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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-04-2018

Brasil y el avance de la derecha. Por la excarcelacin de Lula!

Marcelo Colussi
Rebelin


Buena parte del siglo XX, hasta entrada la dcada de los 70, estuvo marcada por el avance de las luchas populares. Ello se dio as en todo el mundo. Producto de eso, varios pases comenzaron a transitar la senda del socialismo, y en mucho otros, las clases trabajadoras fueron ganando importantes espacios y conquistas. Pero desde los 80 del pasado siglo se ve una involucin en todo el orbe; en Latinoamrica fueron sangrientas dictaduras las que prepararon el terreno, mientras que en otras latitudes el proceso tuvo otras caractersticas, pero por todos lados los planes de capitalismo salvaje (eufemsticamente llamado neoliberalismo) fueron establecindose con fuerza creciente. De esa cuenta, se desarmaron avances populares significativos, organizaciones populares, grupos de izquierda. Movimientos revolucionarios de accin armada se desarmaron y el marxismo como mtodo de anlisis quiso ser puesto en el museo de la historia. La ideologa dominante fue el puro individualismo, la entronizacin del mercado, la apologa de la empresa privada sobre el Estado. El consumismo banal y un espritu hedonista rampln ganaron la escena.

Para fines del pasado siglo, el capital se sinti victorioso, reconquistando el terreno perdido. La reversin de procesos socialistas en la Unin Sovitica y en China, junto a la cada del muro de Berln, significaron el grito triunfal de un capitalismo despiadado que hoy, ya bien entrado el siglo XXI, se sigue sintiendo dominador.

Sucede que, en medio de esa avanzada neoliberal, en Latinoamrica aparecieron respuestas alternativas. No fueron, precisamente, amplios movimientos populares revolucionarios, sino procesos polticos en el marco de las dbiles y controladas democracias representativas. As aparecieron dinmicas con tinte social-popular en muchos pases, marcadas siempre por presidentes producto de las urnas: Chvez en Venezuela, matrimonio Kirchner en Argentina, Bachelet en Chile, Morales en Bolivia, el Partido de los Trabajadores en Brasil, ex tupamaros en Uruguay, Lugo en Paraguay, Manuel Zelaya en Honduras, lvaro Colom en Guatemala. El espectro fue amplio, yendo de ms moderados a ms beligerantes, pero en todos los casos hubo elementos comunes: sin alterar de raz el sistema capitalista, se propusieron gobiernos populares con preocupacin por los sectores ms postergados. Una determinada coyuntura internacional favoreci el precio de muchas materias primas que tales pases exportan, lo que facilit un clima de crecimiento y mejora para esas capas populares, en general a partir de programas de gobierno clientelares, sin modificaciones de fondo en la estructura econmica, con climas socialdemcratas.

Pero el sistema capitalista, y ms an su pas rector, Estados Unidos, amplio dominador en este hemisferio no tardaron en reaccionar: todos estos gobiernos progresistas, si bien no significaron una clara afrenta al orden econmico constituido, representan un mal ejemplo poltico-ideolgico-cultural. El tumor, por tanto, busc ser detenido rpidamente. Desde hace algunos aos vemos entonces cmo la geoestrategia de Washington, en sintona con las oligarquas nacionales de la regin, fueron haciendo lo imposible por desmontar esos gobiernos. Y, sin dudas, lo han ido logrando.

El avance de las derechas polticas en estos ltimos aos fue notorio. Presidentes abiertamente neoliberales y pro Casa Blanca fueron instalndose en los pases hasta hace poco con propuestas populares, incluso con conatos de golpe de Estado tcnico, ms o menos disfrazados, con las fuerzas armadas siempre como resguardo ltimo (en Honduras, con su participacin directa, como en viejas pocas). Ninguno de esos proyectos fueron revoluciones socialistas en el pleno sentido de la palabra. De todos modos, el triunfo del capital en estos ltimos aos (neoliberalismo) fue tan grande que iniciativas medianamente tibias ya pueden ser vistas como casi revolucionarias.

No estoy por encima de la justicia, si no, no habra fundado un partido poltico, habra propuesto una revolucin, pudo decir el ahora ex presidente Lula. Parece que la idea de destruccin del capitalismo se ha ido evaporando. Revolucin, en esa lgica, es un trmino arcaico, desvanecido. Ante el repliegue fenomenal del campo popular y sus luchas transformadoras, un capitalismo serio tal como pudo decir Cristina Fernndez en Argentina, por ejemplo, una reparticin ms equitativa de la renta nacional a travs de programas clientelares / asistenciales, modelos socialdemcratas dentro de los mrgenes de la democracia de mercado parece ser lo ms vanguardista que hoy la realidad posibilita.

El capital, o la derecha como su expresin poltica, son conservadores, trogloditas, voraces. No perdonan la ms mnima sombra contestataria. En Brasil, el Partido de los Trabajadores con Lula primero, con Dilma Roussef luego, que permiti crecer a los capitales nacionales como nunca antes impulsando un proyecto de hegemona regional muy poderoso, tambin abri una llave a los sectores ms humildes, los histricamente ms postergados (Brasil, siendo una de las primeras diez economas del mundo, presenta una de las mayoras asimetras en el reparto de la riqueza nacional; las monumentales favelas son su sntoma por excelencia). As es que el ahora ex presidente Lula pudo decir: Yo so que era posible gobernar incluyendo a millones de pobres, que un metalrgico sin ttulo llevara a los negros a la universidad. Comet el crimen de poner pobres en las universidades, pobres comiendo carne y viajando en avin.

Ahora vemos que, casi siguiendo un guin previamente trazado, muchos de estos gobiernos progresistas en Latinoamrica son reemplazados por administraciones conservadoras, marcadamente de derecha. Las denuncias de corrupcin juegan un papel clave en ello (pareciera que en Guatemala se ensayaron en el 2015, luego se utilizaron en otros contextos: exitosamente en Argentina y Brasil, como arma para el intento de derrocar a los actuales gobiernos en Venezuela y en Bolivia). Los planes neoliberales que en realidad nunca desaparecieron en ninguno de estos pases con administraciones menos impopulares ahora se afianzan sin anestesia, desmontando las polticas de reformas sociales previas.

En Brasil, producto de un disfrazado golpe de Estado constitucional (o, mejor dicho: absolutamente anticonstitucional!, con los militares amenazando incluso) se sac de en medio al Partido de los Trabajadores. Primero, destituyendo a la presidenta Dilma Roussef, luego encarcelando a Lula, prximo candidato presidencial de esa agrupacin poltica, y probablemente ganador en las futuras elecciones si pudiera participar. El montaje fue muy burdo, no habindose podido comprobar nunca nada en concreto con el ex sindicalista metalrgico. Pero eso no importa: si se trata de fabricar escenarios, los medios de comunicacin son expertos. Una mentira repetida mil veces termina transformndose en una verdad, ense el Ministro de Propaganda nazi, Joseph Goebbels, mxima utilizada a diario por la corporacin meditica capitalista. El tema de la corrupcin, muy sensible, muy moralista, se presta perfectamente para ello.

Por qu hay que defender a Lula y pedir su inmediata excarcelacin? Porque lo que se est cometiendo es un atentado a la clase trabajadora, un mensaje de avasallamiento de los sectores poderosos (brasileos y estadounidenses) contra las capas populares. Defender la institucionalidad democrtica actual en Brasil y evitar este fenomenal avance de la derecha ms conservadora y primitiva es, en esta coyuntura, lo ms revolucionario que se pueda pedir.

Por la inmediata libertad de Luiz Incio Lula da Silva! No al avance de la derecha!

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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