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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-05-2015

Contra el abstencionismo: la disputa electoral en Espaa

Arturo Borra
Rebelin


Si bien el sentido de la abstencin cambia segn los contextos histricos, en la situacin espaola actual el llamado a no votar constituye una estrategia poltica cuando menos dudosa. Es cierto que hay momentos en que la importancia del acto electoral puede minimizarse: 1) en una coyuntura en la que una fuerza poltica tiene asegurada la mayora absoluta en las instituciones estatales; 2) en un sistema poltico en el que algunos partidos estn proscriptos; 3) en un sistema poltico dominado por el bipartidismo que plantea continuidades polticas con independencia a quien gobierne, 4) en un contexto donde la derecha no tiene posibilidades de gobernar con mayora absoluta o incluso 5) en un contexto en el que ninguna de las fuerzas polticas encarna una alternativa de cambio real. Podran reconstruirse otras situaciones en las que el sentido del voto ya est predefinido y que, razonablemente, no tiene fuerza disruptiva.

Sin embargo, ninguna de esas coyunturas polticas se plantea en el presente. Por el contrario, en la medida en que el electorado de izquierdas se movilice, la posibilidad de fragmentacin parlamentaria es ms real que nunca. A diferencia de otros perodos electorales, se plantea un ensanchamiento indito de opciones polticas de izquierdas, que erosiona una composicin parlamentaria atravesada por el bipartidismo. Que dicha composicin haya permitido el despliegue de polticas de estado regresivas (como ha ocurrido con el cambio constitucional express para la reduccin del dficit o la reforma del cdigo penal) es un indicio del trasfondo comn que comparten PP y PSOE en asuntos fundamentales, incluso si eso no niega algunas diferencias polticas reales.

Ante esta situacin, el llamado a la abstencin se desentiende de las correlaciones de fuerza entre diferentes partidos polticos en las instituciones estatales y con ello, permite una infra-representacin de fuerzas parlamentarias como IU o Podemos (aun cuando tales fuerzas no necesariamente se ajusten de forma satisfactoria a nuestras expectativas). Para invertir el ngulo: permite la consolidacin de una probable alianza entre partidos como Ciudadanos y Partido Popular.

No es slo que estemos frente a un gobierno nefasto que nos atrapa como moscas en una telaraa poltica que enlaza corrupcin y saqueo, salvataje privado y hundimiento colectivo. No es slo que la mayora automtica del partido de gobierno haya dado va libre a un recetario neoconservador que ha arrasado conquistas histricas tan valiosas como irrenunciables, facilitada por un blindaje jurdico crecientemente dictatorial. Lo especfico de la coyuntura poltica actual es que hay una oportunidad histrica de desestructurar un sistema poltico basado en la lgica de los grandes partidos y reconfigurar las relaciones de poder de una estructura parlamentaria anquilosada.

El recuento de los estragos perpetrados por el partido popular de forma deliberada y coherente en los ltimos aos es extenso: la poltica de recortes en sanidad, educacin, servicios pblicos y prestaciones sociales; la poltica de rescate a la banca privada sin contraprestaciones ligadas a la recuperacin del crdito para familias y PYMES; la poltica de sobre-endeudamiento del estado, a pesar de la tendencia a privatizar empresas pblicas (con el pretexto de reducir gastos y obtener liquidez); la poltica tributaria de amnista a los evasores y de manifiesta regresividad de su estructura (gravando ms las rentas de trabajo que las rentas de capital); la poltica de precarizacin del empleo y consolidacin de mercados laborales asediados por la temporalidad, la pauperizacin de las condiciones de trabajo, la cada salarial, la prdida de derechos laborales, la institucionalizacin de la flexo-explotacin y el mantenimiento de una elevada tasa de desempleo; la poltica de tolerancia ante la economa sumergida, el fraude y los parasos fiscales; la poltica armamentstica expansiva, que sigue comerciando armas con gobiernos que incumplen los derechos humanos ms bsicos; la poltica energtica orientada a la proteccin de los intereses de las grandes corporaciones privadas del sector, en perjuicio del uso de energas renovables y de una reduccin tarifaria generalizada; la poltica jurdica orientada a la conversin de la protesta social en delito y a la consolidacin de un sistema judicial clasista y plagado de prerrogativas; la poltica de represin de la protesta social y la persecucin policial de las ensanchadas categoras de sospechosos (comenzando por inmigrantes en situacin irregular y personas sin techo); la poltica de desahucios que adems de vulnerar el derecho a la vivienda sigue perpetuando una relacin abusiva entre la banca y la ciudadana hipotecada; la poltica cultural orientada a reestablecer una cultura autoritaria, tradicionalista, homofbica y sexista; la poltica de medios marcada por la censura y el control ideolgico, degradando un servicio pblico a mero instrumento propagandstico; la poltica de control de fronteras marcada por la denegacin de derechos humanos fundamentales a los damnificados y por las expulsiones en caliente reconvertidas legalmente en rechazo en frontera; la poltica migratoria que no slo ha restringido el acceso y permanencia legal de personas extranjeras sino que ha forzado la emigracin de cientos de miles de personas (especialmente jvenes profesionales) por falta de oportunidades laborales; la poltica de asilo que, adems de perpetuar las graves restricciones a la concesin real de asilo, vulnera el acceso efectivo al derecho a solicitarlo; la poltica de desfinanciacin de la investigacin pblica y el asedio al sistema pblico de enseanza en vistas a su reconversin en un sistema de reparto jerrquico de cualificaciones profesionales (segn pertenencias de clase), por mencionar algunas.

La enumeracin de estas polticas (claramente identificadas con un horizonte poltico neoconservador) podra ampliarse bajo la forma de anlisis sectoriales. Dista de ser exhaustiva, pero permite dimensionar el alcance de unas decisiones gubernamentales que nos afectan de forma cotidiana. Como instantneas del cinismo oficial no cesan de proliferar: la mentada recuperacin econmica, tras ndices macroeconmicos positivos, apenas disimula el psimo cuadro de una Espaa asediada por la pobreza, la desigualdad, la corrupcin, el desempleo, la precariedad laboral y, en general, la restriccin tendencial de oportunidades econmicas, culturales y polticas.

Para resumir: la vida social ha sido reconfigurada de forma notoria a partir del omnicomprehensivo discurso de la crisis. Mantenerse al margen es ilusorio: en tanto transformacin de nuestras condiciones de existencia, semejantes decisiones nos afectan de forma directa e indirecta, ante todo, como restricciones materiales en el acceso a derechos sociales, econmicos, polticos y culturales que sostienen la posibilidad del bienestar colectivo. Dicho de otro modo: no slo es imposible estar fuera de la telaraa poltica, sino que esa telaraa nos enreda de forma creciente, mediante la asfixia cada vez ms severa de nuestras vidas.

Que estemos intentando crear un afuera (una exterioridad poltica) y persistamos en la construccin de proyectos sociales autnomos, no niega esta premisa: nadie est fuera en una sociedad del control. La desconfianza al estado actual (e incluso a cualquier forma de estado, a la estatalidad como estructura de gubernamentabilidad e institucin poltica central en la modernidad) no es impedimento para que ese estado irrumpa, bajo la forma de polticas gubernamentales concretas, en la vida social en su conjunto. Vincularse de formas diferenciadas con esas polticas, incluyendo la resistencia activa a sus efectos ms perniciosos o el intento de limitar su campo de intervencin, no niega en lo ms mnimo su presencia material en nuestra cotidianeidad. Siempre ya somos objetos de las decisiones y prcticas gubernamentales: pedir que el estado nos deje en paz es, precisamente, la imposibilidad de la poltica actual. Descreamos o no, seamos libertarios, comunistas, feministas, altermundistas, insurreccionalistas, pacifistas o lo que fuere, los efectos de esas polticas son visibles y algunos inclusive irrumpen de forma brutal, bajo la forma nada metafrica de un polica antidisturbios, una citacin judicial o un embargo.

Aunque el sistema poltico vigente suscite dudas legtimas e incluso una distancia irreductible, la abstencin no parece ser una buena estrategia para sacarnos de la telaraa. Como moscas atrapadas, no es posible cortar lo que nos asfixia si no logramos subvertir las decisiones polticas que siguen enredndonos. Si un parlamento con mayora absoluta de la derecha amenaza con profundizar en las polticas precedentes, un parlamento fragmentado permite limitar el alcance de semejantes polticas e incluso revertirlas en cierta medida. Dicho de otra forma: podra producir un movimiento forzado hacia la negociacin poltica que, objetivamente, limita el poder de decisin de estas fuerzas neoconservadoras.

En suma, la exclusin del sistema poltico de partidos y de las instituciones estatales como campos estratgicos de lucha constituye una renuncia poltica que favorece la reproduccin sistmica. Contra la idea de que votar es hacerle el juego al sistema, cabe afirmar que el juego del sistema es que cada vez la ciudadana se implique menos en las prcticas polticas, incluyendo el acto de votar. No es el abstencionismo, en estas condiciones, funcional a ese juego sistmico que consiste en blindarse contra aquellos jugadores que quieren cambiar las reglas de juego (incluyendo la de una ley electoral claramente injusta)? El abstencionismo da va libre a las polticas gubernamentales en curso. Sostener que es indiferente quien gobierne es, sin ms, un acto de ceguera. Facilita que sigan jugando con nosotros.

Si las luchas institucionales constituyen un momento especfico de luchas poltico-sociales ms vastas, no participar en ellas facilita a menudo, de forma involuntaria- que una derecha retrgrada siga extendiendo su telaraa. Queda por averiguar si seremos capaces de desenredarnos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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