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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-08-2018

La segunda etapa del conflicto nicaragense

Gustavo Espinoza M.
Rebelin


Luego de 90 das de agudas tensiones, finalmente Nicaragua recuper hace poco un hlito de paz. El ataque sedicioso organizado por la oligarqua local, y orquestado por el Imperio, conoci el polvo de la derrota luego de dos acontecimientos: la recuperacin de las localidades capturadas por las bandas delictivas; y la celebracin del 39 aniversario de la Revolucin Sandinista, en la Plaza de la Fe, el 19 de julio en la ciudad de Managua, y en otras ciudades del pas.

En verdad, la contra y sus auspiciadores, nunca tuvieron las de ganar en los sucesos ocurridos en la patria de Rubn Daro. Pero amagaron con cierto xito en un inicio, montados en el caballo de la confusin. Ni el FSLN ni el gobierno ni el pueblo de Nicaragua- pensaron nunca que un operativo de esa envergadura pudiera procesarse en un pas que slo a comienzos del ao, fuera considerado por diversos organismos internacionales como el ms seguro de Amrica Central.

A partir del 18 de abril, como un verdadero vendaval se desat una ofensiva que puso en peligro la estabilidad nacional y en riesgo las conquistas alcanzadas por el Sandinismo en los ltimos once aos de gestin gubernativa. Y es que las fuerzas alzadas no slo contaron con inmensos recursos econmicos, sino tambin con armas. Y con el apoyo de una prensa envilecida que alent sus acciones. A trasluz, asom una Jerarqua Eclesistica, en extremo conservadora, que no tuvo escrpulos en usar toda la parafernalia religiosa en el intento de golpear al rgimen.

Fue esa Jerarqua la que tomo un puesto de mando, proclamando la intencin de mediar en un conflicto que tensaron las bandas facciosas. Al hacerlo, exigi como condicin el acuartelamiento del ejrcito Popular, y la reclusin de la Polica Sandinista en sus estaciones, con lo que las ciudades, quedaron en manos de las turbas soliviantadas y agresivas.

Hoy se habla de 350 muertos en Nicaragua. Pero lo que nos se dice, es que las mayora de ellos fueron abatidos por los vndalos en el intento de apoderarse del control de ciudades y poblados; que otros, fueron jvenes militantes de la Juventud y el Frente Sandinista; que los hubo tambin policas hombres y mujeres- secuestrados, torturados y asesinados vilmente; y que hasta se registr el caso de el falso muerto, personas que por 500 o algo mas, pesos aceptaron pasar por muertos y hasta fueron velados en sentidas ceremonias; y otros, proclamados difuntos, cuando caminaban por las calles de Madrid. Repblica Dominicana y hasta los Estados Unidos. Todo eso felizmente- est rigurosamente documentado.

El enfrentamiento final ocurrido en Masaya -una pequea localidad situada a 20 kilmetros de Managua, y ms precisamente en el distrito de Morimb- marc el fin -y la derrota- de los insurgentes. En esa circunstancia, asomaron todas las expresiones de la violencia terrorista puesta en marcha: el papel de los tranques, el uso de tcticas militares por parte de los alzados, y hasta la vesnica conducta del cura de la Iglesia de la Magdalena que recomend esconder en el inodoro el cadver de un guardia asesinado. Nada de eso dio resultado a quienes actuaron, finalmente, como carne de can para servir intereses ciertamente ajenos.

Ese hecho luctuoso tuvo lugar el da anterior al 19 de julio, pero sirvi para amalgamar mejor al Sandinismo y colocarlo en una ms alta disposicin de combate. La intervencin del Jefe del Gobierno, el Comandante Daniel Ortega, que desenmascar a algunos elementos de la Alta Jerarqua Eclesistica, fue atentamente escuchada por el embajador del Estado Vaticano, y Nuncio Apostlico, desde la Tribuna de los Invitados de Honor. Quiz el corolario de ello haya sido la decisin Papal de llamar a Monseor Bez, Primado de la Iglesia Nicaragense, para que se constituya en Roma y asuma all otra funcin por los prximos dos aos.

Por todo eso, bien puede decirse que el 19 de julio acab la primera etapa del conflicto vivido en la Patria de Sandino. Y concluy con la derrota poltica y militar de los golpistas.

Las declaraciones formuladas ayer por la Casa Blanca, y la campaa de mentiras sostenida por la CNN y repetida por todos los medios al servicio de la reaccin; marcan el inicio de una segunda etapa.

Ella tendr su epicentro sobre todo en el escenario exterior: Las amenazas de la administracin yanqui; la Nic-Act, Alnagro y la OEA, el Grupo de Lima, las presiones y sanciones econmicas y otras; buscarn crear una profunda crisis econmica y social en Nicaragua.

En consonancia con ella, ya en el pas, los empresarios organizarn el desabastecimiento de productos, buscaran generar el caos en la economa para provocar la inflacin; pero tambin despedirn a miles de trabajadores arguyendo dificultades derivadas de la inestabilidad. En suma, alentarn el desgobierno con la idea sentar las bases para un colapso de la economa, que puedan usar ms tarde. No obstante sus bajas, la Jerarqua Eclesistica se sumar mucho sin mucho escrpulo a la misma tarea.

El Sandinismo no tendr ms alternativa que radicalizar la Revolucin tensando al mximo sus propias fuerzas. Para ese efecto, nada ser til que la frrea unidad del FSLN y su ligazn estrecha con el pueblo. Ser sa su nica garanta de victoria.

En ese contexto est planteado el gran tema de la solidaridad. Diversos pases de Amrica Latina, y de otros continentes; podrn ayudar a la Nicaragua Sandinista a enfrentar lo que se viene. Pero no ser slo la ayuda material la que aliente al pueblo a resistir el acoso del Imperio y de sus ulicos. Tambin ser indispensable el respaldo poltico de las fuerzas ms amplias, en todos los pases.

Como en los aos 30 del siglo pasado, cuando Augusto C. Sandino luchaba en Las Segovias contra la infantera de Marina de los Estados Unidos; en esta coyuntura ser indispensable el respaldo activo, constante y sostenido de nuestros pueblos.

La tarea, est planteada.

Gustavo Espinoza M. Colectivo de direccin de Nuestra Bandera.  

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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