Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-09-2015

Sobre la crisis de los refugiados o la vida en peligro

Arturo Borra
Rebelin


La visibilidad meditica ante la realidad de miles de seres humanos que escapan de las guerras y las masacres repetidas en Medio Oriente, nombrada como crisis de refugiados, oculta una regularidad no menos drstica: no slo la realidad de otros millones de desplazados y refugiados, que superan con creces los 50 millones, sino tambin la situacin de precariedad absoluta de gran parte de los que logran arribar a Europa, tras una sociodisea que implica la muerte como riesgo habitual del trnsito. A las ms de 25000 personas que han perecido a lo largo de la ltima dcada y media en el Mediterrneo hay que sumar los millones de migrantes que sobreviven en el viejo continente, en situaciones diversas que es preciso especificar (articulando en la perspectiva de anlisis no slo la procedencia sino tambin la etnia, el gnero, la edad y la clase, entre otras variables). Aunque semejante cartografa de las disporas est en buena medida pendiente, resulta oportuno recordar algunas aristas de esta problemtica de primer orden.

El discurso dominante de la caridad que se multiplica tanto en los medios masivos de comunicacin como en las instancias gubernamentales -yuxtapuesto de forma contradictoria con la presunta amenaza que algunos colectivos de exiliados y migrantes encarnaran- debe ser crticamente analizado, para desmontar las falacias que lo estructuran. Ninguna ola de solidaridad asoma en las polticas europeas. Por el contrario, su respuesta en la ltima dcada no ha sido otra que cerrar los caminos para el acceso a la proteccin internacional e impedir el arribo de estas personas a las fronteras europeas, aun cuando ello ha supuesto una clara vulneracin de sus derechos humanos y de asilo (a menudo tercerizada, esto es, a cargo de pases nada ejemplares en esta materia como Marruecos o Turqua).

La gravedad de semejantes vulneraciones es evidente: no significa nada distinto a mantener a miles de seres humanos en la ms absoluta indefensin. Dicho de otra manera: la Unin Europea ha blindado sus fronteras en la ltima dcada incluso si ello ha supuesto que miles de vidas sigan en peligro y, lo que es peor, perezcan en el intento desesperado de ponerse a salvo. Apenas hace falta insistir: en un contexto como el presente, arribar a Europa permite preservar la vida pero en condiciones que distan radicalmente de ser satisfactorias. La promesa de salvacin naufraga en el mismo momento en que comienza esa otra odisea que es obtener el asilo y restablecer la posibilidad de desarrollar una vida mnimamente aceptable como sujeto econmico, poltico y cultural.

Por lo dems, considerando que en la actualidad ms de 400.000 personas pretenden arribar a las costas europeas para preservar su vida, la acogida todava pendiente de aprobacin- de unos 120000 potenciales refugiados y su redistribucin en Europa no es una muestra de generosidad sino de clculo negociador: tres de cada cuatro personas seguirn abandonadas a su suerte, para terminar probablemente emplazadas -en condiciones pauprrimas- en pases empobrecidos como Turqua, Jordania o Lbano, principales receptores de la catstrofe siria. En particular, para continuar con el caso de Siria, Europa no slo no es principal destino de los cuatro millones de desplazados y posibles refugiados, sino que apenas se dispone a acoger al 3% del total, a pesar de la mitologa blanca que se empecina en representar a Europa como un espacio ejemplar de defensa universalista de los derechos humanos.

La cuestin, sin embargo, no se agota en esta coyuntura dramtica. Es un asunto estructural. La situacin al respecto en Espaa permite ilustrar semejante punto, en particular, la persistencia de una poltica de asilo y de una poltica migratoria que a partir de 2008 no ha cesado de erigir nuevos obstculos para el acceso y permanencia de estos colectivos al territorio nacional, sumados a los que ya le preexistan.

La nomenclatura misma resulta equvoca. Los exiliados no son refugiados sino en la medida en que mediante un proceso jurdico administrativo logran solicitar asilo, se les admite a trmite dicha solicitud y se les concede, en tercer trmino, el estatuto de refugiado de forma efectiva. Las trabas interpuestas para acceder a este procedimiento se han multiplicado, comenzando por la Ley de Seguridad Ciudadana en vigor que, al aceptar como procedimiento legal la devolucin en caliente (reconvertida en rechazo en frontera) impide el acceso efectivo al derecho al asilo de quienes ingresan por las vallas de Ceuta y Melilla. La poltica de asilo de orientacin restrictiva, sin embargo, le precede. Tomando la informacin ms reciente, semejantes limitaciones son evidentes: dentro de la comunidad europea apenas 1 de cada 100 personas solicitan asilo en Espaa. Si ya el nmero de solicitudes de asilo es irrisorio (contabilizando en 2014 apenas 4502), las efectivamente concedidas slo alcanzan las 202 (1). Dicho de otra manera, menos del 5% de los solicitantes accede de forma efectiva a la condicin de refugiado.

La consecuencia de este rechazo generalizado no es otra que el trnsito de las personas a las que se les deniega su solicitud a una situacin administrativa irregular. La conclusin es palmaria: la abrumadora mayora de exiliados no slo no son reconocidos como refugiados sino que pasan a formar parte del ejrcito de personas inmigradas en situacin irregular, diluyndose la condicin poltica de su desplazamiento. En otras palabras: la denegacin del asilo implica que miles de personas sern tratadas como sujetos fuera del derecho o, como suele sostener la derecha meditica, pasarn a formar parte de los sin papeles.

En la ltima dcada, la produccin de una multitud de seres humanos considerados jurdicamente no-ciudadanos no ha cesado de aumentar. Solamente en Espaa, segn algunas estimaciones, al menos 800.000 inmigrantes se encontraran en situacin irregular (de la cual una parte no determinable no son sino exiliados no reconocidos como refugiados). De ello se derivan implicaciones diversas para esta multitud: 1) ser objeto de redadas policiales peridicas, especialmente cuando rasgos fenotpicos diferentes se convierten en atributos raciales sospechosos; 2) ser blanco potencial de esa peculiar forma de secuestro que constituye el confinamiento en los CIE que no slo incumplen las garantas mnimas de sanidad sino que vulneran los derechos humanos (2); 3) quedar excluidos de cobertura sanitaria, educativa, habitacional y asistencial, entre otras, por parte del estado central (incluso si dicha exclusin coexiste con la reasignacin de tarjetas sanitarias a un porcentaje no determinado de inmigrados que han logrado empadronarse en el pas receptor), 4) no poder ejercer el derecho a voto en ningn mbito territorial ni ejercer algunos de sus derechos cvicos, 5) no poder acceder a un empleo en el mercado formal del trabajo, formando parte del grupo de inmigrados empobrecidos que sobreviven mediante el empleo sumergido en sectores marcados por la sobreexplotacin (comenzando por las empleadas de hogar -sector claramente feminizado- y por los peones agrcolas sector claramente masculinizado-) a la que son especialmente vulnerables las personas inmigradas.

Apenas es preciso enfatizar que el discurso de la caridad nada dice al respecto, ni siquiera aquella posicin bienintencionada que plantea la acogida en trminos puramente asistencialistas, como es la provisin de alimentos, vestimenta y alojamiento para los miles de exiliados que, con suerte, lograrn acceder a territorio espaol. Semejante discurso tampoco ahondar en las causas polticas que provocan el xodo forzado de millones de personas, incluyendo aquellas que estn ligadas de forma directa a las intervenciones de los gobiernos occidentales en las zonas donde la guerra se ha convertido en un negocio billonario.

Por lo dems, la poltica de inmigracin espaola no slo ha reforzado los obstculos para el acceso legal al territorio nacional, sino que adems ha virado hacia una poltica de fronteras cada vez ms represiva, por no ahondar en la orientacin asimilacionista que ha impuesto a las medidas implementadas: supresin de fondos de integracin, reduccin de fondos de cooperacin, carencia de polticas de empleo dirigidas especficamente a estos colectivos, falta de estrategias de inclusin en las instituciones pblicas, carencia de planes nacionales de lucha contra el racismo y la xenofobia, entre otras cuestiones. A nivel europeo, el refuerzo presupuestario de FRONTEX es de por s ilustrativo: el objetivo prioritario no es salvar del naufragio a esos miles que se lanzan al mar con una promesa de supervivencia, sino blindar las fronteras europeas.

En suma, la situacin actual provocada por esta dispora desesperada de millones de seres humanos mal puede ser nombrada como crisis de refugiados si Europa no se reconfigura como espacio de acogida -algo que, de mnima, exige ser fuertemente matizado y, de mxima, obliga a repensar las bases actuales de sus polticas de asilo-. Aunque de forma vlida podran distinguirse respuestas gubernamentales diferenciadas ante esta crisis de humanidad, sin un replanteamiento radical de su vnculo con los otros, es la propia promesa de una Europa igualitaria e inclusiva la que amenaza con naufragar.

Notas:

  1. Remito a La situacin de las personas refugiadas en Espaa. Informe 2014, elaborado por CEAR, versin electrnica en http://www.cear.es/wp-content/uploads/2013/05/Informe-CEAR-2014.pdf

  2. Al respecto, puede consultarse Acerca de los Centros de Internamiento de Extranjeros. La poltica del encierro, versin electrnica en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=131848

Blog del autor: http://arturoborra.blogspot.com/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter