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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-04-2016

El porvenir de una promesa: el trazado de un cambio incierto

Arturo Borra
Rebelin


Las negociaciones interrumpidas entre diferentes fuerzas partidarias con el propsito de relevar al partido gobernante en Espaa ha sido, desde el deplorable pacto Ciudadanos-PSOE, una iniciativa destinada al fracaso, cuando no una pantomima orientada a reducir los costos electorales propios. Independientemente a las estrategias negociadoras a varias bandas, la soldadura que plante ese pacto presagiaba un mal resultado, fuera un acuerdo in extremis -basado en concesiones difciles de aceptar para el electorado de centroizquierda-, fuera una ruptura de la poltica de coalicin que el PSOE procur sostener a base de desdecirse de algunas de sus propuestas fundamentales de gobierno (comenzando por la derogacin de la reforma laboral), tomando distancia de programas polticos que, en primera instancia, resultan ideolgicamente ms prximos.

La consulta reciente de Podemos a sus bases despeja la disyuntiva. De manera rotunda, la mayora consultada ha manifestado su rechazo a una poltica de pactos ms orientada a tranquilizar al establishment que a formar el mentado gobierno del cambio. El pacto Ciudadanos-PSOE constituye un gesto inequvoco de la apuesta poltica de Snchez: erradicar cualquier sospecha de que el partido socialista obrero espaol tiene algo que ver con el socialismo en su acepcin ms bsica, ligada a la redistribucin de la riqueza y a la reduccin de las desigualdades de clase.

La repeticin de elecciones nacionales es previsible y, sin embargo, los resultados ms probables no parecen alterar la fragmentacin parlamentaria que, en las condiciones actuales, bloquea la formacin de gobierno. La apora persiste como tal y es seguro que los partidos tendrn que afrontar una nueva fase de negociaciones, con el incierto objetivo de relanzar una coalicin poltica que no han conseguido hasta el momento.

Ante incertidumbres estructurales semejantes, fuerzas como Podemos necesitan reafirmar lo que las diferencia de los partidos polticos tradicionales, comenzando por su relacin con movimientos sociales como el 15-M. Sin esa afirmacin diferencial de su andadura, Podemos se enfrenta a un conglomerado meditico que insistir en identificarlo como una fuerza partidaria ms, repitiendo las mismas lgicas de poder que deca repudiar y sumida en sus propias dinmicas de crisis internas.

La descalificacin meditica y partidaria de Podemos como una forma de populismo caudillista slo puede ser neutralizada mediante la remisin de sus lderes al proyecto que encarnan y del proyecto encarnado a un ms all del sistema poltico actual: no tanto a la ciudadana en su dispersin ideolgica como a lo popular en tanto referencia a los de abajo y, en particular, a los movimientos sociales en el ejercicio de su disidencia y en la prctica de sus reivindicaciones concretas. Sin esa referencia, las luchas contra las desigualdades y la corrupcin, la reforma de la ley electoral, el desarrollo de polticas sociales sustentables, la reforma del sistema tributario y la persecucin de los grandes evasores fiscales y la economa sumergida, entre otras medidas legtimas, pierden efectividad poltica.

En este sentido, insistir que se puede, como estrategia discursiva, desafa el derrotismo que por dcadas mantuvo a raya a la izquierda clsica, cuestiona la lgica de lo inexorable con la que el neoconservadurismo replica a la voluntad poltica de cambiar el mundo social, muestra la contingencia de las actuales polticas de gobierno y, en suma, erosiona el carcter presuntamente ineludible del proyecto europeo de ajuste que coexiste con la corrupcin generalizada de las elites polticas y econmicas, las ddivas a las grandes fortunas y la evasin fiscal como parte estructurante de la ingeniera empresarial. Lo sabemos: la clnica privada de las corporaciones consiste en ensanchar las vas de su enriquecimiento (ilcito) y, en consecuencia, en acorralar a las clases trabajadoras en sus condiciones de vida (favoreciendo su disciplinamiento mediante las polticas del miedo).

Ante unas elites econmico-financieras y polticas fuera de control (estructuradas de forma regular como asociaciones delictivas dispuestas a reducir lo gubernamental a una pantalla que justifique su saqueo monumental) los eslganes deben dar paso a un ejercicio de anticipacin poltica, incluyendo el movimiento probable de los enemigos del cambio democrtico, ms pertrechados en la fuerza de sus posiciones que en la razonabilidad de sus argumentos. Sin ese ejercicio poltico que permita replicar en trminos tcnicos a especficos bloques de poder, la posibilidad de ser doblegados se incrementa de forma notoria (tal como ha ocurrido con Syriza), confirmando la profeca del relato neoconservador; a saber, que no hay cambio posible (como no sea aquel que necesita el propio sistema poltico y econmico).

En suma: una estrategia poltica no se agota en lo que permite poner en cuestin. Remite asimismo a un camino posible de transitar, esto es, a un horizonte histrico de posibilidad que no slo no est garantizado sino que peligra seriamente con la deriva totalitaria de la Comisin Europea y la restauracin autoritaria del bloque hegemnico, apoyada de manera escandalosa por un complejo meditico cada vez ms concentrado.

Para decirlo de otro modo: se puede siempre y cuando las condiciones de posibilidad del cambio estn mnimamente trazadas. Semejante trazado, sin embargo, dista de ser una realidad estable: necesita ser construido en trminos polticos. De ah la importancia de interrogar lo que ha ensanchado el campo histrico de oportunidades en los ltimos aos. Cualquier respuesta que eluda la cuestin de los movimientos sociales y, en particular, del movimiento 15-M (que, por razones estratgicas, cabe reformular en trminos de movimiento de indignados), cae en un vaco histrico. Fuerzas polticas emergentes como Podemos son impensables sin esa revuelta que irrumpi, con fuerza de acontecimiento, en 2011.

Slo la recuperacin de esa insatisfaccin poltica, ms o menos radical, puede permitir la consolidacin de una izquierda partidaria como fuerza gubernamental. Si, por una parte, los lmites de esas prcticas asamblearias quedaron ms o menos a la vista, por su autoexclusin del campo de las instituciones pblicas (y las polticas represivas que en esas mismas instituciones se impulsaron), por otra parte, la participacin de esta fuerza emergente en las luchas institucionales podra estar incurriendo en un error inverso: eclipsar la centralidad de esas prcticas extraparlamentarias como condicin necesaria para la consecucin de los objetivos de cambio. Cualquier concepcin tacticista de Podemos como mquina de guerra electoral no debera perder de vista, en una dimensin estratgica, su gnesis ligada a este transfondo asambleario, horizontal y no jerrquico. Su olvido o su instrumentalizacin no puede ms que hacer naufragar un proyecto transformador de por s incierto en su devenir. Dicho de otro modo: Podemos slo podr si en sus reivindicaciones polticas no cesa de hacer presente, convocndolo, al pueblo que es el fundamento mediante el cual se legitima. Incluso una poltica de pactos con Izquierda Unida adquiere sentido en esa referencia comn a una colectividad que rebasa el propio posicionamiento en el arco poltico.

No se trata, sin embargo, de una convocatoria puramente retrica sino de movilizar ese sujeto popular que da sentido a las luchas de la izquierda parlamentaria. Sin el respaldo y participacin de ese sujeto, una vez ms, esa izquierda vuelve a la tautologa de las vanguardias polticas, en las que sujeto representante y representado son idnticos. Pero una relacin de representacin en la que los trminos son exactamente los mismos no representa nada. Da cuenta de un proyecto poltico que, por ms coherencia y legitimidad que se le reconozca, no moviliza ms que a los que han suscripto de antemano el ideario que lo sostiene. La consecuencia de ello es clara: la renuncia a construir un proyecto (contra)hegemnico que permita transformar efectivamente la sociedad. La referencia a la lucha por la hegemona recuerda, as, algunas proposiciones fundamentales en el campo poltico:

  1. lo que est en juego es la construccin de una voluntad colectiva orientada al cambio social en el contexto especfico de unas relaciones de poder desiguales;

  2. la construccin de esa voluntad supone la inclusin de reivindicaciones y demandas diferenciales dentro de una poltica de representacin democrtica;

  3. una poltica representativa sin la interlocucin y participacin efectiva de movimientos sociales disidentes se institucionaliza, perdiendo fuerza subversiva;

  4. una poltica sin fuerza subversiva se hace impotente y, en consecuencia, incapaz de liderar el cambio social;

  5. una poltica que no puede liderar el cambio social no slo no es contrahegemnica sino que termina confundindose con los poderes establecidos;

  6. los poderes establecidos, por definicin, bloquean toda dinmica de cambio ligada a la democratizacin radical de la sociedad.

Como polaridades, la representacin partidaria sin la participacin de movimientos sociales disidentes no tiene fuerza para tomar las decisiones requeridas en todo proceso de transformacin social; inversamente, la participacin de movimientos sociales sin representacin partidaria especfica corre el riesgo de dilapidar la fuerza que, por lo dems, requiere la toma de decisiones en un marco institucional determinado.

De lo anterior pueden extraerse implicaciones importantes para toda prctica poltica, comenzando por el cuestionamiento de un modelo de democracia puramente representativo o delegativo. A la inversa, no niega la legitimidad de una poltica representativa de izquierdas, en la medida en que es capaz de articularse a movimientos sociales disidentes y, en general, a las clases populares.

Puesto que estamos atrapados en la telaraa de las instituciones polticas, posicionarse en una pura exterioridad no nos libera de sus decisiones (ms o menos perniciosas). La desconfianza razonable ante el estado no impide que ese estado irrumpa, a menudo de forma brutal, con polticas que nos afectan directa e indirectamente. La resistencia ante sus polticas (una suerte de contragobierno basado en la participacin y movilizacin social) es as tan necesaria como insuficiente. Puesto que siempre ya somos objetos de las polticas pblicas, no hay razones para no disputar los espacios de poder en los que esas polticas se gestionan, aun si asumimos que las estructuras institucionales de forma regular obstruyen el cambio o lo limitan al punto de invertir su signo.

La exclusin del sistema poltico como campo estratgico de lucha favorece la reproduccin sistmica. Es el juego del sistema: promover una despolitizacin radical de la sociedad civil, de manera de facilitar el recambio de elites. Una mayor implicacin colectiva, por contra, dificulta semejante juego, creando la condicin de posibilidad para una poltica de cambio que no se agote en una declaracin de principios bien intencionada. Al fin de cuentas: cmo exigir cuestiones tan dispares como la derogacin de la reforma laboral o la ley de seguridad ciudadana, el cambio de rumbo de las polticas de asilo espaolas, la reforma institucional o la modificacin del sistema tributario sin el respaldo de la calle? Y de dnde podran provenir esas exigencias sino de movimientos sociales y plataformas democrticas que en su disidencia recuerdan otro mundo posible?

Contra cualquier forma de instrumentalizacin de esos sujetos colectivos e incluso contra la voluntad de gobernar a cualquier costo (haciendo concesiones inaceptables a fuerzas partidarias retrgradas), Podemos necesita apelar a ese pueblo no slo como forma de legitimacin o como respaldo de sus demandas y lneas programticas sino tambin como fuente incesante de debate y elaboracin de nuevas propuestas que contribuyan a hacer posible el cambio anunciado. Sin esa premisa, la mquina de guerra electoral est condenada a estallar contra el muro instituido, sufriendo como viene ocurriendo- una descalificacin institucional tan pattica como efectiva.

Recuperar la calle, reconquistar el espacio pblico, movilizar una ciudadana disidente, dar visibilidad a ese sujeto popular que la izquierda requiere como condicin misma de su existencia, no es algo opcional que podra postergarse de manera indefinida: es un requisito indispensable para que el proyecto de Podemos no quede en una poltica de representacin fallida. Porque habr que repetirlo- lo decisivo no es que esas fuerzas accedan a las instituciones, sino que dentro de ellas puedan encarnar de forma firme las promesas de cambio que han asumido.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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