendas crisis del sistema poltico internacional y de las polticas econmicas aplicadas a nivel mundial. Y, como en todas las crisis, son no tanto producto del consenso como de intereses y puntos de vista confrontados. La propia Cumbre del Milenio no es sino un intento de Kofi Annan de reivindicar el papel de Naciones Unidas y del multilateralismo despus del 11 de Septiembre frente a su total marginacin por parte de la Administracin Bush, con el apoyo de la vieja Europa y de sectores del Tercer Mundo. Los trabajos de preparacin de la Cumbre del Milenio has estado sometidos, por lo tanto, a los vaivenes de la situacin internacional de los ltimos tres aos, sobre todo tras las Cumbres de Monterrey y Johannesburgo, que se jugaba no tanto en los pasillos de Naciones Unidas como en Iraq.

Reforma de Naciones Unidas?

En la reforma de Naciones Unidas, muy poca cosa se puede esperar de la Cumbre, a pesar de las expectativas levantadas. EE UU se opone a cualquier modificacin de la actual composicin del Consejo de Seguridad que ponga en cuestin su derecho de veto. Estara dispuesto, segn las ltimas declaraciones, a apoyar una ampliacin de uno o dos miembros como mximo con derecho de veto y unos cinco miembros ms rotatorios. Ha desvelado que apoyar a Japn y a un pas del Tercer Mundo, probablemente Brasil. Pero tambin que vetar a Alemania. Sus planes de reforma para la Asamblea General o para los organismos del sistema de Naciones Unidas (PNUD, OMS, UNESCO) son desconocidos. Pero se sabe perfectamente que EE UU es el estado miembro que debe ms cuotas impagadas y no esta dispuesto a asumir ninguno de los elementos restrictivos al uso de la fuerza de la Carta de Naciones Unidas, como seal en el debate previo a la II Guerra de Iraq.

La designacin de John Bolton como nuevo embajador de EE UU ante Naciones Unidas por parte de la Administracin Bush, a pesar de la oposicin encontrada en el Senado, ha confirmado esta orientacin. Lo primero que ha hecho Bolton ha sido presentar 750 enmiendas al texto de la Resolucin para la Cumbre ya negociado y exigir que se alinee con las posiciones de EE UU en todos los campos.

Un grupo de estados europeos, latino- americanos y asiticos han organizado, bajo el impulso de Mxico, un grupo de presin para la reforma. Pero al final sus propuestas no alteran el statu quo y se limitan a aumentar el nmero de miembros rotatorios del Consejo de Seguridad hasta 20, sin consenso sobre si se debe aumentar tambin el nmero de estados-miembros con derecho a veto. Los temas esenciales, como la reorganizacin de la Secretaria General, la constitucin de un sistema de intervencin ante crisis, civil y militar, o el funcionamiento de la Asamblea General han quedado de antemano, en nombre del realismo, fuera de la agenda o limitados a una mera racionalizacin administrativa.

Pero para Kofi Annan y su equipo, que a pesar de los ataques de EE UU, parecen confirmarse en su puesto, el que se hable de Naciones Unidas ya es algo positivo. La Alianza de Civilizaciones, propuesta inicialmente por el presidente del gobierno espaol Rodrguez Zapatero, puede convertirse en una nueva formula de consenso que permita a medio plazo una cierta retirada militar de EE UU y Gran Bretaa de Iraq y su sustitucin por fuerzas militares de los gobiernos rabes amigos, dentro de una formulacin defensiva de la estrategia de Gran Medio Oriente de la Administracin Bush. No es casual que la apoye con entusiasmo el propio Annan o Turquia se haya hecho su valedor en Oriente Medio. Tras los atentados de Madrid y Londres, Europa tiene que buscar una formula de integracin y convivencia con su importante minora musulmana.

La lucha contra el 50% de la pobreza extrema

En cuanto a los Objetivos del Milenio, su origen es la Cumbre del Milenio del 2000. Kofi Annan consigui que la problemtica del desarrollo no desapareciera completamente tras el 11-S subsumida en la guerra contra el terrorismo a cambio de presentar la lucha contra la pobreza como un elemento esencial de esa guerra. Es decir, la reduccin para el 2015 de un 50% de los 850 millones de personas que viven en pobreza extrema (definida como vivir con menos de 1 dlar diario) y la consecucin de otros 7 objetivos bsicos se han convertido en un objetivo de seguridad para los pases desarrollados, que deberan aportar para ello el 0,7% de su PIB. Una cantidad total nfima en comparacin con sus gastos militares.

Conseguir estos objetivos bsicos ha reabierto todo el debate sobre las polticas de desarrollo. Sus conclusiones determinaran el paradigma en el que se desarrollar la accin humanitaria y la cooperacin para el desarrollo de las ONGs los prximos aos. Un debate sin duda necesario, porque las polticas de desarrollo o de crecimiento como se prefiere denominarlas- han fracasado estrepitosamente en la dcada de los 80 y 90. Las polticas de ajuste estructural del Consenso de Washington son ya indefendibles incluso por el FMI y el Banco Mundial. Hace falta, pues otra poltica.

Cual pueda ser esa otra poltica es el terreno de debate. Un debate en el que la izquierda esta especialmente mal situada, sin paradigmas ni perfiles propios. El Consenso de Washington ha evolucionado a un neoliberalismo de red selectiva de asistencia social para los grupos de poblacin incapaces de incorporarse al mercado o a una accin humanitaria de emergencia que no se plantea modelos de desarrollo. El paradigma paraguas de todo ello es un neoliberalismo de rostro humano, el nuevo Consenso de Monterrey ms los Objetivos del Milenio, que asegura que son los obstculos corporativistas y anti-modernistas al desarrollo de las fuerzas del mercado capitalista mundial las responsables de la aparicin de una franja marginal de inestabilidad y de pobreza. Y se trata de asegurar por todos los medios incluidos los militares- la democracia liberal y la libertad de mercados primero, para que fluyan las inversiones segundo, y en todo caso se proteja selectivamente a las poblaciones
incapaces de adaptarse al proceso modernizador de las trampas de la pobreza rurales o de las bolsas de pobreza de las ciudades-miseria.

Este esquema no es capaz de confrontar la realidad emprica. Los aos 90 han sido testigos de crisis financieras graves en Rusia, Mxico y el Sudeste Asitico tras la aplicacin de las polticas de ajuste. Latino Amrica en su conjunto esta totalmente estancada; el Africa Subsahariana y Oceana agonizan. Los nicos casos en los que se han producido avances relativos en la lucha contra la pobreza son en China y en la India, dos pases que se han convertido en discpulos aventajados del Banco Mundial pero que, contradictoriamente, no aplican sus recetas y mantienen una fuerte intervencin estatal en sus mercados interiores y en su conexin con el mercado mundial.

Kofi Annan encarg la elaboracin de un informe marco sobre la evaluacin de los objetivos del Milenio a Jeffrey Sachs, con un equipo de 250 especialistas. El resultado esta en la red. Pero se puede resumir as: el mundo cuenta hoy con los medios tcnicos necesarios para reducir la pobreza extrema, pero carece de voluntad poltica para ello. Pero el precio global de esa pobreza extrema puede llegar a ser insostenible y obligar a actuar a todos.

Cmo? No se trata de hacer teoras, sino de agrupar en un solo plan multifactico todas las buenas prcticas existentes. El problema de la pobreza es en realidad el de la trampa de la pobreza. Hay una serie de pases que por falta de factores esenciales para la produccin caen en una espiral negativa de subdesarrollo de la que no pueden salir por si solos. Hay que inyectarles desde fuera tecnologa y ayuda financiera para que puedan salir de esa trampa y subir la escalera del desarrollo, pasando de una economa rural de subsistencia, que no se puede sostener ya, a una urbanizacin-miseria con industrias orientadas a la exportacin y el mercado mundial.

Para ello se trata de hacer ms ambiciosos las Estrategias de Reduccin de la Pobreza nacionales del Banco Mundial e incorporar los objetivos del Milenio. Y buscar fondos a nivel internacional para obtener ese 0,7% del PNB de los pases de la OCDE.

Que este esquema tan simple haya sido desarrollado por el economista responsable de la crisis de Rusia y Europa central en 1989-1992 con sus terapias de choque debera ser motivo ya de sospecha. La simpata que puede despertar alguien que llama a la abolicin de la deuda externa de Africa, que exige la lucha contra la malaria, que defiende el 0,7% o que denuncia a la Administracin Bush por neoconservadora no debe hacernos olvidar que se trata de un neoliberal empirista con un amplio record de desastres en su aplicacin de lo que llama economa clnica, en una obsesin con las metforas mdicas.

El esquema de Sachs (defendido en primera persona en su reciente libro The End of Poverty, prologado por Bono) es totalmente mitolgico e ignora, a pesar de exigir un anlisis concreto de las causas de la pobreza pas a pas, cualquier contexto social y poltico en el que se desarrolla la pobreza. Ni cuestiona el capitalismo como sistema productivo ni plantea remedios a una lgica de acumulacin mundial y divisin del trabajo que desarrolla no la riqueza sino el subdesarrollo, para poder concentrar en pocas manos los excedentes sociales mundiales. A nivel prctico, la lucha por el 0,7% acaba siendo la justificacin para toda una serie de condicionalidades que subordinan el sector pblico a las necesidades de beneficio de las empresas privadas.

Qu esperar de la Cumbre?

Para volver a nuestro punto de partida, mientras que no hay la menor esperanza en que haya otro resultado que la frustracin en lo que se refiere a la reforma de Naciones Unidas, por el contrario, los Objetivos del Milenio puedan dar lugar a un nuevo dogma en polticas de desarrollo que legitime las polticas neoliberales de asistencia selectiva.

Para la izquierda, la tarea prioritaria es recuperar un anlisis propio de la pobreza y de las causas del desarrollo del subdesarrollo, por utilizar la vieja formula de Gunder Frank, a partir del proceso de la acumulacin capitalista global y de su desarrollo desigual y combinado. Solo as podr recuperar la influencia ideolgica en este debate, como la tuvo en los aos 60 y 70, antes de la marea neoliberal. No slo porque ese anlisis es explicativamente mucho ms potente. Sino porque la experiencia prctica de las consecuencias del neoliberalismo en los aos 80 y 90, con sus crisis financieras, econmicas y sociales en Amrica Latina, Asia y los antiguos pases de la orbita sovitica, debera ser un recordatorio de lo que puede pasar si llegan a coincidir y sincronizarse a nivel global.

Y porque en definitiva, el problema de la pobreza responde tambin a cual es la correlacin de fuerzas concretas. Si en los aos 60 y 70 fue posible intuir un cambio de horizonte en la lucha contra la pobreza, que se revirti en los aos 80 y 90 con la ofensiva neoliberal, fue como consecuencia de un ascenso de las luchas sociales y polticas. Esta por ver, y es tarea de todos, que el nuevo ciclo de luchas iniciados a mediados de los 90 con la insurreccin zapatista, las manifestaciones de Seattle y la huelga general de los servicios pblicos en Francia tenga efectos parecidos.






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