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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-11-2005

Automotores Orletti
El taller asesino del cndor

Rosa Miriam Elizalde
Juventud Rebelde


En una esquina de un barrio de clase media en Buenos Aires todava est en pie un taller de automviles donde funcion la filial argentina de la Operacin Cndor. Testigos afirman que en este lugar vieron por ltima vez a dos diplomticos cubanos incorporados a la larga lista de desaparecidos durante la dictadura.  Un socio de Luis Posada Carriles y emisario de la CIA lleg a Automotores Orletti para torturar a los dos jvenes.

BUENOS AIRES.-Si estas paredes pudieran expresar sus sentimientos, lloraran. No se aprecia a simple vista, en cada tramo llovi alguna vez la sangre. Los rastros empiezan en la entrada principal del taller, por donde pasan los autos, que se abre y se cierra con una cortina metlica, de esas que se usan en las viejas bodegas de los barrios. Siguen en la puerta contigua, de tamao natural, blindada y con una mirilla, que solo se abra si se pronunciaba un conjuro previamente convenido: "Operacin Ssamo", parodia del "brete Ssamo" de los cuentos de Al Bab  y los 40 ladrones.

Desde afuera, el edificio es demasiado estrecho y a una le cuesta trabajo imaginarlo como almacn de torturados. Apenas ocupa el espacio de un par de casas de la manzana. Tiene dos plantas. En la primera, entre carros viejos y otros nuevos secuestrados a las propias vctimas, haba un tanque de agua y unos ganchos fijados en el techo, de donde se colgaban a los presos para supliciarlos con la tcnica del "submarino": sumergirlos de cabeza en el agua ptrida hasta el punto en que comenzaban a ahogarse. Algunos, como Carlos Santucho, murieron de esa forma y una no puede dejar de imaginar su agona y sus alaridos, que debieron aterrorizar an ms a los presos que se encontraban en la planta alta, donde funcionaban otras dos salas de torturas en las que la picana poda inferir sufrimientos inimaginables. Por ms que gritaran, no se escuchaba afuera. Frente a la casa una lnea de trenes corta la calle. Cuando el paso de los vagones no ensordeca el lugar, los torturadores mantenan la radio a todo volumen y se beneficiaban, adems, de las voces y los juegos de los nios y de las campanadas de la escuela Mauro Fernndez, cuyo patio linda con el edificio. Con ese humor macabro que a veces tienen los asesinos, los militares llamaban a este centro El Jardn.

Solo si una va advertida de la historia que all se oculta, ver el rastro de la sangre que sale del portn y se pierde calle arriba, con rumbo desconocido. De otro modo, nada insina que esa esquina es diferente a las dems. Pasa un anciano con un diario debajo del brazo, un borracho dormita en la vereda, el viento agita las hojas del ceibo junto a la lnea del ferrocarril, el sol calienta como otras tardes. Pero all donde no hay tarjas, ni estatuas de mrmol, ni monolitos, ni escraches, los historiadores afirman que en 1976 estuvo la sede de la filial argentina de la Operacin Cndor, la transnacional del crimen que concili en un mismo esfuerzo "antisubversivo" a las dictaduras latinoamericanas durante la dcada del 70 y principios de los aos 80.

De hecho la direccin no le dice nada al conductor que me ha trado por la apartada callecita de ese barrio de clase media de Buenos Aires, hasta Venancio Flores 3519-21, esquina con Emilio Lamarca, en Floresta. Un cartel gastado anuncia que en ese lugar opera un Taller Integral de Automviles Nacionales e Importados. Hace exactamente 29 aos haba otro letrero con dos nicas palabras, "Automotores Orletti", cuya sola mencin ha puesto nervioso al taxista: "El que entraba ah, chao!... Muy poquitos pudieron hacer el cuento de lo que les pas en Orletti. Vi a uno en la televisin que no lograba entender por qu, si lo haban agarrado y torturado en Buenos Aires, haban terminado otra vez torturado en Montevideo."

1976, EL AO MS PRODUCTIVO DEL CNDOR

El 31 de diciembre de 1976 el diario La Opinin se jactaba de que en un ao "la guerrilla" argentina haba sufrido 4 000 bajas y que Monteneros, por ejemplo, haba perdido el 80 por ciento de sus dirigentes. El Buenos Aires Herald era ms cauto: estimaba las vctimas en un 1 100 muertos. Un diario clandestino aada que hay un muerto cada cinco horas y una bomba cada tres. Para la periodista argentina Stella Calloni, autora de Los aos del lobo, un clsico sobre la Operacin Cndor, todas estas cifras pueden ser verdad. "El 1976 es clave. Fue el ao en que se organiza Cndor, aunque las dictaduras latinoamericanas venan trabajando desde antes con los Estados Unidos, particularmente con el Partido Republicano."

La cifra de desaparecidos, solo en el Cono Sur, superara los 50 000. En Centroamrica, Guatemala ostenta el doloroso rcord de 200 000 muertos bajo sucesivas dictaduras que provocaron 36 aos de guerra, como se desprende del cuidadoso anlisis que realiz la Comisin de la Verdad, patrocinada por las Naciones Unidas. Pero 1976 es el ao donde se desboca la matanza institucional, gracias a la colaboracin entre los servicios de inteligencia de las dictaduras latinoamericanas, inspirada, financiada y asistida con tcnica de represin por la Central de Inteligencia norteamericana. En una continentalizacin de la criminalidad poltica, como la llam Volodia Teintelboim.

"Hoy se conocen detalles de la famosa reunin de mediados de 1975 en Chile, que marca la concertacin formal de seis pases en la Operacin Cndor -afirma Stella. Pero Estados Unidos hizo ms que organizar encuentros como estos. La divisin de servicios tcnicos de la CIA suministr equipos de tortura elctrica a brasileos y argeninos, y ofreci asesoramiento sobre el grado de shock que el cuerpo humano poda resistir."

El periodista Manuel Buenda, uno de los ms importantes columnistas mexicanos, asesinado en un atentando en 1984 en Ciudad de Mxico, lleg hasta George Bush en la investigacin sobre esta trama: Si bien estuvo un corto tiempo al frente de la CIA -desde el 30 de enero de 1976 al 20 de enero de 1977-, ese tiempo le bast a Bush para ordenar y apoyar algunos de los crmenes ms tenebrosos de esos escasos 12 meses. Como escribi Buenda: 'Bush encarna la capacidad para la intriga y la accin violenta, hasta los extremos de la matanza' En este ao la ronda de la muerte no tuvo descanso en Amrica Latina."

En abril de 1976, Bush orden a uno de sus agentes que organizara una reunin para unificar a los grupos de exiliados cubanos dispuestos a combatir contra su pas. En San Jos de Costa Rica Stella est convencida de que hubo dos reuniones, una en Costa Rica y otra en Repblica Dominicana- se constituy bajo la direccin de la CIA, el Comando de Organizaciones Revolucionarias Unificados (CORU) con Orlando Bosch como coordinador principal.

Bush saba perfectamente que los cubanos anticomunistas eran los homicidas mejor entrenados del mundo -y as lo reconoci la revista U.S. News and World Report. Los miembros del CORU, que entonces actuaban bajo distintas siglas hasta que Bush los unific, fueron sindicados como participantes en todos los atentados de Cndor, como el de Carlos Prats (Chile), Orlando Letelier (Chile) y el fallido contra el chileno Bernardo Leighton, que tuvo lugar en Roma.  Hoy se sabe que fueron dos cubanos -Virgilio Paz y Jos Dionisio Surez- los que ejecutaron el asesinato de monseor Oscar Arnulfo Romero, en San Salvador, en marzo de 1980.  "Si todos estos crmenes, de una manera o de otra, lo han admitido, imagnate lo que habrn matado. Cndor es una madeja muy complicada, de la cual sabemos todava muy poco. Pero lo que s se pueda decir con total seguridad es que los cachorros cubanos de Bush transmitan rdenes de la CIA, cuando no las ejecutaban ellos mismos. Quien quiera saber la verdad de la historia tenebrosa de las dictaduras latinoamericanas tendr que seguirle la pista a los terroristas cubanos", aade Stella.

En todo este entramado, "Luis Posada Carriles es uno de los hombres de ms confianza de la CIA, con un nivel similar al de Flix Rodrguez, el asesino del Che. Los otros eran matoncitos que iban con sus pistolas a Roma o apretaban el control remoto de una bomba o torturaban en Argentina."

Mientras Cndor extenda sus alas en el sur del continente en su ao de gloria, Luis Posada Carriles estuvo en Chile y en Argentina, antes del asesinato de Letelier y de la voladura de avin de pasajeros cubanos frente a las costas de Barbados con 73 personas a bordo. Para qu?

DOS CUBANOS EN AUTOMOTORES ORLETTI

A Orletti lo diriga el llamado Grupo de Tareas 18, dirigido por Anbal Gordon, un matn que tena antecedentes penales por robo a mano armada y obedeca directamente las rdenes del Comandante General de la Secretara de Informaciones del Estado (SIDE), Otto Paladino. Desde junio de 1976 el lugar haba sido arrendado por los servicios represivos argentinos y era una de las 300 prisiones clandestinas de la dictadura, pero se destacaba por dos hechos de particular excepcionalidad: funcionaba como base principal de las fuerzas de Inteligencia extranjeras que operaban en Argentina, articuladas en la Operacin Cndor, y estaba diseado para que nadie pudiera contar luego lo que all haba visto y padecido. De los cientos de presos que pasaron por el "taller", hay muy contados sobrevivientes.

Uno de ellos, Jos Luis Bertazzo, pas dos meses en Orletti. Logr identificar a chilenos, uruguayos, paraguayos y bolivianos entre sus compaeros de infortunio, quienes le comentaron que eran interrogados por oficiales de sus propios pases. En ese lugar tambin torturaron a la nuera -embarazada de siete meses- y al hijo del poeta Juan Gelman. La muchacha de 19 aos fue traslada a Montevideo para que, antes de ser desaparecida, diera a luz a su hijita. De Marcelo Gelman, periodista y poeta como su padre, nada se sabe. Segn revela el investigador  norteamericano John Dinges en un libro reciente, Los aos del Cndor, presos del MIR de Chile le contaron a Bertazzo en Orletti que haban visto entre esas paredes a dos diplomticos cubanos, torturados salvajemente por el Grupo de Gordon y por un hombre que vino de Miami solo por un da, para interrogar a los presos de la Isla.

Jess Cejas Arias, de 22 aos, y Crescencio Galaega, de 26, haban sido capturados el 9 de agosto de 1976 frente al parque Belgrano, en un barrio residencial surcado de embajadas y pequeos hoteles de distinguido empaque. Ambos integraban el grupo de jvenes que custodiaba al embajador cubano en Buenos Aires, Emilio Aragons, a quien ya haban tratado de asesinar. Asegura John Dinges que convers con testigos que presenciaron el secuestro de Jess y Crescencio, cuando caminaban tranquilamente por Virrey del Pino, en el punto exacto donde cruza la calle Arribeos. Unos 40 hombres armados bloquearon con sus Ford Falcn ambos lados de la va. "Los dos jvenes ofrecieron una resistencia tremenda. Los argentinos no dispararon sus armas porque los queran vivos. Fueron interrogados por oficiales argentinos y chilenos. Tanto el FBI como la CIA fueron informados de los arrestos y de las interrogaciones, afirma Dinges.

El 22 de septiembre de 1976, el hombre del FBI en Buenos Aires, Robert Scherrer, envi a Washington un minucioso informe -desclasificado y publicado en el libro de Dinges- con informacin de "sus fuentes". El secuestro de los cubanos haba sido una operacin de la SIDE y el oficial del FBI haba recibido un reporte de los interrogatorios. Scherrer comenta al vuelo que el agente de la CIA y de la DINA chilena Michael Towley, involucrado por esos das en el asesinato del diplomtico Orlando Letelier, tambin particip en los "interrogatorios".  

Otro testigo de primer orden, el ex jefe de la DINA, confirmara esta evidencia. El 22 de diciembre de 1999, durante una entrevista en Santiago de Chile con la jueza federal argentina Mara Servini de Cubra que investigaba el asesinato de Letelier, Juan Manuel Contreras Seplveda ofrecera ms detalles de la presencia de la CIA en Automotores Orletti. Contreras declar voluntariamente que el norteamericano Michael Townley y el cubano Guillermo Novo Sampoll* viajaron desde Chile a Argentina el 11 de agosto de 1976. "All cooperaron en la tortura y el asesinato de los dos diplomticos cubanos", afirm, y sus declaraciones no solo estn en el acta de la jueza, sino que la ha repetido a los periodistas en cada oportunidad que la prensa ha logrado tomarle declaraciones desde entonces.

En su autobiografa Los caminos del guerrero, Luis Posada Carriles incluye el asesinato del espirituano Jess Cejas Arias y del pinareo Crescencio Galaega entre los xitos de su lucha contra el "comunismo castrista". Orlando Bosch se jact en El Miami Herald de esta operacin concertada con la CIA y con las dictaduras de Chile y Pinochet: Nuestros aliados se hubieron de comprometer, y as lo realizaron, en el secuestro de dos miembros de la embajada en Buenos Aires, que no han aparecido jams.

LAS GARRAS DEL CONDOR

Jos Ramn Morales y Graciela V. de Morales lograron escapar, heridos y desnudos, una noche de noviembre de 1976. Graciela pudo desanudarse las manos atadas y robarle a su carcelero dos armas, atacndolo por sorpresa mientras dorma. Nadia Urrutia, una anciana que ha vivido en el barrio Floresta por ms de 40 aos, recuerda el tiroteo y la cacera que se desat ante los vecinos atnitos. "De aquel taller que siempre estaba cerrado salan como ratas los guardias vestidos de civil", dice. La huida de la pareja oblig a cerrar rpidamente Automotores Orletti, el principal nido de Cndor en Argentina, pero dej a esta ave de rapia en pleno vuelo.

De hecho el Cndor sigue volando, como si nada, 30 aos despus "Cndor no es un Plan, sino una serie de operaciones con un carcter transnacional que dirige y seguir dirigiendo Estados Unidos con el uso de mercenarios", dice Stella, que no se cansa de advertir que seguimos viviendo en un mundo de terror globalizado, tal vez ms sofisticado que el de las dcadas precedendes. Automotores Orletti, como las crceles clandestinas que ahora maneja la CIA en Europa, son guaridas de un mismo pjaro. El cerebro y el corazn de Cndor son norteamericanos, pero las  garras manchadas de sangre suelen tener distinta nacionalidad. Antes, durante y despus de 1976 eran made in Miami.

* Como se conoce, Guillermo Novo Sampoll estuvo preso en Panam, junto con Luis Posada Carriles, por el intento de asesinar al Comandante en Jefe Fidel Castro, durante la Cumbre


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