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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-12-2017

El sistema universitario espaol ante el racismo institucional

Arturo Borra
Rebelin


1. La evidencia del racismo

Preguntarse acerca de la existencia del racismo institucional en el contexto espaol es, en el mejor de los casos, ingenuo. De forma similar a lo que ocurre en el resto de Europa, el asedio sobre los sujetos migrantes, desplazados y minorizados no cesa de intensificarse. La criminalizacin de la inmigracin en situacin irregular, la institucionalizacin de los CIE, las redadas policiales basadas en perfiles tnico-raciales, la poltica cada vez ms restrictiva de asilo y la vulneracin sistemtica del derecho a solicitar proteccin internacional (especialmente en la frontera Sur con las devoluciones en caliente), el incumplimiento gubernamental de las cuotas de acogida de personas solicitantes a las que se haba comprometidoel estado espaol desde 2016, las muertes por goteo de miles de personas en las puertas de Europa sin que se activen medidas urgentes para evitarlas, la Ley de Extranjera vigente, la exclusin sanitaria de inmigrantes en situacin irregular, la islamofobia y el antigitanismo presentes en las fuerzas policiales, la desigualdad laboral que sufren los sujetos racializados o el tratamiento meditico dominante del que son objeto, entre otros, son ejemplos manifiestos de una prctica institucional persistente: la marginacin e inferiorizacin de los otros, sometidos ellos mismos a una dinmica jerarquizante en la que tambin el gnero y la clasetienen su incidencia especfica, sin que ello justifique en lo ms mnimo la reduccin del racismo a una forma de patriarcado o de clasismoi.Como fenmenos concomitantes y sobredeterminados, cada uno de estos vectores de desigualdad agrava un fenmeno ya de por s inaceptable y que requiere, en trminos analticos, ser distinguido en sus especificidades materiales. Pensar en esos entrelazamientos permite ahondar en un rgimen de dominacin que ejerce sus presiones de forma desigual segn el sujeto del que se trate, ms all de la pregunta por la simple disyuntiva sobre la existencia (o no)del racismo.

La investigacin crtica sobre la problemtica racista, sin embargo, se topa con escollos quizs insalvables al momento de determinar el grado de penetracin en las institucionespblicas espaolas. La opacidad estadstica que existe al respecto dificulta seriamente el intento de elucidar las posiciones que ocupa esta ciudadana diversa en el contexto institucional espaol. En particular, indagar sobre su posicin relativa y grado de participacin institucional exigesortear las dificultades recurrentes para acceder a informacin confiable acerca de las estructuras socioinstitucionales existentes y el modo en que esas estructuras reproducen las desigualdades sociales.

El caso del sistema universitario espaol (SUE) es peculiarmente ilustrativo. De modo anlogo a lo que ocurre en el campo meditico, en las ONG,en los sindicatos o en el sistema poltico, los sujetos racializados (inmigrantes, desplazados, solicitantes, refugiados y, de forma flagrante en Europa, las comunidades gitanas) son objeto sistemtico de marginacin, reducidos regularmente a la condicin de receptores, usuarios, afiliados, votantes o, en un lenguaje empresarializado, clientes. La igualdad como principio abstracto se transforma, en esta economa poltica de las instituciones, en desigualdad concreta. As planteada la problemtica, es pertinente preguntar: qu insercin profesional tienen estos sujetos en el campo universitario? Cul es su nivel de participacin poltico-cultural en las instituciones educativas superiores? Qu aportaciones efectan ms all de su contribucin econmica al erario o al sistema productivo?

Como he argumentado en otra oportunidadii, los objetivos que estructuran la produccin de conocimiento por parte de los organismos oficiales difuminan semejantes problemticas: la va estadstica slo permite determinar parcialmente el grado de insercin real del profesorado racializado en el sistema universitario espaol, pese a estar legalmente habilitados a participar en este tipo de actividadfundamentalmente bajo el rubro de personal contratado-iii.Desde esos objetivos, sencillamente, nuestras preguntas resultan irrelevantes o no pertinentes. No forman parte de las preocupaciones institucionales centrales que estructuran la investigacin sobre las propias instituciones universitarias.

2. El estrangulamiento de la universidad pblica

Para situar la problemtica del racismo en el sistema universitario espaol resulta conveniente mencionar algunas de sus condiciones de existencia actuales, comenzando por la continuidad de una poltica que dualiza el profesorado universitario entre funcionariado y personal contratado, afectado especialmente por una creciente precarizacin. De hecho, de los 115336 docentes e investigadores que hay en el SUE menos del 40 % son funcionario/asiv, evidenciando las brechas laborales que existen dentro del propio profesorado nacional.

Desde esta perspectiva, semejante brecha se puede explicar a partir de la tendencia privatizadora a la que est sometida la universidad pblica espaola, acorde a la poltica neoconservadora hegemnica a nivel europeo. Adems de impugnar cualquier educacin crtico-reflexiva, esta poltica universitaria implanta un modelo de calidad educativa ligada a parmetros de eficiencia y rentabilidad acorde a la primaca de una sociedad de mercadov. De esa configuracin resulta el predominio de una formacin universitaria tecnicista o profesionalista orientada a la gestin privada que obstruye, en trminos epistemolgicos, tericos y polticos, un debate institucional ms que necesario, ligado a las propias estructuras y prcticas universitarias en funcin de las transformaciones socioculturales del presente, incluyendo la reconfiguracin de la sociedad espaola a partir 1) de los procesos de inmigracin producidos especialmente a partir de los 90 del siglo pasado,y 2) de los procesos de emigracin o movilidad forzosa-producidos a partir de la crisis econmica de 2008 (especialmente de jvenes investigadores), por falta de oportunidades laborales, inestabilidad laboral, salarios y becas precarias, falta de inversin en la investigacin cientfica, enchufismo y endogamia sistemticos, rigidez en las contrataciones y falta de recursos y puestos de trabajo, entre otras cuestionesvi.

En este sentido, la crisis de financiacinempuja a las propias universidades (y al propio profesorado dentro de estas) a una lucha por la obtencin de recursos escasos que no hace sino postergar un debate imprescindible tanto en relacin con sus modos de financiacin como en torno a sus dinmicas organizacionales, sus estructuras profesorales, sus modalidades de vinculacin con la sociedad en la que se inscriben y sus finalidades poltico-institucionales. Dicho lo cual, partiendo del actual contexto de estrangulamiento financiero,no cabeomitiruna reflexin crtica que permita identificar formas persistentes de desigualdad institucional y, particularmente, aquellas dinmicas que jaquean la democracia universitaria, bloquean la excelencia acadmica e impiden una transformacin de sus estructuras institucionales.

Para decirlo de otro modo: el modelo actual de financiacin universitaria y el desarrollo de unas polticas universitarias regresivas no debera ser impedimento para indagar sobre las estrategias que se elaboran desde el (auto)gobierno universitario, as como sobre las decisiones internas que histricamente han consolidado (y, eventualmente, alterado) esas desigualdades institucionales, comenzando por las desigualdades de gnero y prosiguiendo con otras formas de desigualdad, como por ejemplo las que se producen por nuestras pertenencias tnico-raciales o nacionales. Semejantes omisiones analticas bien podran estar operando como coartada terica para ocultar no ya la precarizacin del espacio universitario, sino la reproduccin de una cultura acadmica marcada por su clausura institucional, producto de una historia colonial que ha instituido el racismo y la xenofobia como relacin prevaleciente con los otros. Aunque esa cultura acadmica no est exenta de disputas y resistencias, su primaca es manifiesta, precisamente, como prctica institucional excluyente.

Por tanto, el conocimiento (no slo estadstico) de esas desigualdades, como condicin de produccin de otras polticas y decisiones universitarias, exige conocer no slo la posicin y el grado de participacin de mujeres en el profesorado universitario espaol (algo de lo que s disponemos informacin), sino tambin del profesorado universitario extranjero y perteneciente a minoras tnicas (siendo este ltimo caso algo queslo podemos conocer de forma indiciaria).

Paradjicamente, el sistema universitario espaol, a la vez que expulsa a una parte nada desdeable del profesorado y del personal investigador nacional al exterior, restringe severamente el acceso y permanencia del profesorado y del personal investigador extranjero residente en Espaa. Con ello, desde una dimensin econmica, el estado espaol no slo da las espaldas al problema de la fuga de talentos (denunciada por las propias universidades), sino tambin a la falta de una poltica universitaria que logre captar y retener profesionales de la educacin superior formados en universidadesno espaolas. Aunque en un plano acadmico las consecuencias de estas falencias estructurales no son fciles de desentraar, en un plano econmico sus implicaciones son claras: el incremento de costes educativos sin ningn tipo de retorno en el propio sistema universitario, as como la dilapidacin econmica de personal docente e investigador extranjero que, por lo dems, podra contribuir a la excelencia de dicho sistema.

Si por una parte el estado financia la formacin universitaria de miles de egresados que se ven empujados a emigrar, por otro lado, desaprovecha la formacin universitaria de cientos de miles de profesionales que han inmigrado en las ltimas dcadas (excluyndolos legalmente del acceso a los cargos de titular o catedrtico y marginndolos en el acceso a los cargos de personal contratado). El balance es claramente negativo: aun desde la propia ideologa eficientista que est detrs del giro neoliberal de las polticas universitarias se produce una grave ineficiencia, esto es, el desaprovechamiento de un profesorado universitario deslocalizado que se topa con la escasez de oportunidades institucionales al momento de desempearse.

3. La situacin del profesorado inmigrado en cifras

Al respecto, resulta pertinente realizar un repaso de la informacin oficial disponible. A partir del Anuario de indicadores universitarios 2016viipodemos saber que el profesorado extranjero residente que ha logrado insertarse como profesor/a en el Sistema Universitario Espaol representa el 2,37% del total del profesorado: en total, 2730 personas. De ese total, en las universidades pblicas slo participan 1958 personas, representando el 1,97% del total (op. cit.)viii.En cuanto a la insercin profesoral en el SUE de la comunidad gitana no existe ninguna informacin oficial: es estadsticamente invisible, reafirmando con ello su indiferencia ante la exclusin sistmica e institucional de este colectivo.

Teniendo en cuenta que en Espaa residen de forma regular 4.424.409personas extranjeras al da de hoy (el 9,5 % del total de la poblacin en Espaa)ix,suescaso grado de participacin profesional en la estructura universitaria es por dems de notoriox.Podra objetarse, en trminos metodolgicos, que de esas ms de cuatro millones de personas inmigrantes y refugiadas en Espaa no todas forman parte de la poblacin activa y que slo un porcentaje reducido est (o podra estar) en condiciones legales y profesionales para participar como parte del profesorado universitario. Sin embargo, a pesar de la opacidad recurrente que existe al respecto, es posible hacer un primer clculo de la poblacin inmigrada con estudios superiores en Espaa a partir de la Encuesta Nacional de Inmigrantes (ENI 2007), encuesta que, dados los cambios demogrficos de la ltima dcada en Espaa, slo puede tener valor aproximativo y con mrgenes de errorsignificativos. A falta de fuentes ms precisas y actuales, a partir de dicha encuesta podemos conocer que el 17% de la poblacin inmigrante tiene estudios superiores en el perodo analizadoxi, siendo en general los niveles formativos de poblacin inmigrada y poblacin nacional similares en trminos porcentualesxii.

En sntesis, puesto que no estamos en condiciones de saber cuntos profesionales extranjeros de la educacin superior existen en la actualidad en Espaa incluyendo aquellos que han homologado sus estudios-, una forma de despejar dicha incgnitapuede hacerse proyectando los resultados de la encuesta mencionada. Si nos atenemos a ese estudio podemos estimar que, potencialmente, al menos 1 de cada 10 personas de la poblacin activa extranjera residente podra desempear una labor pedaggica e investigadora en el SUExiii, muy por encima de su insercin real en dicho sistema.Incluso si evitamos esa proyeccin, en trminos cualitativos, resulta plausible sostenerque la presencia del profesorado extranjero en el SUE es marginal, en posicin subalterna (como personal contratado), pese a existir niveles de cualificacin suficientes en esa poblacin como para tener una participacin ms relevante en el espacio universitario.

Por otra parte, a partir del ltimo informe Datos y cifras del sistema universitario espaol (2015-2016),del Ministerio de Cultura, Educacin y Deporte, es posible determinar de forma fehaciente que el 69,8% del total del profesorado del SUE y el 73,5 % en el caso de las universidades pblicas, trabaja en el mismo centro universitario donde ha ledo su tesis. La cifra se eleva al 86,4 % si se analiza la comunidad autnomaxiv.De cada 10 profesores universitarios, 7 pertenecen a la propia casa de estudios y 8 son de la propia comunidad autnoma. Puesto que del resto del profesorado slo el 2,4 % es personal extranjero, eso significa que, se proceda o no de la misma comunidad autnoma, el 97,6 % del total del profesorado sigue conformado por profesorado nacional.

Tomando esas bases, sealar el carcter endogmico del SUE resulta insuficiente si no se seala su contracara sistemtica: su clausura institucional hacia el exterior. Tras casi tres dcadas de procesos migratorios masivos en Espaa, el SUE no ha cambiado en lo sustantivo sus estructuras profesorales para dar lugar a una ciudadana diversa, incluyendo aquella que cuenta con grados de cualificacin similares o superiores a la poblacin local en el campo de la enseanza universitaria. Por si fuera poco, del porcentaje mnimo que representa el profesorado universitario extranjero en el SUE, el 65,1% pertenece a la propia Unin Europea, un 17 % a Amrica Latina y el Caribe y un 17,9% del resto de los otros continentes. No es difcil advertir a partir de estas cifras la persistencia de una membrana institucional que diferencia de forma ntida entre nacionales y extranjeros al momento de regular el acceso y permanencia en el SUE, especialmente cuando se trata de profesorado extracomunitario.

La conclusin que cabra arriesgar es la siguiente: cuanto mayor es la distancia cultural (de las personas inmigradas) con respecto a la poblacin local, tanto mayor es su dificultad de acceso profesional al espacio universitario. El carcter excluyente del SUE y, llamativamente, de la universidad pblica,se hace manifiesto as en su propia estructura profesoral. Si la brecha de gnero ya es patente, mucho ms lo es la brecha racial o por procedencia.Tal como est instituido en el presente, el SUE no slo incurre en polticas sexistas, sino tambin en polticas xenfobas y racistas. Para mayor agravio, la informacin disponible 1)no permite conocer la participacin de la comunidad gitana dentro de las estructuras universitarias,y 2) tampoco permite identificar la participacin profesional del profesorado extranjero nacionalizado en dichas estructuras. A pesar de estos dficits, el estado espaol sigue bloqueando la elaboracin de polticas universitarias inclusivas que transformen estas graves desigualdades en la estructura del profesorado.

Tampoco dos dcadas de pedagogas de la interculturalidad han logrado horadar este cerco que perpeta los privilegios de las poblaciones nativas, con rigurosa exclusin de la comunidad gitana. Ms aun, ni siquiera esas pedagogas han enfatizado la necesidad de que esa interculturalidad se transforme en una exigencia de participacin institucional igualitaria. Incluso dentro de esas pedagogas el Otro sigue estando marginado como sujeto comunicacional y poltico: no participa en la deliberacin y construccin de las polticas de las que es objeto. No obstante, ms que rechazar en bloque el discurso interculturalista, de lo que se trata es de exigirle que sea consecuente en la prctica, reformulando algunos de sus presupuestos tericos. Puesto que dicho discurso apuesta por construir marcos de convivencia ciudadana a partir de la negociacin simblica y poltica entre sujetos diversos considerados como iguales, una prctica intercultural coherente supone la inclusin de esos otros como sujetos simtricos en las diversas instituciones que configuran la sociedad del presente. De ese discurso se desprende asimismo que ninguna de las partes puede reclamar legtimamente para s la representacin exclusiva de las otras partes. La exigencia interculturalista, por tanto, requiere abrir procesos de participacin institucional y ciudadana en los que las diferentes comunidades racializadas puedan participar en igualdad de condiciones en los procesos deliberativos y decisorios que los afectan. Eso implica, desde luego, crear polticas de apertura en las instituciones pblicas, incluyendo el sistema universitario espaol y, en particular, las universidades pblicasxv.Sin apertura institucional, la interculturalidad deseada pierde su fuerza subversivaxvi: termina circunscripta a una declaracin de buenas intenciones, cuando no a una retrica de la tolerancia multicultural, en absoluto incompatible con el racismo y la xenofobia cristalizadas en las estructuras institucionales del presente.

A diferencia de las propuestas educativas interculturales en Amrica Latina, que han trabajado sobre la crtica a la colonialidad y al colonialismoxvii, cabe conjeturar que en Espaa dichas propuestas no nacen de la deconstruccin del etnocentrismo sino de unas demandas educativas ms o menos dispersas y especficas, ligadas al aumento del alumnado extranjero en la dcada de los 90 en el sistema educativo espaol (especialmente relacionadas con la preocupacin por el rendimiento escolar y la convivencia en el aula), sin que ello haya conducido a una crtica delos privilegios profesionales de la poblacin blanca nacional. Desde esta perspectiva, la marginacin tendencial de migrantes y refugiados en las instituciones de enseanza superior hace manifiestano slo la falta de una poltica efectiva de igualdad que incluya a los colectivos racializados sino la falta de prioridad poltica de estas luchas por la inclusin. Si bien las crisis de financiacin podran explicar parcialmente las dificultades presentes que afronta el SUE para la ampliacin de sus estructuras profesorales, no permite explicar su configuracin actual excluyente -comenzando por las restricciones legales que se plantean al momento de acceder a cargos jerrquicos- o la baja diversificacin de sus plantillas ya existentes. Para dar cuenta de ello, es preciso desplazarse de lo econmico a lo poltico-cultural, especialmente, aquellas regulaciones que obstruyen el acceso y permanencia del profesorado racializado.

4. La colonialidad del saber

La informacin precedente debera bastar para cuestionar un discurso que explica las exclusiones sistemticas del SUE a partir de la falta de atractivos para el profesorado extranjeroxviii. Del mismo modo que ese discurso ni siquiera menciona la presencia marginal del profesorado gitano en las universidades espaolas, no da cuenta en lo ms mnimo de la clausura institucional del SUE que margina al profesorado extranjero. Si bien no cabe desconocer el contexto regresivo de precariedad econmica y las restricciones jurdico-administrativas que regulan el acceso a las instituciones universitarias,la exclusin/marginacin sistemtica que el SUE hace del profesorado racializado entronca con una cultura acadmica en la que el sujeto de saber por excelencia no es otro que el sujeto colonial.

Para formularlo de otro modo: el cierre universitario ante el profesorado diverso se explica menos por las dificultades econmicas que atraviesa el SUE que por unas tradiciones, prcticas, valores y significaciones marcados por el eurocentrismoxix.En particular, resulta de especial relevancia la nocin de colonialidad del saber en terminologa de Lander, marcado por la hybris del punto cero:

De hecho, la hybris es el gran pecado de Occidente: pretender hacerse un punto de vista sobre todos los dems puntos de vista, pero sin que de ese punto de vista pueda tenerse un punto de vistaxx.

Como observadoras inobservadas, las universidades espaolas no han cuestionado el lugar tradicional de lo universitario como espacio privilegiado de produccin de conocimientos desde una lgica disciplinaria y arbrea, desconociendo tanto otras formas de produccin de conocimiento como otros sujetos cognoscitivos.Sin embargo, en vez de promover una simple inversin de las posiciones, de lo que se trata es de pensar otra universidad como espacio dialgico entre distintos saberes que reconocen sus especficos lugares de enunciacin. La interculturalidad resultante, pues, no es una simple consecuencia de la yuxtaposicin multicultural sino de un proceso de descolonizacin universitaria que necesita cuestionar los privilegios del sujeto occidental hegemnicocomo condicin para dar lugar efectivo a los otros.

Si en general la herencia colonialista ha instituido la jerarqua racista entre centro y periferia, la herencia patriarcal la jerarqua sexista entre hombres y mujeres o la herencia capitalista la jerarqua clasista entre propietarios y trabajadores, excluyendo tendencialmente al segundo trmino del acceso a las instituciones, la herencia colonial universitaria mantiene en particular la jerarqua entre profesorado nacional y profesorado extranjero (expulsando asimismo a la comunidad gitana por ser heterognea con respecto a los patrones nacionales dominantes). A pesar de algunas iniciativas dirigidas a erosionar las membranas institucionales que sostienen los privilegios coloniales, laspolticas universitarias espaolasmuestran ms preocupacin por atender las actuales demandas de mercado o la medicin de su calidad concebida en trminos eficientistas que por transformar sus estructuras institucionales que perpetan mltiples formas de desigualdad.

De forma previsible, entre los principales problemas que suelen sealarse sobre el sistema educativo en general y el universitario en particular, no hay ninguna referencia a las graves discriminaciones en las que ese sistema asienta en la actualidadxxiy a la necesidad de revocarlas a partir de una poltica de apertura intercultural.Precisamente porque un olvidode este tipo resulta por dems de sintomtico, sigue siendo preciso cuestionar esas mltiples discriminacionescomo recordatorio de otra universidad pblica posible y, sobre todo, como una forma de interrogarnos sobre las finalidades polticas de la educacin universitaria presente. Frente a una poltica elitista de privatizacin,qu mejor defensa de la universidad pblica puede hacerse que la apuesta por su construccin como espacio colectivamente accesible, capaz de encarnar una estructura profesional diversa que respete un principio de igualdad y no discriminacin? Sin ese recordatorio, la invencin de una comunidad acadmica abiertay de un espacio universitario intercultural seguirnsiendo meras veleidades.

Notas:

i Cf. Davis, ngela (2016): Raza, gnero y clase son elementos entrelazados, entrevista publicada en Diagonal, 8/09/2016, versin electrnica en https://www.diagonalperiodico.net/libertades/31326-raza-genero-y-clase-son-elementos-entrelazados.html.

ii Cf. Borra (2015a): Reflexiones sobre el espacio universitario espaol. Noticias antiguas sobre la interculturalidad que no fue, versin electrnica en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=174337.

iii Por mi parte, he formulado las siguientes preguntas al Servicio de Estadstica Universitaria, dependiente del Ministerio de Educacin, Cultura y Deporte: 1- Cuntos profesores extranjeros estn empleados en el SUE y qu cargos ocupan?; 2-Cul es su participacin porcentual en la estructura del profesorado universitario?; 3- Cules son sus principales procedencias?; 4- Qu cantidad de poblacin inmigrada y refugiada dispone de titulaciones universitarias de su pas de origen? Qu porcentaje ha homologado sus estudios en Espaa? y 5- Finalmente, cuntos profesores del SUE son extranjeros nacionalizados?. La respuesta se ha limitado a remitirme a los datos publicados en https://www.educacion.gob.es/educabase/menu.do?type=pcaxis&path=/Universitaria/Indicadores/2016/6_Internacionalizacion&file=pcaxis&l=s0. Dichos datos slo permiten responder lasprimeras tres preguntas, aunque en el caso de la primera no se especifican los cargos.

iv Cf. Datos y cifras del sistema universitario espaol, pg. 123, Ministerio de Cultura, Educacin y Deporte, versin electrnica en https://sede.educacion.gob.es/publiventa/datos-y-cifras-del-sistema-universitario-espanol-curso-20152016/estadisticas-universidad-espana/21461. Si distinguimos por gnero, slo un 20,8 % del total de catedrticos son mujeres y un 39,9 % del total de titulares.

v Semejante primaca, como es previsible, no slo ha promovido de forma acrtica la alianza entre empresas privadas y SUE, sino que tambin ha conllevado especialmente en la ltima dcada- un acelerado deterioro del mercado de trabajo del que no han logrado escapar muchos puestos universitarios.

vi Remito al proyecto Fuga2, publicado en http://data.elperiodico.com/, basado en un mapa colaborativo en el que participan ms de 750 investigadores emigrados.

viihttps://www.educacion.gob.es/educabase/tabla.do?sel_1=1&busc_1=&cri1=00&sel_2=1&busc_2=&cri2=00&sel_3=1&busc_3=&cri3=00&sel_4=2&busc_4=&cri4=00&cri4=01&rows=Tipo+de+universidad&rows=Nacionalidad&columns=Sexo&columns=Indicador&numCri=4&NumCeldas=2&type=pcaxis&path=%2FUniversitaria%2FIndicadores%2F2016%2F6_Internacionalizacion%2Fl0%2F&file=EIU06501.px&divi=&per=&idtab=&accion=html

viii Puesto que dicho profesorado est excluido por ley del acceso al funcionariado, dichas plazas deben ser contabilizadas dentro de la categora de personal contratado de las universidades.

ix Puede consultarse dicha informacin de forma electrnica en: http://www.ine.es/dyngs/INEbase/es/operacion.htm?c=Estadistica_C&cid=1254736176951&menu=ultiDatos&idp=1254735572981.

x Si desglosamos la informacin segn continentes los resultados son aun ms alarmantes. Solamente Europa y EEUU/Canad ya concentran 1.777 plazas. Amrica Latina le sigue con 454 plazas, y menos de 200 distribuidas entre toda frica, Asia y Oceana. La infrarrepresentacin de estas comunidades en el SUE es evidente. Con ello, bloquea la posibilidad de un dilogo de saberes y, sobre todo, la crtica al sistema moderno/colonial en el que participa el propio SUE.

xi En http://www.empleo.gob.es/oberaxe/ficheros/documentos/Informe_ENI_2007.pdf, pg. 30.

xii Cf., Francisco Javier Moreno Fuentes y Mara Bruquetas Callejo (2011): Inmigracin y Estado de bienestar en Espaa, versin electrnica en http://www.publicacionestecnicas.com/lacaixa/inmigracion/files/31_es/descargas/31_es.pdf.

xiii La observacin es consistente con otras constataciones que pueden hacerse sobre el mercado laboral espaol, comenzando por los niveles comparativamente ms elevados de sobrecualificacin de la poblacin inmigrada. Mientras que en 2008 uno de cada tres espaoles tena un empleo subcualificado segn su nivel formativo, en el caso de loscolectivos inmigrantes el fenmeno se increment hasta el 58%, duplicando la media nacional (Espaa es el pas de la UE con ms empleados sobrecualificados, en El pas, 9/12/2011, versin electrnica en https://elpais.com/sociedad/2011/12/09/actualidad/1323385541_344704.html). El confinamiento sectorial al que est sometida la mayora inmigrada es la contracara de la exclusin tendencial que sufre esta poblacin con respecto al acceso a puestos laborales que exigen niveles de cualificacin ms elevados (como es el caso de los puestos universitarios, entre otros).A pesar de la relativa desactualizacin de los datos disponibles, no hay razones para suponer que esta sobrecualifiacinse ha revertido de forma sustantiva, mxime cuando las polticas de empleo de la ltima dcada no han variado en lo estructural (Borra, Arturo [2017]: Ciudadanas mermadas, mercado laboral y discriminacin, versin electrnica en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=227776).

xiv Cf. Datos y cifras del sistema universitario espaol, op.cit., pg. 130.

xv Al respecto, cabe preguntar si las pedagogas de la interculturalidad no han obtenido prestigio acadmico precisamente por desconectar sus planteamientos tericos de las implicaciones que tiene en la prctica; a saber, la transformacin no slo del alumnado, sino del propio sujeto docente e investigador local, tanto a partir de la prctica del intercambio entre trayectorias profesionales culturalmente heterogneas como a partir de la inclusin efectiva de los otros como sujetos pedaggicos e investigativos.

xvi Remito a Borra (2015b): La interculturalidad en crisis: clausura institucional y migraciones, versin electrnica en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=194070.

xvii El concepto de Interculturalidad tiene una significacin en Amrica Latina, y particularmente en Ecuador, ligada a geopolticas de lugar y espacio, desde la histrica y actual resistencia de los indgenas y de los negros, hasta sus construcciones de un proyecto social, cultural, poltico, tico y epistmico orientado a la descolonizacin y a la transformacin. Ms que la idea simple de interrelacin (o comunicacin, como generalmente se lo entiende en Canad, Europa y EE.UU.), la interculturalidad seala y significa procesos de construccin de un conocimiento otro, de una prctica poltica otra, de un poder social (y estatal) otro y de una sociedad otra; una forma otra de pensamiento relacionada con y contra la modernidad/colonialidad, y un paradigma otro que es pensado a travs de la praxis poltica, Walsh, Catherine (2007) Interculturalidad y colonialidad del poder. Un pensamiento y posicionamiento otro desde la diferencia colonial, pg. 47, en Grosfoguel, Ramn y Castro-Gmez, Santiago [ed.] (2007): El giro decolonial. Reflexiones para una diversidad epistmicams all del capitalismo global, Siglo del Hombre, Bogot. Vase tambin Walsh, Catherine (2005): Interculturalidad, conocimientos y decolonialidad, en Signo y pensamiento, vol. XXIV, N 46, Colombia y Walsh, Catherine(2008): Interculturalidad, plurinacionalidad y decolonialidad: las insurgencias poltico-epistmicas de refundar el Estado, en Tabula Rasa, N.9, Bogot.

xviii En esta lnea se mueven diferentes reflexiones periodsticas. Vase por ejemploLas universidades carecen de atractivos para los profesores extranjeros, en El diario, 25/10/2017, versin electrnica en http://www.eldiario.es/sociedad/plantilla_universitaria-universidad-educacion_0_700280628.html. En dicho artculo se desconoce que la escasa presencia del profesorado extranjero es menos una decisin del propio sujeto profesoral que una consecuencia sistemtica de unas estructuras institucionales en las que ese sujeto no tiene cabida o, en el mejor de los casos, slo una cabida marginal.

xix Siguiendo a Castro-Gmez y Grosfoguel (2007): Prlogo. Giro decolonial, teora crtica y pensamiento heterrquico, en Grosfoguel y Castro-Gmez, op.cit., pg. 20: Un componente bsico del grupo modernidad/colonialidad es la crtica de las formas eurocntricas de conocimiento. Segn Quijano y Dussel, el eurocentrismo es una actitud colonial frente al conocimiento, que se articula de forma simultnea con el proceso de las relaciones centro-periferia y las jerarquas tnico/raciales. La superioridad asignada al conocimiento europeo en muchas reas de la vida fue un aspecto importante de la colonialidad del poder en el sistema-mundo. Los conocimientos subalternos fueron excluidos, omitidos, silenciados e ignorados. Desde la Ilustracin, en el siglo XVIII,este silenciamiento fue legitimado sobre la idea de que tales conocimientos representaban una etapa mtica, inferior, premoderna y precientfica del conocimiento humano. Solamente el conocimiento generado por la elite cientfica y filosfica de Europa era tenido por conocimiento verdadero, ya que era capaz de hacer abstraccin de sus condicionamientos espacio-temporales para ubicarse en una plataforma neutra de observacin.

xx Castro-Gmez, Santiago (2007): Decolonizar la universidad. La hybris del punto cero y el dilogo de saberes, en Grosfoguel y Castro-Gmez, op.cit., pg. 83. Ms adelante, el autor seala: El punto cero sera, entonces, la dimensin epistmica del colonialismo, lo cual no debe entenderse como una simple prolongacin ideolgica o superestructural del mismo, como quiso el marxismo, sinocomo un elemento perteneciente a su infraestructura, es decir, como algo constitutivo. Sin el concurso de la ciencia moderna no hubiera sido posible la expansin colonial de Europa, porque ella no slo contribuy a inaugurar la poca de la imagen del mundo como lo dijera Heidegger, sino tambin a generar una determinada representacin sobre los pobladores de las colonias como parte de esa imagen, Castro-Gmez, Santiago (2007),op.cit., pg. 88.

xxi Por poner un caso reciente, en la nota Los cinco grandes problemas del profesorado espaol (El mundo, 3/11/2017, versin electrnica en http://www.elmundo.es/sociedad/2015/11/03/5637c9dc268e3e02488b456c.html) ni siquiera se mencionan estas exclusiones, pese a que se seala que [l]a educacin est desconectada del mundo real y su mayor problema es la falta de calidad del profesorado (op.cit.). La inclusin de un profesorado diverso para contrarrestar algunos de estos problemas ni siquiera es mencionada como una posibilidad a tener en cuenta.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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