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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-01-2018

Economa de Uruguay
Estabilidad coyuntural, tensiones en el horizonte

Rodrigo Alonso
CELAG


En el ciclo corto, al cierre del 2017 e inicios de 2018, la coyuntura uruguaya marca la re-estabilizacin del proceso poltico y econmico bajo el liderazgo del partido oficialista Frente Amplio (FA). En el ciclo largo, lo que vemos es el riesgo de desfondamiento del pacto progresista, que fue capaz de combinar durante ms de diez aos el crecimiento econmico con aumento salarial e inclusin social.

Ciclo corto

En el ao 2017 el Producto Interno Bruto (PIB) se estima que creci cerca del 3 %[1]; la inflacin anual final, una de las ms bajas de la ltima dcada, se estableci en niveles cercanos al 6 %[2], y, mientras que en algunos pases de la regin el 2017 fue un ao de tensin en materia de lucha por salarios y reformas laborales, en Uruguay el salario real cerr con un incremento anual cercano al 3,5 %[3].

Los fundamentos de la estabilizacin temporal hay que buscarlos en una variedad de factores. En aos pasados (2015-16) se recurri a la utilizacin de reservas internacionales por valores cercanos a los 4.000 millones de dlares[4][5], casi un cuarto del total, junto con posteriores emisiones de deuda a bajo costo que permitieron comprar tiempo y campear el impacto del descenso de los precios de exportacin[6]. Una poltica ms contractiva que aos anteriores en materia de salarios e inversin pblica, tambin permiti enfriar el flujo econmico, mantener equilibrios al coste de una postergacin de incrementos salariales y ejecucin de proyectos. En el frente fiscal, el gobierno proces ajustes para contener el gasto pblico y cuidar la posibilidad futura de endeudamiento.

El fin del descenso de los precios de exportacin, junto a un buen flujo de turistas y la manutencin de las tasas de inters bajas a nivel global, permitieron en 2017 recuperar el empuje de la economa y aliviar el frente externo.

En los relatos en disputa, se ha instalado con fuerza la idea de que los equilibrios econmicos de la ltima dcada tienen estrecha relacin con las virtudes del equipo de gestin macroeconmica. Sin embargo, es posible observar que los famosos equilibrios y la estabilidad de los indicadores descansan, adems de lo ya sealado, en la generalizacin de salarios sumergidos en gran parte de la fuerza laboral: casi el 50 % de la fuerza de trabajo percibe un ingreso menor a los 600 dlares mensuales[7]. Esto es asumido de hecho por el equipo de conduccin econmica, cuando establece que incrementos salariales mayores a los procesados provocaran descalabros inflacionarios.

Por otra parte, la imposibilidad de lidiar con un 10 % de pobreza a nivel nacional y un desempleo juvenil del 25 %, con mayor agudeza en las mujeres ( una de cada tres entre 14 y 25 aos busca empleo y no lo encuentra) muestra que el modelo y sus equilibrios conviven con focos de fuerte exclusin, revelando que la actual configuracin de la economa uruguaya solo es capaz de sostenerse con el costo de mantener a una gran parte de la fuerza de trabajo precarizada. Esto devela que la estabilidad coyuntural del proceso econmico esconde grandes disparidades y una problemtica social vasta.

Desde el punto de vista de la administracin macroeconmica del modelo, an hay reservas de sostenibilidad. Las proyecciones de mega inversiones como la procesadora de pulpa de papel finlandesa UPM-Kymmene Corporation auguran bases de sustento, las reservas internacionales alcanzan casi el 30 % del PIB[8] y la deuda externa se ubica cerca del 73 % del PIB[9], lo que no plantea un escenario de inminente crisis, y da suficiente margen para evitar grandes tensiones inmediatas.

Durante 2015 y 2016 pareca evidenciarse el agotamiento del FA como encarnacin de un nuevo impulso modernizador del Uruguay bajo signo progresista. Esto de la mano de una clara recuperacin por parte de la derecha de la iniciativa poltica y el dominio de los marcos del debate y los ejes de malestar ciudadano. El cuestionamiento al manejo de los recursos pblicos en materia de planes sociales de lucha contra la pobreza, la entronizacin de la seguridad como eje central en la opinin pblica, crticas a la gestin de las empresas pblicas, y el reflote del fantasma de la corrupcin, pautaban la agenda poltica bajo un marco conservador en medio de un gobierno a la defensiva. Las encuestas llegaron a registrar por primera vez el triunfo del principal partido de oposicin, el Partido Nacional[10], y el Frente Amplio perdi por primera vez en trece aos las mayoras parlamentarias con el alejamiento por el flanco derecho de un diputado que le garantizaba la mayora absoluta en la cmara baja.

El ltimo y principal factor problemtico que el FA logra cerrar es el caso de su vicepresidente, quien luego de ver agudamente desgastada su imagen por la ostentacin de un ttulo universitario que no tena (Ral Sendic deca ser Licenciado en Gentica Humana por la Universidad de la Habana), acab renunciando por el uso para gastos personales de una tarjeta de dbito destinada a viticos y otros gastos inherentes a su funcin como Presidente de ANCAP (Administracin Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland), empresa de refinacin de petrleo estatal, cargo que haba ocupado antes de asumir la vicepresidencia.

El cierre de la crisis de Sendic a mediados de 2017 y la reactivacin del flujo econmico permiten al Frente Amplio la re-estabilizacin el proceso poltico bajo su liderazgo. Encuestas recientes muestran que, al cierre de 2017, el oficialismo recupera su lugar en la intencin de voto[11], y ya tiene nuevamente la mayora legislativa con la renuncia del diputado que haba abandonado esa fuerza poltica.

Si bien el partido gobernante logr frenar el inicio de un proceso de disgregacin interna, parece haberse instalado un quiebre ms duradero entre la fuerza poltica progresista e importantes segmentos de la izquierda social uruguaya, aquel universo militante que habita el fuerte tejido de organizaciones sociales (estudiantiles, sindicales, comunicacionales, entre otras) y que ya no expresa claramente un correlato progresista en el terreno de los movimientos sociales, sino que postula una agenda y relato propio, y expresiones polticas crticas del gobierno asumen lugares ms relevantes en los mbitos de conduccin de estas organizaciones. Este espacio poltico social tiene una fuerte impronta juvenil (esto hace ms problemticas las dificultades de renovacin generacional del partido de gobierno) y all se destaca el feminismo por su dinamismo y capacidad de impugnacin (el pasado 8 de marzo, da de la mujer, ocurri en Montevideo una de las movilizaciones ms grandes de la historia del Uruguay), pero tambin estn all expresiones de lucha contra los avances conservadores en materia de seguridad ciudadana y penalidad adolescente (campaa NO a la Baja[12]), la lucha ambiental, luchas estudiantiles y docentes por presupuesto educativo y contra el decreto de esencialidad emitido en 2015 por el Poder Ejecutivo para neutralizar el derecho a huelga de los docentes, episodio que marc un punto de inflexin en el relacionamiento entre el gobierno y los sindicatos. Si bien este espacio (izquierda social) es diverso e inorgnico, por el momento parece ser donde hay mayor potencia y voluntad de impugnacin del sustrato conservador de la estructura econmica y de poder del Uruguay, y es aqu en donde reside la capacidad de instalar un bloqueo social a un eventual programa de ajuste con ribetes neoliberales.

Ciclo largo

Ubicndonos en una mirada de mayor duracin, capaz de articular lo orgnico y lo coyuntural, vemos que la tensin de fondo que enmarca el momento, est dada por el agotamiento de los motores de impulso del pacto progresista de la ltima dcada uruguaya. Sin el nivel de precios en los productos de exportacin y los flujos de inversin extranjera directa de la ltima dcada, las posibilidades de la economa uruguaya para combinar crecimiento e inclusin social desaparecen y comienza a cobrar fuerza el bloque social del ajuste, orientado a restablecer los mrgenes de la acumulacin por la va de la depreciacin de la fuerza de trabajo, lo que incluye un intento por frenar los incrementos en el salario directo, como por reducir la porcin del salario que se retribuye por la va de los servicios estatales (salario indirecto) y redefinir los marcos de regulacin laboral.

Al mismo tiempo, como tendencia, aparece la necesidad de atender el frente externo por la va de la deuda, lo que tambin conlleva una especial preocupacin por el dficit fiscal y la manutencin de la nota crediticia del pas. Acuerdos como el que el gobierno uruguayo intenta firmar con la pastera finlandesa UPM (una de las ms grandes inversiones de la historia) y que reviste concesiones impositivas de magnitud, solo pueden comprenderse en esta necesidad de contar con flujos de divisas incrementales para seguir sosteniendo la balanza de pagos, ya que, en caso de no contar con este empuje forneo, la tensin distributiva se instala internamente y resquebraja los equilibrios de clase propios del pacto progresista.

El comps de definiciones que se abre en la regin a partir de 2014, cuando coincide el retroceso en los precios de los productos de exportacin con la cada de diferentes gobiernos de signo progresista, parece llegar a Uruguay de manera amortiguada y diferida. Por sus dimensiones, de avanzar y consolidarse las reformas antipopulares en la regin, en particular la laboral, se establece una fuerza gravitatoria que empuja el tiempo poltico uruguayo hacia esa tensin va imposicin de los marcos de competencia regional. Si los sectores empresariales vecinos consiguen depreciar fuerza de trabajo por medio del avance de la flexibilizacin, empujan a una regulacin similar de la relacin capital-trabajo en nuestro pas. El piso salarial y la regulacin del vnculo laboral comienzan a colocarse como horizonte estratgico de una fraccin relevante de los sectores empresariales regionales en articulacin con el capital transnacional. Tal es el caso de Argentina y Brasil, pero sobre todo de Paraguay, que avanza en esa direccin en busca de capitales y cuenta con una poblacin campesina cercana al 40 % para abastecer la masa de asalariados y hacer viable una insercin basada en el abaratamiento de su mano de obra.

El ciclo corto nos pauta la re-estabilizacin del proceso poltico en Uruguay bajo el liderazgo del partido de gobierno, por tanto, se trata de una estabilidad de rango coyuntural, que abre el camino para un cuarto gobierno del oficialismo a definirse a fines de 2019. Por otra parte, indica el inicio de un proceso que tender crecientemente a poner en tensin al conjunto de fuerzas sociales y abrir el marco poltico para definiciones de mayor calado. Por el momento, no estn en juego desplazamientos relevantes en el mapa poltico, sino el procesamiento de una gradualidad que se ir intensificando y ordenando el campo de la disputa, donde an no termina de definirse qu papel jugar la fuerza gobernante ante una eventual encrucijada entre cerrar filas con el Capital e intentar contener la movilizacin del campo popular, o redoblar la apuesta y encarar el desfondamiento del pacto progresista con un nuevo ciclo de reformas populares. Al momento, las seales indican que, de acentuarse tal encrucijada, probablemente prevalecer lo primero. En tal caso, esto acelerar la PSOEtizacin del Frente Amplio, consolidndose como una fuerza cada vez ms ladeada al centro del espectro poltico, desdibujndose en una polaridad que no puede contener y con cada vez ms dificultades de albergar a los sectores ms dinmicos de la izquierda, sobre todo la de impronta social y juvenil. Mientras tanto, sigue su curso la estrategia del arco de derechas orientada a restituir la unidad sin fisuras entre el Uruguay oligrquico y el aparato estatal.

El ao que comienza ser clave y obligar a definiciones relevantes. Por primera vez en los ltimos catorce aos todos los sectores de la economa negociarn salarios al mismo tiempo en el marco de la negociacin tripartita (sindicatos, gobierno y empresarios), teniendo como marco los debates en materia de reforma laboral y jubilatoria. Ese ser el gran escenario del enfrentamiento en 2018.

Notas:

[1] CEPAL, 2017. Balance Preliminar de las Economas de Amrica Latina y el Caribe. Disponible en http://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/42651/2/BPE2017_Uruguay_es.pdf

[2] Instituto Nacional de Estadstica (INE)

[3] Ibidem.

[4] Banco Central del Uruguay (BCU).

[5] Si bien los trminos de intercambio no cambian sustancialmente, fundamentalmente porque Uruguay es importador de petrleo, la masa de valor exportada pasa a ser sustancialmente menor. El valor total de lo exportado en 2015 y 2016, segn el Instituto Nacional de Estadstica, es aproximadamente entre un 15 % y un 20 % inferior al valor exportado en 2013 y 2014, por tanto, si bien el equilibrio de balanza comercial se puede mantener, el descenso del conjunto de lo exportado impacta reduciendo las actividades asociadas a las exportaciones y afecta el equilibrio entre la balanza comercial y los otros componentes de la balanza de pagos.

[6] Ver ndice de precios de exportacin en Cmara de Industrias, 2017. Relacin de trminos de intercambio de bienes de Uruguay. Pgina 2. Disponible en http://www.ciu.com.uy/innovaportal/file/85372/1/informerti31.pdf

[7] Instituto Cuesta Duarte.

[8] BCU

[9] Ibidem.

[10] https://www.elobservador.com.uy/la-rotacion-los-vientos-n1152363

[11] Iidem.

[12] La campaa No a la Baja, consisti en una fuerte movilizacin popular orientada a impedir que prosperara un plebiscito impulsado por el derechista Partido Colorado que buscaba bajar la edad de imputabilidad penal.

Rodrigo Alonso, investigador CELAG.

Fuente: http://www.celag.org/economia-uruguay-estabilidad-coyuntural-tensiones-horizonte/



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