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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-10-2005

Tcticas y prcticas en los movimientos sociales

Pedro Casas
Rebelin


El llamado movimiento anti-globalizacin ha generado un nuevo optimismo social entre los activistas que, desde diferentes atalayas, pretenden transformar este mundo en una perspectiva ms o menos anticapitalista. Las movilizaciones contra los principales organismos del poder capitalista internacional, junto a las celebraciones de Foros Sociales Mundiales, continentales o regionales, han trascendido el marco de los propios actos, creando una cierta conciencia planetaria idealista de que Otro mundo es posible.

Estos acontecimientos de los ltimos aos, con la repercusin meditica que han tenido, han hecho resurgir un cierto optimismo e impulsado y revitalizado movimientos que se encontraban languideciendo o hibernando, fomentando tambin la creacin de otro nuevos, recordando, en cierto modo (y por supuesto salvando las distancias), a aquel impulso que produjo el mayo del 68 y otros movimientos culturales de la poca.

Pero este leve optimismo se produce en un momento de enorme debilidad organizativa e ideolgica del movimiento anticapitalista mundial, que, con la cada del muro de Berln, mostr la magnitud de sus carencias. Y en esta situacin el idealismo y ciertas corrientes humanitaristas son claramente insuficientes para dotar de estrategias y organizacin a un movimiento que no se puede limitar a criticar a los poderosos, sino que debe aspirar a eliminar las condiciones de explotacin y miseria que sufre la mayor parte de la humanidad.

Las movilizaciones ocurridas en la ltima dcada, de gran importancia y trascendencia internacional, no estn teniendo la efectividad o los resultados que cabra esperar en cuanto al avance de las posiciones transformadoras. Qu est ocurriendo para que todo ese caudal social no se est convirtiendo en energa transformadora y poltica, que suponga un avance en las posiciones de la transformacin social?

Voy a analizar en estas lneas los defectos que contemplo en la prctica de no pocos movimientos, grandes o pequeos, que corren el riesgo de convertir su actividad en menos que una prctica testimonial, que a duras penas siquiera sirven para tranquilizar las conciencias bien-pensantes o super-revolucionarias de sus lderes, convirtiendo su actividad tan estril o ms que muchas de las mal llamadas ONGs en las que se refugian muchos para lavar sus conciencias.

Como creo que cualquier anlisis, sobre todo si es crtico, debe intentar plantear alternativas, eso es lo que voy a intentar al referirme a ciertos errores de concepcin o planteamiento que veo demasiado arraigados en muchos dirigentes sociales (y polticos, claro).

Frente a la desilusin, el desinters y la rutina, conviccin en los objetivos.-

Por desgracia hay muchos dirigentes que ya no creen en los objetivos que dice representar su organizacin. Nadie est exento de pasar por bajones anmicos, incertidumbres en la lucha (que suele ser ms larga de lo que inicialmente se pensaba), pero que en lugar de tomarse un respiro, unas merecidas vacaciones, se empean en seguir pilotando un barco en cuyo rumbo ya no creen, impidiendo de esta manera el necesario relevo por personas con motivacin renovada, y que debera convertirse en algo habitual. Es muy tpico escuchar a estos dirigentes-tapones quejarse de falta de relevo, pero cuando aparece alguien siempre tiene un defecto gordo, patrimonializando de esta manera organizaciones que deben estar alimentadas de criterios democrticos y participativos.

Otra muestra de esa desgana en los objetivos es la convocatoria de actos, manifestaciones, etc, recordando fechas, como quien rinde culto al santoral, pero sin capacidad de renovacin, de actualizacin de los objetivos de la lucha histrica. Es lo que les pasa a los sindicatos mayoritarios, cuyas manifestaciones del 1 de mayo van perdiendo cada vez ms su carcter reivindicativo, convirtindose en marchas sociales que sirven de encuentro anual a viejos dirigentes desencantados que, sin embargo, mantienen como compromiso el cumplimiento de ese rito peridico.

Cuntos dirigentes sindicales no hay que traicionan a sus compaeros trabajadores firmando acuerdos vergonzantes, despidos colectivos, mucho antes de haber intentado acuerdos mejores o radicales, por haber renunciado muchos aos antes a defender hasta el final los intereses de sus compaeros. Cuntos dirigentes vecinales no hay tambin que ya no convocan siquiera a sus asociados porque no esperan conseguir otra cosa que no sean las migajas del poder. Desde luego que estas actitudes suelen coincidir con otras expresiones de compadreo con el poder, de prebendas (econmicas o de status social) etc, que me limito a sealar en este artculo.

Es imposible crear un movimiento potente sin una tremenda conviccin en lo que se pretende conseguir. Es la diferencia entre los grandes dirigentes histricos y los de pacotilla.

Los llamados partidos de izquierda, quieren transformar algo? El qu realmente? Tienen un objetivo ms all de gestionar la actualidad que ofrecen los medios de comunicacin? Y los partidos ms a la izquierda todava, creen realmente en sus objetivos? Confan en sus fuerzas ms all de dedicarse a echar las culpas de todo a los dems?

Frente a la desconfianza generalizada hacia la gente, renovar la confianza en el pueblo, en nuestros seguidores,.-

La gente ya no se mueve por nada es la frase mgica que casi todo lo justifica. No es ms que el reverso de una moneda cuyo anverso es la falta de conviccin en las propias ideas comentada anteriormente. Mucha dejacin de objetivos se justifica en la supuesta escasa o nula capacidad de lucha de la gente, pero mucho antes siquiera de haberlo intentado. Yo siempre me he preguntado qu hacen ciertas personas ocupando puestos de direccin en movimientos sociales cuando afirman sin tapujos que la gente es pasota, no quiere moverse o frases por el estilo. En el fondo, esta desconfianza esconde, bien una falta de conviccin o inters por alcanzar ciertos objetivos que para uno mismo ya no son relevantes, o bien una vagancia tremenda, una renuncia total a dedicar el tiempo y las energas que requiere la preparacin de una movilizacin en condiciones.

Es verdad que el desarrollo del capitalismo y sus poderosos medios de comunicacin y alienacin basados en el individualismo explotador dificultan cada vez ms las posibilidades de organizacin y movilizacin en torno a propuestas emancipatorias, basadas en la solidaridad. Pero no es menos verdad que este desarrollo salvaje del capitalismo, sobre todo tras la cada del muro de Berln, agrava los problemas, no slo de las 2/3 partes de la humanidad, en los pases dependientes, sino tambin de capas cada vez ms extensas de poblacin de los pases dominantes, creando las condiciones objetivas de la movilizacin. Lo que est en un nivel muy bajo de desarrollo son las condiciones subjetivas, en parte por los poderosos medios de que dispone la maquinaria de propaganda del sistema, y en parte tambin porque los movimientos transformadores no aprovechan los escasos recursos que la sociedad llamada democrtica brinda para hacer una contra-propaganda. Creo que en el franquismo, con unas restricciones totales para propagacin de ideas contrarias al rgimen, haba mucha ms actividad de informacin, de comunicacin y elaboracin ideolgica que ahora. Se luchaba por la libertad, entre otras cosas para no tener restricciones en esta tarea, y ahora que estas restricciones son mucho menores (las de tipo econmico siguen igual o peor), es cuando no las aprovechamos. E incluso ltimamente nos sentimos satisfechos con hacer envos masivos de correos electrnicos de manera annima, sin preocuparnos de crear tejido o red con capacidad de movilizacin.

Otros se quejan de que siempre somos los mismos, lo que slo en parte es cierto. Hay cierto tipo de movilizaciones convocados siempre por los mismos, de la misma mala forma habitual, a las que slo va la misma vanguardia enterada del asunto. Pero estas vanguardias encerradas en su propio crculo no conoce que hay actualmente un importante nivel reivindicativo, con una gran variedad de protagonistas segn los temas. Y si uno se sale un poco del entorno estrecho en el que nos solemos mover, podr apreciar que hay montones de personas y colectivos nuevos y que estn en una corriente social compatible con la suya. Las grandes transformaciones se hacen gracias a la movilizacin de inmensas minoras concienciadas que son capaces de arrastrar a otros menos concienciados.

En toda poca histrica y lugar fue muy complicado movilizar a los sujetos protagonistas de los cambios. En cada momento son unos u otros los factores que dificultan la llegada del mensaje, las trabas ideolgicas, materiales, etc. que se interponen. Pero si llegamos al convencimiento de que no hay nada que hacer en los pases desarrollados, que la persona-ciudadano ha dejado paso al consumidor-objeto, en ese caso resulta una prdida de tiempo pensar en cambiar las cosas, pues sin las personas, el cambio es imposible. Una cosa es pensar que las grandes transformaciones mundiales vayan a tener su motor en occidente, lo que no parece probable, y otra muy diferente es que no se puedan agudizar, mediante la movilizacin, las contradicciones del sistema, debilitando de esta manera los ncleos del poder mundial.

Son muchas las razones por las cuales la gente (gente somos todos y todas) no participa de movilizaciones. Continuamente se convocan movilizaciones, por causas tan nobles como las que defendemos nosotros, y en las que no participamos por mil razones. Por qu no acudimos a muchas movilizaciones? Muchas veces porque no nos enteramos; otras porque tenemos compromisos previos; a veces porque el objetivo propuesto nos parece inalcanzable; otras porque no conocemos suficientemente a los que convocan, y las personas valoramos tanto el dnde vamos como el con quin. Nos hemos parado suficientemente a analizar estas circunstancias respecto a nuestras convocatorias?.

Ponindolo en positivo, para que una movilizacin tenga posibilidades de xito tiene que reunir, al menos, las siguientes circunstancias: Que el problema a reivindicar sea conocido, sentido y sufrido; que haya esperanza en que pueda ser superado, solucionado; que la accin propuesta sea proporcional a la envergadura y urgencia del problema (unas veces se requieren acciones tranquilas, y en otras slo tienen sentido las radicales); que la convocatoria sea bien conocida por los potenciales participantes, buscando tambin el momento ms adecuado; y que haya confianza hacia las personas y colectivos convocantes, o al menos sea superior que los posibles recelos, desconfianzas o desconocimientos. No olvidemos que en el mundo de la accin poltica y social, no siempre existe la presuncin de inocencia, sino todo lo contrario; hay muchos lderes que lo nico que buscan es el medro personal, cuando no el lucro econmico, y eso es aprovechado por el enemigo para desprestigiar a los lderes y colectivos populares. Si no somos de stos, nos tocar demostrarlo pacientemente, y de esta manera obtendremos confianza.

Frente a la improvisacin y desgana, preparacin meticulosa de las acciones en todas sus fases.-

Analizando ms despacio los anteriores criterios que considero necesarios, pero no siempre suficientes, si queremos de verdad que una accin salga bien y cumpla con los objetivos propuestos, hay que prepararla muy bien. Si sabemos que hay una tendencia fomentada por esta sociedad hacia la desmovilizacin, cmo podemos pretender que con una simple cartelada por el centro de la ciudad se vaya a enterar de la convocatoria todo el mundo, mxime cuando los potenciales participantes viven y trabajan mayoritariamente en los barrios perifricos?. En circunstancias especiales una movilizacin se puede preparar de un da para otro; incluso, si se deja pasar la oportunidad especial, la condenamos al fracaso. Pero en circunstancias normales lleva tiempo el poder comunicar a la poblacin la problemtica que se pretende abordar, la finalidad perseguida, la confianza en que los objetivos se pueden alcanzar, etc.

Pero no slo es importante saber arrancar bien. Normalmente una lucha suele ser larga; el poder sabe esperar a que pase la noticia, y sabe bien que la gente se desanima fcil. Las luchas deben ir de menos a ms, y para ello hay que planificar las fases. Si en la primera movida hemos quemado toda la plvora, no sabremos cmo seguir y cundir el desnimo, del que seremos nosotros los primeros responsables por improvisacin. Siempre que empecemos debemos saber guardarnos cartuchos en la manga, con capacidad de sorprender al enemigo y a la propia opinin pblica, lo que adems ser un aliciente estimulador para los propios participantes. Creo que el caso de la movilizacin de SINTEL es paradigmtica, por la constancia y variedad de medios que desplegaron, pues aunque lo ms conocido fue la acampada de 6 meses en la Castellana, anteriormente haban hecho multitud de movilizaciones como manifestaciones en vehculos por el centro de la ciudad, broncas en juntas de accionistas, etc. Cuando el poder se dio cuenta de que no poda doblegarlos es cuando se puso a negociar. Los trabajadores de SINTEL son personas tan normales como los de cualquier otra empresa o barrio popular. Pero si se han convertido en una referencia moderna es por su constancia, su conviccin en los objetivos, su planificacin de las movilizaciones, su nimo renovado, etc.

Basta analizar un poquito la cantidad de frustrantes movilizaciones que se convocan peridicamente para darse cuenta de las carencias organizativas que arrastran. Si no hay condiciones organizativas o materiales para realizar con xito una movilizacin, es mejor no convocarla. De la misma manera que el movimiento obrero sabe que no se puede convocar una huelga sin tener condiciones ciertas de xito, pues lo contrario sera poner en bandeja al patrn las cabezas de los lderes y acabar con el movimiento, tampoco se puede convocar una manifestacin sin unas garantas de xito, pues desprestigia y desmoviliza al movimiento. Hay que hacer dao, no el ridculo.

Contra el sectarismo imperante, trabajar por la unidad y luchar pacientemente por la hegemona desarrollando iniciativas y creando alianzas, no excluyendo.-

En el marco de los movimientos sociales hay lderes con desmesurado afn de protagonismo, que suean quizs con ser el Lenin espaol; y estn ms preocupados por la pureza de las consignas que de sumar apoyos a las movilizaciones. No estamos en momento pre-revolucionario, al menos en nuestro pas, y por ello no es el momento de determinar el carcter final de todos los objetivos y consignas que se pretenden. Los movimientos sociales estn cruzados por muy diversas ideologas, intereses de clase, de grupo y hasta personales. El arte de dirigir consiste en discernir, de entre estas contradicciones, los comunes intereses que permiten amplias alianzas frente al enemigo comn.

No existe una receta para toda circunstancia, pero s criterios de actuacin.

Hay que distinguir en cada momento cul es la contradiccin principal y cules son las secundarias. Si dejamos que stas se coloquen en primer plano, nunca avanzaremos. La movilizacin es un buen criterio de realidad frente a las discusiones estriles de despacho, de asambleas interminables e intiles. En la calle cada cual se retrata, cada persona y colectivo da la medida de su capacidad, de su voluntad, de sus posibilidades. Hay que dejar muchas veces que sea la lucha la que coloque a cada uno en su sitio; pretender lo contrario es muchas veces ineficaz, pues evita el avance real en la concienciacin, no slo de los dirigentes, sino del conjunto de trabajadores y ciudadanos.

Muchas de las contradicciones secundarias se disuelven parcial o totalmente en el transcurso de la lucha, de las movilizaciones, pues en la accin, las diversas capas populares tienen oportunidad de conocerse mejor, aumentar su confianza mutua y en definitiva sellar alianzas ms poderosas frente al comn enemigo, el sistema capitalista. Luchar por mantener el puesto de trabajo, por un mejor sueldo, por un equipamiento pblico en un barrio, por la igualdad de gnero, o contra la ocupacin de un pueblo, no son luchas estrictamente por la superacin del capitalismo, pero sin lugar a dudas que contribuyen a dicho fin. Y en ellas pueden, o mejor dicho, deben participar grupos, colectivos y personas que no tienen por qu tener en su horizonte implcito o explcito dicho fin. E incluso algunos lo rechazarn de manera explcita. Pero el inters en los avances sociales, y la indudable contribucin que representan para el fin ms a largo plazo, hace inexcusable la necesidad de conseguir amplias alianzas que son las que permitirn tener xito en la movilizacin.

Pero para ello es necesario erradicar el sectarismo, la prepotencia, las mentes iluminadas, el conmigo o contra m, que desgraciadamente tambin practican muchos nefastos lderes de la izquierda social. Y no estoy tratando aqu de establecer una cierta tica pseudo-religiosa, sino de establecer criterios que a mi modo de ver son necesarios para dotar de utilidad y eficacia a nuestra lucha. Ya est bien de despilfarrar recursos, de dar un paso adelante y dos atrs, de destruir lo que ha costado aos crear. Quiz algunos de esos anti-dirigentes estn confortablemente instalados en sus paranoias, en sus chiringuitos, en su aceptable nivel de vida, pero la lucha social no es para mayor gloria de uno mismo, sino para crear las condiciones que permitan una vida digna a la poblacin que habitamos este planeta, en particular la que est explotada y la que muere a diario de hambre o de enfermedades que tienen remedio. Por ello son necesarios cambios estructurales profundos, y para ello tenemos que crear un vasto movimiento y organizacin, que ir consiguiendo en su lucha mejoras sustanciales en sus condiciones de vida.

Tejer redes alternativas y estables, generar confianza, actuar con generosidad, resulta imprescindible para que el movimiento avance en su conjunto y abandone la permanente confrontacin que le tiene paralizado; realmente uno duda de que tanto navajazo sea producto slo de la torpeza de algunos dirigentes.

Pasar de la queja a la exigencia y la imposicin.- VER ESTE APARTADO

La transicin espaola coopt muchos dirigentes polticos y sociales de la lucha antifranquista, que en los aos 60 y 70 lideraron importantes movilizaciones. En aquellos aos haba una gran resolucin en el movimiento obrero y ciudadano, los principales de la poca, por no parar hasta conseguir acabar con el rgimen fascista.

Todava no hemos alcanzado aquel nivel de organizacin y movilizacin, a pesar de que ahora hay menos impedimentos polticos. Esto es por varias razones: Muchos de aquellos dirigentes que afirmaban que la lucha por la democracia era una fase en la lucha por el socialismo, se quedaron en la primera fase renegando de la segunda. Salvo en una pequea isla, el socialismo conocido histricamente se derrumb en 1989, sentenciando el desprestigio que la propaganda capitalista haba ido sembrando durante sus 70 aos de existencia. Esto ha desmovilizado a las clases y grupos interesados en superar el capitalismo, al perder la perspectiva ideolgica que sustentaba su lucha. Posiblemente tengan que pasar dcadas hasta que se reconstruya una ideologa, que, partiendo de los cimientos de ideologas pasadas, se renueve a la luz de las experiencias histricas vividas.

Esta incertidumbre en la perspectiva del futuro emancipador, ese quin gestionar el no famoso del referndum de la OTAN, es lo que debilita tambin la radicalidad de las reivindicaciones. Nos hemos instalado, y no slo la poblacin en general, en la cultura de la queja, frente a la cultura de la exigencia. Criticamos lo que se hace (o no se hace) con nuestros dineros pblicos; nos lamentamos de los abusos del patrn, etc, pero no nos damos cuenta de que est en nuestra mano el que esas cosas no ocurran. Parece que hemos perdido la osada, instalndonos en una especie de fatalismo. Y buena parte de la responsabilidad corresponde a esas movilizaciones fracasadas de antemano, que no cumplen ningn objetivo ms all de la satisfaccin personal de los convocantes. Si la movilizacin no sirve para nada, para qu perder el tiempo, piensan con pragmatismo (y auto-justificacin tambin) muchas personas que no acuden a las convocatorias. Por eso, como comentaba ms arriba, existe una tremenda responsabilidad en los dirigentes para dotar a las movilizaciones de las mayores garantas de xito. Un triunfo, lo mismo que una derrota, finalmente es de todos. En Carabanchel Alto (barrio de Madrid), donde los vecinos consiguieron con su lucha un parque, un centro cultural, un centro de mayores, que llegara el metro, la paralizacin de ampliacin de carreteras como M-40 y M-45, etc., ocurri tambin que los vecinos, de manera espontnea, echaran a gorrazos a los responsables municipales cuando pretendan instalar un centro de recogida de residuos en medio de su parque. Ambos procesos van unidos de la mano, y, en esas condiciones, de la queja se pasa a la exigencia.

Conocer la fuerza y maldad del enemigo no es suficiente: Hay que conocer tambin sus debilidades y nuestras capacidades, para poder triunfar.-

Otro de los fenmenos de nuestro tiempo es la escasez de analistas que sean capaces de mostrarnos, no slo la maldad y poder del enemigo, sino tambin sus contradicciones, sus debilidades, para poder derrotarlo. Es necesario que haya intelectuales (ms y mejores) que nos ayuden a conocer mejor la naturaleza y maldad del capitalismo; pero este anlisis debe ir acompaado de otro que nos muestre las contradicciones y puntos dbiles de la estructura que queremos superar, y la manera de hacerlo. Dedicarse slo a magnificar al enemigo, a crear un discurso catastrofista, no slo es insuficiente, sino que adems es contraproducente, pues en vez de movilizar lo que hace es cohibir, atemorizar. Si tan malo es, cmo vamos a poder derrotarlo?. Un buen dirigente es quien, adems de denunciar el carcter negativo del capitalismo, nos ensea el camino y los medios para su superacin.

Hay que conocer la fuerza del enemigo, la naturaleza de la misma, y las consecuencias que esta tiene entre la poblacin, no slo en sus condiciones de vida, sino tambin en su alienacin. Pero al mismo tiempo debemos estudiar muy bien sus debilidades, que las tiene y muchas. El funcionamiento del capitalismo est basado en los intereses egostas y meramente econmicos de las personas y grupos econmicos, y que satisface las necesidades tan slo una minora de la poblacin, como Katrina se ha encargado de mostrar al mundo entero. En s mismo es un sistema insostenible, que requiere enormes recursos para su mantenimiento. Entre estos ingentes recursos figuran los poderosos medios de comunicacin y propaganda, los cuerpos represivos a nivel nacional e internacional, la explotacin de personas y recursos a escala planetaria. Y a pesar de todos estos recursos, puede venirse abajo en cualquier momento, como se demostr en 1929, o hace pocos aos en Argentina. Por eso debemos estar preparados, pues el hundimiento del capitalismo puede producirse en cualquier momento.

Y tambin debemos conocer bien nuestras limitaciones, nuestras contradicciones, nuestras mezquindades; pero tan importante o ms que eso es conocer adems nuestras capacidades, que son ms de las que pensamos. Es muy grande el desconocimiento que tenemos de nuestras fuerzas, tan acojonados como estamos de la fuerza del enemigo, al que magnificamos innecesariamente. Pero el enemigo nos teme, y por algo ser. Nos teme porque somos muchos los perjudicados por sus intereses. Nos teme porque el pueblo, con democracia o si ella, es la fuente de todo poder, y as se ha demostrado en las crisis polticas pasadas y recientes. Tiene miedo del desorden poltico que podemos ocasionar con nuestra desobediencia. De que sus fuerzas represoras en un momento determinado se vuelvan contra ellos, pues del pueblo salen y en un momento determinado pueden sentir la lealtad a su origen, la coincidencia de intereses frente a los poderosos.

El poder desconfa cuando el pueblo se une, se relaciona, se junta en fiestas, cuando se re colectivamente, como puede comprobarse en el recelo que tiene a unos carnavales cuando son algo ms que un desfile controlado. Y desconfa ms cuando el pueblo tiene orgullo de serlo, cuando tiene convicciones, cuando no repara en sacrificios hasta conseguir lo que considera un derecho colectivo. El poder tiene miedo cuando el enfrentamiento con el pueblo tiene lugar en el terreno y con los medios que le son propios a ste, la rebelin democrtica (en sentido amplio, claro) y popular. Hay terrenos y modos de lucha que son movilizadores, y otros que tienen un efecto contraproducente, por inhibidores, desmovilizadores, que retraen de participar a los trabajadores y vecinos.

Los dirigentes y los movimientos sociales no deben ser la retaguardia calculadora, sino la locomotora de las transformaciones con su iniciativa y lucha.-

En este lento pero imparable proceso de institucionalizacin democrtica en que estamos inmersos desde la transicin, cada vez conozco ms afiliados de organizaciones transformadoras que en realidad son ms conservadores que la media social. Pero no slo afiliados, sino muchos dirigentes que el da que vean de lejos avanzar la revolucin se metern asustados debajo de la mesa. El mercadeo electoral, junto al miedo que provocan los poderosos medios de comunicacin en manos de las multinacionales, ha generado una casta de dirigentes cobardes, timoratos, que al final colocan a las organizaciones que dirigen en la retaguardia social, en lugar de la vanguardia. A qu se tiene miedo?. A que retiren la subvencin?. A que le muevan a uno la silla al primer error?. Se piensa que es ms cmodo no asumir riesgos, y que el inmovilismo mantiene votos. No hay nada ms falso, y basta con echar un vistazo a la composicin poltica de las diferentes comunidades autnomas para ver que aquellas que son capaces de generar ms iniciativa, como Euskadi y Catalua, son las que ms vitalidad electoral y riqueza de partidos mantienen.

Pero aunque los movimientos sociales no se presenten a las elecciones, parece como si vivieran bajo su sndrome, bien por la cierta influencia que puedan ejercer los partidos, bien porque piensan que una poltica de peloteo y adulacin al poder les traer ms ventajas. Pero con esa actitud anulan o debilitan toda su capacidad transformadora.

El que tiene conciencia de dirigente, y quiere serlo, tiene que ponerse delante. No puede estar todo el da quejndose de que hay que empujar a la gente, porque esa es su funcin. El que hace de locomotora debe mirar hacia adelante, abrir caminos, disear nuevas estrategias, trabajar por el cambio emancipador, en vez de ponerse a la cola del tren por miedo a la equivocacin o al castigo; hacia atrs slo hay que mirar de vez en cuando para asegurarse de que ningn vagn se suelte del tren, ya que a la estacin debe llegar el tren completo. Cuando alguien se descuelga o rezaga debe analizarse si la velocidad es la adecuada, y peridicamente hay que reagrupar las fuerzas. Es claro tambin que a veces no hay ms remedio que soltar lastre para seguir avanzando, pero con mucha cabeza, pues podemos caer fcilmente en el sectarismo; una cosa es dar un paso atrs para dar luego dos hacia delante, y otra muy diferente invertir los trminos, es decir, caminar como los cangrejos.

Informar, concienciar y organizar para vencer.-

Todos somos conscientes de las dificultades que entraa intentar movilizar a unos ciudadanos poco concienciados, en gran parte alienados por la constante y agresiva oferta consumista de los pases ms ricos. Pero se ven pocos activistas repartiendo folletos en la calle, en los buzones, saliendo con megfono por las calles u otros medios de hacer llegar mensajes diferentes a la poblacin. No se hace porque requiere mucho esfuerzo; pero si no estamos dispuestos a hacerlo, el fracaso de nuestras iniciativas est garantizado.

Los partidos ya no organizan actos informativos fuera de las campaas electorales. El PCE slo aparece en medios de comunicacin para anunciar su fiesta, pero no anuncia la necesidad de la emancipacin, del comunismo. Los sindicatos abandonan progresivamente las organizaciones de empresa, pues sus dirigentes liberados cada vez pasan menos tiempo con sus compaeros, y ms en las sedes, entretenidos en el despacheo interno.

Quien aspire a transformar esta sociedad debe afrontar en profundidad esta tarea informativa y concienciadora, con especial atencin a los ms jvenes. Y junto a esta tarea est otra, no menos importante, que es organizar a los activistas y preparar a los dirigentes de hoy y de maana, lo que se llamaba antiguamente el proselitismo. Desconozco si ya se ha inventado una palabra que sustituya aquella, bastante fea por cierto; pero la tarea es de rabiosa actualidad.

Adems no hay que olvidar tampoco que el fascismo gan una guerra de tres aos en nuestro pas, y que, a su trmino, extermin a la mayora de los dirigentes revolucionarios que haban sobrevivido. Los 40 aos de dictadura han dejado un poso de apoliticismo y desorganizacin muy fuerte en la poblacin, dndose la extraa situacin de que mientras algunos partidos, sindicatos y asociaciones estn en pleno proceso de institucionalizacin y renuncia a ir ms all de esta injusta y pobre democracia, todava hay muchos trabajadores que ven con mucho recelo a los sindicatos, a los partidos, y sienten miedo y desconfianza de pertenecer a ellos, por ser muy rojos. A veces leemos tanto que se nos olvida quitarnos las gafas de cerca, y no somos capaces de contemplar la situacin en toda su complejidad.

Vamos a pensar por una vez que podemos vencer. Vamos a salir de la mediocridad en la que estamos instalados muy a menudo, y convenzmonos de nuestra capacidad. Y seamos capaces tambin de sacrificar, pues la lucha requiere esfuerzo y disciplina de las personas, de unas ms que de otras. Las estampidas de fin de semana estn dificultando mucho la actividad transformadora, pues es del ocio de donde podemos sacar el tiempo para esta noble actividad al servicio de intereses colectivos.



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