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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-05-2017

En defensa de la verdad

Andrs de Francisco
Rebelin


Las redes sociales y las modernas tecnologas de la comunicacin tienen tan extravagante potencia emisora que tambin generan, replican y amplifican constantes burbujas de realidad virtual donde es difcil saber qu es cierto y qu es falso, y donde lo viral se impone a lo veraz. No es Matrix, por supuesto, pero tampoco algo a tomarse a broma. Hasta el periodismo serio urgido por la guerra de las audiencias- se ve obligado a hacer un uso creativo del community managing permitiendo que la noticia le gane terreno a la informacin, y la informacin ligera a la investigacin concienzuda. Llueve sobre mojado. Este estado de cosas, en efecto, al que se ha dado el nombre de posverdad, se une a la ya acostumbrada devaluacin posmoderna de la verdad y, con ella, de la racionalidad cientfica y el conocimiento objetivo. Definitivamente, la verdad parece prescindible mientras un mundo construido de simulacros -ahora 3D- nos mantiene entretenidos en el fondo de la caverna, a oscuras.

Ahora bien, aunque todo esto comporta riesgos reales, sobre todo el de una opinin pblica permanente contaminada de falsedades y medias verdades, tambin es cierto que la verdad cuenta con armas de autodefensa, que sabe hacerse valer y, sobre todo, que tiene paciencia: sabe esperar. La mentira tiene la piernas cortas y por eso anda siempre con prisas, a la carrera, como escondindose. Porque, en realidad, vivimos inevitablemente en la verdad. Sin verdad no habramos sobrevivido como especie y sin ella no podramos seguir viviendo. Es fcil de entender. Veamos.

Esta seta es venenosa, y me puede matar si la ingiero. Aprender esta verdad ha permitido que muchos antepasados nuestros sobrevivieran. Las fieras, las plantas y los elementos de la naturaleza tienen unas cualidades -y no otras- que las hacen aprovechables o temibles. Saber todas esas verdades ha permitido la constante adaptacin de nuestra especie a distintos medios y toda la cadena evolutiva que ha conducido hasta nosotros. Si no hubiramos dispuesto de mdulos cognitivos que con gran fiabilidad detectan al gorrn que pretende aprovecharse de nosotros, no habra sido posible la cooperacin. Y sin cooperacin difcilmente habramos superado los innumerables problemas adaptativos que hemos superado. Si no dispusiramos de mecanismos precisos para distinguir la falsa de la verdadera expresin facial de las emociones, las emociones bsicas ajenas no nos alertaran ante peligros ni nos guiaran en nuestra socializacin grupal. Cuando nuestro primitivo antepasado construa una flecha o haca fuego estaba poniendo en prctica leyes de la condicionalidad que hoy sabemos que responden a tablas veritativo-funcionales. Si hago esto, entonces resulta esto otro. Y esa regularidad descubierta por la experiencia era permanentemente contrastada por los hechos. Y si se arriesgaba una innovacin, haba que esperar a la prueba de la realidad, que la corroboraba o la falsaba. As hemos vivido y as vivimos. El conjunto de nuestras creencias sobre el mundo es fiable porque dichas creencias se basan en regularidades observadas en nuestra experiencia. S que si suelto esta piedra, caer al suelo. S que la lluvia moja y que el fuego quema. Lo mismo vale para los artefactos construidos por el hombre. S que si presiono ese interruptor se encender una luz, y si abro ese grifo saldr agua. Y confo en esas creencias porque han sido inductivamente formadas sobre la base de su constante puesta a prueba: son creencias fiables. Esto es, verdaderas. La ciencia explora esas regularidades de la experiencia e intenta explicarlas tericamente. Una teora cientfica es bsicamente un modelo abstracto de la realidad que permite subsumir los hechos observables bajo leyes formales, y predecir el comportamiento de un determinado sistema. Por eso una teora es falsable y, en esa medida, informativa. Pensamiento mgico siempre ha habido, ahora tambin, pero slo la ciencia moderna ha permitido construir una increble tecnologa que constantemente nos permite trascender nuestras limitaciones fsicas naturales. Incluso para calibrar los lmites y los efectos perversos de la ciencia y la tcnica, lo mejor que podemos hacer es investigarlos cientficamente.

Otro tanto cabe decir del mundo social: tambin est sometido a regularidades que fundan nuestras creencias sobre su funcionamiento. Esas regularidades constituyen un orden institucional sin el cual no podramos vivir ni convivir. Yo s que este autobs me lleva a la facultad, s que mi clase empieza a tal hora en tal aula, y s que mis alumnos se sentarn frente a la tarima del profesor. S que hay cdigos y reglas sociales cuyo incumplimiento incorpora una sancin. Todas esas verdades las aprendo en un proceso siempre abierto de socializacin. Y gracias a ellas, y al orden institucional que establecen, puedo guiarme en sociedad con mayor o menor acierto. Si esas creencias fueran falsadas permanentemente por la realidad fsica o social-, sencillamente no podramos vivir en el mundo. Mejor dicho, no habra un mundo en el que vivir. Si, al soltarla, la piedra saliera volando, si al dar al interruptor de la luz empezara a sonar msica, si al abrir el grifo saliera vino en lugar de agua, si este autobs de pronto me llevara por otro camino, si mis alumnos ocuparan la tarima del profesor, y si las reglas y cdigos de ayer cambiaran repentinamente hoy, y volvieran a hacerlo maana y otra vez al da siguiente. Si nada funcionara como se espera que lo haga, es decir, si ninguna de nuestras creencias fuera fiable porque no soporta ninguna verdad, nuestra vida sera imposible. Vivimos en la verdad y gracias a ella.

Gracias a ella, tambin podemos juzgar el mundo. Si queremos juzgar una forma de vida o un modelo de sociedad necesitamos teoras de la vida buena y de la buena sociedad. Y estas teoras nuevamente se baten en el terreno de la verdad. La teora de las virtudes de Aristteles o la teora rawlsiana de la justicia o la teora de la libertad de Stuart Mill o la teora marxista de la explotacin incorporan juicios de hecho que les exigen enfrentarse al problema de su verdad o falsedad. La explotacin puede ser considerada mala, pero si no hay transferencia impagada de trabajo juicio de hecho- no hay explotacin. La libertad puede ser considerada algo bueno y Stuart Mill la defiende a capa y espada, pero si no es verdad que permite el desarrollo humano y social juicio de hecho- deja de ser tan buena. Aristteles considera buenas las virtudes de la prudencia y la enkrateia, pero si no estn conectadas con la felicidad juicio de hecho-, no son tan defendibles. La teora de la justicia de Rawls, con la igual libertad en su base, puede ser una buena teora pero slo en la medida en que cubre nuestras intuiciones morales a modo de hechos.

Ahora bien, vivir en la verdad no significa vivir en la certeza. Todas nuestras creencias, tambin las cientficas, son falibles. Y por tanto revisables a la luz de nueva y mejor informacin. A su vez, los hechos, como bien saben los historiadores, son interpretables. Pero las distintas interpretaciones de hechos, acontecimientos o perodos histricos se ajustan y discuten tambin con referencia a una verdad buscada. Los historiadores pese a sus discrepancias- no se sacan el pasado de la manga, sino que lo investigan con las especiales limitaciones empricas propias de la disciplina.

De la misma manera, vivir en la verdad no significa que no haya mentira, engao, manipulacin. Al contrario, todo eso slo es posible porque hay cosas o acciones cuya existencia se puede ocultar o disimular. Desde luego, no siempre el engao y la mentira han de ser malos. El cazador intenta engaar a su presa para cazarla, el jugador intenta engaar a su contrincante para ganarle, el estratega intenta engaar al ejrcito enemigo para derrotarlo. Ulises es un hroe de la cultura occidental por su astucia, y la astucia implica engao. Pero hasta tal punto vivimos en la verdad que, por lo general, la mentira est mal vista. El hipcrita, el manipulador, el corrupto, el estafador pueden conseguir sus propsitos, pero sern duramente reprobados si la verdad que ocultan sale a la luz. Porque no nos gusta que nos engaen.

Gracias a esa predisposicin constitutiva la verdad se hace valer. Y es algo tica y polticamente fundamental. El ciudadano que alza la voz indignado contra la corrupcin responde a esa predisposicin natural en favor de la verdad. Y de ella depende tambin una democracia fuerte y sana que apuesta por la trasparencia y la accountability. La corrupcin vive del engao y el ocultamiento, y por eso lo sabemos desde antiguo- es el principal enemigo de la respublica. La defensa de la verdad es tambin la defensa del bien pblico. Manipulacin, propaganda, mentiras arrojadizas y dems, siempre ha habido. La mejor manera que la opinin pblica tiene de defenderse de ella es mediante el debate abierto y riguroso, con un periodismo consciente y autoexigente, y una ciudadana activa que no se conforma con el primer rumor que le llega a los odos. En la red hay de todo. Tambin hay miles de pginas sin nimo de lucro que aportan anlisis serios e informacin objetiva, hay pginas oficiales fiables, estadsticas que no engaan. Hay, en fin, mucha verdad en el mismo medio en el que la posverdad parece abrirse camino. Setrata sencillamente de no dejarse engaar.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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