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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-05-2017

Por qu los pases del sur de Europa no podrn luchar contra la desigualdad mientras siga en pie su sistema familiarista de prestaciones sociales

Patricia Merino
EconoNuestra


La reciente publicacin de UNICEF Children of Austerity nos recuerda que la recesin ha golpeado de manera especialmente fuerte a la infancia. Segn Gabriel Gonzlez-Bueno, experto del Comit Espaol de UNICEF, abordar en Espaa la pobreza infantil como poltica de Estado no puede esperar ms. Espaa es, junto a Grecia y Rumana el pas con ms altas tasas de pobreza infantil de la UE. Si medimos la pobreza relativa con un umbral anclado (en el ao 2008), casi el 40% de la poblacin infantil espaola es pobre, y el incremento entre 2008 y 2014 ha sido de nueve puntos porcentuales. La pobreza infantil es sin duda un factor determinante de la estructura de la desigualdad en las sociedades actuales. Esto es as de manera cada vez ms acusada en toda Europa debido al abandono de modelos sociales redistributivos y a la recesin, pero en Espaa y en los pases del sur lo es de manera especialmente aguda y vergonzosa.

En 2010 Espaa ya estaba a la cabeza de todos los pases europeos de la OCDE en la magnitud de la brecha entre del 10% ms rico de la poblacin y el 10% ms pobre, varios puntos por encima de Grecia, Portugal e Italia, que junto con Espaa, estn entre los pases menos redistributivos y entre los que ostentan ms altas tasa de pobreza infantil. En 2014 Espaa sigue estando a la cabeza, y si medimos la desigualdad en renta disponible segn el ndice de Gini solo le superan Estonia, Letonia y Reino Unido. En el otro extremo de las grficas estn los pases ms redistributivos: Noruega, Dinamarca, Finlandia y la Republica Checa, que son tambin los que menos pobreza infantil tienen. Existe una fuerte correlacin positiva entre la inversin en prestaciones para la infancia y el grado de equidad social general logrado en una sociedad, algo que la experiencia de los pases escandinavos pone en evidencia.

La desigualdad se construye con muchos elementos. Uno de ellos es el desempleo, pero tan importante como el paro es la estructura interna del mercado laboral, as como el sistema fiscal y la articulacin de las polticas sociales. Espaa, adems de estar a la cabeza de los pases ricos en tasas de desempleo junto con Grecia, Portugal e Italia, es tambin el cuarto pas de la OCDE en volumen de ocupacin atpica una categora en la que la OCDE engloba empleo temporal, empleo a tiempo parcial y autnomos y sin embargo, su sistema de proteccin social se caracteriza por vincular estrechamente el acceso a los beneficios sociales a una participacin estndar en el empleo. Pero por ms codiciado que sea, ni siquiera el acceso al empleo garantiza actualmente la autosuficiencia econmica de la gente: los trabajadores pobres eran en Espaa 2,5 millones de trabajadores en 2015, y el 46,4% de los empleados tenan en 2013 ingresos salariales inferiores a 1.000 . Esta polarizacin social y la debilidad de las franjas medias, no es solo consecuencia del actual capitalismo de casino, sino que en nuestro pas se nutre de races ms antiguas: la moderna desigualdad de las sociedades poslaborales se superpone a otras desigualdades ms atvicas y premodernas.

En 2014 haba ms de 10 millones de personas viviendo bajo el umbral de pobreza en Espaa; pero es en las familias con menores donde la desigualdad se ha cebado: en los informes de Condiciones de vida del INE, todos los hogares con presencia de nios tienen ndices de pobreza por encima de la tasa general, mientras que en todos los hogares donde no hay menores, las tasas de pobreza estn por debajo de la media.

La ausencia de prestaciones para la infancia y la crianza es caracterstica de los regmenes familiaristas del sur europeo, que tambin se distinguen por un mercado laboral dual, un importante volumen de economa sumergida, y por tener aparatos estatales dbiles y fragmentados a merced de redes de poder clientelares. Los programas de transferencias de rentas en estos pases protegen en exceso en algunos casos (Pensiones) y dejan en total desproteccin otros (Infancia). As, mientras que el efecto reductor de la pobreza de las prestaciones sociales en los hogares con nios es en Espaa de los ms bajos de Europa (27,6% en 2013, frente a un 41,3% de la media UE28) el efecto reductor de la pobreza de las prestaciones en los hogares sin nios es casi igual al de la media europea (70% incluyendo pensiones). Esta articulacin de las polticas sociales determina que Espaa, junto a Rumania, Bulgaria, Grecia e Italia; combine las ms altas tasas de pobreza infantil con el ms bajo impacto de las ayudas sociales. Este hecho, que se ha agudizado con la crisis, era ya una tendencia consolidada previamente, y es la lgica consecuencia del invariable desinters que el mbito de la infancia y las polticas familiares han padecido a lo largo de todas las legislaturas tanto del PP como del PSOE. El resultado de este familiarismo geronto-orientado es que hoy en Espaa son a menudo las personas mayores las que garantizan la manutencin de sus hijos y nietos. Hemos construido una sociedad en la que hay una fuerte penalizacin econmica de la crianza, y solo los estratos sociales superiores pueden criar a sus hijos sin la amenaza de la precariedad.

El gasto pblico en Infancia en Espaa es muy inferior a la media europea. En pases como Noruega e Irlanda, ms del 12% del total de los beneficios sociales en el ao 2014 estaban destinados a Infancia/Familia, en Dinamarca, Hungra y Alemania ms del 11%, en Reino Unido, Suecia, Finlandia y Bulgaria ms del 10% y en Polonia y Rumania ms de un 8%. Espaa e Italia solo le destinaron el 5%, y Portugal y Grecia el 4%. Pero es importante destacar que este abandono de la infancia no es una consecuencia de la terrible crisis actual: en toda la dcada de los 90 la inversin espaola en esta funcin social se mantuvo siempre en torno a un 0,5% del PIB mientras que la media de la Unin Europea estaba por encima del 2%.

El abandono institucional de la infancia hace que el gasto social en Espaa sea especialmente ineficaz: Si observamos en una perspectiva comparada la correlacin entre el gasto en proteccin social excluyendo las pensiones, y la reduccin del riesgo de pobreza y exclusin social en la poblacin menor de 65 aos, Espaa, con un gasto social de cerca del 14,5% de su PIB solo reduca el riesgo de pobreza en un 28% en el ao 2010. Los pases nrdicos, con un gasto social de entre un 17% y 20% reducan este riesgo en ms de un 50%. Pero lo interesante es observar que un pas como Austria con un gasto casi idntico al de Espaa (14,7%) reduca la pobreza en un 55%, 27 puntos ms que Espaa; y Reino Unido, con solo 0,5% ms de inversin social, la reduca 22 puntos ms. An ms interesante es que pases como Hungra y la Repblica Checa con un gasto social bastante inferior al de Espaa (12% y 10% de su PIB respectivamente) lograban reducir la pobreza en un 52% y un 47%[1]. Lo que realmente caracteriza el gasto pblico en los pases del sur, por lo tanto, no es su parquedad, sino su ineficacia para paliar la pobreza en la poblacin menor de 64 aos. De nuevo, esta situacin no es consecuencia de la crisis: en el ao 2007 Espaa ya estaba a la cola de toda la Unin Europea en su capacidad para mitigar la pobreza mediante transferencias sociales.

Es la absurda y descompensada distribucin de la proteccin social lo que explica su ineficacia para paliar la pobreza y la desigualdad, pero la proteccin social en Espaa no solo es ineficaz, sino que es regresiva, ya que acaba transfiriendo ms recursos a quienes tienen ms, mediante unos beneficios sociales anti-redistributivos, muchos de ellos canalizados a travs del sistema impositivo y de desgravaciones. Y sin embargo, los medios oficiales siguen repitiendo el mantra del empleo como va nica para combatir la pobreza, y muy en especial, la incorporacin de las mujeres a un mercado laboral patriarcapitalista como remedio para acabar con la pobreza infantil y la feminizacin de la pobreza.

En los pases mediterrneos las polticas de conciliacin han seguido a pies juntillas la lnea marcada por las instituciones europeas en las ltimas dcadas: subsumir todas las prestaciones para la crianza en el marco de polticas incentivadoras del empleo, ofreciendo como nico recurso de apoyo la externalizacin radical a travs de la creacin de escuelas infantiles. La crianza se considera un inconveniente para el buen funcionamiento del mercado, y la infancia est fuera de la agenda poltica. Este criterio, que responde a un ideario neoliberal con exigencias de austeridad fiscal, explica que en los pases del sur no existan ayudas a la crianza ni prestaciones universales por hijo a cargo, beneficios que en los pases que tuvieron regmenes de bienestar redistributivos son habituales; y tambin el que las prestaciones se limiten a beneficios fiscales y a bonificaciones de la seguridad social para las madres trabajadoras. Lejos de tratar de reformar el rgimen familiarista, los gobiernos ms bien se han apoyado en l; y de manera crtica en los ltimos aos. La ausencia de polticas desfamiliarizadoras y desmercantilizadoras de los derechos sociales, ha sumido a las mujeres del sur de Europa en dilemas vitales irresolubles. En estos pases, la precarizacin de la crianza inhibe la natalidad y maximiza las dependencias familiaristas, sobre todo las de las madres del varn y de su familia extensa, por lo que la maternidad tiene en el sur unas implicaciones sociales especialmente graves para las mujeres.

No hay manera de crear equidad ni una verdadera igualdad de gnero sin tener en cuenta las necesidades de la infancia y la realidad de la crianza, y sin desmercantilizar derechos sociales; al menos mientras sigan naciendo criaturas en una sociedad. La precarizacin de la crianza es un factor crucial y determinante en la articulacin de la desigualdad, tanto de clase como de gnero. A Espaa nunca lleg el cuarto pilar de los estados de bienestar, que implica institucionalizar polticas universalistas y desfamiliarizadoras para la infancia y los cuidados. Las ayudas a familias numerosas y para madres trabajadoras son parches insignificantes que imprimen un carcter tradicionalista y mercantilista a una situacin bsica de inexistencia de polticas familiares modernas entendidas como la asuncin de una corresponsabilidad del estado en el bienestar de los menores. Todos necesitamos algo de estabilidad en estos tiempos lquidos, pero durante la crianza esta necesidad es crtica. Las polticas dirigidas a la infancia asignan recursos a funciones socialmente necesarias, histricamente ignoradas y que van ligadas a hechos vitales bsicos, por lo que no es difcil orquestarlas segn criterios universalistas ajenos a las interpretaciones y los intereses de los grupos de poder. Toda medida poltica que aspire a reorganizar el trabajo y la vida social con criterios de equidad y buen vivir, deber tener en cuenta la maternidad, la crianza y la infancia.

Nota:

[1] Social Investment Package, Key facts and figures. European Commission, Employment, Social Affairs and Inclusion, Feb. 2013

Patricia Merino, autora del libroMaternidad, Igualdad y Fraternidad, Clave Intelectual

Fuente: http://blogs.publico.es/econonuestra/2017/05/14/por-que-los-paises-del-sur-de-europa-no-podran-luchar-contra-la-desigualdad-mientras-siga-en-pie-su-sistema-familiarista-de-prestaciones-sociales/



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