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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-04-2018

Lula, los lmites del progesismo y la enfermedad infantil del izquierdismo

Gustavo Robles
Rebelin


El tema Lula no slo divide aguas en la sociedad del hermano pueblo de Brasil y genera atencin y preocupacin en todo el mundo: tambin provoca polmicas en la inefable izquierda argentina. Es que, como ya es costumbre, el delirio y la incoherencia son parte inseparable de la mayora de los innumerables grupos que la componen.

Brasil es la octava potencia econmica por su PBI segn el FMI, por encima de pases como Francia y Gran Bretaa; de ah su importancia en el mundo. Tiene, adems, la diversidad biolgica ms grande del planeta y recursos naturales incalculables. Su territorio es enorme y de una riqueza extraordinaria, por lo cual siempre ha sido visto como presa para la burguesa imperialista que domina el mundo.

A pesar de semejante abundancia de recursos, la desigualdad es indignante y la pobreza es un flagelo que afecta a grandes sectores de la poblacin. Segn estadsticas oficiales, el 25% de los brasileros vive en situacin de pobreza. Son unos 52 millones de personas. Eso, a pesar de que, de acuerdo a las estadsticas del Banco Mundial, alrededor de 30 millones de seres humanos salieron de ella entre 2004 y 2014, bajo la batuta Luiz Inazio Da Silva.

El hambre, la miseria y la desigualdad en el mundo moderno son consecuencias del modo de produccin y la organizacin social, poltica y econmica capitalistas. Es decir, la responsabilidad de semejantes iniquidades la tiene la burguesa en todo el orbe y, por supuesto, tambin en Brasil. La peridica agudizacin de la lucha de clases hace que a veces la clase dominante ceda en su prepotencia por concentrar la riqueza, pero eso constituye un espejismo dentro del sistema que le proporciona sus privilegios: las burguesas siempre pergean tcticas para encauzar el devenir de las cosas segn su inters y conveniencia. Luego de las experiencias traumticas que significaron para ellas las revoluciones obreras y campesinas triunfantes en el siglo 20, el Estado de Bienestar fue la salida que encontraron para evitar que toda la clase obrera mundial se hiciera comunista. Derrumbado el campo socialista, el estado de bienestar ya no tena sentido y se dedicaron a desarmarlo, pues haba cumplido su misin histrica. Sin embargo, eso afect y afecta grandemente a los sectores populares asalariados y marginados, lo que llev a las nuevas dirigencias surgidas de la derrota -impregnadas por concepciones pequeoburguesas que slo aspiraban (y aspiran) a acordar con las burguesas formas menos cruentas de explotacin del hombre por el hombre-, a disputar la hegemona en la administracin del Estado Burgus. Esta concepcin ha tenido muchas veces xito al ganar los gobiernos en muchos pases, pero obviamente no pretende destruir ni el sistema ni el poder de la burguesa como clase dominante y conductora y forjadora de la sociedad mundial.

Sin embargo, los burgueses no toleran ni siquiera eso. No toleran que ningn sector sujeto a su dominacin pretenda sentarse a discutir con ellos cmo estructurar la organizacin de los pueblos y la distribucin de la riqueza. Por eso, una vez que los progresistas encaminan la institucionalidad del sistema, los dueos del mundo se disponen para sacrselos de encima.

No entender eso, es no entender el mundo en el que vivimos.

No entender que el caso de Lula es parte de una estrategia global del imperialismo y que por ello hay que denunciar su persecucin instrumentada por la institucionalidad brasilea, es no tener idea del desarrollo de la lucha de clases en la actualidad.

No solidarizarse con Lula es ponerse claramente del lado del imperialismo, aunque el lder del PT no juegue a fondo y se entregue.

Solidarizarse con Lula en esta situacin, no significa acordar poltica, estratgica ni ideolgicamente con l. Significa, simplemente, denunciar los planes del poder econmico globalizado.

Se puede repudiar la persecucin al ex presidente brasileo sin apoyar sus ideas, as como se puede repudiar la agresin imperialista contra el gobierno bolivariano de Venezuela sin dejar de ser crtico con sus polticas.

Sin embargo, la izquierda infantil, inmadura e incoherente que tan bien describiera Lenin en El Izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo, seala con dedo acusador al lder de millones de trabajadores brasileos y termina ponindose del lado de la estrategia de la burguesa mundial otra vez.

De la misma manera, esos sectores se oponen a un frente anti Macrista porque eso significa acordar con el kirchnerismo. No entienden la diferencia entre tctica y estrategia, entre frente de lucha y frente propositivo. Ni hace falta decir que de esa manera, insisten en ser funcionales al inters imperial. Ni siquiera son capaces de ver que la base de apoyo social que tiene uno y otro sector son opuestos e irreconciliablemente contradictorios: mientras el macrismo es parte y representacin de las clases dominantes y sus simpatizantes son mayormente sectores de la burguesa y la pequea burguesa, el kirchnerismo todava genera esperanzas en amplias franjas de trabajadores, sector que la izquierda quiere disputar. Pero no slo eso: la tarea de la hora es derrotar al gobierno, lo cual significara no nicamente un avance en las condiciones de vida objetivas de los asalariados, sino fundamentalmente de su nivel de consciencia. Pero eso jams podr lograrse con la pequea cofrada de los monjes rojos inmaculados y puros, ni siquiera con el acuerdo de toda la izquierda, sino con la unidad ms amplia del campo popular, dispuesta y organizada para concretar ese objetivo.

Dice Lenin: Slo se puede vencer a un enemigo ms poderoso poniendo en tensin todas las fuerzas y aprovechando obligatoriamente con el mayor celo, minuciosidad, prudencia y habilidad la menor grieta entre los enemigos, toda contradiccin de intereses entre la burguesa de los distintos pases y entre los diferentes grupos o categoras de la burguesa en cada pas. Hay que aprovechar, asimismo, las menores posibilidades de lograr un aliado de masas, aunque sea temporal, vacilante, inestable, poco seguro y convencional. Quien no haya comprendido esto, no ha comprendido ni una palabra de marxismo ni de socialismo cientfico, contemporneo, en general. Quien no haya demostrado en la prctica, durante un perodo bastante considerable y en situaciones polticas bastante variadas, su habilidad para aplicar esta verdad, no ha aprendido an a ayudar a la clase revolucionaria en su lucha por liberar de explotadores a toda la humanidad trabajadora. Y lo dicho es aplicable por igual tanto al perodo anterior a la conquista del poder poltico por el proletariado como al posterior. (Cap.Ningn compromiso?, de El Izquierdismo, enfermedad infantil del Comunismo). Lo escribe el Lenin lder de la Rusia Sovitica, el de la Revolucin triunfante, el poseedor de toda la experiencia revolucionaria, el Lenin de los ltimos aos.

La izquierda debe ayudar a generar la masa crtica suficiente como para derrotar al gobierno, sin dejar de criticar obstinadamente posturas reformistas, tibiamente progres o socialdemcratas, como las del kirchnerismo, ni las prcticas corruptas, o las polticas de precarizacin o represivas que llev a cabo.

Resulta extrao que esta izquierda soberbia, autoproclamada, pedante, incoherente y extraviada -que entre otros delirios pasa sin escalas de defender el programa de La Falda y Huerta Grande al foco guerrillero, o asiste para solidarizarse a los auto-acuartelamientos de las fuerzas represivas que luego la muele a palos-, reniegue, desde un purismo bobo, de los que se solidarizan con Lula y sea, en muchos de sus componentes, la misma que no hace mucho tiempo atrs, durante el conflicto por la 125, no tuviera los mismos pruritos para marchar y cometer la afrenta de llevar las banderas rojas detrs de la Mesa de Enlace, la Sociedad Rural y la oligarqua, es decir, del conservadurismo y la derecha ms rancia de este pas.

Resulta extrao?

Puede ser comprensible la desorientacin despus de una derrota como la que sufri el proletariado mundial con la cada del bloque sovitico. Puede entenderse el estado permanente de debate para volver a encontrarle la punta al ovillo. Lo que de ninguna manera puede tolerarse despus de casi 30 aos del derrumbe, es la persistencia en el error, la autoproclamacin, el sectarismo, la divisin permanente; la terca costumbre de pararse en el lado equivocado en la lucha de clases, para terminar siendo funcional al poder burgus que se dice combatir.

La izquierda, as, no slo es un palo en la rueda para el desarrollo de la consciencia emancipadora de la clase trabajadora, sino el mayor impedimento para hacer realidad el sueo de la revolucin que instaure el socialismo.

As, no va ms.

Habr que parar la pelota, empezar de cero, pensar el futuro, conformar un congreso de lo unido y debatir con respeto y fraternidad las vas y la forma para la construccin de la herramienta que libere a la humanidad de todas sus cadenas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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