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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-01-2018

De elecciones, procesos y comunes

Albert Recio Andreu
mientras tanto


I

Los resultados de las elecciones catalanas ratifican una situacin que se resiste a cambiar. En trminos blicos se asemeja a la estabilidad de frentes que persisti durante varios aos en la Primera Guerra Mundial, y tambin como entonces es la tropa la que acaba pagando los movimientos tcticos de los altos jefes (aunque se trate en parte de una tropa convencida y dispuesta a movilizarse cuando es necesario, especialmente en el bando independentista, intensamente subyugado por la narrativa desarrollada por el procs). En la coyuntura en que tuvieron lugar las elecciones, era inevitable que el tema identitario jugara un papel esencial a la hora de depositar la papeleta y que las posiciones intermedias tuvieran todos los nmeros para pasarlo mal.

A grandes rasgos, el bloque independentista mantiene su apoyo en torno al 47% de los votos. Puede que una parte de los votantes de Els Comuns se inclinaran tambin por una posicin independentista, pero en todo caso el independentismo roza escasamente el 50%. En el otro lado no puede hablarse de un bloque consolidado. El procs se ha construido en un largo ciclo de movilizaciones que se iniciaron con la celebracin de consultas locales, siguieron con la masiva manifestacin en rechazo de la sentencia del Tribunal Constitucional y se amplificaron con las movilizaciones en torno a las diades del 11 de septiembre, la consulta del 9 de noviembre de 2014, las elecciones plebiscitarias de 2015 y el gobierno Puigdemont. Un proceso altamente articulado en torno a la ANC y mnium Cultural y que ha contado en todo momento con el apoyo y el impulso de medios de comunicacin pblicos (TV3 y Catalunya Rdio) y privados (los diarios Ara, El Punt Avui y diversas webs). Ha contado con un relato y una pica, particularmente reforzados el 1 de octubre (tanto por la capacidad de accin mostrada por el movimiento como por la violenta intervencin de unas fuerzas de seguridad a las que fcilmente se poda considerar fuerzas de ocupacin) y, posteriormente, por el encarcelamiento de varios de los lderes en procedimientos judiciales cuando menos retorcidos.

En el otro bando no ha existido nada parecido. Durante mucho tiempo, una parte de la poblacin ha vivido esta manifestacin como una cuestin externa. En los das transcurridos entre la proclamacin de la DUI y la aplicacin del 155, asist a varios debates de entidades sociales en que resultaba patente que en la mayora de los movimientos sociales (sindicatos, asociaciones de vecinos, etc.) no haba inters en discutir el asunto porque se perciba que ello slo acarreara tensiones y complicara el funcionamiento habitual de su actividad principal. Tampoco en los barrios donde la gente ha votado mayoritariamente a Ciudadanos se apreciaba una tensin creciente. Las banderas espaolas slo aparecieron despus del 1-O, cuando pareca inminente la proclamacin de la DUI y los medios de comunicacin estatalistas lanzaron una campaa masiva de contrapropaganda. Las dos grandes manifestaciones antiindependentistas fueron ms una reaccin fruto del miedo que la culminacin de un proceso de largo alcance. Y que no se trata de movimientos de naturaleza parecida pudo comprobarse el mismo da de las elecciones: mientras que los partidos independentistas movilizaron a mucha gente en tareas electorales, enrolando a voluntarios para ejercer de apoderados y consiguiendo tener una nutrida presencia en los barrios obreros, los partidos unionistas especialmente Ciudadanos y el PP tuvieron que echar mano de voluntarios venidos de otras partes de Espaa para realizar la misma labor.

Que no se trate de dos movimientos organizados uno frente a otro no quiere decir que no se haya llegado a una situacin de enfrentamiento entre bandos. En las elecciones del 21 de diciembre se ha vivido un ambiente parecido al de un Bara-Madrid, en que sobran los hinchas del otro club y en que cada bando interpreta que es el contrario el que comete faltas y que el rbitro pita en su contra. Y en este clima era evidente que quien mantuviera una posicin distinta lo iba a pasar mal y que dentro de cada bloque saldra reforzado el que esgrimiera un posicionamiento ms simplista. De aqu que hayan sido Ciudadanos y el submarino Puigdemont los grandes vencedores de la jornada y que tengamos un resultado desastroso en trminos tanto de izquierda-derecha como de continuidad del envite. Han ganado dos partidos neoliberales y quienes han exhibido un discurso ms intransigente acerca del tema nacional.

II

Es evidente que en el resultado de las elecciones la cuestin identitaria desempea un papel esencial, y esta tiene una conexin directa con cuestiones territoriales y de clase social. La Catalunya independentista es mayoritariamente la extrametropolitana y la de las clases medias educadas. Las comarcas no metropolitanas han constituido siempre la base del catalanismo identitario, de la que alguna vez se tild de Catalunya catalana. Ah es donde se ha basado fundamentalmente el xito electoral de Puigdemont, donde se ha mostrado la solidez social de las viejas bases de Convergncia (y donde tambin se localizan algunos de los primeros xitos electorales de la CUP). La novedad del procs fue que consigui sumar a las posiciones independentistas a una parte de las capas urbanas que anteriormente votaban al PSC, y en estas zonas metropolitanas se ha impuesto ERC. La deriva de estos sectores hacia el independentismo es resultado tanto de la eficaz propaganda independentista como de las reacciones a las agresivas polticas del Partido Popular, y ha recibido un importante refuerzo a medida que se ponan de manifiesto la solidez electoral de la derecha espaola y las escasas posibilidades de generar una profunda transformacin de las instituciones estatales. La combinacin de estos dos sectores ha tenido una enorme capacidad de movilizacin porque ha permitido aunar la fuerza del viejo tradicionalismo cataln con la de capas importantes de la gente que maneja los cdigos de creacin de ideas y las tecnologas de la comunicacin. De ah se deriva su fuerza pero tambin, posiblemente, la propia debilidad del procs. Este ha avanzado mientras se ha tratado de una movilizacin festiva, pacfica, de bajo coste para sus participantes. Ir ms all implicaba un enfrentamiento de otro tipo, afrontar unos niveles de represin para los que la gran mayora no est preparada y que no est dispuesta a aceptar. Y no me refiero slo a la cuestin del encarcelamiento, sino a cmo soportar un proceso de desobediencia civil de largo recorrido que, cuando menos, implica jugarse la carrera profesional, afrontar multas cuantiosas, etc. La inaccin que sigui a la proclamacin de la DUI es posiblemente la manifestacin ms patente de que ni siquiera los principales protagonistas estaban dispuestos a ir demasiado lejos. Si alguien ha demostrado que no entenda mucho de la situacin catalana son diversos sectores de la izquierda que en los entornos de la CUP y Els Comuns pensaban que estbamos ante un proceso de masas casi revolucionario. Tomar los deseos por la realidad es un viejo error que todos cometemos, pero que pagamos caro.

En el sector social que se opone a la independencia, que ha estado detrs del xito electoral de Ciudadanos, hay tambin una amalgama. La base social ms amplia la constituye la clase obrera tradicional, con races en otras partes de Espaa (es posible que tambin incluya a sectores de latinoamericanos). Es gente asentada en Catalunya y que ahora se ha sentido agredida por una parte del discurso independentista, ha temido los efectos para sus vidas de una eventual independencia y ha sido socializada por los medios de comunicacin estatales. Tildarlos de espaolistas es errneo, entre otras cosas porque es la misma gente que ha considerado que la inmersin lingstica en cataln formaba parte de su proceso de arraigo (y de mejora social para sus hijos), la misma gente que muchas veces ha protagonizado los movimientos sociales que ms han transformado la sociedad catalana (y que ha padecido las polticas neoliberales), pero que, ante la disyuntiva de elegir entre blanco y negro, se radicaliza en una direccin. Es la misma gente que ha votado durante aos al PSC, que ha encumbrado en diversas alcaldas a los ayuntamientos del cambio y que ha dado por dos veces el triunfo a Els Comuns en las elecciones generales.

Es cierto tambin que este sector no tiene ni representa la direccin del proceso, que tambin est en manos de sectores de clase media, de tcnicos y funcionarios que s mantienen una posicin centralista y unificadora del Estado, que tienen fobia al predominio del cataln y que cuentan con medios para transformar los miedos y las resistencias en un proyecto poltico. Y ahora han cosechado un xito innegable. Una muestra de la coexistencia de estos dos sectores es que en Barcelona fue, a la vez, en el distrito ms pobre y en el ms rico de la ciudad donde Ciudadanos obtuvo ms votos.

El resultado de las elecciones es un verdadero desastre: hegemona de las derechas por encima de la brecha por cuestiones nacionales y enormes incertidumbres por el devenir inmediato. Tras la fallida proclamacin de la DUI y la aplicacin del 155, pareca evidente que el independentismo saba que haba tocado techo en sus pretensiones de independencia, sobre todo por la ausencia de los imprescindibles apoyos internacionales, y que por tanto debera recomponer su propuesta. Pero hay, cuando menos, dos cuestiones que dificultan esta salida. Por una parte, las desproporcionadas y provocativas iniciativas poltico-judiciales que ya han llevado a la crcel a algunos lderes y que amenazan a muchos ms. En este contexto es difcil serenar los nimos y pedir racionalidad. Por otra, la propia pugna en el campo independentista, especialmente la opcin elegida por el PDeCAT para encubrir su corrupcin y conservar el poder. Ms bien parece orientada a mantener el clima de tensin que a buscar salidas. Y en el bando conservador predominan tambin los tics autoritarios, centralistas, criminalizadores del independentismo que pueden ayudar a generar una nueva espiral que nos lleve a no se sabe dnde y a seguir posponiendo los debates y las polticas urgentes que necesita una sociedad atenazada por la destruccin de los derechos sociales, la precariedad, la crisis ecolgica, la desigualdad y la injusticia social.

Pero, aun siendo todo esto grave, hay un resultado de la situacin actual que me parece particularmente peligroso. Me refiero a la imposibilidad de generar un nuevo bloque social capaz de impulsar polticas de transformacin. En sociedades tan complejas, con un elevado nivel de estratificacin social (derivado de la segmentacin laboral desarrollada por el mundo empresarial), con las diferencias socioculturales que genera el proceso educativo, resulta evidente que se requiere la construccin de algn tipo de alianza social que aglutine a diversos sectores sociales en torno a una transformacin social profunda. De hecho, esto ya fue evidente para la mayor parte de los polticos marxistas desde, cuando menos, principios del siglo XX (cuando las estructuras sociales eran ms simples que las actuales). Sin embargo, lo que deja tras de s el procs es una gran parte de los sectores sociales educados que han sido atrados al independentismo, en parte como rechazo al reaccionarismo del PP (y de Ciudadanos), enfrentados a una clase obrera (industrial y de servicios) que es la que vota en contra del proyecto independentista. En todo el procs ha habido un claro intento de construccin de una superioridad moral que ha calado hondo en sus activistas, y que impide entender las razones de los no independentistas en otra clave que no sea la de apoyar la opcin reaccionaria. Es algo perceptible en ms de un debate y que puede dificultar enormemente la reconstruccin de un proyecto alternativo.

III

En este contexto, que Els Comuns obtuvieran un buen resultado habra sido ms un milagro que una posibilidad real. En un enfrentamiento polarizado, cualquier posicin intermedia tiende a ser vilipendiada u objeto de incomprensin, sobre todo cuando algunos de los dilemas que he planteado existen tambin en el seno de la organizacin e impiden desarrollar un discurso suficientemente claro. Este discurso s ha existido en la campaa electoral, pero fue bastante menos rotundo (con palabras y gestos) en los dos ltimos aos del procs, no slo porque los sectores independentistas fueron especialmente activos en la toma de muchas decisiones, sino tambin porque exista el temor de que posicionarse claramente contra el procs fuera hacer el juego a la derecha caverncola. Y tambin porque las contradicciones sociales que he tratado de delinear estn, como no poda ser de otra forma, entre las propias bases sociales de Els Comuns.

El resultado electoral parece bastante claro. Aunque el declive electoral ha sido modesto (si se compara con el resultado obtenido por Catalunya S Que Es Pot en las anteriores autonmicas), la sangra de votos se ha producido fundamentalmente en los barrios y poblaciones donde ha ganado Ciudadanos. Por ejemplo, en la ciudad de Barcelona las prdidas se han producido en los seis distritos donde existe una mayor concentracin de clase obrera y donde, a pesar de la bajada, se sigue manteniendo una cuota de votos superior al 10% (lo mismo es aplicable a la mayor parte de las poblaciones obreras del rea metropolitana), y, en cambio, hay una cierta mejora del voto en los otros cuatro distritos, donde nunca se alcanza el 10% y el estatus social es ms elevado. Es posible que algo influya el que la propuesta de En Com Podem sea ms elaborada que la de sus rivales y el mensaje sea ms difcil de comunicar. Pero lo que recogemos de gente cercana de estos barrios es que exista el temor de que al final se acabara apoyando al bloque independentista. Un descenso electoral moderado puede ser asumible. El peligro es que Ciudadanos consiga, al menos por un tiempo, reforzar su base electoral en sectores de la clase obrera y bloquear cualquier avance de proyectos alternativos.

Los ayuntamientos del cambio, Barcelona en Com en particular, han significado un paso adelante, modesto pero claro, en cuanto a transformacin social. Y ahora la polarizacin impuesta por el procs, y los errores y dificultades propios, generan una amenaza que no puede pasarse por alto. Hay una base de partida que no puede ignorarse. En todas estas zonas obreras el voto no ha bajado del 9-10%, lo que indica que persiste una base social obrera progresista que ha sido capaz de entender que hay otras alternativas a considerar. Que esta base se convierta en una fuerza decisiva depende de tres cuestiones que hasta ahora Els Comuns no han acabado de desarrollar: a) realizar propuestas que superen la dinmica de los dos bloques en una sociedad, la catalana, que empieza a estar agotada por un proceso sin salida; b) plantear con fuerza la agenda de transformacin social, algo que pasa inevitablemente por el apoyo a dinmicas y movimientos sociales que van ms all del propio universo organizativo, y c) articular en serio un modelo organizativo que pase por encima de los viejos ncleos que han participado en las confluencias, poniendo especial atencin a la organizacin de las capas sociales que son su principal soporte (sin perder de vista la necesidad de reformular una nueva relacin entre estratos sociales enfrentados por el procs).

Fuente: http://mientrastanto.org/boletin-164/notas/de-elecciones-procesos-y-comunes



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