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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-02-2018

25-F
Por otra Europa posible

Arturo Borra
Rebelin


Nuestra generacin no se habr lamentado tanto de los crmenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos

Martin L. King


El domingo 25 de febrero, en distintas ciudades espaolas, colectivos y movimientos sociales diversos volveremos a salir a la calle para exigir a los gobiernos europeos el cambio sustancial de sus polticas migratorias y de asilo. Para tal fin, se har lectura del Manifiesto NO A LA EUROPA FORTALEZA, LOS DERECHOS HUMANOS NO SE NEGOCIAN (http://somxarxa.org/manifiesto/), elaborado tanto para concienciar a la sociedad sobre la verdadera magnitud de la catstrofe que afecta a millones de vidas en peligro como para proponer medidas concretas que reviertan esta gravsima situacin.

En un contexto histrico profundamente regresivo -de crisis de humanidad y evidente retroceso en materia de derechos humanos-, se hace impostergable un cambio de raz de las polticas europeas: casi 70 millones de seres humanos han perdido sus hogares huyendo de la guerra, las hambrunas, el cambio climtico o persecuciones de todo tipo. Ante una situacin semejante, en pleno siglo XXI, no cabe la pasividad, a riesgo de hacernos cmplices de un genocidio que se est perpetrando ahora mismo en las puertas de una Europa cada vez ms fortificada. Hace falta insistir: la Unin Europea ha decidido dar las espaldas al sufrimiento que contribuye a producir a gran escala, en un ejercicio de cinismo que debe ser polticamente confrontado.

La realidad no puede ser ms desoladora. Aunque las cifran apenas dan cuenta del desastre actual, en los ltimos 17 aos han perecido ms de 35000 personas intentando arribar al continente europeo. No se trata, sin embargo, de ninguna fatalidad trgica sino de uno de los efectos ms visibles de una serie de decisiones polticas que han optado por blindar las fronteras europeas a costa de los otros. Que cada ao mueran ahogadas miles de personas en el Mediterrneo no es nada inevitable (producto de una batalla desigual, ms o menos metafsica, entre la naturaleza y el ser humano). Por el contrario, es consecuencia directa de un sistema de control fronterizo especfico, basado en la criminalizacin de quienes son vctimas de mltiples formas de violencia sistmica. Entre esas violencias, sin dudas, es inocultable el papel vergonzoso que desempea el complejo industrial-militar que hace de la guerra y el crimen organizado un negocio multimillonario, as como la intervencin predominantemente represiva de los estados europeos frente a quienes buscan ponerse a resguardo, incumpliendo por lo dems los compromisos contrados en materia de reasentamiento de personas refugiadas.

Se trata, en suma, de unas decisiones gubernamentales que slo pueden ser revertidas a partir de la presin ciudadana: sin una movilizacin colectiva permanente lo nico que cabe esperar de la actual gobernanza europea son ms blindajes fronterizos y ms omisin de ayuda ante aquellos seres humanos que condena a la infravida, cuando no directamente a la muerte. Ante esta situacin inadmisible, a contramano de las banderas que la UE dice enarbolar, necesitamos una respuesta ciudadana enrgica, que alce la voz frente a la escandalosa vulneracin de los derechos humanos, exigiendo un proyecto europeo diferente, capaz de acoger y proteger a quienes ahora expulsa o rechaza. Lo que no es menos importante: se trata de exigir el cumplimiento efectivo de la legislacin internacional en materia de asilo y, en particular, de garantizar el ejercicio de dicho derecho en las fronteras, as como de impedir que las personas sean encerradas y deportadas por su situacin administrativa.

Ante una poltica sistemtica de denegacin del asilo, pues, se hace urgente luchar para que nuestras demandas de justicia sean escuchadas y atendidas sin postergaciones, comenzando por garantizar vas legales y seguras para las personas desplazadas, as como corredores humanitarios y medidas urgentes de acogida y proteccin, suspensin de acuerdos de control fronterizo, retorno y readmisin con pases que no respetan los DDHH, as como el desarrollo de polticas sociales inclusivas y de cooperacin al desarrollo al servicio de los pueblos, entre otras cuestiones.

En una poca de ignominia moral y poltica, necesitamos unirnos y decir basta a una Unin Europea que no nos representa. No seremos cmplices de una Unin Europea racista que negocia con los derechos humanos de los dems. Precisamente porque somos responsables tanto de nuestras acciones como de nuestras omisiones, participar el 25-F en las manifestaciones convocadas constituye un deber de quienes no se contentan con las concertinas y los naufragios como respuesta ltima ante tanto dolor annimo. Contra la resignacin a la que quieren condenarnos, quizs nuestra mejor respuesta sea organizar el grito, para que esos millones de desplazados dejen de ser tratados como meros deshechos de los derechos humanos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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