Portada :: Mundo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-09-2017

Las andanadas anti-Trump del establishment

Eduardo Montes de Oca
Rebelin


Coincidamos con quienes estiman que, en este caso, los rboles no permiten ver el bosque, o, como escribe Augusto Zamora en la digital Rebelin, el humo no deja ver el fuego, los ruidos apagan las voces. Meros lugares comunes? Nada de eso. Sucede que, aunque solapadas, son falsas las premisas con que el establishment vinculado con el Partido Demcrata y con sectores cercanos despliega una implacable campaa contra el flamante presidente de los Estados Unidos.

Que conste: no pretendemos justificar los exabruptos, desplantes, paranoia tuitera, veleidades y otras caractersticas de la personalidad abiertamente narcisista con que el magnate devenido mandatario se est desenvolviendo.

Empero, verdaderamente los motivos de la cruzada meditica, poltica y legal contra Trump suponen la defensa de los inmigrantes ilegales? Claro que no. Estos nunca han importado realmente. Mucho menos el manoseado muro con Mxico (a Bill Clinton le corresponde la medalla en ese tema). No obstante, inmigrantes y muro tienen la carga emocional suficiente para servir de tapadera. De qu? De impedir que Trump demuela el consenso imperial vigente desde los aos 90 del siglo XX. No es una pelea de buenos y malos, porque en ella no hay buenos. Trump, simplemente, estara pagando el precio de romper ese consenso y querer imponer un imperialismo de viejo cuo, basado esencialmente en la supremaca militar, similar a la de Theodore Roosevelt, a principios del siglo XX.

Tal como se pronuncian Arnaud Blin y Franois Soulard en el artculo Los naipes estn sobre la mesa: Trump y el retorno de una realpolitik ortodoxa, traducido y publicado por alainet.org, la poca del No Drama Obama ha terminado ntidamente. Toca el turno oh, eterno retorno a las pulsadas de todo tipo. Tras semanas de incertidumbre acerca de la nueva poltica exterior de la Unin, se precipitaron en torrentosa corriente los acontecimientos. En el espacio de pocos das, [ocurri] la intervencin militar en Siria y Afganistn, unida a un nuevo plan -informal todava- para la gran estrategia de los Estados Unidos.

S, a pesar de varias teoras conspiracionistas que no dejaron de mostrar la arquitectura de desinformacin que se va intensificando a escala planetaria, la decisin de intervenir en Siria tras el ataque con gas sarn atribuido [] a las fuerzas armadas sirias va a definir de alguna manera toda la poltica de Donald Trump para los prximos aos. De hecho, esta intervencin seala el estruendoso regreso de los Estados Unidos en el juego de los grandes y marca una ruptura con la poltica del presidente Obama, la cual ha sido muy lejos de ser menos militarista pero si menos pretenciosa en trminos de proyeccin de potencia. Ms all de la retrica oficial sobre la necesidad de hacer respetar las normas internacionales, esta intervencin tiene como nico objetivo enviar una seal a la comunidad internacional, y en particular a Rusia y a China, [de] que los Estados Unidos piensan volver a ocupar ahora el primer plano de la escena.

Paralelamente, el repentino acercamiento con China -que luego se vio empaado por la crisis de los misiles ensayados por Corea del Norte, socio estratgico de Beijing-, duramente criticada durante la campaa presidencial, y el brutal enfriamiento de las relaciones con Putin dan a entender que el actual inquilino de la Casa Blanca va a jugar la baza del equilibrio de las potencias, alindose con otro de los dos grandes actores del tablero mundial.

Segn el leal saber y entender de Blin y Soulard, ante las dificultades ya afrontadas en materia de poltica interior, todo lleva a creer que nuestro hombre va a concentrarse en los asuntos exteriores. Por un lado porque la Casa Blanca goza en esa rea de un poder mayor que en el espacio interno; por otro lado porque Donald Trump va a encontrar en las negociaciones con sus pares un terreno que le conviene mucho ms que el de andar tironeando por pequeeces con el Parlamento estadounidense. A travs de su poltica exterior, donde va a hacer sentir la potencia de los Estados Unidos, Trump intentar ganarse un apoyo del pblico estadounidense que le permita, eventualmente, amordazar al Parlamento (recientes encuestas indican una opinin mayoritariamente favorable a las medidas de ataque areo a Siria en la poblacin estadounidense).

Concluyendo con este aspecto, la estrategia completa parece articularse alrededor de los mencionados nexos de poder explcito, teniendo por teln de fondo una estrecha visin del inters nacional de los Estados Unidos. Si este esquema se hace carne de las circunstancias, explican los aludidos observadores, el principal peligro advendr de la voluntad de intervenir militarmente, verbigracia en Siria o en Irak. A su vez, sus lazos con Putin podran degenerar raudos, con consecuencias nefastas en el terreno.

En este juego de tres EE.UU., China, Rusia Europa no ser ms que un socio de segundo rango obligado a seguir a los Estados Unidos. Es cierto que, contando con un voto cada uno en el Consejo Permanente de Seguridad de la ONU, Francia y el Reino Unido tendrn al menos voz en el asunto pero, globalmente, les costar salir del rol de segundones y no podrn oponerse a Washington de manera efectiva.

Con respecto a Amrica Latina, seguimos en la lnea de la Doctrina Monroe [] combinando poder blando y ofensivo capaz de presionar a los regmenes recalcitrantes. Por supuesto, no hay duda de que Washington piensa ejercer todo su peso para que la geopoltica del continente apoye los intereses estadounidenses e intentar dictar sus propios trminos, tal como sucede ya con Mxico [y Venezuela]. En Oriente Medio, todo lleva a creer que la poltica de Trump se inclinar ampliamente en favor de Israel y que esa actitud decidir las dems alianzas en la regin. El Estado Islmico, que por ahora no representa prcticamente ninguna amenaza para los Estados Unidos, podra convertirse en un pretexto para una intervencin en Cercano Oriente. En este sentido, algunos prximos atentados podran servir de chispa disparadora.

As que el Csar, cuyo ltimo objetivo es devolver a su pas el lugar preponderante que ocup hasta hace unos aos, cuando en su contienda por la Oficina Oval renegaba de los encontronazos blicos, deber esquivar los mltiples obstculos ante su ruta: En ese mbito, Medio Oriente, Rusia, Corea del Norte e incluso China son todas trampas potenciales que podran rpidamente llevar a Washington por una pendiente extremadamente resbaladiza, tanto ms cuanto que el Presidente gusta particularmente de la estrategia del caos. Desde un punto de vista ms general, este paso a la fuerza no resolver en nada los grandes problemas del momento que afectan al conjunto del planeta. Ms bien, todo lo contrario. Y con esto de cortarse solo, finalmente todo el mundo, incluidos los Estados Unidos, se arriesga a perder las plumas, e incluso mucho ms.

Dos modos de entender el imperialismo

Dentro de ese maremagno, lo que ms animadversin despierta en el segmento del establishment proclive al No Drama obamiano constituye, conforme al arriba mencionado Augusto Zamora, la idea inicial de acuerdos con Rusia. Insistamos en que la doctrina imperial de EE.UU. desde 1992 se basa en impedir el resurgimiento de una superpotencia en Eurasia, que ose disputar la supremaca universal a la Unin.

Eso explicara por qu el grueso de los tiros han sido dirigidos contra los colaboradores sospechosos de rusofilia. Con una carambola: liquidando polticamente a esos colaboradores, se arrinconaba a Trump y se le obligaba a recular en sus planes de acercamiento a Rusia La razn de todo ello: EE.UU. necesita que el pen Europa contenga a Rusia para tener manos libres con China, pues EE.UU. no podra con Rusia y China a la vez. Como si no bastara, Trump ha apoyado eufricamente el Brexit, no obstante el que un Reino Unido fuerte en una Europa fuerte es un inters estadounidense dominante.

Ocurre que Mister Trump ha provocado quizs sin proponrselo- un choque entre los dos modos de entender el imperialismo norteamericano y acerca de cmo lograr su prevalencia a pesar de los desafos planteados por el resurgimiento de Rusia y el creciente poder econmico, comercial, industrial y militar de China. En esencia, resultara esa, y no otra, la cuestin que las lites de USA estaran dirimiendo, pues el jerarca amenaza con cambiar basamentos de lo que, hasta su victoria electoral, representaba una visin geopoltica ampliamente compartida, aplicada plcidamente, sin sobresalto alguno, desde el suicidio de la URSS, en 1991.

Comulguemos con Zamora, quien alude in extenso a documentos oficiales de Washington: esa posicin parta de que, si EE.UU. ansiaba renovar y extender su hegemona mundial, desde el presupuesto de que los rivales que batir eran China, Rusia e Irn, los pasos fundamentales seran los siguientes: Washington porfiara en su presencia en los ocanos Atlntico y Pacfico; en el segundo de ellos est su mayor desafo: Beijing. En esta trama, para enfrentar a la potencia asitica, debera aprobar el Acuerdo Transpacfico de Cooperacin Econmica (TTP, sus siglas en ingls), una seal de la renovada determinacin de EE.UU. de mantener sus compromisos en Asia oriental, tanto poltica como estratgica y econmicamente si no se aprueba el TTP se enviar un mensaje a Asia y al mundo de que EE.UU. est demasiado dividido internamente y no le interesa un acuerdo comercial tan ventajoso. En caso de fracasar, China tendra una mano mucho ms libre para escribir las reglas econmicas en Asia.

Asimismo, se afirma que histricamente, la mayor parte de los logros de la poltica exterior estadounidense se han llevado a cabo en asociacin con nuestros aliados ms cercanos en Europa, regin estratgicamente amenazada por la creciente ambicin de Rusia. As que, para proporcionar seguridad a los aliados de EE.UU. y tambin para disuadir los esfuerzos de Rusia [EE.UU. est impelido a] establecer una presencia ms slida de sus fuerzas armadas, que debera incluir una mezcla de fuerzas estacionadas permanentemente, fuerzas de despliegue rotativo, equipo pre-posicionado, acuerdos de acceso y un calendario ms vigoroso de entrenamiento y ejercicios militares.

Ahora, para el fortalecimiento de la influencia gringa en el Viejo Continente se hace esencial que el Tratado Trasatlntico de Comercio e Inversiones (TTIP) sea negociado y aprobado exitosamente tanto por el Congreso de EE.UU. como por la Unin Europea. El prximo presidente, en lugar de considerar el TTIP como uno de los temas difciles que debera ser postergado, tiene que convertirlo en una prioridad del Gobierno y del Congreso desde un principio, cosa que, se sabe, eludi.

En relacin con Damasco, en los antes citados documentos oficiales se proclamaba que EE.UU., junto a Francia y otros aliados, debe emplear la potencia militar necesaria, incluida una zona de exclusin area debidamente diseada, para crear un espacio seguro en el que los sirios puedan trasladarse sin miedo de ser asesinados por las fuerzas de Assad y donde las milicias de oposicin moderadas puedan armarse, entrenarse y organizarse. EE.UU. puede encabezar la asistencia y proteccin necesarias para este espacio seguro, de la misma manera que lo hizo con los kurdos en el norte de Irak despus de la primera guerra del Golfo. Todo ello dirigido a derrocar al rgimen de Bashar el Asad y establecer un gobierno amigo de EE.UU..

Para Zamora con quien compartimos asimismo esta especulacin- si Hillary Clinton hubiera ganado en 2016, este guin habra discurrido como miel sobre hojuelas. Pero no acaeci de esa guisa, obviamente. El anhelo de los grupos cimeros se tronch con la inesperada victoria de un outsider salido del extrarradio republicano, sin ningn bagaje ni estrechos nexos con esas lites. Trump, durante su campaa electoral, no ocult sus simpatas por Putin ni su deseo de alcanzar acuerdos con Rusia. Acuerdos en Europa (Crimea no vale una guerra nuclear), que incluyan el fin de las sanciones por tal tema; y sobre Siria, para combatir al terrorismo islamista junto a Rusia (el Estado Islmico lo cre Obama). Trump, adems, declar la guerra a los tratados de libre comercio, siendo el TTP el primero en ser tumbado, suerte que seguir el TTIP. De esa forma, Trump rompa las mandbulas geoestratgicas diseadas para atenazar al continente euroasitico. Porque TTP y TTIP usaban el comercio como medio de apuntalar un orden geopoltico dominado por EE.UU. Eran arietes para arrinconar a Rusia -el TTIP- y a China el TTP.

En adelante?

A todas estas, lograr continuar el lder de la actual Roma con su rusofilia inicial, por ejemplo? Dficil, por no aventurar que imposible. Como ya se aprecia, se van frustrando las promesas que insuflaron esperanza a los norteamericanos y a los pobladores del orbe en pleno, cansados de conflictos. Y no hay que obviar que el mandams est apoyado por una parte de la lite globalizada, que, evoca en SPUTNIK MUNDO la periodista Vicky Pelez, ansa la continuacin de la agenda de expansin del imperialismo yanqui.

El secretario general de la alianza atlntica, Jens Stoltenberg, ya le envi un mensaje recordndole que una OTAN fuerte es buena para Estados Unidos y buena para Europa. Con lo cual est rogndole que la poltica agresiva prosiga su curso y que Rusia debera ser considerada como un pas enemigo de Occidente.

Lo que acontece es que los miembros del bloque estn preocupados por el recorte de una aportacin a su presupuesto ascendente al 72 por ciento. Si el primer magistrado de USA decide establecer las paces con el oso y cooperar con este en la tarea de destruir el Estado Islmico y otras organizaciones terroristas afines, no se requerira una OTAN armada hasta los dientes, pues el nico enemigo de la Unin Europea seala Pelez, artificialmente creado por los globalizadores 'iluminados', se convertira en su aliado.

Y para materializar su declaracin de abandonar las conflagraciones y tomar el camino de la cooperacin, Donald Trump tendra que enfrentarse al complejo militar-industrial, al financiero, al energtico y al meditico, o lograr compromisos con ellos, adems de Israel. Este pas dio apoyo al candidato republicano en su campaa electoral y habr que ver cmo evolucionan las relaciones de Norteamrica con Irn teniendo en cuenta que Israel considera al pas persa su enemigo, de acuerdo con la colega.

De manera que, dsele la vuelta que se le d, el asunto pasa de Trump. Las encendidas crticas contra l suponen una enconada batalla entre aquellos gerifaltes que se decantan por el palo y la zanahoria, que no titubean en alternar la mano fuerte y el guante de seda; y los que apuestan por la realpolitik, la dura textura del madero sempiterno.

Postura, la postrera, que parece prevalecer, porque hasta el instante los intentos de iniciar una guerra a gran escala han sido disuadidos merced a la cordura de los gobiernos agredidos o amenazados, y no de los Estados Unidos, gran parte de cuyas capas dirigentes lucen ansiosas de un encontronazo internacional, para reactivar una economa lenta, por el hoy inoperable axioma de destruir las fuerzas productivas para reconstruirlas, y con la embestida dar aliento al insaciable complejo militar-industrial.

Lo demuestran la intervencin en Afganistn, Libia, Irak, Siria, Mal, Sudn del Sur, Yemen, Venezuela; las arremetidas contra Rusia, China, Irn Para diversos expertos son estas evidencias ms que palpables de que un estallido generalizado en s, impensable, porque no quedaran supervivientes en tiempos de armamento atmico- supone el mayor e irracional propsito de las transnacionales del Orden Mundial.

Es que, como asevera en RT Carlos Santa Mara, quizs un tanto optimista, el tiempo se agota, la derrota del terrorismo est pronta histricamente y la crisis se acerca para el rgimen gringo. Por tanto, las contradicciones se agudizarn y, ante ello, primarn la inteligencia y la dignidad de las naciones soberanas que sabrn evitar la pugna. Mientras, continuar el escenario de una lucha sin respiro entre los conservadores del consenso detonado en los aos 90 y los heraldos de un imperialismo de aosa impronta, basado laen descarnada supremaca militar.

Eso s: la diana visible deviene y devendr Donald Trump, que si empez con las villas y castillas de un desarrollo econmico sin rispideces blicas, ahora elige a Marte, el dios de la bruida lanza. Ah, y a no dudarlo, los motivos alegados de las diatribas contra el advenedizo de una porcin de los contendientes continuarn resultando la benvola defensa de los inmigrantes ilegales y la animadversin contra un cacareado muro.

Ojal, ms all de dimes y diretes, a la larga se imponga la razn, porque el peligro nuclear est latente. Palpitante. Nunca lo olvidemos.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter