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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-04-2018

Cun lejos el fin del capitalismo?

Eduardo Montes de Oca
Rebelin


El hecho de que algn que otro defensor a ultranza del statu quo nos tilde de izquierdistas trasnochados no es bice para que insistamos en una aseveracin a nuestro parecer revestida de la fuerza de un axioma: a la postre, el capitalismo habra muerto de puro xito, tal estima entre otros Juan Jimnez Herrera, en la digital Rebelin.

Cmo es eso posible!, nos interrogara negando implcitamente alguien que rinde culto a la lgica formal en detrimento de la dialctica. Y entonces apelaramos a una cita de Rosa Luxemburgo trada a colacin por el articulista mencionado:

[] el capital va preparando su bancarrota por dos caminos. De una parte porque al expandirse a costa de todas las formas no capitalistas de produccin camina hacia el momento en que toda la humanidad se compondr exclusivamente de capitalistas y proletarios asalariados, hacindose imposible, por tanto, toda nueva expansin y como consecuencia de ello toda acumulacin. De otra parte, en la medida en que esta tendencia se impone, el capitalismo va agudizando los antagonismos de clase y la anarqua poltica y econmica internacional en tales trminos que, mucho antes de que se llegue a las ltimas consecuencias del desarrollo econmico, es decir, mucho antes de que se imponga en el mundo el rgimen absoluto y uniforme de la produccin capitalista, sobrevendr la rebelin del proletariado internacional, que acabar necesariamente con el rgimen capitalista.

A fuer de sinceros, no estamos muy seguros de que al menos en el corto plazo se cumpla la segunda previsin de la revolucionaria polaca; nos parece ms cercano en el tiempo solo que todava no se vislumbra el instante- el primero de los pronsticos, porque, en criterio de Marx y Engels, la formacin de marras ha constituido, constituye, la de mayor impulso a las fuerzas productivas de la historia, a cualquier precio.

No en vano Jimnez apunta que, desde sus orgenes, en vencedora oposicin a los modos de produccin o a los restos de ellos con que coexiste, el capitalismo trasciende las fronteras nacionales, en busca del contacto con otras sociedades atrasadas, cuando, o bien ha realizado una expansin ms o menos homognea en todo el territorio nacional, o cuando, no culminada sta, encuentra en aquellas sociedades un ventaja relativa, es decir, una posibilidad de extraccin de plusvala suplementaria.

De manera que los lderes por antonomasia (Estados Unidos, Alemania, Francia, Inglaterra, Japn), concluida en lo esencial la tarea de formacin del rgimen, confluyen a finales del siglo XIX y principios del XX en el imperialismo; o sea, espoleados por la necesidad de encontrar el mercado precapitalista complementario para poder reproducirse, incorporan a su sistema econmico al resto del mundo, pero a condicin de, en un proceso contradictorio, mantener a este en el status del subdesarrollo.

Y he aqu, segn nuestro analista, que un escenario de perfecta y absoluta extensin mundial de las relaciones de produccin y propiedad capitalistas, aparte de resultar fatal para el propio sistema, es slo una posibilidad terica, pues antes, en el penltimo estadio, habra entrado en un callejn sin salida, en la imposibilidad fctica de reproducirse ampliadamente y sucumbido, por tanto, al estancamiento. S, quiz sea este el momento histrico en el que el capitalismo fenezca de verdad y deje paso a otro sistema social, es decir, slo cuando haya desplegado, en las coordenadas de espacio y tiempo, todas o el grueso de sus potencialidades.

Pero no cantemos victoria por anticipado. Preguntmonos con nuestra fuente si la globalizacin de la economa ha borrado sustancialmente los restos de modos de produccin precapitalistas, con lo cual el capitalismo habra eliminado la posibilidad real de realizar la totalidad de su produccin social, entrando en una fase de paralizacin y decadencia generalizadas, de la que la presente crisis de sobreacumulacin y depresin no constituira sino su primera etapa.

Creemos que no. Pues, empricamente observado, ha mantenido un escenario de desigual desarrollo planetario de las relaciones de produccin inherentes, y con ello una suplementaria posibilidad histrica de reproduccin ampliada y, por tanto, una salida a la actual crisis, en cuyo caso, lgicamente, an estaramos lejos de aquel penltimo estadio, umbral de la verdadera globalizacin (y principio del fin del capitalismo).

Conveniente, la desigualdad?

Ahora bien, hasta cundo ese desigual desarrollo le convendra, si tan nerviosos estn los pudientes que el mismsimo Fondo Monetario Internacional ha considerado la diferencia en los ingresos y la consiguiente riqueza de unos pocos el mayor riesgo de levantamientos populares que enfrenta el orbe? Cada vez ms y estamos en la cuerda de la agencia IPS- una pequea lite absorbe los principales beneficios del crecimiento econmico. A pesar del estancamiento econmico que sufri el planeta durante casi una dcada, el nmero de milmillonarios aument a 2.199, algo sin precedentes. El uno por ciento ms rico de la poblacin mundial posee ahora tanta riqueza como el resto de los habitantes. Las ocho personas ms ricas del mundo tienen tanta riqueza como la mitad ms pobre.

Comoquiera, sea la desigualdad garante de que se contine extrayendo plusvala en una porcin del globo o represente el incentivo para el final de las mentadas relaciones socioeconmicas, conforme a Jimnez una y otra alternativa estaran preadas de peligros para la humanidad, pues se contextualizaran en perodos histricos en los que se estrechan significativamente los lmites de las zonas NO capitalistas susceptibles de anexin o integracin, recrudecindose las rivalidades interimperialistas y aumentando, en consecuencia, las posibilidades de catstrofes polticas y humanas de alcance colosal.

Una duda que se plantea el observador, y que retomamos como nuestra, es si estn preparados los ms entre los trabajadores del siglo XXI para ahorrar a la especie estos cataclismos. Y su vanguardia? Los precedentes histricos no son nada prometedores. La clase obrera del siglo XX y sus capas dirigentes fueron incapaces de paralizar la guerra. Las socialdemocracias de la II Internacional ampararon a sus respectivas burguesas en la primera contienda; los errores de la III Internacional y la posicin decididamente contrarrevolucionaria de la socialdemocracia abonaron el triunfo del fascismo y con ello el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Empero, como considera el comentador de Rebelin, la vitanda conflagracin slo es factible en un marco de debilidad extrema de las capas populares. Las privaciones y los horrores que supone nicamente pueden imponerse a una sociedad previamente derrotada.

El actual estado del bienestar imperante en las sociedades capitalistas desarrolladas, aunque lleva consigo la integracin de la clase obrera en el sistema capitalista, est lejos de aquella situacin de extrema debilidad y derrota de las capas populares; sobre este estado de cosas es imposible que los gobiernos burgueses de turno encuentren en la aventura militar un discurso poltico realista. El desmantelamiento progresivo del Estado del Bienestar, empresa a la que, en cuerpo y alma, se dedica la derecha y en la que, inconscientemente?, colabora la socialdemocracia en su desercin total haca el liberalismo, y que tan slo es posible con la paralela derrota del movimiento obrero, se erige, pues, en la premisa material para que, llegado el momento, las distintas facciones del capital internacional decidan, sin peligro de estallido social interno, poner en marcha su solucin final a la crisis: un nuevo equilibrio interimperialista a travs de la guerra y la destruccin.

Es por eso esencial, acota el entendido, que seamos del todo punto intransigentes en lo tocante a las conquistas sociales; que jams, bajo el pretexto de aunar fuerzas para salir de la crisis, se colabore con polticas que permitan la pauperizacin de las capas populares (tras esto no se esconde el socialismo, sino el fascismo).

[] en este contexto es preciso (y factible), arrancar al liberalismo partes sustanciales, cuantitativa y cualitativamente, de la socialdemocracia (los ejemplos de Oskar Lafontaine en Alemania y Jean-Luc Mlenchon en Francia son paradigmticos). Aunque resulte paradjico y parezca una variante ms del gradualismo reformista, el socialismo se esconde tras el Estado del Bienestar. El mantenimiento de ste a toda costa, privar al capitalismo de su extrema solucin y preservar a la humanidad de la barbarie de la guerra. Esta es la razn que explica la profunda aversin del ncleo duro del capitalismo (el neoconservadurismo poltico) hacia el Estado benefactor; ven en l, con pavor, el espectro del socialismo.

Lo cual, por supuesto, encarna si acaso uno de los puntos de vista de la izquierda. Esa brega propuesta podra concretarse, verbigracia, en la lucha por la democracia, fenmeno desgastado por el rampante neoliberalismo, como denuncia Emir Sader, en Alainet y Rebelin. El desprestigio de la poltica es la consecuencia inmediata del Estado mnimo y de la centralidad del mercado.

Se tratara, entonces, de construir formas alternativas de Estado, de sistemas polticos y de representacin poltica de todas las fuerzas sociales. Paulatinamente, apostillamos, teniendo en cuenta que las batallas diarias, constantes, devienen tan importantes, o ms, que el magnfico ejercicio intelectual y progresista de preguntarse cun lejos est el fin del capitalismo.

Algo que seguiremos intentando, aunque la contestacin se nos muestre esquiva y ms de uno nos tache de izquierdistas trasnochados.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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