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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-07-2018

Sandinismo e imperio: la batalla decisiva

Atilio A. Boron
Rebelin


Nadie en su sano juicio, o actuando de buena fe, puede ignorar que la crisis en Nicaragua fue precipitada por mltiples factores. Varios de ellos endgenos; otro, exgeno pero crucial: el gobierno de Estados Unidos. Entre los primeros sobresalen la errnea lectura de la coyuntura local e internacional unida a graves desaciertos prcticos del gobierno de Daniel Ortega. Esto culmin en una violenta represin ante las primeras protestas poniendo en marcha un espiral de confrontaciones cuyo destino final no es difcil de pronosticar. Si fracasan los dilogos de paz esta crisis pudiera dar lugar a un empate catastrfico de fuerzas cuyo desenlace suele resolverse, como lo ensea la historia, mediante una guerra civil en la cual uno de los bandos impone su voluntad sobre el otro. Lo anterior resume el juego de agentes y procesos de naturaleza eminentemente domstica en la crisis. Pero, como advertamos al comienzo, tras el humo, la sangre y la confusin de las trancas y los enfrentamientos se mueve, sigilosa pero eficazmente, quien sin dudas es el principal actor de esta tragedia: la Casa Blanca.

En efecto, Washington se encuentra posedo por una irrefrenable ambicin de someter al pas centroamericano a sus designios, rubricando las numerosas iniciativas que desde mediados del siglo diecinueve y a lo largo de casi doscientos aos tuvieron como nico objetivo controlar el territorio nicaragense. Vale recordar entre otras el accionar del aventurero yanqui William Walker que invadi Nicaragua con un ejrcito mercenario y se proclam presidente en 1856; o la ocupacin del pas por parte de las fuerzas armadas de Estados Unidos entre 1912 y 1933, contra la cual luch con simpar herosmo y honor Augusto Csar Sandino. Negara la evidencia histrica y los datos del momento quien desconociera o subestimara la importancia de la intervencin estadounidense en la crisis actual. Sobre todo cuando se observa que la metodologa de la insurgencia, el guin que organiza sus tcticas e instrumentos de combate y el carcter de sus principales actores replican lo que ensean los manuales de desestabilizacin de las diversas agencias de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos. No slo eso: las violentas protestas de la oposicin nicaragense tienen un indudable aire de familia con las guarimbas en Venezuela en 2014 y 2017, la revuelta de los combatientes de la libertad contra Gadafi en Libia en 2011 y el accionar de las bandas neonazis en Ucrania en 2013. Al revs de lo que dicen los films de Hollywood, cualquier semejanza con la realidad no es mera coincidencia porque se trata de la misma estrategia slo que aplicada en diferentes locaciones.

Al examinar las causas domsticas de la crisis observamos una situacin paradojal: sin previo aviso se produjo el sbito deterioro de la situacin poltica en un pas cuyo ordenamiento social se comparaba ventajosamente con el de sus vecinos. A diferencia de casi todos los dems pases del rea el flagelo de las maras era desconocido en Nicaragua; la seguridad ciudadana era de las mejores de Latinoamrica y muy superior a la del resto de los pases del istmo. En Nuestra Amrica se encuentran los diez pases con las mayores tasas de homicidio por 100.000 habitantes del mundo. Honduras, gobernada a control remoto desde 2009 por Washington ostenta el lgubre honor de tener la mayor de todas: 85.7 homicidios por cada 100.000 habitantes. Le siguen El Salvador (63,2), Venezuela (51,7), Colombia (48,8), Belice (37,2), Guatemala (36,2), Jamaica (35,2), Trinidad y Tobago (32,8), Brasil (30,5) y Repblica Dominicana (30,2). En el ao 2017 la tasa nicaragense lleg a 6 por 100.000, unas pocas dcimas por encima de la Argentina que registr una del 5.2 y Estados Unidos con 4.9. En 2013, el ndice de seguridad ciudadana el ndice de Ley y Orden de 2013" medido por la firma Gallup- caracteriz a Nicaragua como el pas ms seguro de Latinoamrica.1 Otros indicadores sociales muestran un desempeo similar: en aos recientes el siempre difcil combate a la pobreza arrojaba en Nicaragua resultados mdicamente alentadores, poco frecuentes en la regin si se tiene en cuenta que durante mucho tiempo este pas fue, despus de Hait, el ms pobre del hemisferio. Pese a ello, clculos del Banco Mundial, actualizados a Abril del 2018, aseguran que entre el 2014 y 2016 la pobreza disminuy del 29.6 al 24.9 por ciento al paso que en los ltimos aos la tasa media de crecimiento del PBI oscilaba en torno al 4 %. Textualmente se dice que (E)n 2011, el crecimiento alcanz un rcord del 5.1 por ciento, con una desaceleracin al 4.7 y 4.5 en 2016 y 2017, respectivamente. Para este ao, el pronstico se sita en 4.4 por ciento, con lo que Nicaragua se coloca en el segundo lugar de crecimiento entre los pases de Centroamrica, con perspectivas favorables para la inversin extranjera directa y el comercio. 2 Segn datos del Banco Centroamericano de Integracin Econmica el dficit fiscal de Nicaragua en el ao 2017 fue del 2.5 %. En la Argentina en ese mismo ao fue del 3.9 %.3 En el terreno poltico en Noviembre del 2016 el actual presidente fue elegido por un 72 % de los votos, y si bien hubo algunas denuncias de fraude, poderosamente amplificadas por la cloaca meditica regional, ninguna adquiri la entidad suficiente como para seriamente impugnar el proceso electoral.

Dados estos antecedentes, cmo fue que se produjo el fulminante estallido de una crisis que hoy nos asombra y entristece? Como dijramos en una nota anterior el gobierno cometi un grave error al responder con inusitada violencia ante una legtima protesta ocasionada por una regresiva reforma al rgimen de la seguridad social. 4 Protesta en la cual participaron no pocos simpatizantes y partidarios del sandinismo que ignoraban la iniciativa presidencial en ciernes. En efecto, el presidente Ortega hizo el sorpresivo anuncio de la reforma el 18 de Abril y cuatro das despus, ante la contundencia y masividad del rechazo popular, procedi a revocarla. En circunstancias normales esto debera haber desactivado la bomba de tiempo que con su tic-tac resonaba en las calles de Managua. Pero los pases de Amrica Latina y el Caribe (y Nicaragua no es la excepcin) no son pases normales sino batalladores sobrevivientes en la periferia de un imperio que anhela su completa y definitiva subordinacin. Precisamente a causa de esa anormalidad latinoamericana la violenta agitacin callejera lejos de aplacarse con la marcha atrs ordenada por el gobierno se intensific y extendi a otras ciudades del pas. En cuestin de das una demanda puntual precipit la rpida conformacin de un amplio y sedicioso frente opositor reclamando la renuncia del presidente y el llamado a nuevas elecciones. Cmo explicar tan perniciosa mutacin?

Para responder a esta pregunta es preciso examinar el decisivo papel del gobierno de Estados Unidos como amplificador e interesado beneficiario de la crisis. Tal como dijimos anteriormente Washington alberga una aeja obsesin con Nicaragua. Un elemento clave que ha perturbado hasta la actualidad el sueo de la dirigencia estadounidense ha sido, en el siglo diecinueve, su inters por la eventual construccin de un paso biocenico a travs de Nicaragua y el temor de que tal obra fuese encarada por una potencia europea, Francia, que tena planeado abrir una ruta transocenica en Panam. Frustrada esa iniciativa francesa y vez construido el Canal de Panam por los estadounidenses la prioridad fue impedir la creacin de una va alternativa que compitiese con la panamea, controlada directa o indirectamente por Estados Unidos. Esa preocupacin, que se mantuvo latente a lo largo del siglo veinte, se acrecent hasta el paroxismo en fechas recientes ante los anuncios de un acuerdo para la apertura de un nuevo canal pasando por Nicaragua y, adems, financiado por capitales chinos. Si Beijing conmovi el tablero geopoltico y geoeconmico mundial con la vertiginosa reconstruccin de la ruta de la seda que -trece mil kilmetros de vas frreas de alta velocidad mediante- atrae inexorablemente al Asia meridional y a toda Europa a su hegemona econmica, la construccin y posterior control de un nuevo y ms expedito canal en Nicaragua alterara radicalmente el equilibrio estratgico nada menos que en el Caribe, la tercera frontera imperial como deca el profesor Juan Bosch, y como lo ratifican los manuales del Pentgono al hablar del Caribe como el Mare Nostrum de los norteamericanos. Sera, adems, el tiro de gracia para la Doctrina Monroe y su pretensin de que en este continente slo se oiga la voz de Estados Unidos y que ninguna potencia extracontinental se inmiscuya en los asuntos hemisfricos. La presencia china en Centroamrica y el Caribe constituira para Beijing un poderoso argumento para neutralizar -o tratar de equiparar- la presencia de Washington en el Asia Pacfico, hacia donde, desde la poca de Barack Obama, Estados Unidos ha desplazado gran parte de su flota de mar con la indisimulada intencin de contener la expansin comercial y poltica china. Para el Pentgono, y sobre todo para la Administracin Trump, que hizo de Rusia y China sus enemigos, nada podra ser ms amenazante que la presencia de los herederos de Mao en el rea del Gran Caribe y que eventualmente podra convertir a la tierra de Sandino en una base de operaciones no slo comerciales sino tambin de ndole militar. De ah que el protagonismo estadounidense en la crisis nicaragense no tenga nada de anmalo o inesperado. Es la previsible respuesta a un desafo militar, y no slo econmico, de vastas proporciones ante los cuales sera absurdo pensar que el imperio permanecera de brazos cruzados.

Por otra parte, a pesar que el gobierno sandinista parece haber archivado sus afanes revolucionarios, el slo hecho de que mantenga relaciones de cooperacin con pases como Cuba, Venezuela y, en general, con los gobiernos del ALBA, es para Washington motivo ms que suficiente para provocar un cambio de rgimen, eufemismo para evitar hablar de golpes de estado y el subsecuente bao de sangre con que se escarmienta a los rebeldes del viejo orden. Es debido a ello que la Casa Blanca ha tratado, por todos los medios y sin pausas, de incidir en el proceso poltico nicaragense y debilitar al gobierno de Daniel Ortega financiando con largueza a los partidos de la oposicin, a un variopinto enjambre de ONGs la mayora de ellas non sanctas, encubiertos tentculos del gobierno estadounidense- as como a numerosas organizaciones de la sociedad civil y a la prensa opositora, procurando por todos los medios desacreditar al gobierno sandinista y estigmatizar a la pareja gobernante. Esta intensa campaa de propaganda tiene por objeto denunciar a Managua como el asiento de una brutal dictadura y preparar el clima de opinin para convalidar su violenta erradicacin mediante una invasin humanitaria coordinada por el Comando Sur con la complicidad, entre otros, de los gobiernos que constituyen no el Grupo sino el Cartel de Lima.

Es debido a ello que la crisis refleja con tanta nitidez el modus operandi recomendado por el manual de prcticas desestabilizadoras de la CIA, con sus paramilitares y mercenarios disfrazados de estudiantes universitarios o de jvenes dispuestos a inmolarse por su adhesin a un puro ideal republicano aunque para ello deban matar, incendiar, secuestrar, destruir. Pero para que los planes del imperio tengan xito y para que sus esbirros puedan mimetizarse con la poblacin es preciso que haya quienes genuinamente salgan a protestar contra el gobierno. Sin ello la estrategia del imperio pierde toda eficacia. Y que en Nicaragua hayan salido a manifestarse no puede sorprender a nadie porque hay motivos para hacerlo. La corrupcin es un problema muy grave, ya desde el primer gobierno sandinista cuando se hablaba de la piata, aceptada con una mezcla de resignacin e iracundia por parte del pueblo nicaragense. Qu la revolucin se desvi del camino es otro dato irrefutable, transando con sus enemigos histricos: el empresariado y la Iglesia Catlica entre otros. Que el poder revolucionario se concentr extraordinariamente en las manos de la pareja presidencial y que una deriva autoritaria del gobierno irrumpe cada vez con ms frecuencia tambin es verdad. No se puede entender lo que est ocurriendo en Nicaragua sin tener en cuenta los sntomas de esta involucin del sandinismo y el desgaste de su filo revolucionario. Pero que sobre la protesta de algunos sectores de la oposicin en algunos casos multitudinarias- se mont, con relampagueante celeridad, todo el aparato de desestabilizacin del imperio es evidente hasta para un ciego. Y este no es un dato menor, sino que constituye el dato fundamental, la clave de bveda para comprender el significado histrico de la crisis nicaragense. La cloaca meditica latinoamericana y estadounidense descarga su artillera de posverdades y plusmentiras mientras denuncia a los gritos y con total impunidad los muertos causados por la represin del gobierno sandinista. Pero la verdad, cuidadosamente oculta, como antes se hiciera en el caso de la Venezuela Bolivariana, es que las vctimas se reparten casi por partes iguales entre ambos bandos.

Washington milita la contrarrevolucin con una disciplina ejemplar y est siempre preparado para aprovechar cualquier oportunidad que se presente para desestabilizar a un gobierno poco propenso a obedecer a sus mandatos. Carece totalmente de escrpulos morales y tiene fuerzas de despliegue rpido no slo entre los militares sino en la cuantiosa masa de maniobra reclutada durante largos aos y formada por una legin de paramilitares, mercenarios y ex presidiarios bajo parole dispuestos a lo que sea; tambin revistan en sus filas drogadictos desquiciados y contenidos por los estupefacientes suministrados por Washington en sociedad con los narcotraficantes; y trnsfugas de todo tipo, dispuestos a engrosar las filas del sicariato, a tomar iniciativas violentas entremezclndose en una marcha de novatos manifestantes que ignoran como se arma un cctel molotov, o no se animan a incendiar vivo a un sujeto sospechoso, o a dotar de un aire plebeyo a las manifestaciones de la derecha contra cualquier gobierno de izquierda, o apenas progresista.

Por eso decamos en nuestra nota anterior que la revolucin nicaragense es como la nia que navega en un bote en un mar embravecido y con un timonel que -lo digo con respeto pero tambin con esperanza- ha perdido el rumbo. Pero aun bajo estas circunstancias, sera absurdo entregar a la nia a sus verdugos o hundir el bote y arrojarla al mar. Ya sabemos lo que ocurri cuando gobiernos progresistas o de izquierda cayeron a causa de la conspiracin imperial. Basta mirar lo acontecido en Honduras, Paraguay o Brasil para vislumbrar lo que podra ocurrir en Nicaragua si la ofensiva destituyente en curso fuese coronada con la victoria. No hay razones para suponer que el gobierno de Daniel Ortega es absolutamente incapaz de ejercer una revolucionaria autocrtica, revisar lo actuado y enmendar sus errores. Es fundamental salir de esta crisis por izquierda, fiel al ideario del sandinismo. Para ello ser necesario corregir el rumbo que ha seguido el gobierno en fechas recientes. Esto exige sacar de su letargo al FSLN y resucitarlo como fuerza poltica activa, potenciar su protagonismo en la gestin gubernativa y movilizar, reorganizar y concientizar a su base social para producir una radical redemocratizacin del proceso revolucionario. En pocas palabras, provocar una revolucin en la revolucin. El ensimismamiento del gobierno y su aislamiento en relacin al pueblo sandinista y al propio partido de gobierno es vox populi en Managua, y de perpetuarse esta situacin ser inevitable incurrir en nuevos desaciertos que seran fatal para el gobierno de Daniel Ortega. El enemigo imperialista est al acecho, le tiende muchas trampas y la soledad del poder es muy mala consejera. Si el FSLN como fuerza poltica no recupera su protagonismo colectivo y se aduea del destino de la revolucin, mucho me temo que estn contados los das de este bello sueo construido sobre la gesta pica de la prolongada lucha contra la dictadura de Somoza. Sera una derrota tremenda para un noble y valiente pueblo que luch con un herosmo ejemplar para hacer realidad su fidelidad al legado de Sandino, el general de hombres libres. Ser tambin un golpe brutal a las esperanzas de los pueblos de Nuestra Amrica, y la prdida de una oportunidad que Nicaragua tardar mucho tiempo en reencontrar. Dixit et salvavi animan mea.

Notas:

1 Segn datos de la Organizacin Mundial de la Salud. Ver Latinoamrica tiene la ms alta tasa de homicidios del mundo, revela la OMS, Cable de la Agencia EFE, 17 mayo 2017. Los datos de Nicaragua 2017 tambin los revela la Agencia EFE en https://www.efe.com/efe/america/sociedad/la-tasa-de-homicidios-en-nicaragua-baja-8-a-6-por-cada-100-000-habitantes/20000013-3376263 Los datos de la Argentina fueron publicado por Infobae en https://www.infobae.com/politica/2018/06/19/el-gobierno-anuncio-una-baja-en-la-tasa-de-homicidios-y-robos/

2 Cf. http://www.bancomundial.org/es/country/nicaragua/overview

3 http://www.lanacion.com.ar/2101437-el-deficit-fiscal-fue-del-39-en-2017-y-el-gobierno-sobrecumplio-la-meta

4 Cf. La nia en el bote, en Pgina/12, 18 Julio 2018, http://www.pagina12.com.ar/129111-la-nina-en-el-bote

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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