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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-05-2018

Manuela ha muerto y la ignominia sobre las vctimas del franquismo se hace ms grande
Nadie pidi perdn a Manuela

Juan Miguel Len Moriche
Rebelin


Manuela Cabrera Rodrguez falleci el pasado 24 de abril en San Fernando, ciudad en la que viva desde hace aos con su hija y sus nietos. Manuela era una vctima del franquismo. Su madre fue asesinada en el cortijo del Marrufo cuando ella tena poco ms de tres aos. El Foro por la Memoria del Campo de Gibraltar le ha dado el psame a su hija Jacinta y dems familiares, a los que tambin les hemos vuelto a dar las gracias por hacer posible en su da que Manuela colaborara con nosotros en la investigacin sobre lo ocurrido en el valle de La Sauceda durante los primeros meses de la guerra. Su testimonio fue muy importante para nosotros y por ello incluimos parte de l en el documental La Sauceda, de la utopa al horror. Sentimos profundamente la muerte de Manuela, que nos deja a todos un poco ms hurfanos y que hace ms dolorosa la herida abierta que siguen teniendo en este pas miles de vctimas del franquismo.

Manuela se ha muerto y nadie le ha pedido perdn. No se lo pidieron los que mataron a su madre y a centenares de personas en el Marrufo. No se lo pidi Jos Robles Als, teniente de la Guardia Civil que cada da elaboraba all la lista de personas que iban a ser fusiladas a la maana siguiente. No se lo ha pedido la Guardia Civil, institucin que estaba al mando del cortijo cuando las fuerzas franquistas lo convirtieron en campo de concentracin y exterminio de los supervivientes del bombardeo e invasin de La Sauceda. No se lo ha pedido el Ministerio del Defensa ni el de Interior, ni ningn otro organismo del Estado espaol, que an conserva en sus aparatos muchos defensores y apologetas del franquismo y sus crmenes. No se lo ha pedido ningn Gobierno, ningn Parlamento y ningn Ayuntamiento. Manuela ha muerto y la ignominia sobre las vctimas del franquismo se hace ms grande.

Ni el Foro por la Memoria del Campo de Gibraltar ni otras asociaciones similares en Espaa tienen el apoyo meditico y poltico que tienen, por ejemplo, las asociaciones de vctimas del terrorismo de ETA. Pero la falta de altavoces e influencias no resta justicia y razn a nuestras reivindicaciones. Y desde la firmeza de nuestras convicciones decimos que estamos hartos de ese mal trato que nos suelen prestar los grandes medios de comunicacin. Como estamos hartos de que cada vez que un periodista entrevista a una persona con un familiar asesinado o encarcelado por el franquismo le pregunte si les mueve el revanchismo. Esa pregunta est fuera de lugar y revela que quien la hace, en el mejor de los casos, ha interiorizado o asimilado, sin saberlo, la posicin que ha permitido la impunidad de los asesinos y los verdugos. Est hecha como para dejar claro que no queremos molestar, que no queremos abrir viejas heridas, cuando las heridas no se pueden abrir porque es que nunca se cerraron. Ese discurso amable de la equidistancia, eso de que en la guerra todos mataron por igual, que es lo que se impuso en la transicin, es tremendamente injusto adems de histricamente falso. Sera correcto preguntarle a la hermana de Miguel ngel Blanco, o a las hijas de Ernest Lluch si los mueve el revanchismo, o el deseo de venganza cada vez que salen en televisin o en la prensa? Verdad que esa pregunta estara fuera de lugar? Qu pensara la gente si los asesinos de Miguel ngel Blanco o los de Ernest Lluch no solo no hubieran sido identificados, detenidos ni juzgados, sino que encima las autoridades las hubieran amnistiado antes de juzgarlas y a quienes se les ocurriera criticar esa amnista la autoridad y su coro meditico los acusara de vengativos o guerracivilistas? Pues sa es la situacin de quienes buscan a sus padres o abuelos desaparecidos en la guerra, vctimas del fascismo. El Estado ni ha buscado ni ha encontrado a los cadveres, no ha esclarecido lo ocurrido ni ha hecho justicia y encima las familias ven que cada dos por tres se pone en duda su derecho a la verdad, la justicia y la reparacin. Sobre el desamparo, criminalizacin de las vctimas. El mundo al revs.

El testimonio que Manuela Cabrera dio para el documental sobre La Sauceda revela la dimensin y la permanencia an del terror franquista en mucha gente. No slo exterminaron a toda una generacin de espaoles sino que a sus familiares directos les metieron el miedo en el cuerpo para siempre. Manuela recordaba que un da lluvioso lleg en brazos de su madre a las puertas del cortijo del Marrufo. Recordaba Manuela que su madre y su padre entraron all y que ella y sus siete hermanos se quedaron esperando en la puerta. Al rato su padre sali pero su madre no. Ya nunca ms la volvi a ver. Durante toda su vida cuando alguien le preguntaba por su madre ella siempre deca, hasta el final de sus das, que no la conoci porque muri en su parto. Por miedo, por terror, para no sealarse como hija de republicanos, porque en su casa, en los aos del hambre y la miseria, todo era miedo, tristeza y dolor. "Es que mi padre nunca ha dicho nada y a mi hermana mayor siempre la he conocido llorando, siempre llorando", dice ella en el documental. Manuela Cabrera Rodrguez vivi con miedo desde que tuvo conciencia de s misma. A ella no se le debi preguntar nunca si quera vengar la muerte de su madre. Es una indecencia ms que las vctimas del franquismo siguen sufriendo. Ella y ellas, todas, tienen derecho a saber, a que se juzgue y condene a los culpables del asesinato de sus familiares. Y tambin a no ser molestadas con preguntas inoportunas, y a sentir rencor y a no perdonar. Quin se atreve a decirle a una vctima de genocidio que no odie a los asesinos de sus padres? sa es una cuestin ntima, personal en la que no entramos, y cada uno la vive como quiere.

Manuela era una persona bondadosa y dulce a la que nunca vamos a olvidar. Amable y de buen carcter, se le notaba todo lo que haba sufrido en la vida. La primera vez que fue con su hija y su yerno, hace ya muchos aos, al cortijo del Marrufo se qued en el coche, aparcado frente a la verja de entrada. Llevaba un ramo de flores y se lo dio a su hija para que lo tirara por el campo. Le daba miedo bajarse y pisar el suelo donde su madre haba sido asesinada y enterrada clandestinamente. Aunque se le dijera que el cortijo tiene 800 hectreas, podan ms el miedo y la posibilidad de pisar sus huesos. Manuela muri sin saber dnde estn los restos de su madre, pero en 2012 particip en el funeral laico y el homenaje que les hicimos a las veintiocho personas cuyos restos exhumamos en El Marrufo el verano de aquel ao. Y pudo ensearle a su nieto el nombre de su bisabuela escrito en la fachada del pequeo mausoleo del cementerio rehabilitado de La Sauceda.

Como Manuela entonces, en el mbito de lo privado, todas las vctimas del franquismo necesitan hoy un enorme abrazo, mucho cario y que las liberemos del miedo. Y en el de lo pblico, verdad, justicia y reparacin. A Manuela nunca le falt, desde que la conocimos, nuestro abrazo sincero. Y algunas alegras pudimos compartir con ella.

Con el recuerdo de los buenos momentos vividos juntos nos quedamos. Y con nuestro compromiso permanente. Por ella y por ellas, vamos a seguir luchando.

Fuente: http://www.foroporlamemoria.net/82-noticias/427-nadie-le-pidio-perdon-a-manuela.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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