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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-02-2018

La tecnologa, herramienta de dominacin o mecanismo de liberacin?

Alberto Acosta
Rebelin


En una sociedad tan intensamente industrializada,

la gente est condicionada para obtener las cosas ms que para hacerlas;

se le entrena para valorar lo que puede comprarse ms que lo que ella misma puede crear.

Quiere ser enseada, transportada, tratada o guiada

en lugar de aprender, moverse, curar y hallar su propio camino.

Se asignan funciones personales a las instituciones impersonales.

Ivan Illich

 

Sin negar cun importantes son los veloces avances tecnolgicos -tanto los de las ltimas dcadas como aquellos por venir- cabe notar que stos no siempre benefician a toda la Humanidad. Por ejemplo, hay segmentos enormes de la poblacin mundial que no acceden por igual a la informtica. An hoy, en pleno siglo XXI, cientos de millones de personas no han tenido contacto con Internet (de hecho, a enero de 2018 se estima que 3.572 millones de personas no tienen acceso a la red ) . Y muchos que, si lo tienen, son verdaderos analfabetos tecnolgicos: estn presos de una tecnologa que no conocen, ni pueden usar a plenitud, al tiempo que devienen cada vez ms en adictos sumisos, pasivos y dominados de estas nuevas tecnologas.

Adems, tanto avance tecnolgico no es indispensable para resolver los graves problemas sociales que afectan a la Humanidad, por ejemplo, el hambre. Producimos alimentos en el planeta que cubriran las necesidades de 10 u 11 mil millones de personas, ms que suficiente para los actuales 7,5 mil millones de humanos; pero diariamente se van a su casa con hambre entre 800 millones y mil millones de personas. De hecho, las soluciones frente a la urgencia de asegurar los mnimos nutricionales para todos los habitantes del planeta, no son respuestas de ms tecnologa alimentaria, ni de ms productividad, apunta con claridad el cataln Gustavo Duch . Basta ver que, cada ao, alrededor de un tercio de todos los alimentos producidos en el mundo se desperdician . Ms all de distribuir con mayor equidad los alimentos y de producirlos segn la demanda alimenticia humana -y no la especulacin o el hambre del automvil-, urge hacer realidad la soberana alimentaria que implica el control por parte del campesinado de su agricultura y de toda su alimentacin, es decir todo manejado desde los pueblos, no desde las corporaciones.

As, afloran varias preguntas: Es socialmente neutra la tecnologa? Puede el incesante progreso tecnolgico resolver los enormes problemas sociales existentes? Cules son los lmites de las tecnologas? Tales dudas no implican un conservadurismo ante el progreso tecnolgico, sino una crtica sobre su sentido. Guste o no, la tecnologa moderna est cada vez ms subsumida a la auto-valorizacin del capital, volvindose nociva en muchos aspectos. Es ms, el avance tecnolgico tiende a acelerarse en aquellas actividades que benefician a la acumulacin (un ejemplo cruel es el avance tecnolgico militar), mientras que en otras el avance es lento y hasta llega al estancamiento, o peor an a la marginacin: un ejemplo es el encarcelamiento tecnolgico del mercado de las patentes ( cuya supuesto incentivo a la innovacin es ms que cuestionable ), como sucede con muchas medicinas que podran paliar problemas de salud en el mundo.

Por tanto, la tecnologa -el instrumento o la fuerza que permite hacer algo, diferente pero complementaria de la tcnica: conocimiento o habilidad de usar la tecnologa- no es socialmente neutra. Con frecuencia se desarrollan nuevas tecnologas segn las demandas de acumulacin capitalista. No olvidemos que toda tecnologa tiene inscrita una forma social, es decir, una forma de relacionamiento entre unos y otros y de construirnos a nosotros mismos; basta mirar la sociedad que produce el automvil y el tipo de energa que demanda: individualismo y consumo de combustibles fsiles vienen en gran medida de la mano...

Cul forma social est implcita en los avances tecnolgicos -presuntamente democratizadores- a los que deberamos enrolarnos todos?

Por ejemplo, en la cotidianidad muchos avances tecnolgicos sustituyen a la fuerza de trabajo -sea fsica o intelectual- volviendo caducos a varios trabajadores , as como excluyendo o desplazando a quienes no pueden acceder a la tecnologa; todo esto redefine al trabajo mismo, normalmente contribuyendo a su flexibilizacin, casi siempre sinnimo de ms explotacin. Lo humano termina siendo mera herramienta para la mquina, cuando la relacin debera ser inversa (aunque siempre dentro de determinados lmites pues, como seal Polanyi, sabemos mucho ms de lo que podemos explicar y quiz ese conocimiento es el que nos distingue de las mquinas , idea similar que se recoge en la llamada paradoja de Moravec ). Desde esa perspectiva, para que exista otra tcnica, que incluya a las personas al trabajo en vez de excluirlas, es necesario transformar las condiciones y relaciones sociales de produccin. El objetivo es que la tcnica potencia a las fuerzas humanas, no que las reemplace.

Ms grave an es ver cmo los avances tecnolgicos recientes han devenido en una herramienta capaz de controlar multitudes con la misma eficacia que el control individualizado. Las tecnologas que se han desarrollado en los ltimos aos, muy en particular la inteligencia artificial, van en esa direccin se desarrollan prioritariamente aquellas que son ms adecuadas para el control de grandes masas, explica Ral Zibechi . Un ejemplo es el monitoreo absoluto chino: el sistema de vigilancia del pas ms poblado del mundo lleg a la identificacin facial -logro de ciencia-ficcin- en donde ya han instalado 176 millones de cmaras de vigilancia, y hasta el 2020 esperan haber colocado otras 200 millones .

Nadie puede dudar que vivimos en una poca de dominacin tecnolgica, que como anota el mismo Zibechi: es parte de la brutal concentracin de poder y riqueza en los estados, que son controlados por el 1 por ciento ms rico.

Las redes sociales, que parecan liberalizadoras, incluso democratizadoras (recordar la primavera rabe), son cuestionadas. George Soros , el gran especulador global, en el reciente Foro del 1% ms rico, en Davos - ledo en Diario El Pas de Espaa -, afirm que mientras petroleras y mineras explotan el medioambiente, las redes sociales explotan el ambiente: influyen en cmo la gente piensa y acta, implicando un riesgo para la democracia (volvindose hasta un problema de salud pblica). Facebook, propietaria de Instagram y Whatsapp, registra a ms de 2.130 millones de personas como parte de su comunidad; 332 millones en Twitter. El 67% de adultos norteamericanos declaran informarse va redes sociales. Estas redes sociales no necesariamente crean la informacin, pero si la priorizan segn las necesidades de los negocios involucrados, es decir de la acumulacin de sus capitales.

Esta afirmacin obviamente repercute en la economa global, pues las redes sociales y sus desarrollos tecnolgicos son monopolizados por pocas grandes transnacionales, que combinan el control de la informacin con la especulacin financiera, en un ejercicio de acumulacin global inaudito.

El mundo que anticip Orwell , gracias a grandes avances tecnolgicos, comienza a ser una realidad cotidiana en China, Rusia, EEUU, Australia En los EEUU se discute sobre la influencia que pudieron tener internautas rusos en las elecciones en las que sali como vencedor Donald Trump: habra alcanzado a 150 mil ciudadanos norteamericanos, una cifra que supera la de 126 millones de votantes, en un resultado donde cien mil votos fueron decisivos . En Alemania tambin se han denunciado acciones desde grupos de la derecha extrema para beneficiar al partido Alternativa para Alemania (AfD) en las pasadas elecciones del Parlamento Alem n . Incluso en pases ms pequeos y pobres, como Ecuador en donde durante el gobierno del caudillo del siglo XXI (Rafael Correa) se instaur un sistema de control policial -que rebas el mbito criminal- para perseguir a movimientos sociales y a opositores del rgimen. Y todo indica que esta potencial amenaza a la democracia recin empieza

No es menos angustioso el impacto que estn produciendo las tecnologas de la comunicacin en la niez y la juventud. El 48% de los jvenes que pasan ms de cinco horas al da conectados al mvil ha sufrido depresin, aislamiento o tendencias suicidas , resultado de un modelo empresarial basado en engatusar a los nios desde pequeos, como anot en los Estados Unidos un senador demcrata. Semejante situacin se combina con la violencia exacerbada facilitada por el avance tecnolgico, por ejemplo, en el empleo de armas sofisticadas en tiroteos masivos (que mes a mes causan cientos de muertes en EEUU ).

Conocer tal realidad implica revitalizar la discusin poltica, ofuscada por la fe tecnolgica. Al endiosar a la tecnologa se tiende a abandonar los aspectos sociales cruciales para mejorar la vida humana. Por ejemplo, creer que los problemas ambientales globales se resolvern con mejora tecnolgica es un error muy caro; se ha demostrado que las normas y regulaciones (an insuficientes) han sido ms efectivas que los avances tecnolgicos y mucho ms que las simplonas salidas de mercado (camufladas como economa verde). Aplaudidos logros, al contrario, pueden ser perversos: un ejemplo son los automviles elctricos que, si bien reducen el consumo de combustibles fsiles por unidad de transporte, demandan ms y ms minerales de todo tipo (desangrando an ms a continentes altamente explotados como frica o Amrica Latina), ocasionando hasta un aumento del nmero de vehculos demandados: efecto rebote.

Un reto clave recae en ver cmo se controlan conocimientos y tecnologas. En realidad, muchas nuevas tecnologa provocan renovadas formas de desigualdad y de explotacin, as como de enajenacin, dominacin y de hegemona: la dominacin tecnolgica se vuelve normal, es aceptada voluntariamente y hasta deviene en deseable para los dominados (por ejemplo, personas desesperadas comprando telfonos donde voluntariamente registran hasta su informacin facial ).  Por lo tanto, se debe impedir que las mquinas dominen a las personas, como recomendaba Ivn Illich, cuyo pensamiento, junto al de Andr Gorz, cobra creciente vigencia cada da que pasa.

Hay que valorar la capacidad de reparar las mquinas para controlarlas. Hay que aumentar la durabilidad de los bienes materiales proscribiendo cualquier obsolescencia programada. Hay que pasar progresivamente de una economa productora de bienes materiales a una de bienes inmateriales no contaminantes. Hay que revalorizar las miles de respuestas pequeas en todas partes del planeta para asegurar la soberana alimentaria desde abajo, desde el campesinado y desde los huertos urbanos (donde no solo importa el consumo -que puede exacerbarse con la sobreproduccin tecnificada- sino tambin las condiciones de produccin). Hay que liberarnos de la economa del crecimiento permanente y de la acumulacin de bienes interminable, dinmicas que son la esencia misma de la sociedad capitalista.

En estas condiciones se construyen respuestas desde abajo, en contra corriente. As, cual crculos concntricos provocados por una piedra lanza en un lago, se expanden inclusive en ciudades grandes, muchos ejercicios alentadores en donde los actores sociales intercambian mutuamente conocimiento artesanal; cambian tierras baldas y levantan con autogestin nuevos espacios abiertos para todas y todos; y a travs de estas prcticas amplan tambin sus mrgenes de accin, como nos cuenta Christa Mller de la Fundacin Anstiftung .

Las tecnologas, sobre todo las que ahorran fuerza de trabajo (fsica o mental), deberan liberar al ser humano del trabajo orientado a acumular capital, permitiendo instaurar jornadas laborales menos extenuantes, tal como se consigue en varios pases industrializados: en Alemania los trabajadores acaban de conseguir que se pueda establecer una semana de 28 horas de trabajo, para amplia el tiempo en familia . Y eso puede lograrse, por ejemplo, tambin liberando el conocimiento cientfico e impulsando un dilogo respetuoso con los saberes ancestrales, mientras las estructuras de produccin y consumo se transforman para construir sociedades donde la explotacin a la Humanidad y a la Naturaleza sea inviable.

Afrontamos complejidades mltiples inexplicables desde la monocausalidad. Y menos an con simples respuestas escapistas. Precisamos respuestas mltiples, diversas, pequeas y grandes (si fuera posible). Sin desestimar las acciones gubernamentales y la construccin de alternativas estratgicas de largo plazo, estando el control sobre los cuerpos en la mira del poder -como plantea Zibechi- esos cuerpos son y sern los campos de batalla. La lucha, una vez ms, ser desde abajo, multiplicando rebeldas, resistencias y desobediencias ciudadanas tanto frente a los grandes como a los pequeos y cotidianos usos tecnolgicos que terminan construyendo hegemona.

Urge identificar y -de ser posible- transformar las herramientas de dominacin, como las redes sociales, en instrumentos de comunicacin y organizacin liberadora. Esta accin que, en ningn momento debe restringir la libertad de expresin e informacin, debe estar guiada por las luchas de aquellos grupos histricamente oprimidos -desde enfoques feministas hasta indgenas, incorporando las visiones ecologistas y socialistas-, as como de propuestas comunitarias de quienes viven -o al menos imaginan- un mundo de libertades plenas, viable en la medida que confluyan la justicia social y la justicia ecolgica. En definitiva, necesitamos un ejercicio de contra-hegemona tecnolgica.-



 El autor es conomista ecuatoriano. Profesor universitario. Ex-candidato a la Presidencia de la Repblica del Ecuador.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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