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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-04-2018

Golpe sobre golpe, la nueva derecha xenfoba, el partido militar y un futuro sombro

Juraima Almeida y Aram Aharonian
Rebelin


Brasil, el pas ms importante de toda Amrica del Sur, la sexta economa del mundo, est conmovido hasta sus races. El dos veces presidente Luis Incio Lula da Silva, de 72 aos, est dando una ardua batalla legal por su candidatura presidencial y su libertad. Hoy no caben dudas: el objetivo final del golpe contra Dilma Rousseff en 2016 era eliminar del escenario poltico a quien lidera ampliamente las preferencias ciudadanas de cara a los comicios presidenciales que habrn de celebrarse el 7 de octubre.

Hoy se puede asegurar que el que se inici hace dos aos fue (y es) un golpe cvico-militar, con la diferencia que esta vez los uniformados no dieron la cara desde el principio. Son los mismos que dirigieron el golpe parlamentario-policial-meditico de 2016 contra Dilma.

El sbado, abrazado por una multitud de manifestantes, Lula se hizo fuerte en la sede de su sindicato metalrgico en Sao Bernardo do Campo, San Pablo. Desafi al juez Srgio Moro: Estoy tranquilo, los que delinquen son ellos, asegur el ex presidente. Finalmente, acept viajar a la prisin de Curitiba para cumplir la condena del juez Moro tras participar de una misa y encabezar un acto en su sindicato, el de los metalrgicos de Sao Bernardo do Campo.

Antes de presentarse ante la polica, el ex mandatario habl a miles de seguidores y les dej unas joyitas: Cada uno de ustedes se transformar en un Lula; La muerte de un combatiente no para la revolucin Mi crimen es ayudar a los pobres, que vayan a la universidad y se alimenten; No vale la pena parar mi sueo; cuando deje de soar, soar a travs de ustedes.

A la Polica Federal y al juez Moro les convena una imagen de Lula entregndose sin ninguna presin. Pero a lo largo del viernes y sbado hubo bloqueos de carreteras en al menos 15 estados y grandes movilizaciones en apoyo al ex presidente en las principales ciudades del pas. A Moro solo le tom veintids minutos expedir la orden de prisin desde que recibiera la comunicacin del tribunal regional federal de Porto Alegre (normalmente demorara das, meses)

Si la persecucin ya se estaba totalmente desacreditada en lo jurdico por la ausencia de pruebas en las acusaciones (se le conden con base en la conviccin de los magistrados acerca de su culpabilidad), Moro, un juez con apetencias de ser presidente, le puso la cereza al negarse a recibir los recursos de apelacin presentados por la defensa de Lula, violando la garanta constitucional de agotamiento de la jurisdiccin.

Moro pidi la prisin con el propsito de liquidar la sensacin de omnipotencia de Lula: hablaba demasiado a las multitudes, ganaba espacios en los noticieros de todo el mundo, y su figura se iba tornando heroica. Haba que eliminar su figura del imaginario colectivo.

Con este final se cierra el cerco poltico alrededor no solo de Lula sino de todo el sector progresista y democrtico del pas y de la regin, con el resurgimiento del partido militar. Las lites recurren a la violencia directa. Los nueve tiros contra la concejal de Ro Marielle Franco y el ataque armado contra la caravana de Lula en Paran dejaron en claro que eran asesinatos profesionales, una advertencia.

Nueva derecha, partido militar

Junto a los polticos corruptos, la polica federal, los fiscales y jueces est el verdadero poder fctico de Brasil: directivos del la monoplica Red Globo, el banco Ita, Gol, la constructora MRV, Electrobras, Mittal Aceros, entre otros; los grandes medios, las grandes empresas de la supuesta burguesa nacional y trasnacional, los grandes bancos y los capitales financieros globalizados.

En dos aos se teji una nueva correlacin de fuerzas con la irrupcin (por primera vez en tres dcadas de posdictadura) de los altos mandos de las fuerzas armadas en el escenario poltico, la conformacin de una nueva derecha militante, racista, antipopular y antidemocrtica y una izquierda paralizada y desmovilizada, incapaz de comprender las nuevas realidades globales y regionales.

Por qu los militares, los grandes medios, las iglesias evanglicas, los empresarios y el tercio ms pudiente del pas, han hecho del odio una sea de identidad que ahora se focaliza en Lula, pero en el da a da se yergue contra negros y negras, izquierdistas, sexualidades disidentes y un largo etctera donde entran todos los diferentes, se pregunta el analista uruguayo Ral Zibechi.

La derecha no slo domina los medios, la justicia, las fuerzas armadas y las principales instituciones estatales y privadas de Brasil, sino que tuvo la habilidad de ganar las calles desde 2013, cuando la izquierda electoral retrocedi asustada ante la irrupcin de multitudes contrariadas por los aumentos de precios del transporte y la represin policial.

El Movimiento Brasil Libre (MBL), principal expresin poltica y sobre todo militante de la nueva derecha, lleva casi cinco aos haciendo sentir su poder en las calles, desde acciones masivas con miles de personas hasta pequeos grupos que la emprenden contra los estudiantes que ocupan escuelas secundarias, sindicalistas, campesinos o activistas feministas y Lgbt.

Hoy existe una nueva derecha militante, ante la cual la vieja izquierda se disuelve en el aire de una legalidad mezquina, en manos de jueces y fiscales que coinciden con los postulados de la intransigencia y el odio. No se inmuta ante la irracionalidad de sus argumentos, ni teme violentar el sentido comn y las leyes para imponer sus postulados. Por ejemplo, aceptar que Temer siga siendo presidente cuando tumbaron a Dilma por mucho menos de los cargos que la justicia le imputa al actual presidente, agrega Zibechi.

Las muestras de apoyo de lderes regionales a Lula continuaron. Mientras tanto, el Mercosur sigue haciendo mutis por el foro, as como la Organizacin de Estados Americanos...

Golpe dentro del golpe

No caben dudas: golpe dentro del golpe. El comandante del Ejrcito, general Eduardo Villas Bas, pocas horas antes de la sesin del Supremo Tribunal Federal que deba decidir si Lula ir a la crcel tuite: Todos los esfuerzos deben ser hechos para prohibir la corrupcin y la impunidad en la cotidianidad brasilea, tras el pedido de intervencin militar del general de la reserva Schroeder Lessa.

Hay quienes prefieren ser optimistas que consideran que ms que una amenaza golpista, se trataron de presiones a los 11 jueces del Supremo para que lleven a Lula a la crcel.

La propuesta anticorrupcin sale de una institucin castrense que jams castig a los responsables de torturas y asesinatos durante la dictadura militar (1964-1985), con altos mandos que siguen respaldando a los torturadores (quiz los actuales jerarcas). No cambi mucho: en los ltimos 32 aos hubo 1.722 asesinatos en el campo en el marco de la reforma agraria; de ellos slo 110 fueron a juicio y apenas 31 personas fueron condenadas.

Ya el presidente de facto Michel Temer mand militarizar Ro de Janeiro, y ahora define a Villas Bas como guardin de los valores y principios de la moralidad y la tica. Vale rescatar la posicin del comandante de la fuerza area, Nivaldo Luiz Rosado, quien seal que la sociedad est polarizada y exigir a sus subordinados respetar la Constitucin y no poner las convicciones personales por encima de las instituciones.

La institucin que debera perseguir el crimen en Rio de Janeiro, donde interviene por orden del presidente Michel Temer, la define Villas Bas como guardin de los valores y principios de la moralidad y la tica, pero no parece empeada en encontrar a los asesinos de la concejala Marielle Franco. Entre todas las presiones militares que se ventilaron en pblico en Brasil en los das previos al fallo del Supremo Tribunal Federal (STF) sobre el recurso de hbeas corpus, las declaraciones del general retirado Luiz Gonzaga Schroeder Lessa fueron las que ms llamaron la atencin.

Lleg a afirmar que en caso de que el STF le concediera el amparo de hbeas corpus a Lula, podra estallar una lucha fraticida. Agreg que si ste dejara en libertad al ex presidente, slo estara actuando como incitador de la violencia entre los brasileos. El general retirado no dud en ir ms lejos. Afirm que si el tribunal permita que Lula se presentara como candidato a presidente y luego fuera electo, no quedar otra alternativa que la intervencin militar.

Das antes haba advertido en un programa de radio que incluso podra haber derramamiento de sangre y que la crisis que se desatara sera resuelta con balas. Las amenazas de Lessa fueron consideradas por el comando del ejrcito como una posicin personal: no se le hizo un llamado de atencin, a pesar de que la ley prohbe pronunciamientos de militares sin autorizacin superior.

Sorprendi que, tras las declaraciones de Villas Bas, en la que afirmaba que el ejrcito comparte el repudio a la impunidad, el ministro interino de Defensa, Joaquim Silva e Luna interpret que el comandante haba querido reafirmar el compromiso de la fuerza terrestre con los preceptos constitucionales, sin olvidar el origen de sus cuadros, que es el pueblo brasileo. Amnista Internacional y varios juristas condenaron, por su lado, la declaracin de Villas Bas al interpretarla como una presin hacia los jueces del STF.

El presidente Temer prefiri no comentar las afirmaciones del comandante del Ejrcito, mientras que el presidente de la Cmara de Diputados, Rodrigo Maia, un precandidato presidencial ms, afirm que en momentos de turbulencia, cuando sectores de la sociedad se posicionan de diferentes maneras, no se debe cuestionar el respeto a la Constitucin.

Causales casualidades

Lula fue Presidente del Brasil por dos perodos consecutivos (2003/2010). Termin su mandato con un envidiable 85% de aceptacin y lo sucedi una de sus ministras, Dilma Rousseff, quien fuera expulsada de su cargo por un golpe palaciego del Parlamento de su pas. Hoy gobierna Michel Temer, el vicepresidente de Dilma, con un resonante 2% de adhesin de los ciudadanos brasileos, aunque confa que el uso del Estado le dar posibilidades para las prximas elecciones del mes de octubre

Pero las cosas, para Lula, se desmadraron de tal manera que, a pesar de encabezar todas las encuestas de opinin vinculadas a la prxima eleccin duplicando a su ms inmediato perseguidor-, el silln presidencial parece alejarse. Obviamente, nada es casual. Hay varias razones, entre ellas la presin de Washington; las debilidades del progresismo de Lula y la corrupcin.

Ninguno de los gobiernos progresistas de la regin que, si bien no se plantearon producir grandes reformas estructurales y olvidaron construir una nueva sociedad, fueron del gusto de los intereses de los Estados Unidos. Pero con el gobierno brasileo se haba desplegado una particular preocupacin. Ella est directamente vinculada con la importancia de Brasil en la regin y el mundo.

Brasil fue uno de los animadores, junto con Rusia, India, China y Sudfrica del mentado BRICS que le pona lmites a la hegemona estadounidense. Por si esto fuera poco Brasil tiene 7.500 kilmetros de costas sobre el Ocano Atlntico. En la vastedad de esas cosas haba importantes reservas de petrleo mar adentro (offshore), para garantizar la soberana sobre el mismo Brasil tiene en carpeta la construccin de un submarino propulsado por energa nuclear. El mismo podra contar con la colaboracin de Argentina.

Ello preocup a los estrategas estadounidenses que dispusieron que su IV Flota, patrullara toda la zona. Por otra parte, la amazonia brasilea el pulmn del mundo- siempre ha sido un tema llamativo para el poder mundial.

El propio Lula vena manifestando a sus interlocutores de estos tiempos que su gran error haba sido ser condescendiente con el poder instalado. Es conocido el dato que los bancos, eje del actual modelo capitalista, haban tenido beneficios, durante el gobierno del liberal Fernando Enrique Cardozo (1995/2003), que rondaron un promedio del 11 % anual. Durante el gobierno de Lula esa ganancia creci para llegar al 14% anual.

El reconocimiento de Lula y estas ganancias del sistema financiero explican una parte sustancial de esas debilidades, que valen para Lula y tambin para los dems gobiernos de la regin del mismo signo.

Finalmente, el verso de la corrupcin fue la que termin siendo la clave para terminar o destruir a estos gobiernos y sus dirigentes, y fue utilizado para desestabilizar a estos gobiernos. La corrupcin tiene que ver con tres cuestiones combinadas: el financiamiento, nunca bien definido, ni aclarado de la poltica; el beneficio personal de algunos empresarios y polticos para guardarse fondos destinados a esta costosa manera de hacer poltica y la utilizacin por parte del poder imperial, para no ensuciarse ellos las manos y expulsar a gobernantes que no les gustan sin tener que apelar a los sangrientos golpes tradicionales

En estos marcos se diluyen aquellas medidas que se podran inscribir como bases para cambios profundos. Como ejemplo Lula haba logrado sacar de la pobreza a 20 millones de brasileos (l habla de 36 millones). De aquella realidad ahora pasamos a declaraciones de militares que advierten que la eximicin de prisin de Lula o su llegada al gobierno va a ser resuelta con balas () se va a derramar sangre, desgraciadamente eso es lo que la gente teme.

Y aquellas fuerzas junto a las que Lula logr gobernabilidad (empresarios, evanglicos y sectores de clase media), huyeron de su lado no por sus programas econmicos sino porque los pobres comenzaron a ser sujetos de poltica (no meros objetos de ella) y fueron ocupando espacios a lo largo y ancho del pas. Fue una reaccin colonialista, de clase.

El PT repite que en cuanto a candidatos presidenciales no tiene plan B y, por ahora podr mantener a Lula como candidato. Recin el 15 de agosto, menos de dos meses antes de las elecciones, el TSE decidir si acepta o no formalizar la candidatura del ex mandatario. Varios juristas advierten que Lula es inelegible ya que la llamada ley de foja limpia no permite l participacin de personas que hayan sido condenadas en segunda instancia (su caso).

Lula fue condenado a 12 aos y un mes por los jueces del Tribunal Regional Federal 4 de Porto Alegre por recibir un soborno (un apartamento trplex en un balneario del estado de San Pablo) de la constructora Oas a cambio de favores en la petrolera estatal Petrobras. Nunca probaron que Lula sea el propietario del apartamento.

Lula parece haber asimilado la nueva realidad, que no permite medias tintas y alianzas con la derecha (durante los doce aos de gobierno del PT, por ejemplo, Globo mantuvo y acrecent su podero). No puedo ser ms radical. Pero tampoco puedo ser Lulinha paz y amor. Les di amor y me devolvieron golpes. Quiero probarles que no tiene sentido arreglar este pas si el pueblo pobre no est incluido.

Con un Lula condenado y encarcelado se cierra un ciclo poltico en Amrica Latina; prcticamente ha agotado las posibilidades de presentarse a las elecciones presidenciales del 7 de octubre prximo; el PT quedar sin brjula ni recambio por esa terquedad de los gobiernos progresistas de no construir nuevos liderazgos y de cooptar y desmovilizar los movimientos sociales que los llevaron al poder.

Quiz la crisis actual, vestida de gesta heroica puede servir para replantearse qu es la democracia, qu significa la participacin popular, preguntarse si la sociedad puede cambiarse desde las instituciones de un Estado hecho a imagen e intereses de los poderes fcticos y cuyas normas irrespeta continuamente la derecha. Dijo Lula el ltimo sbado: Creo en la justicia, si no, habra propuesto una revolucin, no un partido.

Mientras, la lucha seguir en las calles?


Juraima Almeida es investigadora brasilea, analista asociada al Centro Latinoamericano de Anlisis Estratgico (CLAE, www.estrategia.la)

Aram Aharonian es periodista y comuniclogo uruguayo. Mgister en Integracin. Fundador de Telesur. Preside la Fundacin para la Integracin Latinoamericana (FILA)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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