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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-06-2016

Una entrevista a Antonio Mndez Rubio
La energa intempestiva de lo potico

Arturo Borra
Rebelin


La prolfica trayectoria tanto terica como potica de Antonio Mndez Rubio eclosiona esta vez en un nuevo libro de ensayos, Abierto por obras. Ensayos sobre potica y crisis (Libros de la resistencia, Madrid, 2016), en el que reaparecen de forma articulada problemticas sobre las que el autor viene reflexionando de manera incisiva desde hace un par de dcadas. Si en La desaparicin del exterior: Cultura, crisis y fascismo de baja intensidad (Eclipsados, Zaragoza, 2012) y FBI (fascismo de baja intensidad) -editado por La Vorgine, Santander, 2015- se anuda una crtica al fascismo actual y en La destruccin de la forma y  otros escritos sobre poesa (Biblioteca nueva, Madrid, 2008) reaparece su inters por una reflexin metapotica de carcter crtico, en esta ocasin Mndez Rubio incide en su entrecruzamiento terico, religando poltica y cultura a partir de algunos debates tan relevantes como incmodos. Porque lo que est en juego no es slo un modo de escritura ni mucho menos una simple estilstica- sino ante todo nuestras formas de vida, en su imbricacin con un entorno cultural y social cada vez ms asfixiante. Incidir ah, en un saber del que nada queremos saber, se constituye en una apuesta intelectual y poltica imprescindible en una poca que de forma abrumadora ha convertido la crtica en anatema. En esta oportunidad, dialogamos con el autor sobre algunos de estos cruces.

1. Abierto por obras vuelve a poner sobre la mesa la relacin entre potica y crisis, incluyendo la crisis del arte en el contexto de ese Gran Interior del Capital que se manifiesta como fascismo de baja intensidad. En particular, una de tus insistencias crticas est centrada en la indagacin en un cierto expresivismo potico dominante, al cual contrapones la posibilidad de una comunicacin silenciosa e incluso, recurriendo a Benjamin, la necesidad de un poema destructivo. Podras ahondar en la relacin entre ese neofascismo y esta compulsin expresiva tan acentuada en nuestra poca?

En tiempos de crisis, y stos son cclicos y cada vez ms corrosivos en la poca capitalista, al poder le interesa especialmente que la sociedad tenga un espacio de proyeccin expresiva, siempre y cuando esa expresin consista en un sacar fuera la (o)presin subjetiva sin que eso cuestione necesariamente el orden social establecido. Una vez la presin, como si dijramos, sale al exterior entonces ese exterior se recarga justamente de la presin que volver a oprimir y a hacer inviable una vivencia respirable del mundo. Se formara as una especie de crculo vicioso, arrollador, invisible por su propia inminencia y su propia inercia generalizada. Es la compulsin hacia la expresin individual lo que de hecho bloquea la constitucin de individuos abiertos a su vinculacin con la alteridad, a su encuentro con los dems ms all de un simptico pantallizado por las nuevas tecnologas en red. La terapia de autoayuda, sin ir ms lejos, se implanta como una forma efectiva de poder normalizador. El aislamiento por su parte, como pre-condicin de todo totalitarismo, se acrecienta en la medida en que el espacio del Otro (quiz inconscientemente) se asocia con un polo de recepcin, como una especie de depsito donde acumular las irradiaciones espejeantes del propio Yo. Seguramente en algo as pensaba W. Benjamin al subrayar cmo el fascismo, en la crisis histrica en torno a 1930, favoreca la expresividad de las masas: la masa es entonces no un lugar de reunin de (inter)subjetividades sino ms bien una densidad acrtica, heteronmica, donde se supone que los individuos proyectan o expresan su propia subjetividad. Sin embargo, en realidad, son las condiciones de la experiencia de masa las que precisamente bloquean de entrada que la subjetividad se realice como tal, es decir, como una instancia dialgica, interactiva y autocrtica. Como tambin deca Benjamin, la condicin destructiva ha de entenderse ah no como un mero amontonar escombros sino como un hacer escombros de manera que pueda imaginarse un camino a travs de ellos. En otras palabras, quiz una sociedad nueva, un mundo de futuro, ms justo y libre, solamente pueda aproximarse sobre los escombros de lo que somos y de lo que creemos que hemos de ser. Es como si hubiera que atravesar un trayecto de vaco, de desierto o silencio, en el sentido esbozado por R. Vaneigem cuando habla de una comunicacin silenciosa: un espacio intersticial, un entre que se active a modo de interferencia en el circuito redundante de la realidad dominante. Ah es donde puede intervenir de manera frtil (o estar entrando ya por momentos) la energa intempestiva de lo potico, tomado en un sentido amplio y radical como parte y motor de un vivir que no se confunda con sobrevivir.

 

2. En Abierto por obras parecen confluir al menos dos problematizaciones que venas trabajando desde hace tiempo de forma relativamente independiente. Me refiero a la reapertura que planteas de la relacin entre poiesis (como modo de hacer) y asthesis (como modo de ser). Cmo se conjugan estos trminos en una dimensin vital y qu implicaciones polticas tiene esta reformulacin?

En realidad se trata de una discusin con algunos argumentos de J. Rancire, quien finalmente termina por subordinar el primero al segundo, o sea, por supeditar una praxis de lo imprevisible, de lo inesperado, a una concepcin ontolgica de la experiencia esttica como mbito de reconocimiento colectivo. En el arte contemporneo, y ms an a consecuencia de las recientes catstrofes humanitarias de todo tipo, se aprecia con frecuencia una pauta reactiva, como si la conversin en arte (visual, lrico, musical) del malestar comn fuera ya por s misma una forma de resistencia ante ese malestar. Puede que se trate, en el fondo, de un problema en la propia concepcin moderna de lo esttico como dimensin sublimadora de lo real. Esto se observa muy claramente, por ejemplo, en cmo se siguen reproduciendo registros ya institucionalizados como literarios dentro de la poesa contempornea. De este modo, la dimensin poltica de lo potico o lo artstico se identifica casi siempre con los contenidos, o con cierta puesta en escena o situacin performativa, sin que haya un avance paralelo en la comprensin de cmo las formas y cdigos lingsticos juegan aqu un papel crucial. El cineasta, fotgrafo y poeta iran Abbas Kiarostami puede estar apuntando en este sentido cuando escribe: Era un poeta / poltico / o bien un poeta / politizado: / su poesa cubierta de poltica / y su poltica / vaca de poesa. A mi entender, lo que se plantea aqu es una concepcin de lo poltico como pauta de orden, como a priori al que debe someterse lo potico. Como consecuencia, la poltica se sobrepone o impone al texto o lenguaje y asfixia su reto de innovacin y respiracin, de espaciamiento y apertura. La crtica, al depender de ciertas premisas no cuestionadas (como la presencia de cierta temtica o tonalidad supuestamente sociales, como si otras no lo fueran), aleja la posibilidad de ser autocrtica, y la labor potica reduce su potencia (de-re-)constuctiva: se colapsa a s misma debido a su propio afn por ser reconocida o aplaudida inmediatamente como poltica, cuando en realidad, siguiendo con el poema de Kiarostami, se tratara ms bien de una politizacin sobrevenida, de una coraza defensiva y antipoltica en ltima instancia. No creo en el poema que busca adeptos que se identifican con un determinado mensaje, sino que necesita que se participe en un intensidad inter-rogante. En una entrevista el propio Kiarostami declaraba una vez su desafo constante de intentar hacer una pelcula que no diga nada, y creo que ese vaciamiento del mensaje no es un simple nihilismo sino ms bien una necesidad de hacer sitio para que el otro respire, para que entre a participar en la construccin de un sentido siempre inseguro, siempre precario, y siempre compartido.

 

3. Uno de los debates sobre el que vuelves es con respecto a las poticas realistas (especialmente su defensa dogmtica de una funcin referencial de la poesa) y su rechazo hacia las vanguardias. Tiene alguna pertinencia todava pensar esa referencia dentro de una potica no realista? Dicho de otro modo: es pensable un cierto sentido de lo referencial fuera del paradigma de la imitacin?

Mi impresin es que la propensin a un lenguaje realista o referencial, ms que una opcin tctica entre otras, se ha convertido en casi una mana, en un dogma. Hay un ensayo histrico de A. Artaud titulado Heliogbalo (O el anarquista coronado) (datado en un ao tan especficamente cruzado con el apogeo fascista como fue 1934) donde implcitamente la potica de lo poltico (y lo poltico de la potica) se inscribe en una defensa desnuda, inquietante, de lo que llama Artaud el gasto intil y la mente en blanco. Es decir, tal como entiendo al menos este punto, que debera haber en la funcin potica (como explicaba en su momento R. Jakobson sobre las funciones del lenguaje) un excedente no instrumental, no transitivo, una gratuidad que es la nica garanta de que el efecto del poema no ser doctrinario ni autoritario. En este sentido, a menudo se topa uno con proclamas libertarias codificadas por pautas autoritarias, superyoicas, cuando no incluso neofascistas. No voy a ser ahora yo quien reivindique una especie de nueva doctrina anti-realista o no-referencial. Ningn lenguaje puede dejar absolutamente de ser referencial, pero puede que tampoco pueda ser absolutamente realista o denotativo, y menos en poesa, donde los significantes se buscan unos a otros en un rgimen incesante de deseo, de juego, y no solamente de produccin de significados (por muy saludables que esos significados sean para la vida en comn). No es tanto una significacin (redundante como mecanismo de atribucin de verdad) como una significancia (incontrolable como recurso resistente a cualquier normalidad), que est en el placer libertario del cancionero, de la lrica popular, de las tonadas infantiles, del adivinancero y por supuesto tambin en gran parte de las vanguardias. Es razonable que esa manera de activar sentido y de destruir (como dira Benjamin) todo Significado sea tomada como una tctica anrquica o crata (sin arj), y tambin lo es que pueda producir a veces un cierto resplandor nocturno, de oscuridad. A esto es a lo que se suele llamar hermetismo o solipsismo, pero nos cegamos hablando as a intuir cmo lo que se llama (despectivamente) oscuro o  hermtico es un trayecto de comprensin lmite, de cuestionamiento de hecho de ciertos lmites de la comprensin, y por eso se da ah un poner-en-comn cerrado, pero abierto, como deca un poema de C. Simn (poema que est sintomticamente dentro de una serie titulada Exteriores, a su vez incluida en un poemario que se delata desde su mismo ttulo: Extravo (1991)). Lo potico, en fin, tiene la capacidad de activar una extranjera, una alteracin o estallido del sentido que sea multimodal, fractal, y que contribuya as a volver sensible la necesidad de una vivencia nueva, como dira Durruti, de llevar un mundo nuevo en nuestros corazones. No hablo de un mero relativismo o pluralismo, sino de una apertura hemorrgica, necesariamente extraterritorial, sin cuyo riesgo no hay avance ni en lo potico ni en lo poltico. No hay potica ni hay poltica que no sea una herida que no se cierra nunca.

 

4. En otro pasaje, sealas que quienes se autodefinen en el lugar de la poesa de la conciencia crtica a menudo caen en el punto ciego de no dar paso a una crtica de la conciencia, relegando aquellas dimensiones que conectan a nuestra corporalidad (e incluso a nuestro sensorium) y desconfiando de un lenguaje no referencial, tenido como sospechoso de traicin a la Causa. Llegados a este punto, podras explicar por qu otra poesa crtica necesita desplazarse de la hegemona de la intencin a la necesidad de atencin? No supone tambin esa atencin un cierto privilegio de la conciencia? En qu medida toda intencionalidad conlleva la opresin del Autor?

Mi impresin es que la obsesin con la intencin (del autor hacia s mismo) implica una tendencia (no automtica ni absoluta, pero s lgica) a desatender las implicaciones del artefacto potico como praxis, como modo de hacer. Como deca A. Gramsci sobre la filosofa de la praxis, sta es siempre polmica y autocrtica, y da la sensacin de que buena parte de los autores actuales, incluso de perfil crtico (digamos de perfil bienintencionado), encuentran en el predominio de las intenciones un medio de resistencia a su propia fragilidad. La apelacin a la toma de conciencia no siempre, de acuerdo, pero muchas veces esconde una huida de la intemperie que supone asumir que vivimos agujereados por el vaco de una brecha (J. Alemn, Soledad: comn), y que es justo desde esa brecha desde donde echamos al otro en falta, una falta siempre ah, siempre ms brecha an. Lo comn se instaura as ms como un lugar ideal de yuxtaposicin de individualidades (autosuficientes en su propia conviccin de que estn siendo puestas en comn) y no como un intersticio para el encuentro y la comunicacin no de lo que ya tenemos o sabemos sino de lo que nos falta. Desde luego, a nivel de mercado y de cantidad de lectores esto no le funciona mal a las propuestas ms conformistas Con frecuencia se acusa de evasivas o abstractas a las poticas extraviadas, marcadas por su falta de clausura, cuando puede que sea igual o ms evasivo o abstracto recurrir a la intencin consciente del autor para delimitar el sentido de la obra en la prctica. Ya en el existencialismo de Sartre se puede encontrar esta manera de justificar el compromiso, que parece todava seguir usndose como coartada para mantener paradjicamente la crtica potica fuera de toda amenaza de crisis. La coraza defensiva contra la crisis, como ocurre cuando por la calle bajamos la vista ante la pobreza insoportable de quien se nos acerca con la mano tendida, se puede volver as una mquina de guerra contra la disponibilidad radical que de hecho la crtica busca alcanzar. Y cmo desplazarnos de esta posicin de violencia, de angustia, si no es aprendiendo como sea a sostener tambin nuestras manos tendidas?

 

5. Para terminar, y puesto que siempre ya hay cristales ciegos en toda posicin, cabe preguntar an, incluso si la pregunta ya tiene algo de incontestable: qu presupuestos comparten estas posiciones en disputa? Por contra, qu omiten en sus diferencias, cual es el tercero excluido de esta disputa que se parece bastante a una polmica?

Toda polmica, incluso etimolgicamente, implica una lucha, una tensin irresuelta. Puede que necesitemos asumir de una vez que esa condicin en lucha, en conflicto, nos constituye en todos los resortes de nuestra subjetividad y nuestra socialidad. No hay salida de ah, pero sa es la suerte. El imaginario de masas resulta igual de grato a ciertos neofascismos de Nueva Derecha como a cierta Izquierda tradicionalista an vigente (y resucitada en tiempos de crisis econmica y sociopoltica). El imaginario de masa sigue presente, difuminado, en la nueva hegemona de (lo que llamara E. Canetti) las masas en fuga, esto es, la gente imaginndose a s misma fuera-de-la-masa mientras nos hacemos un selfie que confirma hasta qu punto necesitamos ser reconocidos lo ms masivamente que sea posible. Por supuesto, esta creencia ciega, neurtica, se ha infiltrado en la prctica potica, aqu y all, y solamente acompaar la prctica creativa con la reflexin crtica, en una vivencia de/a la intemperie del mundo, parece que nos podra ayudar a hacer ms real la utopa de un mundo ms vivible, ms mundo de hecho que el infierno al que ahora llamamos mundo por decir algo.




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