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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-03-2018

Karl Marx (1818-1883). En el bicentenario de su nacimiento (XIII)
Sobre el Manifiesto comunista. Un latido marxiano (VI)

Salvador Lopez Arnal (editor)
Rebelin


Higinio Polo [HP] public en Mundo obrero, febrero de 2018, un artculo que merece lectura, estudio y comentario. Lo titul: "El manifiesto: un latido de Marx". Su presentacin y comentario es la finalidad de esta nota.

Cuando Karl Marx escribe junto con Engels el Manifiesto del Partido Comunista (MC), en el lejano 1848, ni siquiera ha cumplido treinta aos, nos recuerda HP. Su amigo apenas veintisiete. Lo escriben por encargo de la Liga de los Comunistas, la ex la Liga de los Justos, "y ninguno poda imaginar que aquel folleto de apenas treinta pginas iba a convertirse en uno de los textos polticos ms influyentes de la historia de la humanidad". Aunque no de manera inmediata.

Se public en alemn en febrero de 1848, "hace ahora ciento setenta aos, en otro aniversario que se nos acumula al bicentenario del nacimiento de Marx", y, en opinin de HP, una opinin que es fcil y razonable compartir, "conserva su frescura, su actualidad, pese a los vertiginosos cambios en el mundo: el propio Marx escribi, veinticinco aos despus de su publicacin, para la edicin alemana de 1872, que algunos puntos deberan ser retocados debido al "desarrollo colosal de la gran industria en los ltimos veinticinco aos". Hemos hablado de ello en esta serie.

Hay numerosos ejemplos de esa frescura a la que alude HP. Un ejemplo (entre cientos posibles) del apartado II:

Se habla de ideas que revolucionan a toda una sociedad; con ello, no se hace ms que dar expresin a un hecho, y es que en el seno de la sociedad antigua han germinado ya los elementos para la nueva, y a la par que se esfuman o derrumban las antiguas condiciones de vida, se derrumban y esfuman las ideas antiguas. Cuando el mundo antiguo estaba a punto de desaparecer, las religiones antiguas fueron vencidas y suplantadas por el cristianismo. En el siglo XVIII, cuando las ideas cristianas sucumban ante el racionalismo, la sociedad feudal pugnaba desesperadamente, haciendo un ltimo esfuerzo, con la burguesa, entonces revolucionaria. Las ideas de libertad de conciencia y de libertad religiosa no hicieron ms que proclamar el triunfo de la libre concurrencia en el mundo ideolgico.

Se nos podr decir, prosigue Marx

que las ideas religiosas, morales, filosficas, polticas, jurdicas, etc., aunque sufran alteraciones a lo largo de la historia, llevan siempre un fondo de perennidad, y que por debajo de esos cambios siempre ha habido una religin, una moral, una filosofa, una poltica, un derecho.

Adems, se seguir arguyendo, existen verdades eternas, como la libertad, la justicia, etc., comunes a todas las sociedades y a todas las etapas de progreso de la sociedad. Pues bien, el comunismo -contina el argumento- viene a destruir estas verdades eternas, la moral, la religin, y no a sustituirlas por otras nuevas; viene a interrumpir violentamente todo el desarrollo histrico anterior.

Veamos a qu queda reducida esta acusacin comenta Marx:

Hasta hoy, toda la historia de la sociedad ha sido una constante sucesin de antagonismos de clases, que revisten diversas modalidades, segn las pocas. Mas, cualquiera que sea la forma que en cada caso adopte, la explotacin de una parte de la sociedad por la otra es un hecho comn a todas las pocas del pasado. Nada tiene, pues, de extrao que la conciencia social de todas las pocas se atenga, a despecho de toda la variedad y de todas las divergencias, a ciertas formas comunes, formas de conciencia hasta que el antagonismo de clases que las informa no desaparezca radicalmente.

La revolucin comunista viene a romper de la manera ms radical con el rgimen tradicional de la propiedad; nada tiene, pues, de extrao que se vea obligada a romper, en su desarrollo, de la manera tambin ms radical, con las ideas tradicionales.

Vuelvo al escrito de HP.

El manifiesto, seala, fue un texto de propaganda, de intervencin poltica, un texto encargado por la Liga para reunir y resumir ideas, principios y finalidades, sin la profundidad de otras obras tericas de Marx y Engels (por ejemplo y destacadamente de El capital), "pero mantiene su energa, pese a los anuncios de los sepultureros del comunismo, que esparcen el espanto de la resignacin a la explotacin y la injusticia: la sombra de Marx es alargada". Marx no es un perro muerto, desde luego que no; tampoco el marxismo.

HP nos recuerda que Engels, ms de cuarenta aos despus de su publicacin, en uno de sus prlogos que ya han sido comentados, escribi que el MC sigue siendo "el programa comn de muchos millones de obreros de todos los pases, desde Siberia hasta California". Ms de un siglo despus de las palabras engelsianas, seala HP, la proclama final del texto, el "Proletarios de todos los pases, unos!", nos acompaa y nos refuerza, aunque los altavoces acadmicos y los centros de pensamiento y elaboracin burgueses despachen con suficiencia las ideas del texto de Marx y Engels".

Un pequeo matiz: con reconocimientos directos o indirectos en ocasiones y, adems, malintencionados probablemente. Incluso un magnate como Warren Bufett cree que la lucha de clases no es ninguna invencin marxiano-comunsta, que existe, que vertebra nuestras sociedades, y que es su clase la que hasta el momento est ganando. Por goleada. Por el momento por supuesto.

En idnticos trminos se han expresado colaboradores del Financial Times. Nada menos. La consciencia de clase burguesa tambin existe.

Las aportaciones del MC siguen siendo relevantes en opinin de HP: "desde la nocin de la historia humana como la historia de la lucha de clases, hasta la propuesta de abolicin de la propiedad burguesa, pasando por el internacionalismo ("los obreros no tienen patria"), y acabando en un escueto programa que contempla la expropiacin de la propiedad territorial, impuestos progresivos, una banca y medios de transporte en manos del Estado, educacin pblica y gratuita, empresas estatales, as como la obligacin universal de que todos trabajen, aboliendo el trabajo infantil en las fbricas.

Es justo recordar ese programa al que alude HP (pginas finales del apartado II del MC: "Proletarios y comunistas"). Esas medidas, naturalmente sealan Marx y Engels, sern diferentes segn los pases "pero, en los pases ms avanzados podrn ser puestas en prctica casi en todas partes las siguientes medidas":

1. Expropiacin de la propiedad de la tierra y aplicacin de la renta del suelo a los gastos pblicos.

2. Fuerte impuesto progresivo.

3. Abolicin del derecho de herencia.

4. Confiscacin de la fortuna de los emigrados y sediciosos

5. Centralizacin del crdito en el Estado por medio de un Banco nacional con capital del Estado y rgimen de monopolio.

6. Centralizacin en manos del Estado de todos los medios de transporte.

7. Multiplicacin de las fbricas nacionales y de los medios de produccin, roturacin y mejora de terrenos con arreglo a un plan colectivo.

8. Proclamacin del deber general de trabajar; creacin de ejrcitos industriales, principalmente en el campo.

9. Articulacin de las explotaciones agrcolas e industriales; tendencia a ir borrando gradualmente las diferencias entre el campo y la ciudad.

10. Educacin pblica y gratuita de todos los nios. Prohibicin del trabajo infantil en las fbricas bajo su forma actual. Rgimen combinado de la educacin con la produccin material, etc.

Hoy, nos recuerda HP, ese afn, el sealado en el punto 10, "todava no se ha conseguido: doscientos cincuenta millones de nios trabajan en el mundo, soportando la esclavitud, la trata, el trabajo forzoso por unas monedas, tareas domsticas e incluso el trabajo en las minas, labores peligrosas e insalubres, porque el capitalismo realmente existente en el mundo, dotado de la aureola de modernidad, sigue sometiendo a buena parte de la humanidad a una vida miserable". De hecho, como nos record Luciano Canfora [2], la primera ley sobre trabajo en las fbricas fue aprobada por la Cmara de los Comunes en 1833, apenas quince aos antes del MC. Se prohiba por ley "trabajar en las fbricas a los nios menores de nueve aos (excepto en las fbricas donde se teja seda!) y para los mayores de nueve de fij por ley un horario mximo de trabajo". La situacin continu durante dcadas. En Espaa, por ejemplo, en los aos cincuenta del siglo pasado, mi hermana empez a trabajar a los 12 aos. Yo a los 13, dos meses antes de cumplir 14 aos

Los laboratorios ideolgicos del neoliberalismo, seala HP, nos vendieron que los "dividendos de la paz", tras el desmantelamiento de la URSS y de la Europa del Este, "traeran una nueva poca de prosperidad, ligada al desarrollo cientfico y tcnico, y que la robotizacin incluso iba a hacer menos necesarios a los trabajadores en las fbricas y empresas: la clase obrera iba a convertirse en un recuerdo del pasado". Sin embargo, ha disminuido ciertamente "la importancia del trabajo obrero mientras aumenta la importancia de la maquinaria, pero nunca ha habido en el mundo tantos millones de obreros industriales, y la prosperidad y la justicia siguen siendo un sueo de desposedos".

Olvidadas las mentiras, "las ansias frenticas de beneficios de empresarios sin escrpulos, de alma esclavista, han llevado a una reduccin generalizada de los salarios, han martirizado la vida, han convertido el futuro en un pozo negro de desdicha: en Estados Unidos ha pasado a ser un lugar comn la idea de que los jvenes vivirn peor que sus padres, y en Europa, el ataque despiadado a la existencia material de los trabajadores deja a la intemperie a millones". Muchos, lo sabemos bien, "ni siquiera pueden alquilar una vivienda, aunque tengan trabajo, y empieza a ser habitual el obrero precario, el trabajador temporal que debe alquilar una habitacin porque ni siquiera puede pagar un pequeo apartamento". Se ha convertido en comn, en vida cotidiana, en pan nuestro de cada da, "el joven que debe vivir en las grietas del sistema, por esa "flexibilizacin" del trabajo que no es ms que el retorno a la indefensin obrera del pasado, a las dcadas sombras sin sindicatos, a la soledad proletaria ante las imposiciones del patrn. Han impuesto a los trabajadores el miedo al desempleo, a una vida sujeta al temor del maana". A jvenes y no tan jvenes.

Oficiando de enterradores del movimiento comunista, prosigue HP, "los portavoces del capital recuerdan el colapso de la Unin Sovitica (aunque ocultan la traicin del bosque de Belavezha, y el golpe de Estado de Yeltsin en 1993), insisten en la desaparicin de la clase obrera, lanzan interesadas profecas sobre el fin de la lucha de clases". La desaparicin de la URSS y del "socialismo real" de los pases del Este europeo "marc el inicio de la revancha sobre los trabajadores, el comienzo de la liquidacin de muchas conquistas y derechos, un nuevo programa de dominacin imperialista". Lo vivimos en nuestras carnes. La ofensiva del capital es continua, ininterrumpida. Una contrarrevolucin permanente y sin piedad.

El lenguaje falsario del capitalismo, nos advierte HP, se disfraza "ahora de "economa colaborativa", de "flexibilidad laboral", de nuevas formas de trabajo, pero sus mentiras apenas esconden la vieja jerga de la explotacin humana". Acrecentada. Pagan salarios miserables de manera creciente, fuerzan la transfusin de los escasos recursos de las familias hacia los patrones del sistema por la va de las hipotecas, aumento de impuestos a las rentas bajas y medias y disminucin impa de las rentas altas, la reduccin de garantas sociales, las privatizaciones parciales (totales en algunos pases y en algunos sectores esenciales) de la sanidad y la enseanza, "adems de la especulacin desenfrenada de todo tipo de necesidades sociales". El vampiro capitalista, observa HP, "profundiza en el ataque a los sindicatos, a su capacidad para negociar, imponiendo salarios que estn en el lmite de la subsistencia, como si estuvisemos en las sucias fbricas victorianas del siglo XIX".

Efectivamente, regreso al pasado, liquidacin, aniquilacin o fuerte disminucin de las conquistas y derechos obreros. El futuro no es lo que soamos, no es por lo que peleamos.

No slo eso seala HP. "Mientras se reducen los salarios en buena parte de los pases capitalistas, y el sistema acta sin freno, especulando con la vida y los recursos del planeta, poniendo en riesgo el futuro, los trabajadores parecen perdidos en la spera y solitaria modernidad, atrapados en espejismos nacionalistas y en efmeras organizaciones vagamente progresistas, como si no necesitsemos impugnar de raz el capitalismo". Por el contrario, "los trabajadores precisan de sindicatos fuertes, necesitan partidos comunistas, porque generando crisis tras crisis, el capitalismo lleva en sus entraas la explotacin y la infamia, la destruccin", aunque, nos recuerda el colaborador de El Viejo Topo, "no podamos celebrarlo porque una de las hiptesis de futuro es que se destruya a s mismo, aniquilando tambin la vida en el planeta".

Aunque el MC pecase de optimismo sin prever la capacidad de supervivencia del capitalismo, prosigue HPr, "sigue teniendo una evidente actualidad". Pese a que los mecanismos de explotacin capitalista se han sofisticado y los instrumentos de dominacin cultural han hecho creer a legiones de trabajadores que su lugar est con quienes les explotan, "las pginas de Marx y Engels siguen siendo imprescindibles". Hoy, no se olvida HP de ello, "adems, aadimos a las propuestas del manifiesto la cuestin central del feminismo, y el riesgo de quiebra ecolgica, desde una perspectiva ms planetaria, ya no centrada en Europa como en los aos de Marx". Si el movimiento comunista, la lucha por el socialismo, ha sufrido dolorosas derrotas que no olvidamos, "no es menos cierto que el capitalismo no slo sigue mostrndose incapaz de asegurar un porvenir digno para la humanidad sino que amenaza con destruir el planeta". Todos los derechos de los trabajadores, todas las conquistas democrticas, todos los logros en el camino de la igualdad de las mujeres, seala con nfasis HP, "nacieron de la lucha obrera, donde las mujeres desempearon un papel fundamental, con frecuencia olvidado" (por ejemplo, en la revolucin de octubre). Nacieron del impulso "de la revolucin bolchevique, de la fortaleza conseguida tras la victoria sobre el fascismo en 1945, que trajo tambin el fin de la ignominia colonialista".

Doscientos aos despus del nacimiento de Marx, y ciento setenta del MC, nos recuerda HP, "sabemos que esas pginas pusieron en el centro de todas las miradas la evidencia de la explotacin, marcaron un impulso por la justicia que est en el origen de los cambios en el mundo contemporneo, sealaron una sorprendente previsin para prever la evolucin del capitalismo, y para combatir la apata de quienes, en palabras de Brecht, "viendo acercarse ya las escuadrillas de bombarderos del capitalismo" se resignan". Ah est el MC, en cada gesto digno, en cada rebelda obrera y popular. "Por eso, sin duda, Gabriel Pri, comunista francs fusilado por los nazis [en 1941, Camus fue testigo de su ejecucin], recordaba, en la vspera de su asesinato, las palabras de Paul Vaillant-Couturier [uno de los fundadores del PC francs]: el comunismo es la juventud del mundo", aunque actos y momentos de barbarie se hayan podido construir y abonar en su nombre. Como ha ocurrido, histricamente, con otras tradiciones polticas y emancipatorias.

Veamos los aciertos y desaciertos del MC en nuestra ltima aproximacin a este texto que hablaba de un nuevo espectro de recorra las ciudades y pases europeos.

 

Notas:

1) http://www.mundoobrero.es/pl.php?id=7785

2) Luciano Canfora, La democracia. Historia de una ideologa, Barcelona, Editorial Crtica, 2004, p. 87.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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