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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-11-2005

La crisis de octubre del gobierno Zapatero

G. Buster
Rebelin


Este mes de octubre quizs sea recordado como el verdadero ecuador del Gobierno Zapatero, a pesar de que solo lleva poco ms de ao y medio recorrido desde las elecciones del 14-M. Todas las cuestiones esenciales que marcarn la naturaleza del Gobierno se han concentrado, abriendo a la vez todos los frentes. Pero no todos lo han hecho con la misma intensidad, reflejando tambin as la correlacin de fuerzas.

El Gobierno Zapatero inici el nuevo curso poltico con un apoyo a su gestin en las encuestas superior al resultado obtenido en las elecciones: un 44% frente al 38% del PP. Y sin embargo, la segunda semana de octubre las encuestas reflejaban una perdida de cuatro de los seis puntos de ventaja sobre el PP y el Gobierno pareca deslizarse por una pendiente cada vez ms pronunciada.

El frente econmico y social

De todos estos frentes abiertos, hay que descartar el econmico. La situacin econmica espaola pasa por una coyuntura de crecimiento casi nica en Europa: 3,4% frente a un lnguido 1,2% en la eurozona. La inflacin del 3,5% como resultado de la baja productividad- y el preocupante dficit exterior que supera ya el 7% del PIB por la prdida de competitividad- son los principales problemas, que reflejan un modelo de desarrollo basado en la demanda interna y el ladrillo que no son sostenibles a medio plazo. Pero por el momento ha sido capaz de reducir la tasa de paro al 8,4%, por debajo de la media de la eurozona, aunque a base de unos niveles de temporalidad en el empleo que tampoco son sostenibles.

Este largo ciclo de crecimiento ha permitido unos presupuestos generales del 2006 expansivos, con un aumento del gasto en I+D, infraestructuras o el gasto social importantes, aunque sin poner en cuestin el modelo de crecimiento heredado del Gobierno del PP. De hecho, la solucin de esta contradiccin se ha trasladado al mercado, que se preparara para un ajuste de salarios, plantillas y capacidad productiva que esta haciendo estallar un numero elevado de conflictos sociales. SEAT es el ms llamativo, pero se extienden a todo el sector del automvil, la minera, astilleros, empresas de transporte. Ninguno de estos conflictos ha cobrado todava entidad ni ha sido capaz de huelgas sostenidas o de extender la solidaridad. Los sindicatos mayoritarios siguen a la expectativa. Pero las pequeas llamas se van amontonando.

De hecho, en el terreno social, el verdadero protagonista de los conflictos no es la clase obrera, sino de la pequea burguesa: transportistas, armadores de pesca y agricultores. Son ellos los que han sido capaces de coordinar un movimiento a escala estatal por el aumento de las subvenciones de los precios de los gasleos y de arrancar concesiones al Gobierno Zapatero, que ha amenazado con la firmeza, pero ha cedido parcialmente en las negociaciones. Algn comentarista de prensa ha agitado el fantasma de septiembre de 1972 en el Chile de Allende y la utilizacin por parte del PP de estos conflictos en su estrategia de erosin extraparlamentaria de la legitimidad del Gobierno Zapatero.

Las negociaciones para la reforma del mercado laboral que marcarn las relaciones entre CCOO y UGT con el Gobierno- siguen en punto muerto. Pero el tiempo corre ya en contra de los sindicatos, con una patronal que quiere que el gobierno decrete sobre la base de sus posiciones de abaratar los despidos para los nuevos contratos indefinidos. Es aqu donde la presin del mercado para un ajuste salarial y de plantillas se manifiesta con ms fuerza. Y donde el carcter socio-liberal de la poltica econmica del gobierno tambin: Caldera y Solbes quieren una mayor flexibilidad laboral y los sindicatos no encuentran el camino de la movilizacin, cuando las amenazas no son suficientes.

El frente exterior

La crisis de la avalancha emigratoria en Ceuta y Melilla ha vuelto a abrir el flanco exterior del Gobierno, a pesar del xito relativo de la Alianza de Civilizaciones en la Cumbre del Milenio de Naciones Unidas o la Cumbre Iberoamericana de Salamanca. Y lo ha hecho erosionando por su izquierda una buena parte de la legitimidad moral del Gobierno Zapatero.

La decisin de ceder a la campaa histrica de la derecha, presionar a Marruecos para que dispersara como pudiera y ese como pudiera a sabiendas de las violaciones de los derechos humanos que implicaba- y no tratar el problema de las decenas de miles de emigrantes subsaharianos que huyen de la crisis africana a travs del asilo y el refugio, tendr efectos a medio y largo plazo en un sector del electorado que el PSOE consideraba ya fidelizado.

Por otro lado, la larga crisis del Sahara Occidental sigue actuando sobre el propio electorado socialista, que no comprende la postura de su Gobierno. La mayor implicacin de Naciones Unidas despus del verano ha dado un respiro a la diplomacia espaola. Pero una nueva oleada represiva marroqu en los Territorios Ocupados puede volver a situar en primer plano este problema en cualquier momento.

El frente de la paz en Euskadi

Mientras todos los focos apuntaban a Catalunya donde las crisis de su gobierno parecan querer sustituir a la movilizacin o eran ms bien consecuencia de la falta de esta- en Euskadi, el proceso de paz avanzaba en la medida que todas las fuerzas polticas se posicionaban en el nuevo escenario.

En primer lugar Batasuna, que anunciaba un acuerdo sobre el mtodo y la forma de las negociaciones entorno a la mesa de partidos, una vez concluido un ciclo de movilizaciones para que se le reconociese como sujeto poltico a pesar de su ilegalizacin. Su asamblea nacional, a finales de septiembre, aprobaba la nueva estrategia Construir Euskal Herria que prioriza este proceso de negociacin.

El segundo paso lo dio el PNV en la celebracin del Gudari Eguna, poniendo sobre la mesa su propia hoja de ruta para las negociaciones y los elementos para un nuevo proyecto de reforma del Estatuto vasco, que entierra el Plan Ibarretxe. El tercer paso fue el congreso del PSE, con la marginacin definitiva del sector Redondo-Diaz y su estrategia de bloque constitucionalista con el PP vasco, a favor de una estrategia primero de condicionar desde fuera del gobierno al PNV y despus volver a un gobierno PNV-PSE para abordar la fase decisoria de las negociaciones con Batasuna y ETA. Y el cuarto paso ha sido el apoyo del PNV a los presupuestos del 2006, permitiendo al Gobierno Zapatero un mayor margen de negociacin frente a ERC e IU.

Pero a medida que se producen estos avances en la creacin de las condiciones del proceso de paz, solo la confidencialidad del proceso ha evitado hasta ahora que el PP haya podido utilizarlo en el resto del estado para su campaa extraparlamentaria. Una situacin que no durar mucho tiempo.

El frente autonmico

Con todo, el que centra toda la actualidad poltica y ser clave para la legitimidad del Gobierno es el resultado final de la reforma del Estatut de Catalunya .

La aprobacin por todas las fuerzas polticas del Parlament de Catalunya a excepcin del PP- del proyecto de nuevo Estatut ha permitido a la derecha espaola (el PP acompaado de la Iglesia, estamentos militares y la patronal) relanzar la contraofensiva extraparlamentaria que mantiene desde hace casi seis meses. Quiere imponer su derecho de veto a cualquier cambio social o poltico en nombre de un consenso constitucional obtenido en la transicin a la sombra de los poderes fcticos.

La contraofensiva extraparlamentaria del PP ha obtenido ya algunos frutos importantes. De hecho ha frustrado por el momento cualquier intento de una segunda transicin, estableciendo los lmites -asumidos por el PSOE-, de la Constitucin de 1978. Y el Gobierno Zapatero a su vez los ha impuesto a sus aliados del Tripartito cataln, que han asumido la autocensura de sus pretensiones, sin intentar hasta el momento movilizar a la mayora social catalana por miedo a una fractura en la base social espaola del Gobierno Zapatero.

Los primeros intentos del Gobierno Zapatero de llegar a un entendimiento con el PP han fracasado, a pesar de aceptar los lmites impuestos por el consenso constitucional. Ese intento se plasm en el pacto PP-PSOE para el Estatut del Reino de Valencia. Este error del Gobierno Zapatero solo ha servido para que el PP haya podido construir su discurso contra el Estatut de Catalunya exigiendo que se imponga al Parlament, y la mayora catalanista que representa, una supuesta mayora espaolista PP-PSOE en el resto del estado y, si no, que se someta a un referndum en todo el estado el Estatut como una ruptura encubierta del consenso constitucional.

La encrucijada del Gobierno Zapatero

El PP ha tenido bastante xito, como reflejan las encuestas. Sobre todo, ha encontrado en el sector felipista del Gobierno Zapatero a aliados como Bono, y en el PSOE a gentes como Ibarra o incluso Chaves. El Gobierno ha vivido escindido durante todo el mes de octubre con dos proyectos polticos distintos, por su modelo de estado y de bloque socio-poltico.

Hasta que el propio Zapatero ha reafirmado la prioridad de su alianza con el Tripartito cataln por un lado, y con IU por el otro, integrando adems al PNV y al BNG. Pero a costa de extender a todas las fuerzas polticas de la izquierda y nacionalista un pacto de autocensura y la concesin de que solo l gestionar los ritmos y la orientacin de la necesaria respuesta poltica al PP.

La afirmacin de Zapatero de que la reforma del Estatut solo se pactar con las fuerzas que lo apoyaron en el Parlament de Catalunya -y no con el PP-, traslada el pulso de la derecha a la derecha del PSOE. Zapatero esta convencido de ganar este pulso a Bono, que podra estar destinado a ser el prximo candidato del PSOE a alcalde de Madrid. Su discurso del 2 de noviembre sobre el proceso de reforma del Estatut ser una prueba de la consistencia de esta estrategia en fro, institucional, de limitar la capacidad de polarizacin del PP, limitando en la medida de lo posible los enfrentamientos y ganando tiempo.

Las fuerzas del Tripartito cataln se encuentran ahora ante la disyuntiva de pasar de la autocensura a la pasividad y negociar ellas tambin en frio, o demostrar que su proyecto de Estatut tiene detrs a la mayora social catalanista, y que esta no aceptar recortes sustanciales ms all de los ya asumidos. Sin una manifestacin masiva en Catalunya, la estrategia extraparlamentaria del PP continuar presionando por recortes sucesivos para aumentar la tensin entre Zapatero y sus aliados.

El problema de fondo es que sin una movilizacin social de izquierdas, en todos los frentes, la iniciativa extraparlamentaria del PP tiende a dividir verticalmente a la base social de la gran coalicin de izquierdas y nacionalista que da mayora parlamentaria y social al Gobierno Zapatero. La derecha sabe que es sobre el eje de la cuestin nacional, incluso en su versin mas moderada de la reforma autonmica, donde puede construir su propio bloque social y poltico alternativo. Y para ello tiene que provocar la crisis del Tripartito cataln primero y, despus, dividir interiormente y paralizar al Gobierno Zapatero, al PSOE y sus aliados.

Lo que esta en juego, en definitiva, es si el cambio en la correlacin de fuerzas que supuso el ciclo de movilizaciones del 2002-2004 contra Aznar puede consolidarse para algo ms que una alternancia de gobierno. Si ese cambio se erosiona y retrocede, permitiendo una vuelta al gobierno de la derecha o si, por el contrario, toma cuerpo social e institucional y abre la posibilidad a una alternativa al modelo social y econmico heredado del PP.

Para mantener la esperanza de esa posibilidad de futuro, la izquierda social y poltica har mal en delegar solo en Zapatero su capacidad de resistencia. O sale a la calle y comienza a establecer la correlacin de fuerzas que necesita cualquier proceso progresista de cambio frente a la derecha, o el perdedor de la prevista crisis de gobierno en marzo o abril no ser Bono. Y Rajoy habr conseguido, sobre el cadver del Estatut, las elecciones anticipadas a las que aspira.



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