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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-10-2018

Fernando H. Cardoso y su incomprensible neutralidad

Atilio A. Boron
Rebelin


Escribo estas pocas lneas desde el corazn. Sumido en el estupor no alcanzo a comprender cmo quien fuera el maestro de toda una generacin de socilogos, politlogos y economistas de Amrica Latina y el Caribe hoy prefiere mantenerse neutral ante la trgica opcin que enfrentarn los brasileos el prximo 28 de Octubre: restaurar la dictadura, bajo nuevos ropajes, o retomar la larga y dificultosa marcha hacia la democracia. Para justificar su actitud el ex presidente declar a la prensa que "de Bolsonaro me separa un muro y de Haddad una puerta."

Sorpresa, estupefaccin, asombro. Porque, cmo es posible que quien fuera una de las ms brillantes mentes de las ciencias sociales desde comienzos de los aos sesentas del siglo pasado pueda exhibir tal indiferencia cuando lo que est en juego es o bien el retorno travestido y recargado de la dictadura militar (la misma que luego del golpe de 1964 lo oblig a exiliarse en Chile) o la eleccin de un poltico progresista, heredero de un gobierno que, con todos sus defectos, fue quien ms combati la pobreza en el Brasil y lo hizo en un marco de irrestrictas libertades civiles y polticas? A quienes fuimos sus alumnos en la FLACSO de Chile, en la segunda mitad de los sesentas, nos deslumbraban sus brillantes lecciones sobre el mtodo dialctico de Marx y las enseanzas de quien a su vez fuera su maestro, Florestn Fernndes; o cuando disertaba sobre la teora de la dependencia mientras escriba su texto fundamental con Enzo Faletto; o cuando diseccionaba con la sutileza de un eminente cirujano la naturaleza de las dictaduras en Amrica Latina. Por eso, quienes atesoramos esos recuerdos estamos sumidos en el ms profundo desconcierto ante su atronador silencio en relacin a la que, sin dudas, es una de las coyunturas ms crticas de la historia reciente del Brasil. A los que tuvimos la suerte de enriquecernos intelectualmente con sus lecciones nos cuesta creer las noticias que nos llegan hoy de Brasil y que informan de su escandalosa abstencin. Y cuando aquellas se confirman, como ha ocurrido en estos das, lo hacemos con el corazn sangrante y la mente convulsionada.

Cmo olvidar de que fue usted quien en aquellos aos finales de los sesentas nos ayud a sortear las estriles trampas de la sociologa acadmica norteamericana y la cinaga del estructuralismo althusseriano, moda que estaba haciendo estragos en las juventudes radicalizadas de Chile. Despus, desde mediados de los setentas y a lo largo de los ochentas la suya fue la voz de la sensatez y la sensibilidad histrica que debata con algunos "transitlogos" deslumbrados por la ciencia poltica de la academia estadounidense y a quienes, a fuerza de argumentos y ejemplos concretos, oblig a revisar sus ingenuas expectativas sobre las nacientes democracias latinoamericanas. Recordamos como si fuera hoy sus advertencias dicindole a sus colegas que en Nuestra Amrica el "modelo de La Moncloa" -erigido como el arquetipo no slo nico sino tambin virtuoso de nuestra todava inconclusa transicin hacia la democracia- enfrentara enormes dificultades para reproducirse en el continente ms injusto del planeta. Y sus previsiones fueron confirmadas por el inapelable veredicto de la historia: ah estn nuestras languidecientes democracias, incumpliendo sus promesas emancipatorias, impotentes para instaurar la justicia distributiva y cada vez ms vulnerables a la accin destructiva del imperio y sus lugartenientes locales. Democracias, en suma, en rpida transicin involutiva hacia la plutocracia y la sumisin neocolonial. Fue Cardoso uno de los principales animadores del Grupo de Trabajo sobre Estado de CLACSO que se creara a comienzos de los setentas. Su espritu crtico combinado con su fina irona orientaron buena parte de las labores de ese pequeo conjunto de colegas. Tanto en las discusiones sobre la transicin a la democracia y la naturaleza de las dictaduras que asolaron la regin usted deca que sin reformas efectivas del sistema productivo y de las formas de distribucin y de apropiacin de riquezas no habr Constitucin ni estado de derecho capaces de eliminar el olor de farsa de la poltica democrtica. 1 Y la historia otra vez le dio la razn.

Ms all de sus errores y limitaciones la experiencia de los gobiernos de Lula y Dilma avanzaron, si bien con demasiada cautela, para tratar de eliminar ese insoportable olor de farsa de las democracias latinoamericanas. Que en esos gobiernos hubo corrupcin, que aument la inseguridad ciudadana, o que algunos problemas no fueron encarados correctamente, o inclusive se agravaron? Es cierto. Pero nada de esto constituye una novedad en la historia brasilea ni es un producto exclusivo de los gobiernos del PT, y usted como analista tanto como en su calidad de ex senador, ex ministro y ex presidente lo sabe muy bien. Tomar como chivos expiatorios de la tradicional y secular corrupcin de la poltica brasilea a Lula y el PT es un insulto a la inteligencia de sus conciudadanos adems de una maliciosa mentira. Pero an si estas crticas fueran ciertas cosa sobre lo cual no viene al caso expedirse en estas lneas- ellas son " peccata minuta " ante el peligro que acecha a Brasil y a toda Amrica Latina.. Y usted, con su inteligencia, a esta altura de su vida no puede arrojar por la borda todo lo que enseara a lo largo de tantos aos. Usted escribi pginas imborrables sobre las dictaduras latinoamericanas y en uno de sus libros denunci con valor la pretensin de sustraerse de la responsabilidad poltica de caracterizar como dictatorial a un rgimen que se afirma sobre la violencia irrestricta y el atropello sistemtico de los derechos humanos. 2 Qu cree que va a hacer Bolsonaro cuando exalta a los torturadores y rinde loas a la dictadura del 64? Por eso estoy convencido que de persistir en su actitud neutral cometera usted el mayor y ms imperdonable error de su vida, que arrojara un ominoso manto de sombra no slo sobre su trayectoria como intelectual de Nuestra Amrica sino tambin sobre su propia gestin como presidente de Brasil.

Qu hay una puerta que lo separa a usted de Fernando Haddad? Es cierto, pero el candidato petista ya lo invit a pasar. Abra esa puerta y entre, porque aquel muro que lo separa de Bolsonaro no slo caer con todos sus horrores encima de las clases y capas populares de Brasil sino tambin sobre su cabeza y su renombre. Nadie le pide que apoye incondicionalmente a lo que hoy, nos guste o no, representa la nica opcin democrtica que hay en Brasil frente a la monstruosa reinstalacin de la dictadura militar por la va de un electorado manipulado como jams antes en la historia del Brasil. Que la frmula petista sea la nica opcin democrtica en las prximas elecciones no slo es producto del empecinamiento de los gobiernos y del liderazgo del PT. Usted fue presidente, por ocho aos, y algo de responsabilidad le cabe tambin por esta imposibilidad de construir alternativas polticas ms de su agrado. Su delfn, Geraldo Alckmin, tuvo un desempeo catastrfico en la primera vuelta. Por eso un hombre como usted no puede ni debe permanecer neutral en esta coyuntura. Sus pasiones y su ostensible animosidad hacia Lula y todo lo que l representa no pueden jugarle tan mala pasada y nublar su entendimiento. Usted sabe que la victoria de Bolsonaro dar luz verde a sus tropas de asalto a la democracia, la justicia, los derechos humanos, la libertad. Tropelas y aberraciones que, para espanto de la poblacin, ya prometen y anuncian sin tapujos a travs de la prensa y las redes sociales en Brasil. En este caso su neutralidad se transforma en complicidad.

Ante tan grave encrucijada, cmo puede usted declararse prescindente en esta batalla crucial entre dictadura y democracia? A veces la vida nos coloca en estas incmodas encrucijadas, y no queda hay otro remedio que elegir y actuar. Recuerde que Dante, en La Divina Comedia , reserv el crculo ms ardiente del infierno a quienes en tiempos de crisis moral optaron por la neutralidad. Usted, por su historia, por lo que hizo, por su magisterio, por la memoria de sus propios maestros debe oponerse con todas sus fuerzas a la re-encarnacin de la dictadura bajo el mascarn de proa de un poltico mediocre, violento y reaccionario que ni bien instalado en el Palacio de Planalto ser fcil presa de los actores ms siniestros del Brasil. Su nombre, Fernando Henrique, no debe quedar inscripto entre los cmplices de la tragedia en ciernes en su pas. Crame si le digo, siendo fiel a sus enseanzas, que a diferencia de Fidel si usted persiste en esa actitud, en esa suicida neutralidad, la historia no lo absolver sino que lo condenar y lo atormentar hasta el fin de sus das. Contribuya con su palabra a que Brasil sortee el peligro del inicio de un nuevo y probablemente extenso- ciclo dictatorial que slo agravar los problemas que hoy lo atribulan. Y luego, despejada esa amenaza, discuta sin concesiones como mejorar la democracia en su pas; critique las polticas que proponen Haddad y DAvila, pero primero asegure que su pueblo no volver a caer en los horrores que con tanta fuerza usted conden en el pasado. Su silencio, o su abstencin, sern implacablemente juzgados por los historiadores del futuro, como ya lo son hoy por sus asombrados contemporneos que no pueden entender las razones de su postura. Tiene poco tiempo para evitar tan triste final y evitar que la neutralidad se convierta en complicidad. Recuerdo cuando, en medio del furor causado por el auge de la teora de la dependencia usted exhortaba a sus cultores a no apartarse de las enseanzas de Lenin cuando exiga, antes de parlotear superficialmente sobre el tema, llevar a cabo un anlisis concreto de la realidad concreta. Y remataba esa observacin advirtiendo sobre el peligro de que el hechizo de las palabras sirva para ocultar la indolencia del espritu. 3 Ojal que su brillante inteligencia no haya cado vctima de la indolencia y prevalezca, en esta hora decisiva, sobre la fuerza de unas incontrolables pasiones que le impiden abrir la puerta que lo separa de Fernando Haddad y evitar que Brasil se hunda en el basural del fascismo.

Notas:

1 Cf. La democracia en las sociedades contemporneas, en Crtica & Utopa , Buenos Aires, N6, 1982, y tambin en La Democracia en Amrica Latina, Punto de Vista , Buenos Aires, N 12, Abril 1985.

2 Ver su Autoritarismo e democratizao, Ro de Janeiro, Paz e Terra, 1975, p. 18.

3 Fernando H. Cardoso, Ideologas de la burguesa industrial en sociedades dependientes. Argentina y Brasil, Buenos Aires, Siglo XXI, 1971, p. 60.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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