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(Argumentos para la lucha)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-09-2018

Pisos tursticos: miedo a los vecinos o a la democracia?

Luis Portillo Pasqual del Riquelme
Rebelin


La Comisin Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), con todo su plantel de expertos, se atreve a argumentar, sin rubor alguno, que no hay evidencia emprica, que no est fehacientemente demostrada la correlacin entre el crecimiento desbocado de la oferta de pisos tursticos (a veces, en manos de un solo propietario o de fondos buitre) y el alza del nivel de precios de los alquileres[1]. Eso s, casualmente, los responsables de la CNMC sueltan ese globo sonda en pleno mes de agosto -periodo vacacional por excelencia-, tal vez con la aviesa intencin de que solo unos pocos se enteren como suele hacerse con algunas convocatorias de oposiciones amaadas- y, si se enteran, no estn en las mejores condiciones para contestar ese dogma y este quede as asentado y aceptado.

Pues bien, no hace falta tanta expertise para negarle la razn, en este punto, a la CNMC. Veamos. Cuando un piso turstico (PT) se alquila los fines de semana por 500 euros/noche (mnimo) como en el caso del inmueble donde yo vivo-, qu sentido tiene arrendar ese mismo piso, de forma estable, por 700 1.000 euros al mes. No hace falta tener estudios superiores ni haber ganado una oposicin para entender ese simple razonamiento popular aprendido de la experiencia cotidiana. Luego, que vengan los expertos econmetras y nos ilustren con sus estadsticas y sus grficos, tan manipulables como las encuestas.

La CNMC desregula, liberaliza, perfecciona (eso dicen) el mercado. Pero hay cosas con las que no se debiera mercadear, como son el bienestar y los derechos adquiridos y constitucionales de los vecinos residentes. A quin beneficia la liberalizacin a ultranza de los pisos tursticos? Y a quin perjudica?

Cuando una persona decide alquilar o comprar una vivienda (para vivir, descansar, refugiarse de ruidos y molestias, tener intimidad, dormir, acudir en condiciones al trabajo y dems), busca una casa con determinadas condiciones, en la medida de sus posibilidades; entre ellas, poder vivir con normalidad, no con sobresaltos y molestias permanentemente. Cuando, una vez comprada o alquilada, le cuelan un piso turstico en el edificio, le han cambiado las reglas de juego y la vivienda comprada o alquilada ya no responde a las caractersticas iniciales, se produce inseguridad jurdica en relacin con el contrato de compraventa o alquiler. Lo que compr o alquil ya no es lo mismo, se lo han cambiado. La casa en cuestin deja de cumplir, con frecuencia, las funciones buscadas por el vecino o vecina residente y se convierte en una especie de hotel-pensin-aeropuerto permanente, en particular los fines de semana, con los inconvenientes ya conocidos, porque el inmueble deja de ser lo que era cuando se compr o alquil la vivienda, ahora invivible (nos dan gato por liebre). Y los vecinos residentes somos quienes sufrimos y pagamos las consecuencias de esa situacin, al parecer tan inocua como idlica para la CNMC y sus expertos liberalizadores.

Para ordenar la convivencia en un inmueble est la Junta de Propietarios de cada comunidad de vecinos o, si se prefiere, la Ley sobre Propiedad Horizontal (LPH), imperfecta y absolutamente incompleta en el terreno que nos ocupa. Y los pisos tursticos, con harta frecuencia, nos desbaratan, trastocan nuestra convivencia, la perturban, incumplen o violan derechos fundamentales de los vecinos residentes, adems de presionar al alza los alquileres o expulsar a arrendatarios y vecinos.

Si todos los vecinos de un inmueble se ponen completamente de acuerdo y quieren pisos tursticos en su edificio, pues vale, que los tengan. Pero que un solo vecino pueda imponer a toda la comunidad, a todos los dems vecinos, un PT, es una verdadera estridencia, un abuso intolerable. Sera pernicioso y antidemocrtico exigir la unanimidad de todos los vecinos (Estatutos de la comunidad) para poder evitar PTs en un inmueble de viviendas. Por eso, decir alegremente que los vecinos pueden prohibir un PT si as consta expresamente en los Estatutos de su Comunidad es una autntica falacia, una engaifa sin paliativos, una salida en falso, prcticamente dejar las cosas como estn y no resolver el problema. No vale esa presunta regulacin, porque no resuelve nada, porque muy difcilmente se lograra la pretendida unanimidad. Al menos, que no nos engaen tan burdamente, en este caso, los organismos competentes que elaboran la normativa pertinente.

Y, por otra parte, las posibles vas de actuacin previstas en la LPH no sirven para el muy reciente fenmeno de los PT, porque para cuando una Comunidad finalmente lograra presentar, en su caso, una demanda judicial o exigir la cesacin de la actividad, el turista ya se habra marchado hace meses; y... esta semana viene otro nuevo (que normalmente no es otro, sino todo un pelotn), y... vuelta a empezar con los trmites burocrticos, mientras prosigue la perturbacin de la convivencia y el malestar vecinal... Inservible la vigente LPH para resolver eficazmente este incordio de los pisos tursticos.

Llevando este asunto al terreno del absurdo, podramos decir que hay una prueba del nueve (o del algodn) para estas situaciones. Si la CNMC considera tan ventajoso, tan beneficioso, tan legal la libertad de implantacin de PTs en edificios de viviendas multifamiliares, si ello le parece bien, podra poner PTs en su propio inmueble; o sus miembros hacer lo propio en sus propias viviendas, en lugar de colocarnos el muerto al resto de los mortales. Incluso, por extensin transgresora, podramos sealar algunos inmuebles, bien dotados de espacio y posibilidades tursticas, en los que podran implantarse PTs, conforme a los criterios liberalizadores de la CNMC. As, adems de su propio edificio, podramos sealar, a ttulo de ejemplo, estos otros: el Palacio Real de Madrid o el palacio de La Zarzuela, la sede del Tribunal Supremo, el edificio del Defensor del Pueblo, cines y teatros, o las sedes de los ministerios estatales y otras dependencias de los diferentes niveles administrativos, o incluso, muchos edificios eclesisticos. Pero, saben ustedes por qu ah no se ponen PTs? Porque nos dirn, entre otras muchas justificaciones- esos edificios no tienen esa funcin ni son para esa finalidad. Claro, para eso estn los hoteles, las pensiones, las residencias, los campings o los aeropuertos!

Pues bien, tampoco los edificios de viviendas multifamiliares tienen original o jurdicamente como finalidad la implantacin agresiva de PTs, con todos los inconvenientes ya conocidos y tantas veces sealados o denunciados. Tan difcil de entender es esto? Pues, no obstante, en la normativa sobre PTs que estn elaborando distintas administraciones, prcticamente no se da la voz a los vecinos interesados y perjudicados. No se sugiere siquiera que los vecinos residentes puedan decidir, en su comunidad, por mayora simple como se hace en el mismsimo Congreso de los Diputados-, en lugar de por una casi imposible unanimidad, si quieren pisos tursticos en su edificio o no, de la misma manera que los vecinos debemos regular tantos otros asuntos de la convivencia por simple mayora, como dispone la vigente LPH.

Detrs de la voz ninguneada y silenciada de los ciudadanos residentes se presienten opacos intereses de negociantes (nada de economa colaborativa, sino puro negocio) y presiones de poderosos lobbies de PT, a quienes no les importa un rbano trasladar a los vecinos las molestias y desbarates que ellos mismos producen y no padecen.

Tanto miedo se tiene a los vecinos? Tan subversivo resulta que seamos los propios vecinos residentes quienes decidamos por mayora si queremos o no PTs en nuestra comunidad? Se ha tenido en cuenta que regular as este negocio evitara tambin a las administraciones, al Defensor del Pueblo, a diversos organismos- muchos de los problemas que, en su caso, se plantearan o persistiran con una normativa reguladora que desoyera la voz de los afectados? Al mismo tiempo, podra aprovecharse la oportunidad de la nueva normativa reguladora para transferir a los ayuntamientos algunas competencias tursticas (como la vigilancia e inspeccin de los PT), ya que generalmente suelen estar ms cercanos que los organismos de las comunidades autnomas a los problemas de los vecinos y ms dispuestos a solucionarlos.

No hay que tener miedo a los vecinos -no hay razones para ello, hace mucho que somos mayores de edad-, sino a la cerrazn de quienes tienen el poder y los medios para solucionar problemas tan simples como el aqu tratado y no lo hacen; porque con ello se hipoteca nuestra vida y la convivencia vecinal y ciudadana. Y se restringe nuestra democracia - todava muy imperfecta, muy poco inclusiva, muy prepotente- y el avance razonable de la sociedad.

Por todo ello, sean bienvenidos los turistas, You are welcome!, pero no a nuestras viviendas.

Nota:

1 Luis Doncel, La guerra por Airbnb se calienta | Economa | EL PAS

Vecinos, hoteleros y plataformas digitales chocan en sus propuestas para regular las viviendas de alquiler turstico. (El Pas, 9 septiembre 2018) https://elpais.com/economia/2018/09/07/actualidad/1536350056_546282.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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