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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-08-2018

Del Decreto 349 y sus contra-invenciones

Jorge ngel Hernndez
La Jiribilla


Cuando pude leer el Decreto 349/2018 en la Gaceta Oficial de la Repblica de Cuba saqu una conclusin apresurada: se recupera el ejercicio de la legalidad ante la invasin banal, filistea y mercantilista en espacios institucionales, en la actividad de algunos trabajadores por cuenta propia y por aficionados sin obra alguna, que usurpan el espacio pblico y burlan el difcil trabajo de educacin cultural de la ciudadana. La impunidad invasiva de esos espectculos poda por fin ser enfrentada con recurso legal y no solo con llamados al respeto y la decencia. No es suficiente, creo, pues el decreto 349 se limita a las contravenciones en el mbito de la prestacin de servicios artsticos y no se expande, por naturaleza jurdica, al accionar violento y agresivo de sujetos aislados en el espacio comn, aunque no es poco, aun as.

No imagin, en mi conciencia crtica de intelectual, que resultaba a tal grado revolucionario. He vuelto a su letra en la Gaceta a partir de ciertas reacciones que desde las redes sociales de Internet me han asaltado. Algunas de ellas son violentas, agresivas, lesivas, exclusivistas y a tal punto signatarias de un concepto de elite social, que no dejan lugar para posibles discrepancias. Como ha sido la tnica de estas manifestaciones, descartan a priori toda opinin que asuma la osada de contradecirlas y de antemano desacreditan cualquier gestin institucional al respecto, por tmida que sea. Para estas personas que se nombran artistas, lo sean o no y tengan el nivel que tengan, no resulta legtimo nada que provenga de las instituciones. Todo esfuerzo, por efectivo que sea su resultado, ser estigmatizado sin misericordia y tildado de oficialista. Y, como ha ocurrido en numerosas experiencias histricas, para el sujeto que deviene tab solo queda el desprecio, la ignominia pblica y la vejacin. Tal es el caso de la incoherente diatriba de la seora Ceballos quien, para ser consecuente con sus propios planteamientos, deba comenzar por renunciar a sus ttulos de la Escuela Superior de Arte y de la Academia San Alejandro como avales curriculares, pues ambos son fruto total de la poltica cultural de la Revolucin cubana. Curiosamente, Ceballos expone ahora mismo en su galera, no precisamente legal, obras de artistas ya fallecidos que califican dentro de lo mejor de la creacin plstica de vanguardia, justo la zona que ser objeto de proteccin por el Decreto 349.

Otras, como la que lidera la seora Bruguera, pretenden mostrarse bajo un didactismo superior, mundano, actualizado y asistencialista. Tal vez han colegiado que es mejor ese modo para dar crdito a los recortes mal intencionados que hacen de la descripcin del Decreto y conseguir que se sumen a la negativa cubanos que viven fuera de Cuba, muchos con nuevas ciudadanas asumidas, y extranjeros de filas que engrosaran una supuesta infantera numrica. Ayer, cuando la curiosidad me hizo buscar su pgina, ponan 135 como total de firmas, aunque no revelaban ni uno solo de los nombres firmantes.

En primer orden, el Decreto 349/2018 establece claramente su mbito de accin en la legalidad ciudadana, pues se refiere a la violacin de normas y disposiciones vigentes que son cometidas por personas naturales o jurdicas en lugares o instalaciones pblicos estatales y no estatales. As, la letra es clara, tanto jurdica como semnticamente: no es posible violar con impunidad las disposiciones vigentes de la ley en el espacio pblico, comn. En este aspecto poco se diferencia esta ley de las de la mayora de los pases de Europa, o Norteamrica. Las violaciones del espacio pblico y la agresin de cualquier tipo a la integridad del prjimo son severamente sancionadas. Fumadores y escandalosos cubanos que han emigrado bien que se ajustan a esas normas en el nuevo contexto y jams se les ve salir a la palestra pblica tratando de cambiar las leyes, ni siquiera intentando vetarlas por opresivas. Menos an reclaman comercializar cualquier accin que inventen sin pasar antes por el procedimiento establecido por la ley. Es tan obvio, que parece un absurdo insistir en explicarlo.

Pero el guion para Cuba es diferente, se comprende. No es comprensible, sin embargo, que algn que otro artista verdadero dentro del pas coquetee con los tpicos de tergiversacin ideolgica que intentan desacreditar el Decreto. Este procede, justamente, del reclamo de artistas y escritores, desde las organizaciones a las que pertenecen, como la UNEAC, la AHS, la ACAA, ante entidades rectoras como el Ministerio de Cultura, los Gobiernos locales y el Consejo de Estado. Desde esa perspectiva, el Decreto es tmido respecto a cuanto plantearon y reclamaron artistas y escritores en sucesivos espacios de debate y confrontacin de ideas, convenciones personales y hasta prejuicios indistintos que ni aun en el sector se han superado. Quienes se erigen en totalidad, siendo una esmirriada minora, s son profunda y despiadadamente lesivos con el derecho de quienes reclamamos al Estado cubano una legislacin al respecto.

El Decreto, adems, s deja claro qu puede ser lesivo, pues dice, primero en el Artculo 3.1, pornografa (b), violencia (c), lenguaje sexista, vulgar y obsceno (d), discriminacin por el color de la piel, gnero, orientacin sexual, discapacidad (d) y enseguida en el artculo 4.1, presentaciones artsticas en las que se genere violencia con lenguaje sexista, vulgar, discriminatorio y obsceno (a) y viole los niveles permisibles de sonido y ruidos o realice un uso abusivo de aparatoso medios electrnicos. Los otros artculos corresponden a la legalidad vigente para el ejercicio de la comercializacin, cuestin que, como he dicho antes, en todas partes cuenta con sus reglamentos.

Por qu esas sospechosas omisiones en las alharacas de quienes se pretenden depositarios exclusivos de las transformaciones del arte y la cultura? Si como carta de presentacin se omite con tan cnica actitud, qu se puede esperar para la prctica concreta, cuando el poder hegemnico al que se pliegan no haya dejado ni siquiera un rescoldo de confrontacin?

Las reacciones opuestas al Decreto 349 coinciden, casualmente, en centrarse en la presentacin de un caos futuro de censura y represin; anuncian el Apocalipsis y protegen, sin mucha sutileza, las fuentes de financiamiento injerencista que les van permitiendo los diferentes niveles de protagonismo en el espectro pblico internacional. Es una escaramuza de guerra cultural, sin muchas ms seales de altruismo artstico ni deseos de engrandecimiento espiritual para los ciudadanos que han refrendado sucesivamente el sistema de relaciones sociales del pas. Como en la mayora de las escaramuzas de guerra cultural, la demagogia falaz se apropia de los tpicos e intenta desdecir la propia letra de la ley.

Por mi parte he dicho S al Decreto 349/2018, publicado en la Gaceta Oficial de la Repblica de Cuba, aunque espero que otros, tan radicales y revolucionarios como este, pongan coto a la invasin filistea, mercantilista y demaggica de los artistas y plipos del arte y la cultura que demuestran hasta qu punto estn dispuestos a vender la nacin y su ciudadana for a few happy dollars.

Fuente: http://www.lajiribilla.cu/articulo/del-decreto-ley-349-y-sus-contra-invenciones



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