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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-10-2018

El efecto boomerang del 1 de octubre

Antonio Santamara
TopoExpress


La conmemoracin del 1-O ha provocado el efecto contrario al buscado por los partidos independentistas. Han debilitado al president de la Generalitat y estn al borde de acabar con la legislatura entre fuertes divergencias entre ERC y Junts per Catalunya.

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La conmemoracin del primer aniversario del 1-O haba sido cuidadosamente programada por el gobierno de la Generalitat, partidos y entidades soberanistas y haban de culminar con el debate de Poltica General, los das 2, 3 y 4 de octubre. Para calentar el ambiente, durante ms de una semana TV3 emiti incansablemente documentales, reportajes y entrevistas sobre esa jornada con un idntico mensaje: la brutalidad policial de un Estado autoritario frente al civismo del pueblo cataln unido para conseguir su libertad.

Sin embargo, como en una de las inversiones hegelianas, se ha producido el efecto contrario. El programa de actos tan cuidadosamente preparado para unificar al movimiento independentista y encarar con fuerza el curso poltico, se volva contra el gobierno de la Generalitat, debilitaba la autoridad del president Torra, ahondaba sus divisiones internas y han estado a punto de provocar la disolucin del cmara y la convocatoria de elecciones anticipadas.

Las cosas empezaron a torcerse el sbado 29 de septiembre cuando se produjeron las cargas policiales contra los manifestantes del sector ms radical del movimiento secesionista, organizados en los Comits de Defensa de la Repblica (CDR), que intentaron reventar la provocativa manifestacin de policas en defensa de la actuacin de los cuerpos estatales de seguridad en la infausta jornada del 1-O. Estas imgenes provocaron una enorme disonancia comunicativa con las escenas de las cargas policiales en los colegios electorales reiteradas hasta la saciedad por TV3. Ahora eran los Mossos dEsquadra -nuestra polica- que se inhibi en aquella jornada, quien apaleaba a los independentistas. A los dirigentes de la CUP de quien depende la mayora parlamentaria del gobierno de la Generalitat- les falt tiempo para denunciar la contradiccin del president Torra que apela a la movilizacin permanente de las bases del independentismo, pero las reprime cuando lo hacen y exigieron a dimisin de Miquel Buch, titular de la conselleria de Interior del PDeCat. Tambin se cuestionaba el mensaje, asimismo repetido hasta la extenuacin, del carcter pacfico y no violento del movimiento independentista.

Los sucesos del sbado fueron un aperitivo. El lunes, 1 de octubre, mientras grupos de CDR realizaban algunos cortes de carreteras en distintos puntos del pas y del AVE Girona-Figueras, el president Quim Torra, con la intencin de salir al paso de las crticas por la actuacin de los Mossos, anim a los amigos del CDR a que apretasen con sus movilizaciones. Los graves incidentes en Girona y sobre todo en Barcelona cuando, al final de la manifestacin conmemorativa se produjo el intento de asalto al Parlament, provocaron que las palabras de Torra fueran interpretadas como una invitacin a acciones de este tipo. El asalto fue evitado in extremis por las cargas de los Mossos. Segn han denunciado los sindicatos policiales sus mandos polticos no realizaron el despliegue preventivo aconsejado, permitieron que los manifestantes rompieran el cordn policial y hasta el ltimo momento impidieron disolver a los asaltantes, pues el 1-O, como finalmente sucedi, no poda concluir con las imgenes de los Mossos aporreando a independentistas.

Estas jornadas han mostrado que la direccin de las movilizaciones, que hasta ahora haban liderado y organizado la ANC y mnium Cultural, en el entorno de PDeCat y ERC, est pasando a los CDR del mbito de la CUP. Ahora bien, lo que las movilizaciones ganan en intensidad pierden en cantidad. As, el 1-O salvo las escasas acciones del CDR el pas no par, la vida laboral y comercial se desarroll con normalidad. La frustracin por el fracaso de la va unilateral, los engaos de los lderes del procs y la ausencia de una alternativa estratgica explican esa radicalizacin, producto de la frustracin y la impotencia poltica. Ahora bien, el intento de asalto al Parlament seal una lnea roja. Probablemente los dirigentes de PDeCAT y ERC no consentirn que se reproduzcan estas situaciones que daan gravemente la imagen del independentismo y que no son del agrado de la base mesocrtica del movimiento.

Adems, se ha producido una grave crisis entre los representantes sindicales del cuerpo policial con su direccin poltica, algunos de los cuales han manifestado su malestar porque se les perciba como una polica poltica al servicio del independentismo. La esencia del Estado radica en el monopolio del uso de la fuerza; por ello el conflicto con su polica revela en un punto muy sensible la fragilidad del ejecutivo cataln.

Torra desnortado

En la manifestacin conmemorativa del 1-O frente al Parlament se oyeron numerosas consignas y se exhibieron pancartas reclamando la dimisin de Miquel Buch, pero tambin del president Torra. No slo por la actuacin de los Mossos, sino por el incumplimiento de sus promesas de restituir a los lderes presos y en el extranjero y hacer efectiva la Repblica. El sector ms movilizado del independentismo no tolera ese doble lenguaje procesista donde la retrica no se corresponde con una accin de gobierno autonomista.

Estos acontecimientos determinaron el debate de Poltica General que estuvo precedido por un pleno que aprob una resolucin en clave procesista sobre la cuestin de los diputados suspendidos por el auto del juez Llarena. Un tema que, ante las divergencias entre ERC y Junts per Catalunya, haba derivado en la clausura del Parlamente desde junio. El primer punto de la resolucin rechazaba la suspensin de los diputados encausados por rebelin, pero en el segundo se acataba en la prctica las prescripciones del juez Llanera. Slo el apoyo de los Comunes, con el argumento de desbloquear el funcionamiento Parlament, permiti alcanzar la mayora necesaria, ante la negativa de Cs, PSC y PP de votarla y el voto negativo de la CUP al segundo punto. En este tema no slo est en juego la mayora parlamentaria independentista si no se substituyen los diputados suspendidos, sino que se pone en peligro a Roger Torrent y la mesa de la cmara que podan ser acusados de desobediencia y correr la misma suerte de Carme Forcadell.

Acaso los abucheos y la peticiones de dimisin de los sectores ms movilizados de su base social, impulsaron a que el president Torra, con un discurso que pareca dirigido a los cuatro diputados de la CUP, a plantear un ultimtum al presidente Pedro Snchez advirtindole con retirarle su apoyo parlamentario en noviembre si no aceptaba un referndum de autodeterminacin. Tambin amenaz con que si el Tribunal Supremo dictaba una sentencia condenatoria no la acatara y reactivara la va unilateral.

Casi inmediatamente se vio que Torra jugaba de farol, por utilizar la expresin de la ex consellera Clara Ponsat, actualmente refugiada en Escocia. Rotundamente ERC y ms matizadamente los diputados del PDeCAT en Madrid, se desmarcaron de un ultimtum que slo beneficiaba a Pablo Casado y Albert Rivera. Una desautorizacin que menoscaba gravemente su autoridad. La conducta de Torra fue extremadamente errtica, primero envi a Snchez una carta que no mencionaba ningn plazo, pero al comunicrsele que La Moncloa consideraba que no se daban las condiciones para la entrevista, difundi un twitt en que se reafirmaba en su posicin inicial, desde el ms puro vaco poltico. Tampoco, a pesar de las preguntas de los grupos de la oposicin, supo o quiso responder cmo concretara su rechazo a la sentencia condenatoria en caso de producirse.

La profunda crisis social y poltica a que ha conducido el proceso soberanista exigira un presidente de la Generalitat de una talla poltica extraordinaria. Por el contrario, nos hallamos ante un activista del secesionismo, sin altura de miras polticas y que opera como una especie de ttere de Puigdemont. Su caso evoca al de Albert Ballesta, designado alcalde de Girona por Puigdemont cuando este abandon el cargo para ser investido presidente de la Generalitat, y hubo de dimitir tres meses despus tras cometer graves errores polticos. Los acontecimientos de estos das en vez de reforzar su endeble presidencia vicaria la han debilitado de forma notable, rompiendo, por primera vez desde la reinstauracin de la Generalitat, con el carcter fuertemente presidencialista de las instituciones de autogobierno cataln.

Degradacin institucional

El jueves 4 de octubre, Junts per Catalunya rompi con el acuerdo sobre la designacin de sustitutos a sus diputados encausados por rebelin, probablemente a instancias de Puigdemont. Esto provoc un enorme malestar en ERC que amenaz con romper el pacto de gobierno y precipitar la disolucin de la cmara. Bajo esta amenaza, los ex convergentes acordaron una solucin que, segn los letrados del Parlament, no se ajusta a los requerimientos de Llarena, lo cual provoc que el pleno fuera atrasado hasta el martes 10 de octubre. La maniobra de Junts per Catalunya se explica en el marco de su pugna con ERC para conseguir la hegemona en el movimiento secesionista, hacindolos aparecer ante sus bases sociales como pactistas que se pliegan a las exigencias del Estado espaol, frente a la firmeza de Junts pel S. Otra notable inversin de papeles, pues histricamente ERC era la formacin consecuentemente independentista, frente a la tibieza autonomista de Convergncia.

El president Torra y el vicepresident Pere Aragons (ERC) comparecieron el viernes 5 de octubre en una desangelada rueda prensa para intentar convencer a la opinin pblica que la crisis se haba cerrado y que no peligraba la unidad del gobierno de coalicin, al menos hasta la sentencia de los lderes acusados por rebelin. La reanudacin del pleno, el 10 de octubre, confirm que la crisis continuaba abierta y se agravaba.

La negativa de Junts per Catalunya a aceptar el dictamen de los letrados de la cmara sobre los diputados suspendidos, precipit una decisin inslita. ERC y PSC unieron sus fuerzas en la mesa del Parlamente para que no se contabilizan los votos de Carles Puigdemont, Josep Rull, Jordi Turull y Jordi Snchez. Por primera vez, ERC plant cara a la estrategia legitimista y de enfrentamiento frontal con el Estado de Puigdemont, entre otras cosas para preservar la figura de Torrent. Esto, unido a que Toni Comn (ERC) tampoco puede votar pendiente de la resolucin de recursos judiciales, provoc la prdida de la mayora independentista en la cmara. As, el empate a 65 votos entre ERC (31), Junts per Catalunya (30), CUP (4) y Cs (36), PSC (17), PP (4) y Comunes (8) deriv en la prdida de varias votaciones entre ellas la relativa al derecho a la autodeterminacin. En una muestra que Puigdemont y el grupo de Waterloo est dispuesto a mantener el pulso hasta el final, remitieron una carta en la que aceptan la decisin de la mesa y renuncian a sus votos en el Parlament sin importarles la prdida de la mayora y abocar al pas a unas nuevas elecciones. La nueva correlacin de fuerzas deja en manos de los ocho diputados de los Comunes las mayoras parlamentarias

En cualquier otra cmara legislativa, la clamorosa ruptura entre los partidos que apoyan al ejecutivo y la prdida de la mayora parlamentaria conducira a la convocatoria de elecciones anticipadas. Sin embargo, en el mundo surreal del secesionismo, el ejecutivo podra intentarse mantenerse en unas condiciones difcilmente imaginables hasta la sentencia a los lderes independentistas, pues sta es la nica argamasa que mantiene la muy precaria cohesin del gobierno cataln. En este caso asistiramos a una imparable degradacin de las instituciones de autogobierno, justamente a manos de aquellos que aseguran ser sus ms firmes defensores, en otra de las paradojas que recorren el proceso soberanista.

Escenarios de frustracin

El movimiento independentista aun no ha digerido el fracaso de la va unilateral. Nadie osa a comunicrselo a sus bases ante el temor de ser tachados de mentirosos y traidores. Los dirigentes de ERC, con la boca pequea, realizan declaraciones en esa direccin, como las de Joan Tard, sobre la estupidez de querer imponer la secesin con la mitad de la poblacin en contra, Gabriel Rufin sobre la necesidad de reventar la burbuja del independentismo mgico (que l mismo infl) o del portavoz parlamentario Sergi Sabri sobre los falsos atajos a la independencia. Sin embargo, no se atreven a plantear claramente que debe iniciarse una nueva etapa tras el fracaso de la va unilateral. El gesto de Torrent, al apoyarse en el PSC para desautorizar al grupo de Waterloo, indica que podra avanzar en esa direccin, aunque esto supondra el estallido del ejecutivo ante dos estrategias diametralmente opuestas.

Mientras tanto, al otro lado del Ebro, las irresponsables declaraciones de Pablo Casado y Albert Rivera, reclamando la ilegalizacin de los partidos independentistas y la aplicacin del 155, que alimentan el crecimiento de la extrema derecha de Vox, contribuyen a cohesionar al independentismo, justamente en sentido contrario a la lnea del PSOE cuyas ofertas de dilogo y negociacin abren cuas en la precaria unidad de los partidos secesionistas.

Estas turbulencias polticas han provocado que haya pasado prcticamente desapercibida la operacin contra la corrupcin en la Diputacin de Lleida que ha comportado la detencin de sus presidente, que a su vez lo es de PDeCat en esta demarcacin, as como de numerosos altos cargos pblicos del partido.

Hasta el momento, las bases sociales del independentismo han aguantado estoicamente los bandazos y falsas promesas de sus lderes. Sin embargo, estas ltimas convulsiones pueden provocar que sectores de sus bases acaben por desencantarse como ha advertido mnium Cultural. Esto generara un escenario de frustracin colectiva, cuyos sntomas empiezan a detectarse, de difcil gestin y donde no pueden excluirse las reacciones violentas.

Fuente: http://www.elviejotopo.com/topoexpress/el-efecto-boomerang-del-1-de-octubre/



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