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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-11-2015

El "discurso de la sensatez" de Rivera
La perogrullada del sentido comn

Arturo Borra
Rebelin


La impresin es que Podemos no podr. Probablemente, no conseguir los escaos que necesita para formar gobierno. Puede incluso que esa impresin sea una percepcin inducida por la campaa masiva de desinformacin impulsada por los grandes medios. Desde hace tiempo han tomado partido. La toma de partido se inclina, una vez ms, para los que siempre tienen ms probabilidades de ganar, dadas sus posiciones privilegiadas de poder.

Las estrategias gubernamentales y mediticas dominantes han surtido efecto: en unos meses, han intentado pulverizar la imagen de los fundadores de Podemos, basndose prioritariamente en la difamacin pblica, con el objetivo de reinstalar el sofisma de que no hay diferencia sustantiva entre lo nuevo y lo viejo, la casta y lo que se opone a ella. En suma: el propsito no ha sido otro que reforzar el sentido comn que seala que las cosas siempre fueron as y que as seguirn siendo (negando, sin ms, la posibilidad de un cambio estructural). El empeo desmesurado con que han procurado mostrar que fuerzas polticas como Podemos son equivalentes a los partidos tradicionales ya es de por s indicativo del grado de movilizacin de los portavoces del establishment: la autntica cruzada emprendida contra esta fuerza pone en evidencia las prerrogativas que temen perder.

La difamacin ha logrado parcialmente su cometido. Lo sabemos por la variacin en la estimacin de voto. Incluso si la cocina de las estadsticas circulantes estuviera sesgada lo que parece ser el caso-, es innegable que Podemos ha pasado de ser primera fuerza electoral en trminos de intencin directa de voto a ser la cuarta fuerza. En menos de un ao, la maquinaria propagandstica de las elites econmicas, polticas y financieras ha disparado su artillera para desacreditar esta opcin poltica. Slo el aprendizaje acelerado de los lderes de este partido -al que fuerzan circunstancias tan adversas- ha evitado que el desastre sea aun mayor, a pesar de algunos fallos notables (entre otros, la gestin comunicacional del caso Monedero).

Dicho lo cual, resulta clave constatar que las estrategias de difamacin al uso son eficaces en tanto cuentan con la aquiescencia ms o menos tcita- de una mayora social que, movida por el miedo a perder lo (poco) que tiene, se asegura perderlo. La paradoja de esa mayora subalterna es que se identifica con un amo que ya la ha condenado, de forma reiterada, a vivir en riesgo permanente de perderlo todo. La economa poltica del sacrificio hace tiempo ha decidido que su valor poltico como masa de electores- y su valor econmico como masa de consumidores- es puramente instrumental: ser objetos o blancos para nuevas ofrendas alzadas tanto a la Comisin Europea como a los mercados financieros. Dicho en otras palabras: constituyen la masa marginal sobre la que seguirn operando las polticas de recorte, como signo de una voluntad de austeridad que no ha hecho ms que ensanchar las periferias interiores de Europa.

La impresin, entonces, es que la maldita sensatez el himno generalizado al sentido comn, alzado al unsono- hace ir por otros caminos: cambiar alguna figura partidaria para que, polticamente, no haya cambio relevante. Reincidir en lo mismo, entonces, con la cosmtica necesaria: entre otras cuestiones, ahondar en la poltica de austeridad mientras se garantiza la impunidad de los responsables del peor saqueo sistmico de la historia del capitalismo, multiplicar los recortes pblicos en nombre de la eficiencia, consolidar el olvido histrico a las vctimas, preservar los privilegios de la iglesia catlica y de la monarqua, dar va libre al crecimiento de la banca y las grandes corporaciones en nombre de una presunta recuperacin econmica de la que las clases trabajadoras no tienen noticias, seguir desgravando las rentas de propiedad mientras se gravan ms las rentas de trabajo (en un proceso interminable de precarizacin econmico-existencial reafirmada en trminos de competencia), dar carta de ciudadana a la privatera y un revoque de honestidad al negociado de lo pblico gerenciado por el poder econmico concentrado, incrementar el control meditico y ahondar en las marcas de una poltica cultural tradicionalista y autoritaria, reestructurar el sistema sanitario y educativo de forma excluyente, favorecer los grandes capitales y la desregulacin de los mercados laborales, criminalizar a los grupos disidentes y desproteger tanto a las vctimas de violencia de gnero como a diferentes colectivos sociales, incluyendo inmigrantes y refugiados. En suma, no slo garantizar la continuidad de la actual poltica de transferencia de riqueza a las elites dominantes y de empobrecimiento de las clases medias y populares sino, en general, seguir profundizando en un modelo de sociedad radicalmente injusta y desigual.

La cuestin rebasa una dimensin econmica. Semejante ofensiva neoconservadora slo es posible, al menos en cierta medida, por las dificultades para articular resistencias organizadas y sistemticas por parte de los colectivos damnificados. Ninguna de estas polticas podra prosperar de forma efectiva en un contexto social radicalmente antagnico. Si el gobierno ha tenido que rectificar en ocasiones especficas, ha sido ante todo por presiones externas, producto de una movilizacin ciudadana fragmentaria pero relevante, as como de la irrupcin de fuerzas partidarias como Podemos, que han reinstalado en la agenda pblica cuestiones tan bsicas y centrales como la deuda externa, la renta mnima universal, el acceso igualitario a los servicios pblicos o el derecho a la vivienda.

Doble apunte entonces: por un lado, la estimacin de voto actual sigue liderada por el bipartidismo; por otro lado, a pesar de una cierta erosin de la alternancia bipartidista, partidos como Ciudadanos operan como bisagras o recambios que no pueden ms que bloquear un cambio ideolgico significativo con respecto a lo que llama la vieja poltica. La lectura no es entonces de mera continuidad o simple ruptura, sino de coexistencia entre lo dominante y lo emergente: si bien algunos partidos (comenzando por Podemos) han irrumpido como fuerzas desniveladoras o disruptivas, el movimiento de restauracin conservadora parece estar ganando el pulso. La propensin (neo)conservadora del sentido comn (como inconsciente de la ideologa dominante al decir de Stuart Hall) inclina la balanza hacia la continuidad. De ah que los discursos hegemnicos no han hecho sino acentuar como incuestionable ese sentido comn que custodia de forma implcita el establishment y reproduce de forma irreflexiva desigualdades sociales ya consolidadas.

El presunto centrismo de Rivera juega, en este contexto, con cartas marcadas: en su juego no baraja, entre otras cuestiones claves, promover una poltica de la memoria histrica, revisar las exenciones fiscales al clero, modificar las exclusiones de personas en situacin irregular del sistema sanitario implantadas por el PP, transformar el carcter regresivo del sistema tributario, auditar la deuda pblica, reimpulsar la educacin pblica para facilitar su acceso igualitario, derogar la ley de seguridad ciudadana en su conjunto o la reforma laboral en un sentido progresivo, desarrollar polticas econmicas que activen la inversin pblica y polticas crediticias que favorezcan la creacin de empleo de calidad por parte de las Pymes o activar polticas sociales que permitan una mejor redistribucin de la riqueza y permitan revertir de forma decidida la escandalosa escalada de pobreza de la ltima dcada a nivel nacional.

Dicho de otra manera: el centrismo de Rivera plantea una estrategia de silencio ante aquellos asuntos fundamentales que hacen no tanto a la recuperacin de una presunta salud perdida, sino ms bien al desarrollo de otra fisonoma poltica y social, ligada a un proyecto si no socialista s al menos popular. Una estrategia del silencio no significa, sin ms, que se desconozca esas problemticas o no se haga ninguna referencia al respecto. Refiere ms bien a la opcin deliberada de mantenerse en un guin tan genrico como esquemtico, ligado al cambio tranquilo, esto es, a la continuidad poltico-ideolgica que evite cualquier alarma en la gran burguesa econmico-financiera. En este ejercicio de equilibrio retrico, se trata de pasar por los problemas decisivos de puntillas, sin ms argumentacin que un puado de tpicos que tengan a la vez mxima resonancia social y reduzcan al mnimo cualquier referencia a puntos sensibles del electorado. Su estrategia es as bsicamente elusiva: ninguna sorpresa que asuste a votantes vidos de conservar algunos privilegios que desde hace tiempo ya han perdido o que reviva heridas o traumas de un pasado nunca ms activo. El recuerdo mtico de una calidad de vida pretrita impide pensar las actuales condiciones de existencia de franjas sociales cada vez ms amplias, en una descontrolada fbrica de riesgos (de exclusin social).

En este sentido, el discurso de la sensatez de Ciudadanos hace trampa: parte del giro hegemnico hacia la derecha. En una escena poltica derechizada, estar al centro significa que la posibilidad misma de plantear una sociedad diferente queda conjurada. Se trata de eludir los fantasmas que sobrevuelan el presente que bien podra traer a la memoria de los vivos la gnesis de la actual fractura social: no slo una dictadura impune sino una transicin que ha obstruido tanto una poltica de justicia con respecto al genocidio producido por el franquismo como la posibilidad de que su botn de guerra sea recuperado en trminos de una distribucin ms justa de la riqueza. Que en el ltimo perodo se haya triplicado la pobreza y duplicado la casta de multimillonarios es indicio de este psimo legado que el sentido comn quiere eludir; a saber, que no es posible construir un porvenir de la democracia sin la apertura de los archivos que sostienen lo presente. Archivos no slo desarchivados: aquellos que no existen ms que en el soporte inatestiguado de las cunetas.

El sentido comn como cristalizacin irreflexiva de la ideologa dominante- arrastra sus sedimentos: ante todo, que sea quien sea el que gobierne, no ponga bajo debate los principios constituyentes del actual estado espaol, como garante de la economa de mercado (y el pago de la deuda soberana), de la continuidad del tradicionalismo cultural (y la hegemona del nacional-catolicismo) y la reproduccin de ciertos imperativos sistmicos (especialmente, la construccin de un orden social planteado como ineludible, incluso si se admiten mejoras posibles).

La apelacin retrica al sentido comn es la perogrullada del centrismo: dar por legtimo aquello que hay que legitimar, esto es, la posibilidad misma de integrar izquierda y derecha sin incurrir en incompatibilidades (ideo)lgicas y polticas. As por ejemplo, cmo garantizar la atencin sanitaria bsica para inmigrantes en situacin irregular sin vulnerar los DDHH? cmo proteger a los ms desfavorecidos promoviendo la desregulacin econmica? cmo abogar por la reforma institucional y la renovacin de los partidos a la vez que se promueven alianzas polticas con aquellos que las impiden? cmo favorecer el cambio a la vez que se recurre al ms comn de los conservadurismos, que es aquel que elude las herencias ligadas al franquismo, el catolicismo o la monarqua? La respuesta la podemos inferir: las dos formas posibles de integrar propuestas antagnicas es i) apelando a un eclecticismo indiferente a la contradiccin o bien ii) negociando con grupos polticos adversarios -situados en diferentes posiciones del arco poltico- una postura intermedia entre todas las planteadas.

El problema es que la negociacin poltica de Ciudadanos con la izquierda es poco menos que nula. La interlocucin que le reconoce se limita al PSOE que, en las actuales condiciones, dista de encarnar de forma creble una alternativa propiamente de izquierdas. Por tanto, la opcin centrista de Ciudadanos no puede ser ms que producto del eclecticismo. El centro as concebido no es nada diferente a la apropiacin de medidas de derecha e izquierda, segn su grado de aceptacin social. Ahora bien, atender demandas mltiples incompatibles entre s, tarde o temprano, obliga a tomar partido. Y la toma de partido de Ciudadanos es inequvoca: la defensa de los intereses corporativos de las multinacionales y la banca privada. Ciudadanos saluda con la mano izquierda y golpea con la derecha.

En sntesis, del mismo modo en que el sentido comn naturaliza el orden existente -en tanto ha interiorizado lo habitual como normal-, el centrismo de Ciudadanos est escorado hacia la derecha. Constituye una coartada ideolgica que encubre su clara toma de partido para que todo siga igual. La sensatez del discurso de Rivera no puede significar nada distinto que la renuncia deliberada a cuestionar el rgimen de prerrogativas de los grandes grupos econmicos. Todo lo que pueda haber de controvertido en una apuesta poltica de izquierda queda abolido. Su pragmatismo ideolgico consiste ante todo en reafirmar un sentido comn que no quiere saber nada de transformaciones sociales de raz.

Dicho lo cual, resulta claro que uno de los desafos fundamentales de la izquierda no puede ser otro que sacar del guin de hierro a los portavoces de Ciudadanos. Slo un desnivelamiento crtico de esas propuestas de sentido comn podra desarmar su estrategia electoral y producir un giro poltico posible e incierto. De esa operacin depende que nuestras impresiones ms o menos inducidas y probables no se hagan realidad. La apuesta por lo improbable siempre ha sido la apuesta de quienes no se contentan con sobrevivir en un mundo social escombrado.

Blog del autor: http://arturoborra.blogspot.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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