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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-02-2017

Crtica a la izquierda tradicional europea
Colonialidad, racismo y xenofobia

Arturo Borra
Rebelin


Los malos modales del racismo de Trump apenas disimulan las prcticas racistas y xenfobas extendidas tambin en Europa, partiendo desde luego del trato vejatorio que mayoritariamente los gobiernos infringen a los desplazados y migrantes en sus fronteras externas. A pesar de los aires de superioridad que los discursos europeos dominantes se autoatribuyen en materia de lucha contra la discriminacin, la consolidacin gubernamental del neoconservadurismo (y de la llamada nueva derecha), cuestiona seriamente cualquier complacencia retrica.

Aun si la izquierda tradicional europea cuestiona en grados diversos el capitalismo global, parece haberse olvidado del racismo y la xenofobia cristalizados en diferentes espacios institucionales -comenzando por las instituciones estatales-, por no hablar del papel (neo)colonialista que los estados europeos han asumido con respecto a diferentes regiones -sean antiguas colonias o no-, incluyendo su participacin blica directa e indirecta en Medio Oriente y frica, su implicacin en el negocio de la reconstruccin y la seguridad o sus polticas extractivistas y corporativistas que toman por objeto a aquellas naciones que sigue construyendo como tercer mundo. Hasta la propia jerga de la cooperacin al desarrollo sigue presuponiendo un modelo unidireccional y etapista de desarrollo que pone a la propia Europa como paradigma de realizacin.

A nivel interno, circunscribir las prcticas racistas y xenfobas a la ultraderecha (o, ms ampliamente, a la derecha gubernamental) es una mera coartada ideolgica. Para decirlo de otro modo: la mancha racista/xenfoba se ha propagado en todo el sistema poltico y, a nivel capilar, en toda la sociedad civil, adquiriendo formas diversas de existencia. Todava en la actualidad la izquierda tradicional europea sigue hablando en nombre de otros minorizados y oprimidos sin contar en absoluto con ellos. Mucho desatascaramos el debate si cuestionamos no slo su etnocentrismo cultural, sino si tomamos mnimamente en serio la idea de que puesto que el otro es otro esto es, un sujeto autnomo e irreductible a mi posicin-, lo que necesita no es meramente ser representado, sino incluido como participante, en relaciones de igualdad en las diferentes instancias de la vida social e institucional.

Si, por una parte, las instituciones pblicas y privadas -sean econmicas, polticas o culturales- han consolidando de forma abrumadora su cierre ante esos colectivos, restringindoles el paso de forma sistemtica a partir de su inferiorizacin (incluso si la frontera es porosa por defecto), por otra parte, la izquierda dominante europea apenas si se ha tomado el trabajo de elaborar una crtica relevante a semejante sistema jerrquico y excluyente que, en el caso de Espaa, condena a la marginacin a una parte nada despreciable de los ms de cuatro millones y medio de personas extranjeras que residen en su territorio. Lo que es peor: el cuestionamiento a un rgimen de privilegios ni siquiera cuenta con la participacin directa de los propios sujetos damnificados, como no sea de forma testimonial, consolidando un paternalismo benevolente que, demasiado a menudo, se convierte en una profunda subestimacin del otro.

Para decirlo de otra manera: la denuncia de una deshumanizacin creciente de Europa, en el mejor de los casos, se produce desde los presupuestos ideolgicos y tericos de la propia izquierda europea dominante, sin hacer partcipes a quienes padecen de forma directa las polticas y prcticas discriminatorias en cuestin. Dicho de forma negativa: el sealamiento crtico de una Comisin Europea que se ha desentendido de la vida de millones de seres humanos no se ha transformado a nivel nacional en una poltica de articulacin de mltiples demandas en trminos de polticas de empleo y formacin, vivienda y ocio, educacin y sanidad, participacin cultural y poltica, especficas a estos colectivos subalternizados. Si bien lo dicho no niega la existencia de plataformas ciudadanas valiosas tal como ocurre por ejemplo con la Plataforma por el Cierre de los CIE- as como iniciativas locales necesarias tal como ocurre con los Consejos locales de inmigracin e interculturalidad impulsados por los municipios de Valencia y Barcelonai-, seala en cambio la persistencia de limitaciones relevantes tanto al momento de elaborar una perspectiva crtica mulifactica y multicentrada como al momento de coordinar estrategias de lucha a nivel nacional que atiendan las realidades divergentes de estos grupos minorizados.

Puesto que en otras ocasiones me he ocupado en estudiar de forma detenida las marcas de este proceso de segregacin en mltiples dimensiones de la vida social, me limitar a un repaso somero de algunas de esas realidades que muestran la magnitud real de la problemtica, as como vislumbrar posibles estrategias para afrontarlas desde una perspectiva de izquierda no slo anticapitalista y antipatriarcal sino tambin decolonial y antirracista.

  1. Lo primero sobre lo que hay que llamar la atencin es acerca de la crnica segregacin ocupacional que sigue producindose en el campo laboral espaol. Adems de una tasa de desempleo superior a la media espaola (aproximadamente, un 10 % ms), 8 de cada 10 personas pertenecientes a estos colectivos accede a puestos laborales subcualificados segn su formacin, con ndices de temporalidad elevados, en condiciones de trabajo comparativamente ms precarias que las de la poblacin local y con una poltica salarial que los sita en la base de la pirmide laboral. De este modo, el mercado laboral espaol terceriza los puestos de trabajo socialmente indeseados (como es el caso de los peones agrcolas, las empleadas de hogar, las trabajadoras sexuales, los peones de construccin e industria, personal de restauracin y comerciales minoristas), asignndolos a trabajadore/as inmigrado/as, cuando no a etnias crnicamente marginadas como es el caso de la comunidad gitana que subsiste regularmente mediante el empleo sumergido o el autoempleo en sectores econmicos devaluados.

  1. A pesar de ello, las polticas de formacin orientadas a la insercin laboral a partir de una re-cualificacin (o una acreditacin de las cualificaciones del pas de origen) de estos sujetos colectivos son insuficientes (cuando no inexistentes). Al da de hoy, no hay ninguna poltica formativa nacional que atienda las necesidades especficas de estos colectivos, de cara a compensar las dificultades propias de esta poblacin, incluyendo las dificultades para acreditar y homologar los estudios de los pases de origen. Semejante falta consolida la posicin subalterna de esos colectivos dentro del sistema econmico vigente, posicin que, en determinados casos, colinda con una forma de explotacin severa. En trminos ms amplios, las polticas educativas modificadas en funcin de las directivas europeas- no consideran de forma suficiente la heterogeneidad de los estudios en los pases de origen, convirtiendo a decenas de miles de graduados secundarios y universitarios en trminos administrativos y jurdicos- en sujetos no escolarizados.

  1. Tambin asistimos a un proceso de etnicizacin de la pobreza, paralela a su feminizacin y su intensificacin en los grupos de jvenes. No es ninguna novedad sealar que el trabajo -que antao signific para las clases trabajadoras europeas el acceso a condiciones de vida mnimamente satisfactorias- no constituye en la actualidad una garanta contra el empobrecimiento. Si hoy da hay ms de tres millones de trabajadores pobres en Espaa y un 28,6 % de personas en riesgo de pobreza y exclusin (en total, ms de 13 millones)ii, lo cierto es que, si diferenciamos por procedencia, la incidencia desigual de la pobreza en los trabajadores inmigrados y refugiados es ntida: en conjunto, el 55, 3% de la poblacin extracomunitaria y el 33,3% de la comunitaria estn afectados por este riesgo (EAPN, op.cit: 4), a excepcin de la etnia gitana en la que el 98% de sus miembros tiene ingresos por debajo de los niveles de riesgo de pobrezaiii. En suma, la pobreza y la exclusin social se concentran de forma significativa segn coordenadas tnicas y de nacionalidad, adems de las coordenadas de edad y gnero.

  1. La crisis de las propuestas de interculturalidad, en verdad, no hace sino constatar esta marginacin institucional y social de la que son objeto, especialmente, colectivos de inmigrantes, refugiados, solicitantes de asilo y minoras tnicas. A pesar de los relatos integradores que se han gestado en la ltima dcada y media, la inclusin igualitaria que esos relatos presuponen -como parte central de un proyecto de ciudadana plural y crtica- ha quedado reducida a una declaracin de intenciones ms o menos fallida. La inclusin institucional de los otros, no slo como sujetos laborales sino tambin como sujetos comunicativos y ciudadanos en medios de comunicacin, en ONG, empresas privadas, sindicatos, administraciones pblicas, partidos polticos o el propio sistema educativo- es un proceso trunco, acentuado por la crisis sistmica de 2008. El paso est, por as decirlo, obstruido.

  1. Las polticas migratorias y de asilo vigentes no han hecho ms que consolidar una discriminacin institucional persistente. Adems de reforzar una poltica de fronteras militarizada, semejantes polticas regresivas han afianzado las dificultades para acceder y permanecer en territorio espaol, obstaculizando el proceso de regularizacin de los sujetos inmigrantes (a partir de instrumentos legales como la Ley de Extranjera vigente que endurece las condiciones de reagrupamiento y renovacin de permisos de trabajo y residencia) y el proceso de admisin a trmite de las solicitudes de asilo (vulnerando asimismo el propio derecho de asilo en las fronteras nacionales como las de Ceuta y Melilla, por no hablar de los incumplidos compromisos internacionales que vulneran, a su vez, el derecho de asilo de personas de terceros pases).

  1. La criminalizacin de la inmigracin irregular, a partir del despliegue de un fuerte dispositivo jurdico-policial, no slo reproduce prcticas de identificacin racistas sino que adems mantiene instituciones aberrantes como los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), establecidos como zonas de excepcin al derecho. Por si fuera poco, la actual Ley de Seguridad Ciudadana ha reforzado este trato criminalizador, legalizando las devoluciones en caliente reformuladas como rechazo en frontera.

Ciertamente, sera preciso detenerse en otros procesos de marginacin sistmica concomitantes, como es el caso de la desproporcionada presencia de extranjeros en la poblacin carcelaria (un 29,00% del total en 2015iv), la exclusin sanitaria que sigue afectando a una parte significativa de la poblacin inmigrada en situacin irregular, las barreras de acceso a las prestaciones pblicas por dificultades en el acceso al padrn municipal u otras trabas burocrticas, la persecucin policial de trabajadores precarios (como es el caso de manteros y aparcadores de coches), la marginacin tendencial que estos colectivos sufren con respecto a la vida cultural local y nacional, su baja participacin en el sistema poltico o la persecucin ideolgica de minoras religiosas (tal como ocurre con la comunidad musulmana), entre otras cuestiones. Las propias polticas y proyectos de codesarrollo y cooperacin son, grosso modo, instrumentos sustrados al control de las comunidades locales, orientados por un horizonte colonial predefinido en funcin de intereses gubernamentales y empresariales ajenos a la rbita de los presuntos pases beneficiarios.

Tambin a nivel social el racismo y la xenofobia son (dis)valores en alza. La naturalizacin de estas formas discriminatorias, entre otras, es efecto de un imaginario etnocntrico que no cesa de ser reafirmado a partir de la construccin del otro como sujeto antagnico (a nivel econmico, cultural y securitario). Si el colonialismo se legitima a s mismo en la imposicin geoestratgica de la propia superioridad a travs de diferentes medios polticos, financieros, econmicos, culturales y militares en territorios no europeos, la colonialidad por su parte se legitima mediante una narrativa de inferiorizacin/ subalternizacin de los otros que justificara los lugares privilegiados de los sujetos locales y, por tanto, las asimetras de poder existentes. As, lo que la izquierda tradicional europea borra sin ms es un rgimen colonial de saber y poder que opera como justificacin de los privilegios del sujeto blanco, europeo, varn, burgus, cristiano y heterosexualv.

Es momento de evidenciar no slo los micromachismos persistentes en la vida cotidiana sino tambin los micro-racismos que sostienen la fisonoma de una sociedad que, mirndose en personajes polticos grotescos, mal disimula su propio racismo. Es ese modo de subjetivacin racista y xenfobo, colonial y eurocntrico que atraviesa en medidas diferenciadas pero de forma transversal todo el arco ideolgico y poltico- lo que necesitamos investigar de forma crtica. Quizs slo esa investigacin crtica puede crear las condiciones de posibilidad de luchas interseccionales con vocacin emancipatoria.

En suma, se trata de poner en cuestin, tanto en el campo del saber como del poder, un modo de subjetivacin que, aunque no dude en situarse en la cspide moral (ligada al discurso liberal de los derechos humanos), mal disimula su propia indecencia y permisividad ante los crmenes de lesa humanidad que la Comisin Europea no ha cesado de producir bajo su retrica pacificadora y cnica. Doble objetivo entonces: dar cuenta tanto de las prcticas institucionales que perpetan formas de dominacin basadas en jerarquas sociales naturalizadas, como de las subjetividades que sostienen ese rgimen de privilegios. Por ms insuficiente que resulte esa crtica radical sin el acceso a especficos dispositivos de poder, slo desde ese otro lugar de enunciacin podemos comenzar a desmontar el fascismo contemporneo que tambin agencia entre nosotros.

Notas:

i Si bien no estamos en condiciones de poder evaluar sus efectos a mediano y largo plazo, la activacin relativamente reciente de estos consejos locales resulta positiva a mi juicio, en tanto permite la participacin de mltiples sujetos inmigrantes tanto en la deteccin como en la elaboracin de propuestas de solucin a diferentes problemticas ligadas a diferentes ejes: igualdad de derechos, promocin de la diversidad cultural o fomento de la participacin ciudadana, entre otros.

ii Al respecto, remito al ltimo Informe de la EAPN (2016): http://www.eapn.es/estadodepobreza/ARCHIVO/documentos/Informe_AROPE_2016_Resumen_Ejecutivo.pdf

iii Cf. Un 98% de los gitanos del Estado vive en la pobreza, en Diario de Gipuzkoa, 30/11/2016, versin electrnica en http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2016/11/30/sociedad/un-98-de-los-gitanos-del-estado-vive-en-la-pobreza.

ivhttps://www.acaip.es/images/docs/ACAIP%20%20INFORME%20PRISIONES%20ESPAOLAS%20%20ENERO%202016%20%20PRIMER%20RESUMEN.pdf.

v Como insiste Ramn Grosfoguel (Decolonizar la economa es mirar desde otra geopoltica, 2013) la descolonizacin implica tambin un trabajo de crtica epistemolgica a ciertas teoras crticas occidentales: () la izquierda occidentalizada practica un racismo/sexismo epistmico que inferioriza el pensamiento crtico proveniente de la experiencia histrico-social de todas la mujeres del mundo y de todos los pueblos no-occidentales. Las epistemologas de los pueblos no-occidentales o las epistemologas de las mujeres (occidentales o no-occidentales) son inferiorizadas por la izquierda occidentalizada que privilegia el pensamiento crtico de los hombres occidentales. Esto es lo que llamo fundamentalismo eurocntrico que se construye a partir del racismo/sexismo epistemolgico (versin electrnica en https://www.diagonalperiodico.net/saberes/decolonizar-la-economia-es-mirar-desde-otra-geopolitica.html).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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